Fabián Gianola

“El medio es muy envidioso”
A poco de cumplir 50. Aclara que pesa lo mismo que a los 16 años y demuestra que no tiene implantes capilares.

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FABIÁN GIANOLA A LOS 49

“El medio es muy envidioso”

Tras sufrir malas experiencias, sólo quiere trabajar donde lo traten bien. Su rol en la radio, sus próximos estrenos y sus palos a Tinelli, Viale y Gvirtz.

JUEVES 01.11.2012

Escribe Leni González / Fotos Nacho Sánchez

 

Me divierto mucho. Me encanta hacer radio”, admite Fabián Gianola un ratito antes de empezar su programa Contame tu día, de lunes a viernes a las 19 en FM Palermo (93.9). “Empecé este año en esta emisora pero vengo haciendo hace tiempo. El año pasado estuve en Rivadavia, donde había firmado por dos años, pero me fui al primero, no me gustaba cómo se trabajaba: yo quiero estar tranquilo y ahí la pasé mal, se maltrata a los empleados; en fin, una radio que era escuela y se transformó en eso”, cuenta sobre la segunda mañana que cumplía en la emisora cuyo gerente de noticias es Mauro Viale. “Me gusta tocar todos los temas, toda la actualidad, hablar con la gente, elegir música, pasarla bien porque de otra manera, no se trabaja”, compara Gianola, al que siempre le gustó abrir puertas lejanamente emparentadas con la actuación, como la conducción y la publicidad, pero que en este último tiempo parece mucho más centrado en el intérprete.

El próximo jueves 8 estrena Otro corazón, de Tomás Sánchez, con Mariano Torres, Elena Roger, Carlos Moreno, Lito Cruz, Betiana Blum, Beatriz Spelzini, Adriana Aizemberg, Pepe Novoa y Patricia Sosa, una película que cuenta con el apoyo de la Fundación Favaloro y del Incucai, y que cruza las historias de un padre que necesita un trasplante de corazón, dos hijos con formas distintas de encarar los problemas, un bebé por venir y una cooperativa de trabajo que trata de salir adelante. “Me gustó poder salir del personaje del gracioso, de comediante, de ese rótulo en el que siempre me ubican y poder hacer algo diferente. Así fue el comienzo de mi carrera, trabajando en el San Martín, en el Cervantes. Yo no arranqué siendo gracioso pero no reniego de nada y de todo aprendí, desde La familia Benvenuto hasta Nosotros y los miedos o Tiempo final, por nombrarte papeles en la tevé”, cuenta el actor que en Otro corazón interpreta a un obstetra en pareja con un hombre (Guillermo Pfening). No hay dudas de que quien lo recuerde todavía en el papel del gay estereotipado y cómico de los Benvenuto se llevará una buena sorpresa en la película: “Y está muy bien que se sorprendan –avisa– porque de eso se trata, de hacer papeles distintos, alejarse lo más que se pueda de uno mismo”. En el film trabaja junto a la cantante Elena Roger en su segunda película como actriz (la otra fue Un amor, con Luis Ziembrowski y Diego Peretti). “¿Y qué te puedo decir de Elenita? Que es un sol: talentosa, buena compañera, tranquila, la conozco hace mucho, con una sencillez y humildad enormes, sabe que el éxito no te cambia la vida”, enumera sobre la estrella de los musicales Evita y Piaf.

–También actúa y canta Marta Mediavilla, la hija de Patricia Sosa y Oscar Mediavilla. ¿Vos trabajaste con tu hija, Camila Gianola (16 años)?

–Sí, ella participó en De lo nuestro lo peor… y lo mejor en El Trece y en teatro, en Taxi 2 donde reemplazó a Dalma Maradona durante dos semanas. Con 13 años lo hizo perfecto, ni me dejó ponerme nervioso. Ella estudia canto, guitarra, piano, composición, va por el lado de la música, no de la actuación, tiene un talento impresionante y en todo lo que pueda la voy a ayudar para que se desarrolle y sea feliz. En la vida, no sólo en la carrera.

Además del estreno en cine, el viernes 23 comienza la temporada en Mar del Plata, en el teatro Güemes, con La dama de negro, donde vuelve a trabajar con Nicolás Scarpino en otra producción de Javier Faroni (como lo hicieron en la exitosa Los 39 escalones). “La dama de negro es una obra sorprendente, con efectos, coreografías, un gran espectáculo que espero funcione para después traerla a Buenos Aires”, desea el actor, que en febrero cumplirá medio siglo.

–Cincuenta años, no parece. ¿Ese pelo es tuyo?

–Sí, mirá, miren (se agacha y muestra su cabeza sin implantes). Sigo pesando 70 kilos, lo mismo que desde los 16 años. Como de chico tuve síntomas de raquitismo, siempre me cuidé y practiqué deportes. Ahora no; descarté los deportes con pelota porque me operé de un ojo, pero salgo a correr y entreno.

–También veo que usás el anillo.

–Sí, siempre con la misma, Verónica, casado hace 22 años, la madre de mis dos hijos: Camila, de 16, y Nicolás, de 12. Soy una excepción mundial.

Soy feliz

La viuda de Rafael es el título de la miniserie que empieza el martes 13 por la Televisión pública, con Rita Cortese, Luis Machín y Alejo García Pintos: cuenta la historia de Nina, una transexual que enviuda y debe enfrentar obstáculos de parte de la familia de su pareja en la lucha por sus derechos. “Es una historia real. Mi personaje tiene una doble vida: mujer e hijos y, por otro lado, sale con una travesti”, anticipa Gianola.

–La actuación en cine, tevé, teatro, en primer lugar. Hiciste conducción pero no reincidiste. ¿Te cansó?

–No, lo que pasa es que lo que me ofrecieron no me convenció. Hasta 2004 hice Televisión registrada (TVR), después vino De lo nuestro lo peor (El Trece, 2008-2010), que con el tiempo se convirtió en otra cosa, se tinellizó. Y a mi edad, quiero trabajar en lo que me dé ganas.

–Hubo un momento en que parecía que estabas en todos lados, poniéndole el cuerpo a demasiadas cosas. ¿O no? 

– (Con un poco de fastidio indisimulable) Mirá, Florencia Peña hizo lo mismo, tenía teatro y conducía con Marley; Miguel Ángel Rodríguez actuaba, conducía y hacía publicidad; Enrique Pinti se vestía de rojo y vendía loterías; Mario Pergolini se ponía un frac blanco y vendía chicles; Martín Seefeld hacía Los Simuladores y conducía; y así: cuando viene la buena, todos los actores agarran pero no sé por qué me pusieron a mí como ejemplo, tal vez porque fui uno de los primeros, y eso quedó, se la agarraron conmigo. Pero a esta altura lo que diga el medio me importa muy poco porque yo sé lo que tengo que hacer para mantener a mi familia y para mi bienestar económico. No me puedo guiar por lo que dice el medio que es muy envidioso y no se puede convencer a todos: primero que todo, tengo que convencerme a mí. Soy un agradecido a Dios porque nunca me faltó laburo y porque soy feliz subiéndome todas las noches a un escenario; soy feliz con un micrófono en la radio; soy feliz ante las cámaras haciendo Los únicos (personificó al malvado Dreyfus) donde me divertí muchísimo o La viuda de Rafael; soy feliz haciendo cine como en Otro corazón o en la película de Juan José Campanella, Metegol.

-¿Sos la voz de uno de los personajes?

-No sólo la voz, porque nos filmaron actuando, fue un proceso a la inversa, muy divertido. Soy un goleador de metegol, creído y que habla en tercera persona. Tiene todo para que la vaya bien, en principio, tres millones de dólares de presupuesto.

-Volvamos a la conducción. ¿Qué te parece TVR desde que lo dejaste en 2004?

-Nunca más lo vi. Te miento si te digo que lo vi. Tenía teatro. Puedo decirte que yo hablaba desde el llano y con la más absoluta independencia, cosa que ahora no es. Hablaba con mi verdad, la del tipo que va por la calle sin ningún dinero en el bolsillo desde ningún sector político. Mi postura sigue igual. A la mayoría de los políticos, salvo algunos contados con los dedos de una mano, no los respeto. Llegar a un cargo político en la Argentina es llegar al “ahora tengo el poder”, “ahora somos nosotros”.

-Gran parte de la comunidad artística apoya al Gobierno

-No me parece mal eso. Siempre pasó, está bien que los artistas y cualquiera se manifiesten, que digan si están a favor y que también digan si no están de acuerdo, que critiquen. Y desde arriba hay que contener a las partes, no dividirlas, el Gobierno debe comprender, no separar.

-En gira con Los 39 escalones, en Asunción te invitaron una noche al jurado del Bailando por un sueño de Paraguay. ¿Cómo la pasaste?

-Sí, es Baila conmigo Paraguay. Muy bien. Pero no es lo mismo, está más volcado al humor, no tiene la maldad ni la oscuridad que el de acá, es un programa blanco, donde el jurado hace personajes pero sin hacer peleas para que la gente crea que es verdad.

Estuviste en El musical de tus sueños, en 2009

-Sí, me llamaron durante cinco años hasta que acepté para el certamen de comedias musicales. Como estaba trabajando en el canal, acepté; era un contrato de tres meses pero lo pasé mal, grabaciones larguísimas, se me complicaba con lo demás y me costó mucho cobrar, empecé en agosto y cobré en abril. Averiguá, pasa mucho.

-No pudiste trabajar junto a tu papá, el actor Beto Gianola (falleció en 1981 cuando Fabián tenía 18 años) pero si te diste el gusto de trabajar con tu hija. ¿Tenés otros sueños artísticos?

-Mis sueños son contingentes, son concretos: tener trabajo, no aburrirme, disfrutar, ver crecer a mi familia con salud, esos son mis sueños, muy cotidianos, no pasan por hacer el gran personaje.

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Manuela Castiñeira, de Las Rojas

Una mujer por todas las mujeres

MANUELA CASTIÑEIRA, MILITANTE POR EL ABORTO LEGAL

Una mujer por todas las mujeres

Cuenta que llegó al feminismo por el caso de Romina Tejerina y, al socialismo, por el asesinato del maestro neuquino Carlos Fuentealba. Sus argumentos en la lucha para que la mujer pueda decidir sobre su cuerpo. Cuestionamientos.

VIERNES 26.10.2012 – EDICIÓN N ° 89

Escribe Leni González / Fotos Leandro Sánchez

 

Soy de la generación marcada por la muerte de Mariano Ferreyra: gente que lucha por sus ideales, no por un puesto”, proclama esta mujer de 27 años, estudiante de Sociología en la UBA, ojos grandes, voz clarísima, militante socialista e integrante de Las Rojas, y una lucha que no cesará hasta conseguir el aborto libre, legal, seguro y gratuito para todas las argentinas.

“La feminista que no es socialista carece de estrategia y la socialista que no es feminista carece de profundidad”: una gran frase que aparece en la página de Las Rojas, incluida en la del Nuevo MAS (www.mas.org.ar) –reformulación del anterior y cuya figura central es Héctor “Chino” Heberling– y que Manuela Castiñeira repite con una sonrisa. “Al feminismo, llegué por el caso de Romina Tejerina (violada y condenada a prisión por matar a la recién nacida en 2005) y, al socialismo, por el asesinato de Carlos Fuentealba (docente neuquino asesinado en 2007 por la Policía). Ahí me di cuenta de que había mucho que transformar, mucha injusticia que cambiar”, dice y admite que no entiende la política sino como acción, como movimiento que presiona, como fuerza que puja. Para terminar con los problemas de las mujeres, hay que terminar con los problemas sociales: no hay otra posibilidad de hacer realidad ese sueño.

Candidata a legisladora por la Ciudad de Buenos Aires en las últimas elecciones, con el compromiso de luchar por el derecho al aborto, el nombre de Manuela Castiñeira empezó a repetirse cuando estalló su voz en varios medios periodísticos a causa de un caso conocido: una mujer víctima de trata, violada y embarazada, solicita un aborto en el Hospital Ramos Mejía. Aclaremos que se trata de un aborto no punible, es decir, situaciones contempladas por el Código Penal y que no requieren autorización judicial: cuando está en riesgo la vida de la mujer y cuando fue víctima de una violación. Cuando iba a realizarse el procedimiento, con la complicidad del jefe de Gobierno Mauricio Macri, una medida cautelar interpuesta por un grupo antiabortista de la Iglesia y aprobada por la jueza Miriam Rustán de Estrada lo interrumpe en el momento en que la paciente ya estaba en la camilla. Fue entonces que Las Rojas se plantaron en la puerta del Hospital con una exigencia de defensa de los derechos de esta mujer. Y la respuesta fue de mucho apoyo de organizaciones sociales, estudiantiles, del periodismo, de la gente común. Finalmente, la Corte Suprema de Justicia autorizó la realización del aborto, al revocar la medida cautelar. “No  existen obstáculos que surjan de decisión judicial alguna”, aclaró el máximo tribunal.

