Revista El Guardián > Federico Luppi

14/06/12
FEDERICO LUPPI A LOS 76

“Ahora me llaman para hacer de abuelito”

Salió de gira por la Argentina con una obra de teatro en la que actúa y dirige, participará en la serie En terapia y hace de un jubilado víctima del corralito en la película Acorralados. Polémico y frontal, vuelve a criticar a Mirtha y Susana.

Escribe Leni González / Fotos Juan Pablo Barrientos

 Por culpa de una metáfora estúpida y repetida en los medios, si alguien escuchara que un actor a los 76 años salió de gira, podría suponer una mala noticia. Salvo que se trate de una excepción llamada Federico Luppi. No sólo porque efectivamente está de gira por todo el país durante este año con la obra La noche del ángel, además de estrenar una película, Acorralados, y participar en el programa En terapia. Sino porque nadie –me animo a subrayar–, ningún integrante del mundo artístico está tan lejos de tentarse con eufemismos ni es capaz de expresar lo que piensa con tanta convicción. No hay posibilidad de interpretar otra cosa ni de irse por las ramas: al pan, pan y a Luppi lo que es de Luppi.

–Se va nomás por los caminos con una obra donde actúa y dirige.

 –Sí, es una obra del italiano Furio Bordon, autor también de Las últimas lunas, que hicieron actores como Marcelo Mastroianni y Fernando Fernán Gómez. Hace muchos años la tenía vista para hacerla. La compré, vino el corralito, perdí los derechos porque se vencieron, no la podía hacer y a la vuelta me di cuenta de que hay mucho teatro en Buenos Aires, mucha tentación televisiva, mucho cine y tenía temor de que un director me dejara en la estacada por otra oferta. De hecho ocurrió así: el director que yo tenía se fue a trabajar con Julio Bocca, por razones lógicas, así que dije: “Bueno, ya que hago la de Juan Palomo, la traduzco, la adapto y me queda la tranquilidad de que soy un riguroso empleado de mí mismo”.

Y además trabaja su mujer, la actriz, directora y dramaturga Susana Hornos.

–Está Susana y está Nahuel Zapata, que lo conseguí a través de un casting porque probé cuatro chicos. Fundamentalmente porque quería alguien comprometido con el proyecto y no que se me fuera a mitad de camino para hacer una tira o teatro, como me pasó con Adrián Navarro (con quien hizo en 2010 Por tu padre) que lo tentaron para Carlos Paz. Yo entiendo ¿eh?, lo que pasa es que estaremos hasta noviembre, vamos hasta Río Gallegos, a Comodoro Rivadavia; es mucho y después la seguimos en Buenos Aires.

–¿Le sigue divirtiendo salir de gira?

 –Mirá, yo después de trece años, cuando volví a la Argentina, me encontré con un país absolutamente diferente, no sólo por la política o por la soja, sino por la propia evolución social del mundo: desde el BlackBerry hasta las chicas en cualquier lugar del país vestidas como en París con ropa más barata, copiada, lo que sea pero ahí está; hoteles nuevos, polideportivos, ya no es más la vuelta del perro por los pueblos polvorientos, hay industrias importantes. Hay un sentido de la vida mucho más gozoso, mucho menos provinciano y los conceptos con los cuales se emiten opiniones son más modernos y adultos. Cuando llegamos con Por tu padre, con Adrián, una obra bastante difícil y con una escatología bastante dura porque era la historia de una madre con dos amores, noté la gran cantidad de chicos jóvenes con un serio interés en tocar este tema de los padres y amantes y maridos y afectos laterales. Había desaparecido ese provinciano típico que yo conocía. El país estaba diferente salvo en dos lugares, que creo que no es casual: Catamarca y La Rioja, donde todavía hay una cierta provincianía más o menos personalista y mandona.

