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“No soy feminista porque  me depilo”
Carrera. Empezó en el teatro, cantó jazz y estudió Letras en la UBA, un lugar que considera careta.Ampliar

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MALENA PICHOT

“No soy feminista porque me depilo”

No lo asume, pero con sus sketchs en Duro de domar logra desnudar el machismo e iluminar lo que las mujeres deben soportar de los hombres. Se hizo famosa como “La loca de mierda” y sueña con hacer Sex and the city local.

SÁBADO 10.03.2012 – EDICIÓN N ° 55

Escribe Leni González

Fotos Nacho Sánchez

Cuando llega al bar que ella eligió, se sienta, observa el grabador, mira alrededo y, ejem, dice:

–Ayyy, cuando hay mucha gente me da vergüenza.

–No te preocupes que acá son cero cholulos.

–No, no es por eso, aunque no fuera famosa me daría vergüenza hablar de mí, cuando hay gente.

No da la impresión de que Malena Pichot se parezca a su primo, el ex Puma. Anda por el metro y medio de una mezcla entre sofisticada y pícara de Amélie (la actriz francesa Audrey Tautou) más el toque distante que impone montada sobre sus anteojos. Es parca como los buenos humoristas, esos que tienen la delicadeza de no repetir el personaje de entrecasa, aun a riesgo de desilusionar nuestra siniestra necesidad de demagogia.

Al borde de los 30, hubo un día en que no tuvo nada de vergüenza. Pero nada. A las lunáticas nacidas en julio (es del 6), el dolor las pone abismales, dramáticas, sin regreso. Un novio que se va; una cámara y una Mac a mano; y un deseo de vaciar la angustia, caminar sobre ella, reírse de ella, de una misma, dejándose sangrar hasta la sanación final: el reconocimiento de cuán patética se puede llegar a ser. O, casi lo mismo, entender dónde germina el humor.

“Cuando hice los videos La loca de mierda, fue sin pensar en un público en particular, los hice sin pensar en nada. Yo estaba jugando con la computadora y con unos programas de edición como quien agarra una guitarra y empieza a tocar acordes. No es que estaba pensando ‘ahora voy a hacer unos videos sobre’ sino que probabando, y empecé con escenas parodiando las pelotudeces que hacía yo, no fue una idea en principio, ¿entendés? Cuando lo vi, me causé gracia. Se lo mostré a una amiga que estaba online en ese momento y me dijo: ‘Sí, está buenísimo pero estás loca. ¿Cómo vas a mostrar esto?’. Y se lo pasé a otras amigas y seguí porque me divertía, no pensaba en si interesaría o no. Después, sí, lo empezó a ver gente que yo no conocía y ahí se transformó en una idea”, dice sobre el surgimiento cashual en 2009 de su personaje y los capítulos sobre su desventura que explotaron en YouTube, provocando la atención y el contrato con el canal MTV.

–En ese momento, cuando empezaste, ¿anímicamente cómo estabas?

–Muy mal pero muy mal, lo hice en medio de la locura. Cuando uno está así, siente que su dolor es único pero, en realidad, somos bastante parecidos y por eso se generó la  identificación. Para mí, no era intimidad sino encontrar los temas que les pasaran a todos. Por ejemplo, hay uno que habla sobre el lado frío de la cama y yo nunca tuve problemas en dormir sola, jamás. Pero sé que es un problema que tienen muchísimas personas y entonces lo usé.

–Y así fue como tuviste el privilegio de convertir tu fracaso en éxito.

–Sí, pero bueno, digamos, no es que me rasqué toda la vida y un día me cayó una idea en la cabeza. Ya había hecho teatro, canto jazz, estudié Letras, lo que me dio una estructura para contar y editar las cosas de determinada manera. Tuve mucha suerte pero tampoco es que vino de la nada. Además, La loca de mierda explotó al tiempo que Ciega a citas (de Carolina Aguirre), es decir, había un contexto que quería saber de una mujer inteligente enojada y no es casualidad.

Este año, el programa Duro de domar (Canal 9) trajo la novedad de emitir los jueves Cualca!, un ciclo de micros de Pichot realizados junto a un grupo de actores amigos sobre situaciones tragicómicas vividas por mujeres como piropos, charlas inverosímiles con varones o un brainstorming con creativos publicitarios: “Siempre quise hacer humor en la tele y siempre me gustaron mucho los programas de sketchs. El productor, Diego Gvirtz, me ofreció el lugar pero le dije que quería hacerlo con otra gente y filmarlo, producirlo, editarlo yo y entregarles yo el producto completo porque no quería que algo con mi nombre no estuviera a mi entero control”.

–¿Te gusta Diego Capusotto?

–Me metés en un brete. Yo era muy fanática de Cha Cha Cha y De la cabeza. Capusotto me parece un genio en lo que hace pero nunca me enganché. Independientemente de que creo que es buenísimo y que es el único programa de humor real en la tele.

–¿Con qué te reís?

–De lo incómodo, con las cosas que no se pueden decir, con lo políticamente incorrecto y con lo absurdo. Me gusta mucho Judd Apatow, el director de Ligeramente embarazada, me gusta ese humor; me gustan muchas series y muchos cómicos, como Sarah Silverman, pero de afuera, la verdad. Acá, no tengo; de chica seguía mucho Maitena. Pero, actualmente, no tengo un referente local. Y no lo vas a creer: me encanta la comedia romántica, la pavadota, los musicales. Algo para recordar puedo verla millones de veces.