–¿Por qué siempre se han considerado como “piantavotos” a los proyectos de  despenalización del aborto?

–En primer lugar, hay que dejar en claro que este Gobierno no quiere despenalizar el aborto. Uno a uno van cayendo los proyectos presentados. Por otro, la Iglesia católica defiende un modelo de familia y de sociedad en el que la mujer es una cosa al servicio de los demás, del padre, del marido, de los enfermos, de los hijos, de cualquiera que no sea ella misma. ¿Cómo le van a permitir que tenga control sobre su cuerpo? Hablan del instinto materno, algo que no existe, las mujeres no nacemos para ser madres. Además, es funcional que no haya derecho al aborto porque hay un control muy grande sobre las mujeres para que hagamos la segunda jornada o doble opresión, para que continuemos con el trabajo gratuito doméstico. Querer tener un proyecto de vida atenta contra esto. Es decir, hay fibras muy íntimas que se verían afectadas en el modelo patriarcal que sostiene la Iglesia.

–¿Qué te aparece la ley aprobada en Uruguay (despenaliza el aborto hasta las 12 semanas de embarazo)?

–Aunque sea limitada (la mujer debe ser previamente disuadida por un equipo interdisciplinario y reflexionar sobre el tema antes de decidirse), es un gran paso indudablemente. Hay un viento favorable frente al impactante número de mujeres que mueren por abortos clandestinos. En Latinoamérica ya tienen esta ley Cuba, Guyana, Puerto Rico, Ciudad de México y ahora Uruguay, que es un Estado laico desde 1920. Acá, se sostiene el culto católico. Al cura del Hospital Ramos Mejía, por ejemplo, se le paga un sueldo mensual de cinco mil pesos y eso lo pagamos todos.

–Hay católicos que apoyan la despenalización del aborto y los derechos reproductivos de la mujer.

–Sí, es que hay que separar católicos-gente, de la Iglesia-institución. Muchos católicos me paraban por la calle para decirme que estaban de acuerdo, que hay mujeres que se mueren por abortos clandestinos, que esa era la verdadera desigualdad. En cambio, la Iglesia mantiene sus argumentos oscurantistas y no acepta a la mujer como sujeto de derecho. ¡Y la sociedad les ha dado una paliza entre el matrimonio igualitario y esto!

Sus argumentos no son científicos ni modernos ni verdaderos. Y además, lo más importante, no es una obligación, cada una que elija lo que quiera. Pero todas las mujeres deben tener esa opción, esa libertad de decidir.

El jueves 1º de noviembre, Las Rojas convocan a una marcha desde Congreso a Plaza de Mayo por el derecho al aborto libre, legal, seguro y gratuito. La marcha surgió del 27º encuentro nacional de mujeres que se hizo en Posadas, Misiones, a principios de octubre en el que hubo consenso de miles de mujeres para esta movilización. Y no es una fecha azarosa, aclara Manuela. Es porque el 1º de noviembre del año pasado las políticas kirchneristas no dieron quórum en Diputados para tratar la ley y por eso el proyecto se cayó. “Es que el Ejecutivo está en contra”, afirma.

-¿Por qué la Presidente no apoya?

-Para Cristina es más importante el acuerdo con la Iglesia y el Papa que con las mujeres. No quiere confrontar con ellos porque es mucho más costoso que con la mayoría de las mujeres. Hay unos 500 mil abortos anuales, tantos como nacimientos. Y se calculan unas 800 muertes al año. Es el doble discurso de este Gobierno. Ahora (Miguel Ángel) Pichetto (titular del bloque de senadores nacionales del Frente para la Victoria)  salió a hablar de un proyecto de ley para regular el cumplimiento del aborto no punible. ¿Para qué? Eso va mucho por detrás de la discusión real. ¡Si eso ya está! Es para retrasar la verdadera discusión. Este Gobierno es reaccionario respecto a este derecho.  No es cierto que por tener una mujer presidenta estemos mejor. Cristina antes que defender a las mujeres, defiende a los patrones Es una cuestión de clase y por eso no se avanza.

-¿Además del aborto legal, qué otros temas tienen Las Rojas en agenda?

-El aborto es el principal. Y el femicidio, violencia doméstica, la trata, trabajo digno. Tratamos de acercarnos adonde hay un problema, donde hay opresión, para apoyar a las mujeres. Somos una organización de lucha. Lo que fogueneó a este país es el Argentinazo, las asambleas populares, la movida de la gente que se convoca para actuar, los encuentros de mujeres, los centros de estudiantes. No es cierto que el kirchnerismo sea el impulsor de la política. Fuimos todos, todos los que se interesan y se movilizan, esa es nuestra estrategia, empujar al Congreso ganando la calle.

Martín Bossi > revista El Guardián

“Imitar, imita cualquiera,  yo hago opiniones de otro tipo”
MARTÍN BOSSI A LOS 38

“Imitar, imita cualquiera, yo hago opiniones de otro tipo”

El público forma largas colas para verlo . En entrevista con EG, cuenta la “vida normal” que tuvo hasta los 23 y su curiosa llegada a la actuación, y se diferencia de otros imitadores. Por qué no hace más a Cristina.

JUEVES 11.10.2012 – EDICIÓN N ° 87

Escribe Leni González / Fotos Leandro Sánchez

 

Y esta cola para qué es?

Quizás usted sea el próximo resignado a quien le toque responder esta pregunta cuando forme la fila que da vuelta la esquina de Corrientes y Rodríguez Peña. Todas las noches, de miércoles a domingo, personas de todo tipo entorpecen el paso de los peatones y les contestan con paciencia hasta el momento de entregar su ticket de entre 100 y 200 pesos para ingresar por fin al teatro Astral y ver El impostor apasionado, el show del humorista, actor, imitador, cantante, Martín Bossi.

Ganador en Mar del Plata, donde se estrenó, del premio Estrella de Mar a Mejor espectáculo de music hall, El impostor apasionado puede verse como la continuación de M, el impostor, de 2010, que se llevó un ACE, dos Estrella de Mar y un premio Hugo. Con la producción de Diego Djeredjian y la dirección general de Emilio Tamer, Evelyn Bendjeskov y Manuel Wirzt, que también actúa, la puesta presenta varias pantallas con videos más una orquesta en vivo compuesta por diez músicos y un grupo de seis bailarines. Cacho Castaña, Fito Páez, Joaquín Sabina, Andrés Calamaro, Charly García son algunos de los personajes que recrea este impostor que gracias a su maestro (Wirzt) deberá buscar la forma para dejar de esconderse detrás de sus máscaras.

“Yo hice una vida ‘normal’ hasta los 23 años”, admite Bossi que tiene 38, se crió en Lomas de Zamora y no pudo evitar los mandatos de hacerse hincha fanático de Los Andes, jugar al tenis en el club como su papá –llegó hasta ganarle en la adolescencia un partido a Guillermo Cañas– ni seguir una carrera universitaria: “Estudiaba Comunicación en la Universidad de Lomas, pero iba a levantar minas con un librito donde anotaba los teléfonos de las pibas que me gustaban”. Hasta que papá falleció cuando Martín tenía 20 años: “Al quedar huérfano de quien me dirigía, una personalidad muy fuerte, me dije ‘bueno, y ahora, ¿qué quiero de mi vida?’. Soporté toda la pavada ochentosa de los padres, eso de que ‘quiero que seas un profesional, quiero un título’. Los padres se equivocan y está bueno, uno los va humanizando. No soy padre, pero, si tuviera un pibe, jamás le diría ‘quiero que seas un profesional’  refiriéndome a un abogado, porque yo soy un profesional de la actuación; vos, del periodismo y hay gente que es profesional de la venta de sopas de letras en los trenes. Yo ya estaba perdido, no sabía qué hacer de mi vida hasta que un día fui a buscar a una piba que salía conmigo y caminando por San Telmo vi el cartel de una escuela de teatro, la de Víctor Laplace. Subí a preguntar, me tomaron una prueba ahí nomás y empecé a estudiar teatro y a trabajar en fiestas con mi amigo de la infancia, Diego”.

–¿Pero de dónde salió ese impulso por actuar?

–A mi mamá las maestras le decían “llévelo al  teatro”. Me gustaba organizar, inventar juegos, animar. No sé si soy actor. Soy esto. Yo me hice tenista, pero lo otro vino conmigo.

–¿Ibas al teatro?

–No, nunca había ido. Me gustaba cantar e imitar voces de cantantes.

–Imagino que en la escuela de teatro serías como una rara avis.

–Totalmente. Pero cuando empecé a darme cuenta de que tenía facilidad para copiar voces y todo eso, decidí no quedarme con eso. Por eso estudié, para agregarle a la mimesis mucho estudio de arte dramático, de danza, de canto. No es en la imitación donde se centra mi vida. Lo mío es un show de actuación. La mimesis, como decía Aristóteles, nos define, los humanos somos animales miméticos. Un nenito lo primero que hace es copiar a otros.

–¿Imitar a una figura equis de la actualidad es igual a construir un personaje de ficción?

–Tal cual. Porque siempre es tu mirada sobre esa figura, aunque hagas una mimesis. Yo no sé si hago a Calamaro. Es mi Calamaro y convenzo de que es Calamaro.

–¿Cómo son tus pasos para construir los personajes? Por ejemplo, a Cristina Fernández de Kirchner que hiciste en Gran Cuñado (2009).

–Hay que estar entrenado porque si no, no hay por dónde empezar. Primero vi videos, empecé a ver su modo de hablar, su sufrimiento, comencé a ver que ella es actriz, le gusta la actuación: para mí, una de las mejores actrices que tiene el país es ella. Y me preguntaba ¿a quién quiere copiar?,  ¿cuál es su modelo? Es Evita. Entonces, vi discursos de Evita con su voz ronca, ya enferma, exhausta por las grandes masas. Observé también a la mujer que es, muy sexy, su ironía, vi todo eso. Y después es tu mirada, tu cuerpo y sucede. Es algo mágico.

–Y en esa combinación de cosas, ¿el humor por dónde se construye?

–Las técnicas de humor son muchas, las estoy estudiando hace muchos años. Primero, la identificación, los gags de comparación, de exacerbación, físicos. Hay que empezar a pulir fino; pero, en realidad, el humor no se enseña, uno tiene el humor, mi mirada tiene humor.

–¿Qué rol juega la máscara, el maquillaje, el vestuario?

–En mimesis, es muy importante o cero importante, depende de lo que decidas. En una parte del espectáculo, estoy sin pintarme (mientras se va maquillando, hace breves imitaciones) o, aun más, estoy pintándome como Sabina y hago a Claudio María Domínguez o a Polino. Es lo que uno crea y lo que uno quiere hacer creer. Digamos que lo que hago es medio raro, toco varias máscaras. Y si tenés el registro de todas las máscaras, sos exitoso. Es técnica, ¿eh?

–¿Todos somos imitables?

–Todos. Todos somos seres únicos e irrepetibles. Es como si yo te preguntara ¿quién no es entrevistable? Un asesino que no habla, está buenísimo. De todos se puede opinar.

–¿Hay alguien que te costó más sacar?

–No. Si observo, opino al toque.

-¿Los querés a todos?

-Son máscaras, no es que los quiera o no los quiera, o que coincida o no con lo que dicen, es lo que hay en mí de ellos.

-¿En qué medida imitar a un político es una editorial?

-En mi caso, no es más que la opinión de lo que es un político. A mí no me generó conflicto. El humor político, si lo hay, no me atrae porque no admiro al político, no me representan. Desde el año 83, nunca me representó un político, ni radical, ni peronista, ni de derecha, ni de izquierda, ni Clarín, ni el Gobierno.

-Lo que hace Fátima Florez, como Cristina, y Martín Bilyk, como Aníbal Fernández, en el programa de Jorge Lanata es una editorial

-Ah si. Pero yo puedo hablar de lo que hice yo. Estuve en ShowMatch, donde hice a Macri y a Cristina, los dos extremos. Y no opinaba de política, lo hice humorísticamente.

-Contaste que tu mamá nunca acertó con su diagnóstico. Cuando le mostrabas algo, si  no le gustaba, después funcionaba para el público.

-Todo al revés me dice mi mamá. Es verdad. Por eso, siempre le preguntó en qué voy a  fracasar (risas).