–¿Se acuerda de su primera gira?…

-Sííí, aquellas giras que hacíamos, me acuerdo, con Carlos Carella, Marilina Ross, Dora Steimberg. Hicimos Morir en familia (de Jorge García Alonso y dirección de David Stivel), íbamos en coche, llegamos hasta Salta, Tucumán y al sur hasta Bahía Blanca; eran giras que se parecían mucho a las viejas giras del carro, como decían aquí los viejos cómicos, “vamos a hacer el bosque”. No había televisión así que el rebusque dependía mucho del teatro que no ofrecía grandes fortunas pero si, mucho trabajo, mucho lomo. Entonces, salían por ejemplo en marzo, los que no habían hecho temporada en Buenos Aires, y a lo mejor volvían en septiembre; y les solía ir bien pero iban a lugares que hoy uno no recorrería o lo haría de otra manera, donde llevaban obras parecidas al teleteatro de la época. Y cuando llegabas, te recibían como al Papa. El país cambió, cambió el mundo.

Corralito

La semana pasada se estrenó Acorralados, una película de San Luis Cine que protagonizan Luppi, Esther Goris, Gabriel Corrado y Gustavo Garzón con dirección, dicen los créditos, de Julio Bove, el productor y guionista. “En realidad, el director es Juan Carlos Desanzo pero pasó que los costos de la película se dispararon y para mantenerla hubo partes que no se filmaron. Y entonces, claro, en algunos momentos está un poco endeble en cuanto a estructura narrativa. Yo trabajé con Desanzo todo el tiempo pero él decidió bajarse del cartel ante esta mutilación narrativa. Yo creo que lo de Bove es casi como una imposición administrativa”, dice el actor a quien esta historia -la de un jubilado al que, durante la crisis de 2001, el banco le niega retirar los ahorros de toda una vida- le tocó bien de cerca.

“El 2001, para mí, fue una experiencia aterradora: sentí que terminaba una Argentina, que después de eso ya no podía venir algo peor. Porque no sólo había sido el robo a toda la población del país con la timba perversa de los bancos. Crearon una ingeniería del despojo, del robo. Si ganaban, a vos te excluían; y si perdían, te hacían socio de la pérdida, como ocurre siempre. Una perversión típica de este sinvergüenza, criminal de (Domingo) Cavallo”, dice.

-¿Perdió mucha plata?

-La década previa había trabajado mucho en México, Perú, España. Había hecho un buen paquete, la verdad, para plantearme un futuro menos azaroso. Me dejaron, absolutamente, en pelotas, como lo escuchas, de la mañana a la noche, así nomás. Levantarme todos los días para ir al banco a que me dieran cien dólares por semana de mi plata. Era una cosa espantosa, humillante y le dije a Susana “rajémonos de este país de mierda” y no pensaba volver más.

-¿Recuperó algo?

-Me devolvieron, solamente, cincuenta mil pesos en el banco de Boston. Al lado de lo que tenía, era una escupida en la laguna. Cuando le pregunté a la gerenta dónde estaba el resto de mi dinero, me dijo “Olvídese”.

-¿Cómo ve lo que está pasando ahora en España?

-Está pasando la lógica consecuencia de haber entronizado a los mercados. Cuando una sociedad entrega su vida al mercado, este manda de acuerdo a sus ganancias.

-¿Qué lo hizo volver?

-Cuando empecé a ver un escenario político diferente donde se podía usar la política no sólo desde un punto de vista partidista sino como factor de cambio. Mirá, vos tenés que partir de esto que es lo más sencillo y sensato: yo voté por primera vez con (Arturo) Frondizi y toda mi vida, esto no es un eufemismo, toda mi vida los presidentes argentinos fueron una manga de cagones, cobardes, miserables; nunca cumplieron lo que decían, se acobardaban, se iban, los echaban, se bajaban los pantalones. Todos. Cuando digo todos, digo todos. A eso agrégale los golpes militares y me dije: “Este país no tiene salvación”. ¿Por qué? ¿Por qué permitimos el saqueo constante, permanente del país? ¡Lo de Dela Rúa! No hay en el mundo un ejemplo de ineptitud, de estupidez y de impericia tan grande, no hay. No hay no siquiera en Centroamérica, digo no hay en la historia política semejante pelotudo, no hay. Y, dije no, no hay salida para esto.