Los viernes y sábados a la medianoche, junto al actor Ezequiel Campa, Pichot se sube al escenario del Velma café (Gorriti 5520) para hacer su show de stand up, una experiencia que comenzó en 2009.

–¿Cómo fue tu primera vez en el escenario?

–Como yo canté jazz desde los 19 hasta los 24 años, antes de Cromañón que era más fácil, ya tenía una experiencia en el ir y tratar con un público, hablarle o exponerme en vivo. La primera vez que lo hice fue en un lugar de un amigo, una casa antigua donde tocaban bandas y todas las boludinas del arte y ahí presenté un monólogo, me dio la gana y lo hice para 20 personas de los cuales 10 eran amigos míos y se rieron mucho. Estaba muy sorprendida. Me acuerdo que había un pibe que no era amigo y que se reía como que no podía creer lo que estaba escuchando y para mí fue lo másss.

–¿El monólogo lo construís con la devolución?

–Sí, pero la energía la pone uno. No es tan así eso de que “el público que me tocó era malo”, podés tener un público difícil pero está en uno, porque el mismo chiste lo decís otro día y no funciona.

–Hay mucho stand up. ¿Qué hacés con Campa?

–El stand up suele abusar de los personajes perdedores y tanto Campa como yo no hacemos eso. No usamos la del loser y eso es más chocante. Es más difícil de hacer y más arriesgado pero más divertido.

–Si te dieran a elegir, ¿qué harías?

–Me gustaría hacer una Sex and the city pobre, con argentinas. Historias de chicas pero sin la boludina. Siempre tuve el mambo de escribir sobre mis amigas porque somos un montón que crecimos juntas, las tengo tatuadas. Somos como una especie de secta.

–¿Tatuadas? ¿Dónde?

–En la pierna. Tengo tatuada una letra que la tenemos casi todas. Nos divertimos mucho, salimos mucho y la verdad es que nunca me pasó en la tele el poder identificarme y pensar “ahhh!!! ésta podría ser amiga mía”, jamás. Eso quiere decir que algo falta y eso pasó con La loca de mierda: hay un montón de pibas, una generación entera que no encuentran una identificación.

–Tenés un blog: tuconcheta.blogspot. ¿Por qué “concheta”? ¿Te define?

–Yo estudiaba en Puán (Facultad de Filosofía y Letras, UBA). Hay algo muy careta ahí porque si te estás muriendo de hambre no estudiás Letras y había mucha gente que se hacía del Partido Obrero y me daba mucha bronca, bah, gracia en realidad, porque yo no me disfrazaba y me sentía sapo de otro pozo. Y empecé a parodiar esto de “no importa si leíste a (Jacques) Derrida; si te compraste zapatos de 700 pesos, sos concheta”.

–¿Tu público es concheto?

–Sí. La hice bien porque vienen todos al teatro (se ríe). Son todos progres y se los digo en el escenario. Son como unos conchetos más relajados.

Si hay algo que distingue a Pichot como standapera y humorista es el timing, su perfecto sentido de la oportunidad para la pausa y el remate, para el tono, la mirada, el gesto. Algo de esto no se le escapó a Juan José Campanella, que la convocó para el unitario El hombre de tu vida donde interpreta a Silvina, “la pesada”, la profesora del hijo de Hugo (Guillermo Francella) y la única mujer que de verdad atrae al protagonista. En la segunda temporada, esta relación continuará aunque “no puede decir nada” sobre cómo termina: “Me costó mucho. Por suerte, también, escribí tres capítulos de la segunda temporada y eso fue un sueño. Es un personaje muy distinto a mí. El vestuario del personaje era rosa con florcitas, me ponían perlas y yo me miraba al espejo y me daba un escozor, una bronca, porque la verdad es que me divierte más hacer de mí que un personaje. Por eso, yo no digo que soy actriz, porque lo que no me gusta de la actuación es la solemnidad y las escenas de amor me costaban muchísimo. Los directores fueron muy pacientes, se reían y me bancaban y, finalmente, salía. Pero lo pienso ahora y sufro”.

–¿Te definirías como feminista?

–No creo, me depilo.

–Digamos que hacés reclamos por derechos de las mujeres. Por ejemplo, el video de Cualca! sobre los piropos está muy cerca de la bandera de “la marcha de las putas”.

–Sí, pero hay algo que no me cierra del “yo me puedo vestir como quiera”, porque la imagen sensual de la minifalda, los tacos y el escote son del discurso masculino. ¿Te vestís así porque querés o porque te inculcaron que es eso lo que calienta a los hombres? Para mí, si bien estoy de acuerdo con ellas, les falta una retórica más firme, un discurso bien argumentado para defenderse. Y eso se notó cuando fueron a Duro de domar, donde las bardearon y se lo tomaron un poco a la chacota; yo estaba en mi casa y quería tirar el televisor por la ventana. Hice lo de los piropos por eso. Pero soy menos solemne y el feminismo necesita de una solemnidad que a mí no me pasa. Yo hago un scketch donde mato a todos y eso no está bien, no puedo dar ese mensaje.

–Sos conocida; hablás de cuestiones cotidianas y personales. ¿Cómo repercute eso en tu relación con los varones?

–Me gustan los chicos sensibles que les guste el arte, y el pibe que se me acerca es como que ya pasó un filtro porque ya sabe cómo pienso, ya sabe para dónde voy, qué hago. Igual, siempre tienen algo machista, todos, hasta el más sensible y progre. Pero porque yo también lo tengo. Todos lo tenemos. No tengo mucho conflicto con mi discurso y el otro. Soy súper romántica.