-¿Cuándo te aceptó en esta profesión?

-Para empezar, mi vieja me acompaña en todo, me dio la vida. Creo que en esto de la aceptación, los números mandan: cuando entró plata.

ShowMatch fue el trampolín. ¿Qué significó Tinelli, qué es estar ahí?

-Yo tengo un camino. Fue una linda estación de mi camino, la que me dio muchísima popularidad, me dio el rigor televisivo. Me trataron muy bien, maravillosamente, lo suficiente como para darme cuenta de que no pasaría más por ese lugar. ¿Se entiende, no? No es que no pasaría más, de hecho este año hice una presentación (una desopilante parodia de Mariano Iúdica) pero desde otro lugar. Lo hice y me pareció bárbaro pero ya está. No tengo deudas. Pero sí, un gran agradecimiento.

-¿Te interesa hacer ficción? Estuviste en Los únicos.

-Sí, pero la tevé es muy a cuenta gotas en mi caso. No es algo que me seduzca o que me permita desarrollarme laboralmente. Me sirve para hacer notas o que me conozcan. Es que a mí me cuesta mucho ya trabajar para otro. Soy bastante singlista. En cambio, sí lo haría en cine aunque fuera una participación muy pequeña. En televisión todo lo que yo pueda demostrar, lo puedo demostrar en teatro, entonces, elijo que me vengan a visitar a mi casa. Yo prefiero que se vistan y se peinen para venir a verme porque me gusta ser un buen anfitrión y no que desde el living de su casa me puedan consumir. Todavía para algunos periodistas la tevé es esa chica a la que uno nunca le puede decir que no. Pero la tele misma hizo que muchos no la queramos.

-¿Vas a hacer cine?

-Posiblemente, el año que viene, un par de películas (no cuenta más), me interesan como una gran oportunidad de crecimiento. Y si no me toca trabajar, también me gusta parar un poquito para seguir estudiando. Me gustaría hacer cursos de inglés, danza, clown para ejercitarme. Me encerraría con (el director de actores) Emilio Tamer, un gran maestro, para hacer cursos de comicidad. Necesito aprender. Cuanto más crezco, más me doy cuenta de que estoy limitado.

-¿Y la radio? Está llena de imitadores

-Imitar, imita cualquiera; en el barrio siempre hay un gracioso que imita. Yo no escucho radio. Pero una cosa es imitar y otra es actuar imitando. De hecho, yo no imito, hago opiniones de otro tipo. Me parece que tiene que haber lugar para todos, hay muchos periodistas que opinan boludeces, muchos actores que actúan siempre igual, mucho político que miente. Hay mucho de todo. Me parece que si uno trabaja dignamente, que haya trabajo para todos.

-Como espectador, ¿qué miras?

-Deportes. Fútbol. Tenis no tanto. Desde el living por ahí me engancho veinte minutos con alguna cosita frívola. Beto Casella me hace reír. Veo algunas noticias. La tele es entretenimiento. También miro muchas películas viejas. Leo, me gusta leer. La tele me impulso a leer: la apago y elijo leer un libro.

-¿Por qué te va bien?

-Le tendrías que preguntar a la gente… Sería muy odioso decir que me va bien por esto o lo otro. Creo que lo tengo en claro, quizás no para declararlo en un micrófono pero hay muchos motivos. De lo que estoy seguro, lo único que sé, es que la gente está muy necesitada de amor y yo hablo de amor mediante mi arte y el amor es un idioma universal. No es que me subí al escenario porque pegué un par de personajes en la tele; de hecho, cuando pegué con Cristina, lo que menos hago es Cristina en el teatro, nunca más la hice. Hay personas que se dan cuenta de que no estoy haciendo imitaciones.

Como Woodstock pero sin garchar

Un Woodstock sin drogas

RESPIRANDO POR UN SUEÑO

Un Woodstock sin drogas

 Hay talleres de risa, de orgasmos, de cómo tener amigos y de cómolibrarse de ellos y de las mil maneras de ser exitoso. Ravi Shankarenseña a ser feliz. Dos días con el gurú que maravilla a Macri.

JUEVES 13.09.2012 – EDICIÓN N ° 83

 
Escribe Leni González

Fotos Juan Pablo Barrientos

Tengo una pesadilla recurrente. Sueño que no terminé mi carrera en la UBA. Ante mí aparecen unos libros grosísimos que tengo que estudiar en pocos días si quiero llegar a mi última chance. Al despertar, tardo un buen rato hasta convencerme de que sí, que lo logré, que en algún cajón de mi casa duerme el título. “Menos mal”, me digo, torturada cada vez por el miedo a no saber, a haber pasado por tantos cursos equivocados, por cumplir años sin aprender a hacer nada bien. Hay talleres de risa, de orgasmos, de degustación y cata, de cómo tener amigos y de cómo librarse de ellos, de las mil maneras d ser exitoso y comportarse en una fiesta.  Ninguno hice y después tengo pesadillas, claro. Pero la cosa empezó a preocuparme casi a nivel patológico cuando descubrí que ni siquiera sabía respirar correctamente y que era necesario aprenderlo de nuevo. Toda una vida al pedo, no hay dudas. Pensé en suicidarme pero, casualidad-causalidad, un ángel pasó, me dio un volante y movida por una pulsión vital, me dirigí al Centro Municipal de Exposiciones, pagué 100 pesos y entré a FeVida: una bagatela si ese era el precio para acceder al arte de vivir. Macri lo hizo: desde el jueves 6 hasta el domingo 9 se realizó el Primer mega encuentro de espiritualidad de Latinoamérica en Buenos Aires, organizado por el ex legislador del Pro Avelino Tamargo, el encargado de traer a la así bautizada “Capital mundial del amor” a los popes internacionales de espiritualidad más los referentes telúricos del bienestar humano. “No confundir religión con espiritualidad”, me previno Daisy May Queen ni bien entré al salón de conferencias magistrales (mi entrada las incluía porque las de 40 pesos no). La locutora enfundada en vestidito corto aleopardado no me hablaba sólo a mí sino a los muchos que iban ocupando las filas frente al escenarioliving. Aunque me lo prohibieron “porque era el lugar para las fundaciones (sic)”, me senté en las sillas premiadas con bolsitas de Universo Garden Angels que traían el aceite perfumado Mantra. La autora de Pecados espirituales presenta a los conferencistas estrella, seres de los que nada sabía hasta hoy, cuando me rendía ante la evidencia del aplauso de toda esa gente. Así, uno a uno, iban apareciendo Ariadna Tapia, una mexicana especialista en ángeles; otra mujer, Gisela Hengl, maestra de sonido primordial; René Mey, francés, humanista y hombre de paz; el psicólogo Daniel Goleman, autor del bestseller Inteligencia emocional; la australiana Isha, creadora de su propio método; Nah Kin difusora del Sagrado Conocimiento Maya; nuestros más cercanos Carlos Páez Vilaró, eterno sobreviviente de la tragedia de los Andes, y el rabino Sergio Bergman (no escuché bien por qué estaba); por último el maestro, gurú, líder carismático hindú Sri Sri Ravi Shankar. No es un rock star (aunque su homónimo sitarista anduviera cerca) pero arrastra groupies que gritan y dicen que lo aman. Lleva una túnica blanca y parece de edad indefinida aunque en mayo cumplió 56 años. Los ojos muy negros y saltones y la sonrisa constante enmarcada en la barba tupida le dan una expresión de estampita. Muchos de los presentes cruzarían la calle si lo vieran una noche oscura en jeans y buzo con capucha pero no es mi intención arruinar con prejuicios esta verdadera fiesta de la clase media porteña adornada de turistas extranjeros más algunos pocos locales, como yo y la banda de periodistas y fotógrafos agolpados a los pies del escenario. “Cortaron la luz porque acá arriba no hace falta”, dice Daisy ante un bajón energético. Sólo fue un momento ya que al instante ingresó el jefe de la Ciudad, el ingeniero civil, ex presidente de Boca Juniors y fan de Queen, Mauricio Macri, que corta la cinta para inaugurar el encuentro. Habla de amarse a sí mismo para poder amar a los demás; de la función pública que permite dar felicidad a otros como, cita el ejemplo, ese matrimonio que lo miraba de lejos en Villa Crespo, que por fin se animó a acercarse para contarle que la lluvia esta vez no había inundado su casa como en el pasado y “terminamos llorando juntos, un momento único en la vida”. De respirar no dijo nada pero hay que reconocer que en general sus discursos no suelen ser muy inspirados. Por fin, después de tanto telonero, el experto en cambiar el aire comenzaba su función. Y yo tal vez mi camino pulmonar a un soplo de sabiduría.

El que no medita es un estresado

“Namasté”, dice con las palmas juntas el fundador, en 1981, de El Arte de Vivir, la ONG presente en más de 150 países incluida la Argentina desde 1999, donde sus voceros declaran que más de 170 mil almas ya participaron en seminarios para eliminar el estrés, gracias a la respiración, el yoga y la meditación. Todos responden con el mismo saludo de paz en sánscrito (¿la gente sabe sánscrito?). Con traducción simultánea, en inglés y en un trazo, sintetiza su pensamiento de manera perfecta: “globalizar la sabiduría”. Que es fundir las diferencias culturales, tomando conocimientos profundos para difundirlos en formato apto para todo público. Más o menos como convertir en hamburguesa a un bife de chorizo. “La corrupción se da por pocas personas malas y el silencio de la gente buena”, dice y levanta una ovación cuando agrega que “no hay que pedir ni aceptar coimas”. Propone un ejercicio que será el punto más alto del show, el hit que todos esperaban pero que yo descubrí en ese momento, cuando al darme vuelta me encontré con unos 2500 seres bien vestidos con los ojos cerrados obedeciendo los tips del maestro. Pueden hacerlo en sus casas: masajee su cabeza; siga con el entrecejo; abra y cierre los ojos, rótelos hacia todos lados porque “hay que tener una visión amplia”; continúe con su nariz y sus orejas, tire de ellas; rote la cabeza, cierre los ojos y no haga ningún esfuerzo porque “meditación no es concentración”, deje que cualquier pensamiento venga a su mente. Tome conciencia de su cuerpo, ese regalo tan especial, “como los peces están en el agua, nosotros estamos en el aire” (claro, ahí está la clave) y entonces sí, empieza a inhalar y a exhalar. “Dale la bienvenida a la inhalación como si fuera un huésped de honor. Dale la despedida a la exhalación como si fuera un huésped de honor. Una te da energía, la otra relajación –dice Guruji (otro de sus apelativos), sentado en el sillón blanco de espaldas a su imagen agigantada en la pantalla–, a medida que el cuerpo se relaja, la mente se expande, hasta que cada célula de tu cuerpo empieza a sonreír, relájate y descansa en tu propio ser que todo está siendo cuidado para ti.” El broche es el om, vibración de amor y paz, en la que el auditorio se funde a blanco. Ah, era esto, pienso hasta que algo se interpone en mi certeza. Cuando no, tenían que venir las preguntas y lo que es peor, las respuestas. Darle la voz al pueblo trae estos inmanejables problemas: una chica, emocionada al borde del llanto, le declara su devoción y agradecimiento por haberla salvado del pozo de la existencia: “Sólo quiero una cosa: darte un abrazo”. La traductora de Sri Sri le susurra al oído las palabras desesperadas. Un grupo de fans aplaude y pide que el deseo sea cumplido. Pero él no se mueve y sin abandonar ni el sillón ni su sonrisa, dice en español: “¡Lindo!”. Los diálogos continuaron.

–Maestro, ¿qué hago con la culpa?

–Buda dijo que el agua que pasa siempre es nueva. No te aferres al pasado.

–¿Qué hago con el dolor por la pérdida de un ser querido?

–¿Cómo te sientes ahora? ¿Más tranquila? El tiempo se ocupará del resto.

–Maestro, ¿cómo hay que hacer para no sentir soledad?

–Yo estoy con vos. That’s all.

that’s all nunca fue tan literal. Saludó con sus manitas y salió de escena. También yo salí hacia el sector feria, repleto de puestitos de venta y promoción: probé un agua mineral rejuvenecedora, averigüé por las bodas sagradas y las bondades de la rodocrosita, miré los diseños de las remeras sublimadas y me sometí al designio de virtuscospio u horóscopo de la virtud. “El desapego es tu virtud –me dijo una señora vestida de blanco, detrás de un stand, después que elegí una carta–. Si quieres profundizar esto y evitar que se te vuelva en contra puedes hacer alguno de nuestros cursos.”