-Y ahora está con una mujer que forma parte de una Asociación de actores españoles en Buenos Aires

-Ellos ven que acá el teatro es una pasión, en cualquier barrio hay un teatro, cada actor puede generar su propio proyecto. Se dieron cuenta de que acá hay una capacidad de gestión en lo estético muy notable.

En tevé, participa en En terapia. ¿Conocía la serie?

-Hago del papá del personaje de Germán Palacios. Los libros son estupendos. Había seguido muy de cerca la serie americana pero debo decirte, curiosamente, que los libros de acá son muy buenos. Miro todo lo que puedo, me gustan mucho las series y el cine: cuando puedo, los sábados hago doblete y veo dos seguidas.

-¿Va a filmar este año?

-Empiezo con Inevitable (está basada en la obra de teatro Cita a ciegas, de Mario Diament), que dirige Jorge Algora, con Darío Grandinetti y Carolina Peleritti y hay un personaje, una especie de émulo de Borges, que lo voy a hacer yo. Como hay días que vuelvo de la gira, lo voy a hacer.

-¿Sólo hace lo que le gusta?

-Sí pero tampoco me llaman para hacer barrabasadas porque saben cómo pienso; en general, no me ofrecen cosas torpes, no. Obviamente, el campo laboral de hace trece años ya no lo tengo, antes hacía protagonistas absolutos y ahora me llaman para el abuelito, el papá, el viejo torturador (risas).

¿Qué le calienta hoy de la actuación?

-A mí lo que me sigue llamando la atención es la pregunta sobre qué hace a un tipo ser actor. Te obliga a ser egocéntrico, todo el tiempo, receptor de un montón de miradas de gente que paga para verte; y además tenés que ser creíble, autentico, sincero y, si es posible, Adonis o perfecto. Es un fenómeno que todavía me sigue llamando la atención porque uno piensa: ¿qué tiene la actuación que crea tal nivel de ansiedad y de tensión? Siempre cuento el ejemplo de las clases de teatro cuando el profesor te dice: “A ver, pase Luppi” y esos cuatro metros son cuatro metros de angustia. ¿Por qué tanta tensión interior, por qué tanta premonición catastrófica?

-¿A qué le tiene miedo?

Decime a qué no le tengo miedo. Creo que el mundo está pasando un momento catastrófico, muy complejo, sabes. Pues ha entregado el manejo de la vida a los mercados y eso es una bestialidad. En cuanto a mi, uno durante mucho tiempo cree que lo puede todo, se siente prácticamente inmortal y, a esta altura, hay días que no tengo ganas de salir a la calle a romperme los cuernos, pero hay que salir. Me doy cuenta de que estamos en un mundo donde la práctica diaria es o el ataque o la defensa, no hay conjunciones armónicas  colectivas. Los asaltos y las muertes son violentos. Hay algo más allá de la inseguridad, hay algo de descentramiento, de despojo de lo humano.

En la vereda de enfrente

“Parecía un chivo blanco”, responde cuando se le dice lo bien que le queda haberse afeitado. Sin problemas para posar, se pone el sombrero que el fotógrafo descubrió sobre una silla. “Cómo no, si tengo una colección”, dice el actor nacional que más veces ganó el  Cóndor de Plata: seis, además de uno a la trayectoria en 2009. Anivel internacional, entre otros, se llevó a su casa la Conchade Plata al mejor actor en el Festival de San Sebastián, por Martín (Hache), en 1997, dirigida por su amigo Adolfo Aristarain. Sonríe con ganas cuando le digo, porque sí, que tendría que filmar con Ricardo Darín y Pablo Trapero. En 2009 se quedó con el Martín Fierro por su participación especial en el unitario Tratame bien. También este año en ese canal, el Trece, hará lo propio en Condicionados (no lo sabíamos en el momento de la entrevista). Hay algo apabullante en Luppi y quizás sea la mezcla entre su sencillez campechana y la claridad con que debate.