Mantras en domingo

No hay manera. Los cursos me persiguen. Mi situación de riesgo es alarmante. Pero tenía otra oportunidad gratis y al aire libre. El domingo en los bosques de Palermo, Sri Sri, el visitante ilustre de Buenos Aires, Córdoba y Montevideo, se presentaba una vez más para guiar la meditación colectiva por la paz transmitida a nivel mundial. “El Planeta medita” era el nombre del evento que reunió a unas 100 mil personas que desde el mediodía comenzaron a llegar en bicicleta, con almohadones y babuchas. “Es como Woodstock pero sin garchar”, dijo el incorrecto que me acompañaba. El campus estaba realmente abigarrado de muchos jóvenes lindos. No todos eran vegetarianos sino que varios puestos de lomitos demostraban la vigenciakárnica. “Vinimos porque hicimos los cursos de El Arte de Vivir para meditar y respirar”; “quería experimentar qué me pasaba acá”; “medito hace años y me vine con mis hijos”; “esta es una forma saludable de encontrarse con uno mismo”: las razones se repetían igual que los mantras que entonaba el grupo Indra. “No vamos a parar hasta subir a un colectivo y que el chofer esté cantando mantras”, dice uno de los músicos mientras una camarita aérea nos retrataba sobrevolando nuestras cabezas. Después de un video institucional de la ONG organizadora, la directora de la filial argentina, Beatriz Goyoaga, autora del libro Del gin tonic a la meditación anunció la presencia de Ravi Shankar. Empezó hablando en el español que podía y siguió en inglés, para todos sus seguidores globalizados. El ejercicio fue más o menos el mismo. Inhalar y exhalar es más o menos lo mismo. Pero seguramente hay mucho que aprender y cursar y pagar. No me dio quedarme a escuchar a Patricia Sosa y seguí de largo, entre la multitud que siempre parece tan feliz cuando se oxigena. De lejos, al darme vuelta, una nube de dióxido de carbono flotaba al ritmo de “Aprender a volar”.

Violeta Urtizberea > revista El Guardián

“El Italpark no  es nada para mí”
Violeta pasa mucho tiempo en Facebook, porque le encantan mirar fotos.

REVISTA EL GUARDIAN > PERSONAJES

VIOLETA URTIZBEREA, ACTRIZ

“El Italpark no es nada para mí”

Festeja que Graduados sea la ficción más vista y supere a Tinelli, pero jura que no lo vive como un Boca-River. Cuenta cómo surgió la química con Isabel Macedo y Daniel Hendler, y por qué aceptó volver a un set con su padre Mex.

JUEVES 06.09.2012 – EDICIÓN N ° 82

Escribe Leni González / Fotos Nacho Sánchez

 Con esa voz aguda que sabe llevar hasta la exasperación, Violeta Urtizberea convierte en parodia cualquier estereotipo femenino. Es capaz de darle una vuelta más a un personaje para ponerlo al límite del absurdo: mujeres en latente estado de inadecuación  al entorno, casi unas freakies. Pero ese tono de actuación, tan suyo, tan propio, no es el resultado de una búsqueda de comicidad sino la huida del más leve síntoma de solemnidad.

“Soy actriz, me gusta hacer de todo, distintas cosas. Mi idea es transitar las escenas de la manera más verdadera, ver qué le pasa a mi personaje con eso, más allá de que haga reír y llorar. Quiero que pase distintos estados, como sucede en la vida”, se explica la bella Urtizberea (mucho más de lo que brindan las cámaras), una de las responsables del éxito del año, la tira Graduados producida por Underground para Telefe, donde interpreta a Gaby.

Hermana menor de Andy (Daniel Hendler) y asistente en la empresa de Patricia (Isabel Macedo), la menor de la familia Goddzer es una versión de la eterna Susanita: “Gaby cree que quiere ese trabajo pero le divierte más charlar y opinar sobre relaciones amorosas, es medio vaga; no tiene la libido puesta en lo laboral porque, en realidad, lo que quiere es casarse con alguien de plata y ascender de clase social. ¿Viste que a veces uno cree querer cosas y no es tan así?”. Los mejores momentos de su personaje son los cruces con Macedo y con Hendler: “Con Isabel se fue dando así, no es que estaba pensado pero los autores (Ernesto Korovsky, Silvina Frejdkes y Alejandro Quesada) estuvieron atentos a esa química que surgía entre nosotras. Ella es una actriz buenísima, muy juguetona y generosa, es muy fácil trabajar con ella. A Daniel lo conozco hace tiempo, es excelente y nos divertimos muchísimo con ese trato despiadado que se da entre hermanos, me llama ‘culo gordo’ y ‘vaca’. Y con Mirtha (Busnelli) y Roberto (Carnaghi), también (los padres en la tira). A mí me gustan mucho estos actores y actrices, trabajar con ellos me sorprende, me doy cuenta de lo geniales que son y los admiro más todavía, me re conmueve verlos resolver escenas”, elogia la única hija del músico, actor y conductor Mex Urtizberea, el “Tuca” en Graduados, inseparable amigo de Andy y Vero (Julieta Ortega), es decir, un tipo de unos 10 o 12 años menos que los que el artista tiene en la vida real. “Con mi papá tengo pocas escenas, nos cruzamos poco”, admite ella, que en febrero cumplió 27.

–¿Cuánto hacía que no trabajabas con Mex? ¿Desde Magazine for fai?

–Después de eso, de fines de los 90, estuvimos juntos en La Kermex, por América (2004), que duró muy poco. Y tomé la decisión de dejar de trabajar con él, quería cortar ese lazo, hacerlo como parte de mi crecimiento. Ahora, cuando nos llamaron a los dos, dudé al principio pero me di cuenta de que ya había pasado mucho tiempo. Somos los dos adultos y, además, esta vez estamos en igualdad de condiciones, él no es mi jefe sino que ambos somos empleados.

–¿Hay euforia por el rating (promedia casi 25 puntos) ganador de Showmatch?

–Euforia por el rating, no. Los actores disfrutamos de las buenas escenas y de que a la gente le guste, eso es un halago y nos da mucha tranquilidad. Pero no lo vivimos como un River y Boca, es una preocupación más bien de los productores.

–Estás en la comedia que puso, otra vez, de moda a los 80, la década en la que naciste. ¿Cuál es tu conexión con esos años?

-Mi época son los noventa, nací en 1985. El Italpark no significa nada para mí, nunca fui. Pero me llega mucho la música porque también la viví, eso continuó y entiendo todos los cameos, Vilma Palma, Fabiana Cantilo, Charly Garcia ni hablar.

-¿Te identificás con alguno de los personajes de esa secundaria?

-No con los personajes pero sí con la amistad entre Loli (Nancy Dupláa) y Vicky (Paola Barrientos) porque tenía una amiga así, muy pegotas, de ir hasta al baño juntas. Si bien me llevo bien con los varones, mis amigas son mujeres, nunca tuve un grupo de amigos como Vero.

Además de las largas jornadas de grabación en la tele, Violeta trabaja en dos obras de teatro. Los jueves, en El extranjero (Valentín Gómez 3378),  es parte de Adónde van los corazones rotos, de Cynthia Edul, la autora también de Miami, donde trabajó en 2008. Y los viernes y sábados se presenta en el Chacarerean (Nicaragua 5565), junto a Dolores Fonzi y Ezequiel Díaz, con Isósceles, de Mariana Chaud. En la primera, interpreta a una hija todavía adolescente que le reclama de todo a su madre viuda (la excelente Mónica Raiola). En la otra, se trata de un trío que se rencuentra muchos años después, como los graduados.

-¿Te volviste a encontrar con tus ex compañeros del colegio?

-Miro mucho en Facebook, me encanta ver fotos. Con los de la secundaria no me vi más pero con los de la primaria hicimos un rencuentro hace dos años. No veía a nadie hacia años y estaba renerviosa porque es muy impactante, pasás del recuerdo de un nene a un adulto, son muchos los cambios. Pero los demás no estaban tan nerviosos como yo. La pasamos bien, estuvo bueno.

Por primera vez, está probando la convivencia. Vive con su novio, diseñador de imagen y sonido, y la perra que adoptaron de la calle. Le gusta conocer gente de distintos ámbitos, no sólo actores que, a veces “agobian hablando de actuación”: “Soy muy curiosa, me interesa todo, también el mundo académico. Hice dos años de Psicología y quizás retome algún día, es muy inspirador pero tuve que dejar por falta de tiempo, bueno, por suerte porque fue por trabajo”.

-¿Te interesa la música, como a tu papá?

-Sí, me interesa pero no sé nada, cero relación, soy un desastre. Mi papá nunca me enseñó a tocar nada y siempre se lo reprocho. Ahora me va a comprar una guitarra chiquita porque él tiene unos luthiers que le hacen instrumentos. Soy un desastre con todo lo musical, hasta mis gustos son muy polémicos, parece que soy bastante grasa porque me divierte mucho todo lo latino, la cumbia, y no lo electrónico. Pero la verdad es que no tengo un gusto definido, no voy a recitales, escucho cualquier cosa.

-Trabajo, amor  e ¿hijos? ¿Pensás en eso?

-Sí, el tema ocupa un lugar en mi mente porque todas mis amigas están embarazadas y me agarran ganas pero por ahora quiero esperar un poco, hasta los treinta. No soy de proyectar, sólo de estar donde me siento feliz.

Diego Capusotto > revista El Guardián

“Cuando miro TV mi ritual son las drogas”

23/08/12

DIEGO CAPUSOTTO

“Cuando miro TV mi ritual son las drogas”

El lunes 27, a las 22.30, se estrena la séptima temporada del genial ciclo Peter Capusotto y sus videos. Como anticipo, EG participó de su grabación y habló con el actor sobre lo nuevo, la tevé en general, Gasalla, Spinetta y el futuro.

Escribe Leni González / Fotos Nacho Sánchez/Leandro Sánchez

 Para los que tienen en los canales de aire un límite infranqueable, salvo disculpadísimas excepciones. Para esos, aquellos y todos los fans de todas las edades que convirtieron a Peter Capusotto y sus tres dimensiones en la –por ahora– segunda película más vista del año (detrás de Elefante blanco, de Pablo Trapero y con Ricardo Darín), con casi 300 mil espectadores. Y para cualquiera que quiera guardar en su memoria, antes de la extinción final, la leyenda de aquel programa de humor que parodió los 80 y 90 antes de cualquier moda: este lunes a las 22.30 por la Televisión Pública, después de un año con cine pero sin tevé, vuelve el programa de Diego Capusotto y Pedro Saborido, Peter Capusotto y sus videos.

“No tengo mucho para decir”, admite Diego muy serio en la rueda de prensa ante la pregunta sobre las novedades que se verán en esta séptima temporada de ocho emisiones. “Así que –remata– se pueden ir retirando”. Risas. El ganador de varios Martín Fierro es un entrevistado sobrio y de sólido discurso hasta que irrumpe un desliz y retoma. Entra y sale de la jaula. Nunca sabremos del todo, por suerte, cuál de los discursos es el auténtico, si la verdad está en el relato o en sus apostillas. No importa. Los periodistas tampoco hacen mucho caso de esos matices. Aunque el actor aclaró que no era necesario que le comunicaran su pertenencia, ninguno obedeció. En cada ocasión se repitió el sketch del enfrentamiento mediático: al “soy Juancito, de diario X”, le seguía el gesto reprobatorio del entrevistado y los festejos del resto. Todos por un ratito querían compartir la mirada Capusotto del mundo, la intrincada herramienta del absurdo para desenroscar la realidad.

“Cada personaje es un cúmulo de voluntades. Hay algunos que tienen un impacto más efímero porque el chiste está puesto en ese tipo de impacto, y otros tienen más desarrollo, surgen de algo muy chiquito que se va haciendo más sólido, adoptan otra carnadura y se terminan convirtiendo en clásicos del programa o terminan afianzando un concepto de lo que es el programa como un todo”, enumera pero sin revelar novedades. Aparentemente, Pomelo ya no tendría más aventuras para contar pero sí continuarán Violencia Rivas y Bombita Rodríguez.

“El misterio que no me interesa develar es qué pasa después, cómo se entiende lo que nosotros hacemos y por qué razones se establece la empatía. La mirada del otro te ubica en un lugar de relevancia o no. Lo importante es que, con Pedro, tenemos ganas de hacer de vuelta el programa en la forma que lo venimos haciendo”, agrega. Por otro lado, sí confirmó la presencia de los videos musicales que aporta el inagotable archivo de Marcelo Iconomidis.

“El programa nació con eso y sigue con eso y los elige ‘el Griego’, como siempre.” Entre las bandas nacionales que escucha en este momento nombró a Proyecto Gómez, entre otras alejadas del “mainstream”, dice y le pregunta al periodista frente a frente en la mesa: “¿Se dice así, no es verdad amigo?”.

“Mientras miro televisión, mi ritual son las drogas. Me hacen ver todo tan feo como es –asegura Capusotto–. Perdón si suena snob, pero prefiero Kurosawa al noticiero. Salvo el fútbol o boxeo, no sigo ningún programa. Pero puedo quedarme como un idiota mirando algo (lo cual me hace pensar que soy parte de la involución), tapando vacíos de aburrimiento, de mí mismo, de lo que me rodea, a eso de las dos de la tarde (un horario perfecto para morir) puedo llenar ese vacío con un Viviana Canosa o un Rial”.

–¿Y un Showmatch?, le pregunta una cronista.

–No, a la noche ya estoy repuesto, prefiero salir con el auto.

Acerca de la influencia de la situación política en su humor, afirma que es algo que nos atraviesa a todos aunque no sea esa agenda la que siga: “Podemos insertar la política en el mundo del rock pero lo que nos interesa en todo caso es tomar los hechos políticos y degradarlos, contarlos de otra manera”.

–¿Qué imitadores políticos te gustan?

–Me hacen reír 6,7, Pocho y Lanata, el Lenny Bruce de Las Cañitas.

Sobre su manera de hacer humor, desde De la cabeza, pasando por Cha Cha Cha y Todo por dos pesos, no cree en un humor nuevo. “Puede ser en lo estético por los tiempos más vertiginosos, tal vez en la autogestión, pero no en lo conceptual. Estamos más cerca de los hermanos Marx que de la Peluquería de Don Mateo, de Sofovich.”

–¿Y cómo lo ves ahora a Gasalla…? 

-…me lo garché a Gasalla en el 94, no en el 95.

-… en el jurado de Bailando por un sueño?

-Y, lo que haga Gasalla de su vida a mí, con 50 años… Mirá, siempre me gustó Gasalla como actor y lo que hizo; y si ahora está en un lugar donde uno espera no verlo, no tengo nada para decir. Es como una banda que grabó dos discos excelentes y uno malo. Eso no niega lo que hizo. Pero no está en mi preocupación ni Gasalla ni la hija de Caniggia.

Cuando le hablan de su mérito de haber logrado el mayor rating (salvo el fútbol) en el canal público, relativiza la cuestión: “Hace 20 años que nosotros aparecimos con De la cabeza y hace 20 años que tenemos cuatro puntos de rating. No lo digo como pose de gran perdedor sino que resalto que más allá de que nunca fueron éxitos todos esos programas han tenido una pertenencia en la gente. Qué se yo, Gasoleros estaría muy bien hecho y hoy está Graduados, pero es un éxito que reemplaza a otro pero no creo que Gasoleros tenga esta pertenencia en el público hasta hoy. Pero Cha cha cha que hacía cuatro puntos, sigue teniendo circulación en la gente y no ha habido muchas cosas en la televisión que hayan superado eso, inclusive las cosas que se ven hoy en el humor argentino tienen referencia a eso, porque hay algo que las generaciones nuevas tomaron de ahí, son programas que dejaron estela”. En el 7, la decisión fue continuar para  mantener autonomía en el proceso creativo: “Nuestro interés no es que nos vea más gente sino que priorizamos tener el control de algo que hacemos con todo el amor y garantizarnos que eso no tenga el filtro de tener que reunirte una vez por semana con un tipo que intenta explicarte por qué si cambiás esta cosita o la otra el programa va a tener dos puntos más de rating”.

-Con Saborido deciden hacer poca cantidad de programas para no saturar ni al público ni a ustedes mismos. ¿Qué opinás de las repeticiones diarias del programa que hace el canal TBS very funny a las 22?

-Las pagan. Es inevitable lo que después pasa con los programas, que los repitan o que se vean por Internet. Y no siempre eso te lo pagan así que es importante ese reconocimiento, me permite poder estar seis o siete meses con Pedro para preparar el programa y no en otra cosa para que me entre guita. No creo que interfiera en el programa. Creo que es peor ir por todos los canales hablando de la vuelta, como si el programa tuviera una especie de ascendencia que no debe tener, casi compulsiva, para lograr a lo mejor dos puntos más de rating, algo bastante miserable y ridículo. El programa ya tiene su recorrido y su público. Ojalá que se sume más gente con buenas intenciones. Nosotros ponemos cuidado en lo nuevo.

-Hablando de nuevo y viejo, fallecido Luis Alberto Spinetta, ¿vas a volver con Luis Almirante Brown?

-Sí, porque no hacerlo significaría asumir que Spinetta era Luis Almirante Brown y es otra cosa, hay una referencia spinettiana nada más, el cómo sería Spinetta en una bailanta. Nos divierte seguir haciéndolo y al Flaco le gustaba mucho, tenía mucho humor.

-¿Estas haciendo un duelo por el final del programa? ¿Cómo sigue la historia?

-Yo me imagino un destino incierto como se imagina cualquier persona. Me veo poniendo el cuerpo en algo que me interese. Puede ser que el año que viene continuemos con el ciclo o puede que siga en otro ámbito pero siempre con Pedro. Capaz que hacemos radio y en octubre, volvemos con ocho programas. Pero eso depende del canal y en el caso del 7, no es imposible. También me convocaron para una película, un protagónico con dirección de Alejandro Chomsky (Dormir al sol), basado en una novela del español Jorge Parrondo, Maldito seas, Roque Waterfall, que me interesa pero en la medida que no interfiera mi trabajo con Pedro. Aunque sea una proyección horrorosa, no descarto que también pueda pasarme que necesite hacer algo feo por la plata. Yo venía de familia rica pero… Lo único que descarto es la inmortalidad y a partir de ahí, cualquier cosa es posible.

Sebastian Wainraich > revista El Guardian

“La polarización es ridícula”

SEBASTIÁN WAINRAICH

23/08/12

“La polarización es ridícula”

El conductor de Metro y medio parodia al binarismo político y propone, por ejemplo, un programa entre Barone-Bonelli. Pero el fútbol le cambia el humor y la paternidad es su argumento más fuerte para vivir. Balances y proyectos.

Escribe Leni González / Fotos Juan Pablo Barrientos

 Desde lejos, un hombre, llamemoslé robusto, bajo su Perramus desabrochado, levanta la mano y hace un caluroso e histriónico saludo. Idéntica devolución recibe por parte de Sebastián Wainraich, recién salido de la entrevista. “¿Qué hacés, Mostaza?”, dice el “Pelado” hincha de Atlanta al señor de inconfundible voz y color de pelo, ex técnico de Racing y hoy columnista en la ex radio Belgrano (hoy Radio 9 La Deportiva). Como esta emisora comparte el lugar con FM Metro, donde Wainraich y Julieta Pink conducen Metro y medio, no tiene nada de raro que en el cruce diario dos potencias se saluden. Pero, oh grata e impensada sorpresa, nunca habría relacionado a estos dos personajes en efusivo gesto ritual. Será que el fútbol tiene esas cosas a las que no tuve acceso antes de la nota con el conductor, escritor y uno de los principales cultores del stand-up local (el económico término “standapero” le molesta). A lo mejor, por ese lado, me hacía merecedora de la devolución de algún centro o un intento de pared. Pero Wainraich es parco en los desbordes, hace tiempo con el arquero y patea a la tribuna.

 

Cuando le pregunto si no le gustan las entrevistas, me responde que sí, que no tiene problema: “Es que contesto con lo justo, no hay más de lo que conté”, explica. Supongo que tiene razón y que mi desatino es propio de una barrabrava en búsqueda de afecto.

–Reeditaste por Sudamericana tu primer libro de cuentos, Estoy cansado de mí, de 2005. ¿Cambiaste algo?

–Saqué cosas: agradecimientos, prólogo y cambié la tapa. Y dejé los cuentos, así pelados como son, porque si los retocaba era otro libro y preferí mandarlos como estaban. En un año, espero sacar el tercer libro (el segundo es Ser feliz me da vergüenza).

–Cuando los releíste, ¿qué te pasó?

–De todo me pasó. Habían pasado más de siete años. Algunos me dieron una nostalgia linda, así como sana. Otros los tenía totalmente olvidados. Pero con todos tuve esa sensación de saber que estaba bueno que se publicaran otra vez.

–Creo que captás bien esa especie de clima del varón de esta época: un tipo abúlico, como cansado antes de empezar.

–En realidad son percepciones tuyas.

–Sí, y me pareció bien contado. Y las mujeres aparecen como seres misteriosos, a los que el narrador no entiende

–Bueno, son misteriosos. Es que yo no las entiendo. Justo en el segundo libro hay un cuento escrito en primera persona donde el personaje es femenino. Pero, en este, es como que la caracterización del personaje femenino la voy descubriendo yo también en el cuento.

–¿La única fuente de pasión genuina es el fútbol? ¿Es eso que se hace y se siente sin necesidad de entenderlo?

–La mayoría de las cosas para mí son así. Me gusta la radio y qué sé yo por qué me gusta. Lo más lindo es sentir, no racionalizar las acciones. A la radio vengo contento, me gusta y no siento que tenga que explicar a nadie por qué me gusta.

–¿Te sigue emocionando ir a la cancha o es un motivo de angustia?

–Bueno, las dos cosas. El fútbol, últimamente, está rodeado de frases como “sentimiento inexplicable”, “pasión”. Pero, más allá de que sea un lugar común, para mí es eso. Atlanta juega el sábado y siento que tengo que estar en la cancha pero no me considero por eso un genio, ni un héroe, ni nada por el estilo. Es un sentimiento que me sigue pasando y el resultado me puede cambiar el humor de un momento y tal vez de un día. Con todo eso se hizo una apología del hincha pero, para mí, no es lo mejor ni lo peor. Es algo que siento, que a veces me gusta y otras no tanto.

–Escribir cuentos y escribir tus monólogos de stand-up ¿son actitudes distintas?

-Sí, muy distintas. Al monólogo, lo ultimo que hago es actuarlo pero lo anteúltimo es escribirlo: voy anotando ideas, una observación, se me ocurre un tema; cuando me pongo a escribirlo es un borrador, lo empiezo a hacer, lo ensayo en el baño. Al ensayarlo, aparecen nuevas cosas. Es una actividad más dinámica. Escribir un cuento es sentado: me siento, escribo, pienso. El cuento se define mucho más en la escritura y el monólogo se define todo el tiempo y sobre todo, en el escenario.

-Fuiste el conductor de La Biblia y el calefón hasta fin de abril cuando terminó el ciclo. ¿Qué gusto te quedó de todo eso?

-No me arrepiento de haberlo hecho, son los tiempos de la tevé. Lo único que si me hubiera gustado es hacerlo en vivo, con los errores, con los quilombos. Pero no se me ocurrió en el momento. Creo que aun cuando la edición sea excelente, siempre quita autenticidad.

-¿Extrañás a TVR (el ciclo de canal 9 producido por PPT que condujo junto a Gabriel Schultz hasta 2010)?

-Lo veo ahora. No lo extraño, lo veo. Me perdí a Maradona (fue como crítico invitado). Pero no. Es así: antes de ser conductor, yo era espectador de TVR, así que fue circular el tema. Ahora soy espectador otra vez. Me parece un ciclo terminado que estuvo bien.

-¿Qué le pasa a Pergolini con vos? Te llamó “sicario”

– Ah, qué sé yo. No sé. Ya hablé y ya está (“Me da pena”, respondió). No le doy importancia. Me parece medio gil el conflicto, sobre todo porque no sé bien cuál es.

-En la radio, en general sobrevolás el tema político

-Sí que hablo. El programa no es político pero hablo bastante. Tengo épocas. Unas que si, otras que no.

-¿Querés estar al margen de la polaridad?

-La polarización me parece ridícula, paródica. Nos estamos divirtiendo con eso. Es más, estamos proponiendo que Bonelli y Barone hagan un programa como el que hacían Aliverti y Varela, ¿te acordas?, Palabras cruzadas.

-¿Vas a volver a la tele?

-Tengo dos proyectos míos. Pero no sé todavía si los voy a hacer, no los llevé a ningún lado. En uno, tengo una socia con la que pensamos. Y estoy escribiendo un guion pero muy tranquilo porque con la radio, el teatro, el libro, la vida… Estoy muy bien así.

-Tu mujer, la locutora y comediante Dalia Gutman, también hace stand up y tevé. ¿Trabajarías con ella?