-Siempre se manejó con bajo perfil en lo que respecta a opinar sobre otros. ¿Por qué razón el último tiempo salió a criticar tan fuerte a Mirtha Legrand y Susana Giménez? ¿Hay otra cosa pendiente?

-Te doy la respuesta concreta: cuando yo volví de España, otra vez a empezar de nuevo,  empecé a apoyar a este Gobierno. Mejor dicho, no a este Gobierno, sino la gobernabilidad de este Gobierno, en un país que como te decía antes, desde que tengo uso de razón siempre me engañó. Me pareció interesante ver con ojos nuevos. Entonces, y sólo te cuento unos pocos hechos aunque podría contar mil, esta señora,la Legrand, sistemáticamente, desde que Néstor Kirchner asumió la presidencia, empezó a hacer de sus almuerzos una rampa de lanzamiento de operación política, permanentemente, con groserías y barrabasadas que las dice sólo una persona ignorante. Desde decir, por ejemplo: “¿Pero estaba en el cajón?” o decirle a Roberto Piazza: “Vos no podés adoptar un chico porque lo podés seducir y corromper”; hasta juntar un día seis periodistas a su mesa, únicamente, únicamente (repite), para denostar a Kirchner que había sido nombrado presidente de UNASUR; dijeron de todo. Otra vez, cuando entrevistaba a esta mujer de Colombia que había estado secuestrada, Ingrid Betancourt; ella le explicaba las dificultades de pacificar Colombia porque había cuatro líneas, políticamente, muy enfrentadas. Respuesta de esta señora, la sabia: “¿Y por qué los Estados Unidos no invade Colombia y termina con eso?”. Yo pasé mi vida en Sudamérica y recuerdo las tiranías que costó sangre, sudor y lágrimas erradicar, y ella, con una liviandad típica de una perra ignorante, sale a decir “invadan un país”. ¿Cómo puede ser alguien tan irresponsable en un país que está empezando a cambiar,  insisto, razonablemente bien? ¿Quién la manda a decir semejantes barrabasadas? Yo nunca dije nada, hasta que un día me hinché las pelotas. Lo mismo cuando escuché a Susana Giménez decir: “Hay que matar a la gente, mano dura”. ¿Cómo matar? ¿Sabés lo que es matar? Entonces dije quela Giménezera un caso de biología bastante extraño porque era cagar por la boca; y de Mirta dije lo que dije.

Pero llamó la atención escucharlo a usted tan enojado

-No estoy enojado. Ustedes, los periodistas deberían poner, alguna vez, en una revista: “Es vergonzoso que Mirtha Legrand ocupe un lugar en el espacio televisivo”. Pónganlo un día, a ver qué pasa. Hay que decir la verdad de vez en cuando, si no siempre uno se juega solo. Dicho en otros términos, como diría mi abuela, “son mala gente”. Tenés que ser un agradecido de la vida, porque sin tener talento ni intelecto les ha ido bien. Y no, se ponen a decir pelotudeces. Pero pará un poquito; con qué tupé se pregunta si estaba Kirchner en el cajón. Una pregunta ofensiva, agraviante, sin tener en cuenta el duelo de una persona. Y lo que le preguntó a Piazza, ella que tuvo un hijo homosexual y confeso, lo cual está muy bien… Es una mala persona. Es gente así. Lo pienso y lo sostengo.

-Si se lo ofrecieran, ¿aceptaría ser el villano en La dueña?

-Únicamente si me dejan matarla (risas). Mirá, todos podemos equivocarnos. Y opinar de política implica, inevitablemente, tener diferencias con otros. Hay niveles de confrontación que vale la pena tenerlos. Pero cuando el ignorante se pone a hablar de lo que no sabe, es un pecado mortal.