-Sí, pero no todos los días. Primero, porque no podemos estar los dos a la vez tanto tiempo fuera de casa y porque no sé si le haría bien a la pareja estar juntos todo el tiempo. Somos muy apasionados del laburo y me parece que llevaríamos eso a casa.

-Tienen dos hijos, Kiara y Federico. ¿Qué te cambió ser padre?

-No sé que me cambió. Me gusta mucho ser padre, lo disfruto. Es como un argumento muy fuerte para vivir. Está bueno.

Revista El Guardián > Juan Pablo Varsky

“No tengo una visión zapatitos blancos de la política”JUAN PABLO VARSKY A LOS 41

“No tengo una visión zapatitos blancos de la política”
Conducirá la transmisión de los Juegos Olímpicos para una señal satelital, pero siente que su ciclo como periodista deportivo ya está cumplido. Jura que sueña en convertirse en el primer presidente judío de la historia.

JUEVES 26.07.2012 – EDICIÓN N ° 76
Escribe Leni González / Fotos Leandro Sánchez

Puede ser apenas una casualidad que en el debut de El péndulo, el programa de entrevistas a periodistas que acaba de empezar Juan Pablo Varsky, el primer invitado fuera Jorge Lanata. Unidos por la profesión de preguntar, inversamente proporcionales en su interés por los deportes, tienen algo invisible en común: los dos nacieron adultos. Nada en ellos invoca cierta irresponsabilidad de la juventud, un no saber hacia dónde ni por qué, sino la precoz decisión de crecer rápido y correr con la contradictoria carga de una madurez prematura.

A los 41 años, Varsky ya le pone fecha a sus deseos que son planes. Nada mal para el político que quiere ser o que, seguramente, ya es, aunque por ahora complete los formularios como “periodista deportivo”, el camino que empezó a principios de los noventa cuando ingresó a la sección Deportes de TN, continuó en Telenoche y siguió en América como comentarista de fútbol. En radio, en 1999 fue parte de Siga siga, junto a Miguel Simón y el Ruso Verea, por El Mundo y Nacional; desde 2001 hasta 2004, integró Basta de todo con Matías Martin por FM Metro; después, Fox Sport y el comentario del partido de la fecha en Fútbol de Primera, con Enrique Macaya Márquez. En 2007, el cambio: conductor de la primera mañana informativa de FM Aspen con el programa que ya es su sello, No somos nadie; dos años más tarde, pasa a la Rock & Pop y, desde este año, en la Metro. El año pasado, por canal 26, logra su primer programa de periodismo político y ahora, los miércoles a las 22 (repite jueves a las 13) por Canal (á), uno de entrevistas a periodistas formadores de opinión: Lanata, Sandra Russo (ya pasaron), Víctor Hugo Morales, Beatriz Sarlo, Mario Pergolini, Héctor D’Amico, Eduardo Anguita, Ricardo Kirschbaum y Roberto Caballero, entre otros. “Espero que el televidente pueda sacar alguna conclusión, que le deje algo esté o no de acuerdo”, desea.

–¿Periodismo de periodistas?

–Decir eso ya es viejo. Antes estaba la rendición ante nuestro trabajo pero creo que las críticas bien intencionadas, si se las toma como corresponde, hacen crecer; también es cierto que eso nos vuelve más vulnerables, los archivos pueden ponernos frente a cosas que dijimos opuestas a las que decimos ahora y eso te deja en evidencia. Hoy te cuestiona un estudiante de periodismo, un bloguero, un oyente y, más allá de las agresiones que no me gustan, y me duelen algunas, creo que es valeroso el intercambio.

–¿Cómo te parás en esta actual dualidad de posturas políticas?

–Decir que estoy en el medio es un error, porque no me considero en el medio. Los que tienen que decirlo son los que me escuchan, me ven, me leen. Puedo coincidir en algunas cosas con Lanata, con D’Amico, con Víctor Hugo o con Sandra Russo, soy más de la acumulación, del “y” que del “o”, aunque en este momento es incómodo y puedo sentir un tironeo, me divierte mucho la etiqueta que te ponen los demás. Lo que yo trato es que me crean, aunque no coincidan conmigo. Es un error creer que es buen periodista el que coincide con vos, de eso me corro.

–¿Se corre el riesgo del estigma si trabajás en TN o en el 7?

–Sí, pero es injusto. Trabajé en ambos lados, en otros contextos y aprendí mucho en los dos. Es cierto que es una etiqueta difícil de sacar pero no es así, así no se puede trabajar.

–¿Qué opinás del grupo de periodistas críticos con la negativa a dar notas a todos los medios por parte de muchos funcionarios de este Gobierno?

–Yo no firmé la adhesión. Creo que una conferencia de prensa es importante para que los funcionarios respondan. Pero también por las preguntas que se hacen, cuál es el nivel de las preguntas.

–¿Tres de cada diez periodistas deportivos se van a transformar en periodistas y/o analistas políticos?

–No es nuevo esto. Néstor Ibarra lo hizo, Nelson Castro, Mauro Viale, Fernando Niembro, Adrián Paenza, Víctor Hugo… Primero sos periodista. Yo soy fanático del deporte y me encontré con el periodismo. Estudié ciencias políticas y economía, que no terminé. Y a los 18 años entré a trabajar en Video Cable Comunicación, que ya no existe más, donde mi madre era directora. Antes había trabajado en McDonald’s y como cadete, se abrió esta vacante como asistente de producción sin cobrar un peso y empecé, me gustó y vinculé esas dos pasiones: el deporte y el periodismo. Cuando empecé a aburrirme de hacer sólo periodismo deportivo, me ofrecen conducir la primera mañana en FM Aspen con No somos nadie, en 2007. Se abrió una puerta y era una aspiración que quería cumplir. Siempre leí economía, historia, política pero nadie se enteró, claro, no tenía manera de incluirlo en un informe deportivo.

–¿No hay también larvada una necesidad de convalidación?

-Puede ser, no lo descarto. Siempre me gustó el deporte en tanto competencia, comentar un partido, lo que está pasando. Me aburre lo que pasa entre competencia y competencia. En cambio, el día a día político siempre es apasionante. No es que quiero hacerme el serio y antes no lo era. Pero los periodistas deportivos tenemos una ventaja importante: el análisis de un partido te permite llegar al análisis político, a la hora de contextualizar y preguntarse cosas. Y si hay que hablar de antinomias, ni te digo.

La vida es lo que pasa entre los Juegos Olímpicos

Figura de Directv Sports, Varsky conducirá toda la transmisión de los Juegos Olímpicos para la señal satelital. “Para la Argentina, se trata de unos Juegos muy bravos. No está el fútbol, el basketball tiene su último baile con la generación dorada, hay esperanzas como Cecilia Biagioli en natación aguas abiertas, Jennifer Dahlgren en lanzamiento de martillo, hay que ver qué pasa con las Leones, los de volley creo que se lucirán no en Londres pero sí en los Juegos de Río de Janeiro porque son un equipazo, en fin, en remo, en yachting, yudo, hay esperanzas pero va a ser difícil traer una dorada, no hay garantía. De todos modos, creo que mejoró el deporte argentino, hay un plan, hay más presupuesto; pero empezó en 2009/2010 y por eso creo que en Río va a estar mejor, va a dar sus frutos”, analiza el periodista.

-Río 2016: después de eso, dijiste que dejabas el periodismo y te dedicabas a la política. ¿Lo mantenés?

-Sí, esa es la idea.

-¿Partido?

-Todavía ninguno. Creo que las elecciones que siguen van a reconfigurar el mapa post kirchnerismo, creo que muchos ya no van a estar; que muchos que hoy están separados, van a estar juntos; y que muchos que están juntos, se van a separar.

-¿Pero tu ideología se acerca a qué?

-En mi biografía de Twitter yo digo: “Progresismo es cloacas, gas de red, caminos, transporte público, crédito hipotecario. El resto, literatura”. No tengo una visión ni zapatitos blancos ni cínica de la política. Parto de la idea de cambiar la vida de las personas, en especial, las que menos tienen y creo en la negociación que no es negociado.

-Decís progresismo y no progre

-Detesto la palabra “progre” ni como elogio, no me gusta. Igual que me digan “poeta del futbol”, no me encaja, me queda enorme, poeta es Neruda, no, gracias.

-¿En tu agenda del progresismo, qué lugar le das a los temas de género?

-En el programa, los tratamos, entendiendo que género no es poner la @ o decir todos y todas. Estoy a favor de la despenalización del aborto, no del aborto, tengo dos hijos, con la mamá decidimos tenerlos e incluso perdimos un embarazo y nadie dijo “perdieron un hijo”. Creo en el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo. Y tengo una convicción religiosa, soy judío, y creo que la vida no es vida desde la concepción sino a partir de los tres meses cuando se consolida el feto.

Fue a colegio judío de cuarto a séptimo grado de la primaria, supo hacer ayuno, hizo su Bar-Mitzvá pero no se considera practicante. Su ex mujer y madre de sus dos hijos es católica pero “por una cuestión de tradición” están circuncidados. En cualquier caso, sería el primer presidente judío de la historia argentina.

-Usás mucho el twitter: ¿es una manera de proselitismo?

Es tu propio medio. Todos los que tenemos twitter, es nuestra manera de expresarnos y si hay más seguidores, más impacto. Pongo desde cómo salí en tenis hasta recomendar textos, o mandar links, es un uso múltiple, recibo muchos comentarios de lo que digo en la radio.

-También te sirvió para conocer novia. ¡Lo contaste vos!

-Prefiero no hablar más de eso.

Varsky es separado, padre de dos varones, Valentín y Benjamín, de 9 y 3 años, y en mayo se había confirmado su relación con la actriz María Carámbula, seguidora de No somos nadie y tuitera. Pero para estos días parece que el vínculo no prosperó. De todos modos, los métodos proselitistas de Varsky están en crisis: hincha de Boca, su hijo mayor se hizo de Newell’s cuando lo llevó a la cancha y le gustaron esos colores. Aunque, desde otro punto de vista, podría considerarse como un acto de tolerancia y respeto a las libertades individuales.

-¿Lo hablaste con el psicólogo? ¿Hacés terapia?

-Sí, con el mismo hace cinco años y hace veinte empecé porque no sabía cómo iban a reaccionar mis padres ante la decisión de dejar la Facultad y dedicarme al periodismo. Pasé por tres terapeutas y hace cinco años me atiendo con un psiquiatra, me vino bien, se dio empatía con él.

-Estudiaste en el Colegio Nacional Buenos Aires. ¿Eras buen alumno?

-Sí. Fui a la mañana. Elegí turno porque entré con 149 sobre 160. Nunca me llevé materias. Era medio traga, nerd, los primeros dos años; después, me avivé un poquito y descansaba más en la posibilidad de estudiar poco y absorber mucho y no estar tan metido en el estudios; disfruté más en cuarto y quinto.

-¿Eras líder o estabas aislado?

-Ni una ni otra. Ni líder popular ni me tomaban de punto.

-Sos Presidente. Tu primera medida es

-Auditar las cuentas. Saber con qué me encuentro. Revisar y monitorear cada cosa con gente capacitada y con astucia, calle y conocimiento.

-¿A quién llamarías para que te acompañe? ¿A qué intelectuales?

-Llamaría a un par de amigos que me conocen desde hace mucho y en los que confío. E intelectuales, a varios, afines y no afines, escucharía a todos. Y la frase de Perón: “Usted también tiene razón”. Sumar. Repito: el “y” vale más que el “o”. Para descartar hay tiempo.

-Es evidente que sos de los que programan con anticipación y obsesión

-No sé si obsesión pero método, sí. Como todo periodista deportivo, todo lo pienso antes o después de un Mundial o los Juegos Olímpicos, es una costumbre. Y en esos años del medio, pensás, te quedás como vacío. Pero qué más puede esperar como periodista deportivo después del combo brasileño (Mundial 2014 y Juegos Olímpicos 2016), son muchos años, ya está, el objetivo está cumplido, ya no tengo nada que hacer, me siento como vacío, es un sensor que tengo muy alerta.

-En tu carrera, ¿cuánto de talento, de transpiración y de ambición?

-Creo que la voluntad es un valor muy subestimado y la ambición a veces se confunde con codicia. La voluntad y la ambición en mí son muy importantes, más que el talento. El trabajo paga. Es una filosofía deportiva. Creo en eso, no hay otra fórmula.

Revista El Guardián > Eleonora Cassano

21/6/12

Adiós a las zapatillas de punta
47 años de vida, 30 de carrera. Se proyectó al mundo pero eligió quedarse en el país para popularizar la danza clásica.Ampliar

EL RETIRO DE ELEONORA CASSANO

Adiós a las zapatillas de punta

Representará La Bayadera en su despedida de la danza clásica, en el Luna Park. Hubiese preferido hacerlo en el Colón, pero no se lo ofrecieron. La histórica partener de Julio Bocca se confiesa y no descarta darle el sí a Tinelli.

Escribe Leni González / Fotos: Juan Pablo Barrientos

Bayadera significa bailarina y cantora de la India y, con este nombre, quedó en la historia uno de los más reconocidos ballets clásicos, inspirado en dramas del poeta hindú Kalidasa. Compuesto por el músico austríaco Ludwig Minkus y con coreografía del francés Marius Petisa, fue estrenado en San Petersburgo en 1877. Con esta obra, en el rol de Nikiya, es que Eleonora Cassano elige despedirse: nada menos que en el Luna Park, el viernes 29 y el sábado 30 a las 20.30, y el domingo 1º de julio a las 18, acompañada por la actual figura principal del Ballet de Santiago de Chile, el argentino Luis Ortigoza, quien, además de protagonizar a Solor, es el renovador de la coreografía original. “Tengo un vínculo muy fuerte con el Luna Park y ésta es la última vez que voy a estar aquí”, asegura Cassano, quien empezó a despedirse de su carrera el año pasado con el espectáculo Chapeau, último tour –compuesto por fragmentos del ballet Carmen– y Entre tangos y milongas, programa mixto con el que se presenta en gira por el mundo. Ese show, también, será la excusa para una gran fiesta despedida en el Obelisco el 12 de diciembre, como hizo su amigo y partener histórico Julio Bocca, a los 40 años, en 2007.

De todos modos, el estilo Cassano es mucho más relativo. De ninguna manera, dice, se trata de un adiós para siempre a los escenarios. La bailarina –que a los 22 años ganó el primer premio en el festival de Nueva York y, a los 25, fue elegida por la Fundación Iberoamericana de Danza como la Mejor bailarina clásica, en Barcelona– prefiere definirlos como cierres parciales: “No programo con tanta anticipación todo lo que hago. Digamos que me gustaría armar una pequeña compañía, seguir enseñando y también bailando; no cierro la puerta. Me despido, sí, de la danza clásica con este personaje que a la mayoría de las bailarinas nos gusta mucho. Claro que estoy nerviosa. No bailaba La Bayadera completa desde hace 20 años”.

–¿Te aburriste de la exigencia?

–No, para nada. Ni tampoco me pesa hacer las clases, me gusta ese cansancio físico, me gusta sentirme bien con el cuerpo. También puedo estar sin hacer nada y pasarla bien. Cuando me compré la casa en Villa Gesell estuve tres meses ahí. Me tomé varias libertades en mi carrera, estuve un año sin bailar clásico, cuesta volver pero a mí no me pesaba.

–¿El cuerpo siempre te respondió?

–Nunca tuve problemas, siempre comí mucho, no engordo (como le pasa a Julio). Me gusta tomarme mi copa de vino tinto después de la función y estoy en un momento bárbaro, de puro disfrutar, ¡ya estoy de vuelta! Son etapas: antes, estaba pendiente de la pirueta, si me salía o no. Y, si iba a ver ballet, me fijaba mucho en lo técnico, la danza contemporánea para mí no existía, tenía prejuicios; por suerte, después vas creciendo y aprendés a valorar otras cosas. Hoy te puedo decir que me aburren los ballets súper clásicos.

Traen café y a ella se lo sirven con sobrecitos de edulcorante. “No. Quiero azúcar. Siempre me traen bebidas light y yo tomo azúcar”, insiste. “Total, vos quemás todo”, responde alguien, sin acertar el diagnóstico. “La gente tiene la fantasía de que nunca engordás, que quemás todo y yo no bajo ni un gramo. No se adelgaza por bailar. ¿Vos adelgazás por bailar? –le pregunta a Ortigoza, quien, a su lado, le da la razón–. Ah, pero luchar contra la naturaleza para no engordar… no sé si hubiera podido”.

–¿En tu carrera viste muchas bailarinas con bulimia y anorexia?

–Muchísimas. Lamentablemente, tenés que verte bien arriba del escenario porque molesta visualmente si sos gordita o tenés los brazos cortos o el cuello muy pegado a la cabeza. Podés hacerlo como hobbie, pero si sos profesional, vas a sufrir toda la vida.

–Como docente, ¿se lo dirías a tus alumnos?

–Puedo ser honesta pero nunca cruel.

Casada desde hace más de 25 años con el mismo hombre, Sergio Albertoni, es mamá de Tomás, de 17, y Julieta, de 9: “No sé si quiere ser bailarina. Fue a danzas y todos creen que ya sabe todo por mí y yo no le explico nada, lo que sabe es por acompañarme. Si lo elige, contará con todo mi apoyo”.

–¿A quién le ponés fichas como tu sucesora?

–La gente busca referentes todo el tiempo, pero no sé quiénes pueden ser las seguidoras o continuadoras. Paloma Herrera tiene una carrera espectacular en los Estados Unidos (es bailarina principal del American Ballet Theatre), pero viene muy pocas veces al país y es la antítesis de lo que hago yo con la danza: ella sólo se fija en los bailarines y en los balletómanos, no le preocupa hacer llegar la danza a nivel popular. Marianela Núñez es exquisita, pero hizo carrera en Londres (en The Royal Ballet). Yo tuve carrera internacional, pero me quedé acá. En la Argentina, hay mucha gente que baila muy bien –a mí me encanta Genoveva Surur y hay otras–, pero además del talento hacen falta otras condiciones como, por ejemplo, tener la suerte de encontrar a un productor como Lino Patalano, fundamental en mi carrera y en la de Julio. También recuerdo a mi primera maestra, María Luisa Lemos, que me enseñó cosas que hoy sigo usando, como coserme las colitas de las zapatillas de punta, la prolijidad, la limpieza.

Junto a Julio Bocca y al Ballet Argentino, Cassano siempre estuvo dispuesta a abrirse a otros géneros musicales y conectarse con el público no seguidor de lo clásico. Gracias a Patalano, se animó al teatro musical en 1996 con La Cassano en el Maipo y Cassano dancing, obras a las que siguieron La Duarte –en el papel de Evita creado por la coreógrafa Silvia Vladimivsky para ella–, y Cinderella Tango Club.

–A esta altura, ¿qué valorás más en un bailarín, la destreza física o la experiencia?

–Cuentan las dos cosas, puede tener una técnica maravillosa pero si no expresa nada, es un gimnasta, no un bailarín. A mí todavía me da la técnica y también tengo lo interpretativo. Pero tengo 47 años, sé que no queda mucho (risas).

–¿Cuáles serían algunas fotos inolvidables en estos 30 años de carrera?

–Hay muchas. En el Luna Park, bailando Don Quijote (1995) con Julio y viendo a toda la gente, el público, y a un costado a mi hijo mirándome, con sus ojos enormes, era tenerlo todo, lo profesional y el amor. El cambio de milenio en Ushuaia, sabiendo que te estaban viendo en todo el mundo. Bailar en las escalinatas de Plaza España (Roma), filmados por la RAI, haciendo Diana y Acteón, cagados de frío, todos con sus tapados de piel y nosotros con las mallitas. Ah y ¡mi primer pas de deux!, una coreografía de John Clifford que bailé con Daniel Escobar, a quien yo admiraba y lo corría para pedirle autógrafos.

–¿Algún papelón?

–No recuerdo tantos. En un ensayo general de La Sylphide en el Colón, me tocó hacer un reemplazo, me quedé en blanco, no me acordaba nada, hace como 25 años (risas). Y la primera vez que bailé con Julio en Córdoba me di la cara contra el piso y seguí como si nada. Cuando terminó, me puse a llorar y él me dijo “pero si yo en la gala de Moscú me fui de culo al piso, no te hagas problema”. Después de eso, no me pasó más, se ve que auguró un buen destino.

–Tu mejor partener fue Julio. ¿Y el peor?

–Un chico de los Estados Unidos, con el que bailé Cisne negro y Cascanueces en el Coliseo: en el saludo final, hizo que me bajara la cortina en la cabeza. Bueno, eso fue lo de menos; entré al camarín y me puse a llorar. Es muy importante el feeling que tengas.

–¿No hubo cosquillas con Bocca?

–Julio me pegaba cada apretada en todos lados (risas), él no tenía problemas, no te daba besitos de mentira; a veces me daba vergüenza. A veces debe pasar, imaginate,  hay parejas de bailarines así que les habrá pasado algo bailando juntos.

Predispuesta, simpática, lejos del estereotipo de la bailarina etérea y muy paciente con las entrevistas, hay algo que la tiene cansada: que le pregunten qué le quedó por hacer. “Siempre me preguntan eso y sí, hay algo y es Manon. Iba a cumplirse en el Colón pero no me llamaron”, lamenta sobre el ballet de Kenneth MacMillan y música de Jules Massenet.

–¿Cómo ves al Colón hoy?

–No es un buen momento para pedirme una opinión. Pienso que deberían hacerse las cosas mejor, tener más funciones, mejores condiciones. Es una vergüenza que no me hayan llamado para mi despedida, antes de retirarme, porque el Colón fue mi casa, donde me formé y todavía soy parte del Ballet estable, aunque no llegué a primera bailarina. Era un sueño cuando empecé, pero la vida me dio mucho más que eso. En fin, mejor no sigo hablando.

–¿Cómo imaginás el después de?

–No tengo ninguna película. Cierro una etapa pero no es traumático. Sé que se van a seguir presentando cosas y espacios donde mostrar todo lo que tengo adentro.

–¿Participarías de Bailando por un sueño?

–Para mí no está mal, porque todo depende de cómo lo encares. Me lo ofrecieron este año, me daban todo lo que quisiera, pero no podía compartir mi despedida con otra cosa. Tal vez el año próximo. Veremos.

Revista El Guardián > Federico Luppi

14/06/12
FEDERICO LUPPI A LOS 76

“Ahora me llaman para hacer de abuelito”

Salió de gira por la Argentina con una obra de teatro en la que actúa y dirige, participará en la serie En terapia y hace de un jubilado víctima del corralito en la película Acorralados. Polémico y frontal, vuelve a criticar a Mirtha y Susana.

Escribe Leni González / Fotos Juan Pablo Barrientos

 Por culpa de una metáfora estúpida y repetida en los medios, si alguien escuchara que un actor a los 76 años salió de gira, podría suponer una mala noticia. Salvo que se trate de una excepción llamada Federico Luppi. No sólo porque efectivamente está de gira por todo el país durante este año con la obra La noche del ángel, además de estrenar una película, Acorralados, y participar en el programa En terapia. Sino porque nadie –me animo a subrayar–, ningún integrante del mundo artístico está tan lejos de tentarse con eufemismos ni es capaz de expresar lo que piensa con tanta convicción. No hay posibilidad de interpretar otra cosa ni de irse por las ramas: al pan, pan y a Luppi lo que es de Luppi.

–Se va nomás por los caminos con una obra donde actúa y dirige.

 –Sí, es una obra del italiano Furio Bordon, autor también de Las últimas lunas, que hicieron actores como Marcelo Mastroianni y Fernando Fernán Gómez. Hace muchos años la tenía vista para hacerla. La compré, vino el corralito, perdí los derechos porque se vencieron, no la podía hacer y a la vuelta me di cuenta de que hay mucho teatro en Buenos Aires, mucha tentación televisiva, mucho cine y tenía temor de que un director me dejara en la estacada por otra oferta. De hecho ocurrió así: el director que yo tenía se fue a trabajar con Julio Bocca, por razones lógicas, así que dije: “Bueno, ya que hago la de Juan Palomo, la traduzco, la adapto y me queda la tranquilidad de que soy un riguroso empleado de mí mismo”.

Y además trabaja su mujer, la actriz, directora y dramaturga Susana Hornos.

–Está Susana y está Nahuel Zapata, que lo conseguí a través de un casting porque probé cuatro chicos. Fundamentalmente porque quería alguien comprometido con el proyecto y no que se me fuera a mitad de camino para hacer una tira o teatro, como me pasó con Adrián Navarro (con quien hizo en 2010 Por tu padre) que lo tentaron para Carlos Paz. Yo entiendo ¿eh?, lo que pasa es que estaremos hasta noviembre, vamos hasta Río Gallegos, a Comodoro Rivadavia; es mucho y después la seguimos en Buenos Aires.

–¿Le sigue divirtiendo salir de gira?

 –Mirá, yo después de trece años, cuando volví a la Argentina, me encontré con un país absolutamente diferente, no sólo por la política o por la soja, sino por la propia evolución social del mundo: desde el BlackBerry hasta las chicas en cualquier lugar del país vestidas como en París con ropa más barata, copiada, lo que sea pero ahí está; hoteles nuevos, polideportivos, ya no es más la vuelta del perro por los pueblos polvorientos, hay industrias importantes. Hay un sentido de la vida mucho más gozoso, mucho menos provinciano y los conceptos con los cuales se emiten opiniones son más modernos y adultos. Cuando llegamos con Por tu padre, con Adrián, una obra bastante difícil y con una escatología bastante dura porque era la historia de una madre con dos amores, noté la gran cantidad de chicos jóvenes con un serio interés en tocar este tema de los padres y amantes y maridos y afectos laterales. Había desaparecido ese provinciano típico que yo conocía. El país estaba diferente salvo en dos lugares, que creo que no es casual: Catamarca y La Rioja, donde todavía hay una cierta provincianía más o menos personalista y mandona.

–¿Se acuerda de su primera gira?…

-Sííí, aquellas giras que hacíamos, me acuerdo, con Carlos Carella, Marilina Ross, Dora Steimberg. Hicimos Morir en familia (de Jorge García Alonso y dirección de David Stivel), íbamos en coche, llegamos hasta Salta, Tucumán y al sur hasta Bahía Blanca; eran giras que se parecían mucho a las viejas giras del carro, como decían aquí los viejos cómicos, “vamos a hacer el bosque”. No había televisión así que el rebusque dependía mucho del teatro que no ofrecía grandes fortunas pero si, mucho trabajo, mucho lomo. Entonces, salían por ejemplo en marzo, los que no habían hecho temporada en Buenos Aires, y a lo mejor volvían en septiembre; y les solía ir bien pero iban a lugares que hoy uno no recorrería o lo haría de otra manera, donde llevaban obras parecidas al teleteatro de la época. Y cuando llegabas, te recibían como al Papa. El país cambió, cambió el mundo.

Corralito

La semana pasada se estrenó Acorralados, una película de San Luis Cine que protagonizan Luppi, Esther Goris, Gabriel Corrado y Gustavo Garzón con dirección, dicen los créditos, de Julio Bove, el productor y guionista. “En realidad, el director es Juan Carlos Desanzo pero pasó que los costos de la película se dispararon y para mantenerla hubo partes que no se filmaron. Y entonces, claro, en algunos momentos está un poco endeble en cuanto a estructura narrativa. Yo trabajé con Desanzo todo el tiempo pero él decidió bajarse del cartel ante esta mutilación narrativa. Yo creo que lo de Bove es casi como una imposición administrativa”, dice el actor a quien esta historia -la de un jubilado al que, durante la crisis de 2001, el banco le niega retirar los ahorros de toda una vida- le tocó bien de cerca.

“El 2001, para mí, fue una experiencia aterradora: sentí que terminaba una Argentina, que después de eso ya no podía venir algo peor. Porque no sólo había sido el robo a toda la población del país con la timba perversa de los bancos. Crearon una ingeniería del despojo, del robo. Si ganaban, a vos te excluían; y si perdían, te hacían socio de la pérdida, como ocurre siempre. Una perversión típica de este sinvergüenza, criminal de (Domingo) Cavallo”, dice.

-¿Perdió mucha plata?

-La década previa había trabajado mucho en México, Perú, España. Había hecho un buen paquete, la verdad, para plantearme un futuro menos azaroso. Me dejaron, absolutamente, en pelotas, como lo escuchas, de la mañana a la noche, así nomás. Levantarme todos los días para ir al banco a que me dieran cien dólares por semana de mi plata. Era una cosa espantosa, humillante y le dije a Susana “rajémonos de este país de mierda” y no pensaba volver más.

-¿Recuperó algo?

-Me devolvieron, solamente, cincuenta mil pesos en el banco de Boston. Al lado de lo que tenía, era una escupida en la laguna. Cuando le pregunté a la gerenta dónde estaba el resto de mi dinero, me dijo “Olvídese”.

-¿Cómo ve lo que está pasando ahora en España?

-Está pasando la lógica consecuencia de haber entronizado a los mercados. Cuando una sociedad entrega su vida al mercado, este manda de acuerdo a sus ganancias.

-¿Qué lo hizo volver?

-Cuando empecé a ver un escenario político diferente donde se podía usar la política no sólo desde un punto de vista partidista sino como factor de cambio. Mirá, vos tenés que partir de esto que es lo más sencillo y sensato: yo voté por primera vez con (Arturo) Frondizi y toda mi vida, esto no es un eufemismo, toda mi vida los presidentes argentinos fueron una manga de cagones, cobardes, miserables; nunca cumplieron lo que decían, se acobardaban, se iban, los echaban, se bajaban los pantalones. Todos. Cuando digo todos, digo todos. A eso agrégale los golpes militares y me dije: “Este país no tiene salvación”. ¿Por qué? ¿Por qué permitimos el saqueo constante, permanente del país? ¡Lo de Dela Rúa! No hay en el mundo un ejemplo de ineptitud, de estupidez y de impericia tan grande, no hay. No hay no siquiera en Centroamérica, digo no hay en la historia política semejante pelotudo, no hay. Y, dije no, no hay salida para esto.

-Y ahora está con una mujer que forma parte de una Asociación de actores españoles en Buenos Aires

-Ellos ven que acá el teatro es una pasión, en cualquier barrio hay un teatro, cada actor puede generar su propio proyecto. Se dieron cuenta de que acá hay una capacidad de gestión en lo estético muy notable.

En tevé, participa en En terapia. ¿Conocía la serie?

-Hago del papá del personaje de Germán Palacios. Los libros son estupendos. Había seguido muy de cerca la serie americana pero debo decirte, curiosamente, que los libros de acá son muy buenos. Miro todo lo que puedo, me gustan mucho las series y el cine: cuando puedo, los sábados hago doblete y veo dos seguidas.

-¿Va a filmar este año?

-Empiezo con Inevitable (está basada en la obra de teatro Cita a ciegas, de Mario Diament), que dirige Jorge Algora, con Darío Grandinetti y Carolina Peleritti y hay un personaje, una especie de émulo de Borges, que lo voy a hacer yo. Como hay días que vuelvo de la gira, lo voy a hacer.

-¿Sólo hace lo que le gusta?

-Sí pero tampoco me llaman para hacer barrabasadas porque saben cómo pienso; en general, no me ofrecen cosas torpes, no. Obviamente, el campo laboral de hace trece años ya no lo tengo, antes hacía protagonistas absolutos y ahora me llaman para el abuelito, el papá, el viejo torturador (risas).

¿Qué le calienta hoy de la actuación?

-A mí lo que me sigue llamando la atención es la pregunta sobre qué hace a un tipo ser actor. Te obliga a ser egocéntrico, todo el tiempo, receptor de un montón de miradas de gente que paga para verte; y además tenés que ser creíble, autentico, sincero y, si es posible, Adonis o perfecto. Es un fenómeno que todavía me sigue llamando la atención porque uno piensa: ¿qué tiene la actuación que crea tal nivel de ansiedad y de tensión? Siempre cuento el ejemplo de las clases de teatro cuando el profesor te dice: “A ver, pase Luppi” y esos cuatro metros son cuatro metros de angustia. ¿Por qué tanta tensión interior, por qué tanta premonición catastrófica?

-¿A qué le tiene miedo?

Decime a qué no le tengo miedo. Creo que el mundo está pasando un momento catastrófico, muy complejo, sabes. Pues ha entregado el manejo de la vida a los mercados y eso es una bestialidad. En cuanto a mi, uno durante mucho tiempo cree que lo puede todo, se siente prácticamente inmortal y, a esta altura, hay días que no tengo ganas de salir a la calle a romperme los cuernos, pero hay que salir. Me doy cuenta de que estamos en un mundo donde la práctica diaria es o el ataque o la defensa, no hay conjunciones armónicas  colectivas. Los asaltos y las muertes son violentos. Hay algo más allá de la inseguridad, hay algo de descentramiento, de despojo de lo humano.

En la vereda de enfrente

“Parecía un chivo blanco”, responde cuando se le dice lo bien que le queda haberse afeitado. Sin problemas para posar, se pone el sombrero que el fotógrafo descubrió sobre una silla. “Cómo no, si tengo una colección”, dice el actor nacional que más veces ganó el  Cóndor de Plata: seis, además de uno a la trayectoria en 2009. Anivel internacional, entre otros, se llevó a su casa la Conchade Plata al mejor actor en el Festival de San Sebastián, por Martín (Hache), en 1997, dirigida por su amigo Adolfo Aristarain. Sonríe con ganas cuando le digo, porque sí, que tendría que filmar con Ricardo Darín y Pablo Trapero. En 2009 se quedó con el Martín Fierro por su participación especial en el unitario Tratame bien. También este año en ese canal, el Trece, hará lo propio en Condicionados (no lo sabíamos en el momento de la entrevista). Hay algo apabullante en Luppi y quizás sea la mezcla entre su sencillez campechana y la claridad con que debate.

-Siempre se manejó con bajo perfil en lo que respecta a opinar sobre otros. ¿Por qué razón el último tiempo salió a criticar tan fuerte a Mirtha Legrand y Susana Giménez? ¿Hay otra cosa pendiente?

-Te doy la respuesta concreta: cuando yo volví de España, otra vez a empezar de nuevo,  empecé a apoyar a este Gobierno. Mejor dicho, no a este Gobierno, sino la gobernabilidad de este Gobierno, en un país que como te decía antes, desde que tengo uso de razón siempre me engañó. Me pareció interesante ver con ojos nuevos. Entonces, y sólo te cuento unos pocos hechos aunque podría contar mil, esta señora,la Legrand, sistemáticamente, desde que Néstor Kirchner asumió la presidencia, empezó a hacer de sus almuerzos una rampa de lanzamiento de operación política, permanentemente, con groserías y barrabasadas que las dice sólo una persona ignorante. Desde decir, por ejemplo: “¿Pero estaba en el cajón?” o decirle a Roberto Piazza: “Vos no podés adoptar un chico porque lo podés seducir y corromper”; hasta juntar un día seis periodistas a su mesa, únicamente, únicamente (repite), para denostar a Kirchner que había sido nombrado presidente de UNASUR; dijeron de todo. Otra vez, cuando entrevistaba a esta mujer de Colombia que había estado secuestrada, Ingrid Betancourt; ella le explicaba las dificultades de pacificar Colombia porque había cuatro líneas, políticamente, muy enfrentadas. Respuesta de esta señora, la sabia: “¿Y por qué los Estados Unidos no invade Colombia y termina con eso?”. Yo pasé mi vida en Sudamérica y recuerdo las tiranías que costó sangre, sudor y lágrimas erradicar, y ella, con una liviandad típica de una perra ignorante, sale a decir “invadan un país”. ¿Cómo puede ser alguien tan irresponsable en un país que está empezando a cambiar,  insisto, razonablemente bien? ¿Quién la manda a decir semejantes barrabasadas? Yo nunca dije nada, hasta que un día me hinché las pelotas. Lo mismo cuando escuché a Susana Giménez decir: “Hay que matar a la gente, mano dura”. ¿Cómo matar? ¿Sabés lo que es matar? Entonces dije quela Giménezera un caso de biología bastante extraño porque era cagar por la boca; y de Mirta dije lo que dije.

Pero llamó la atención escucharlo a usted tan enojado

-No estoy enojado. Ustedes, los periodistas deberían poner, alguna vez, en una revista: “Es vergonzoso que Mirtha Legrand ocupe un lugar en el espacio televisivo”. Pónganlo un día, a ver qué pasa. Hay que decir la verdad de vez en cuando, si no siempre uno se juega solo. Dicho en otros términos, como diría mi abuela, “son mala gente”. Tenés que ser un agradecido de la vida, porque sin tener talento ni intelecto les ha ido bien. Y no, se ponen a decir pelotudeces. Pero pará un poquito; con qué tupé se pregunta si estaba Kirchner en el cajón. Una pregunta ofensiva, agraviante, sin tener en cuenta el duelo de una persona. Y lo que le preguntó a Piazza, ella que tuvo un hijo homosexual y confeso, lo cual está muy bien… Es una mala persona. Es gente así. Lo pienso y lo sostengo.

-Si se lo ofrecieran, ¿aceptaría ser el villano en La dueña?

-Únicamente si me dejan matarla (risas). Mirá, todos podemos equivocarnos. Y opinar de política implica, inevitablemente, tener diferencias con otros. Hay niveles de confrontación que vale la pena tenerlos. Pero cuando el ignorante se pone a hablar de lo que no sabe, es un pecado mortal.