Familia ensamblada. Habla Nora, la donante de Lanata

La mamá de Nora Hernández es cocinera y durante muchos años cuidó y preparó la comida de Mariano Cohn; el mismo que, cuando creció, además de director de cine, se enamoró y tuvo un hijo con la escritora Margarita García Robayo, muy amiga de Sara Stewart Brown; que está casada con Jorge Lanata y ambos son padres de Lola, alumna primaria del St George’s College de Quilmes al que llega, desde su casa en Retiro, con la combi escolar. El chofer se llama Adrián y es el marido de Myriam, hermana de la vida de Nora Hernández que dice, muy serena, que las coincidencias son causalidades.

A lo mejor el destino lo quiso. Esta vez el rompecabezas se armó a tiempo. Hoy no se hizo tarde. Hoy se presentó cuando más lo esperaban. Nora dice que “esto lo organizó Dios” y Lanata, el que duda de todo, creyó. Algo hay para que de golpe se alinearan los rezos con las bendiciones.

Cuatro personas quedaron conectadas para siempre. Dos mujeres que donaron sus riñones, Sara y Nora; dos hombres que los recibieron, Ignacio y Jorge. Noticias estuvo con ellas en la casa de un familiar de Nora, en San Miguel. También estaba Ignacio pero no quiso hablar. Ellas sí, querían contar que se puede ser mejor persona, sentirse feliz por eso y llorar de gratitud.

Nora Isabel Hernández tiene 52 años y vive en Ituzaingó con sus tres hijos -Ignacio (24), Marina (20) y Rocío (17)- y una nieta, Bianca, de un año y medio, hija de Marina. Es administrativa en un centro de estimulación temprana del municipio, desde hace 14 años, cuando se divorció del padre de sus hijos, un hombre ausente que nunca se ocupó de la familia que había formado. Ignacio no lo quiso ver ni cuando empezó con la diálisis tres veces por semana, cuatro horas por vez, hace dos años, ni ahora, cuando recibió la donación que le cambió la vida.

Cuando te diagnostican disfunción renal crónica y entrás a diálisis, con mayor o menor grado de emergencia, vas a trasplante”, dice Sara, a esta altura una experta. En octubre de 2011, su marido inició el tratamiento de terapia renal sustitutiva. Como mejoró, los médicos le permitieron dejarlo a condición de extrema dieta y cuidado (nada de fósforo, potasio ni proteínas) pero debió retomarlo en octubre de 2013. “De todos modos, esto iba a suceder porque el riñón no se cura”, dice la esposa. “Tampoco se cuidaba Ignacio, es muy joven y le costaba un montón”, dice la madre.

Noticias: ¿Cómo se conocieron?

Nora: ¡Fue muy loco!

Sara: ¡Raro! Nosotros ya habíamos empezado a averiguar afuera. Hasta que Pablo Raffaele, el jefe de Nefrología de la Fundación Favaloro nos habló de la posibilidad del intercambio de donantes. Y empezaron a buscar compatibilidades en la base de datos.

Nora: La compatibilidad de Sara con Ignacio es increíble. Ni conmigo. Yo iba a darle el mío pero era mejor el de ella.

Sara: Hay seis factores de histocompatibiidad que se evalúan y con Ignacio coincidíamos en cinco. Es un montón.

Noticias: Porque usted no podía donarle a Jorge

Sara: En realidad, sí, pero era riesgoso porque no se daba ese nivel de compatibilidad.

Nora: Además de eso, por edades estábamos más parejos Jorge y yo. Y era mejor para Ignacio, un órgano más joven.

Los cuatro se conocieron en la audiencia judicial donde se certifica que se trata de un arreglo consensuado. Estaban presentes médicos, peritos, psiquiatra forense, representantes del Incucai, el Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante donde los dos, Ignacio y Jorge, estaban en lista de espera. En diciembre, todos los papeles estaban en regla pero tenían que esperar el permiso de la Justicia para llevar a cabo las dos donaciones y sendos trasplantes. En enero fue la feria; en febrero, la audiencia; después, más análisis para evitar que las donantes incubaran la más mínima infección o desarreglo; y el 28 de marzo se hizo la operación. Tenía que hacerse un sábado porque se necesitaban cuatro quirófanos libres.

Noticias: ¿Cómo se sienten?

Nora: Ahora bien. Camino más, me muevo. Estuve mal los primeros días, muy dolorida, con quemazón. Pero nos habían dicho que para las donantes era más doloroso e incómodo.

Sara: Es como una cesárea. Estoy toda fajada. Tengo una cicatriz de 21 puntos pero el marido de una amiga que es cirujano plástico me hizo la terminación.

Nora: A mí no me importa. Igual no es nada, una rayita fina.

Sara: Es que el riñon (es el izquierdo) está muy oculto, tienen que apartar muchos tejidos. Hasta me dijeron que iban a sacarme la última costilla pero después no pasó.

Nora: A mí no me dijeron eso. ¡Nos iba a quedar la cintura más chiquita!

Desde que se operó, Ignacio reside en la casa de una prima de Nora, en el partido de San Miguel, al oeste el Gran Buenos Aires, no porque esté más cerca de los traslados a la Favaloro sino porque la casa de su familia en Ituzaingó está con arreglos y no era el ámbito ideal para su recuperación. La casita de San Miguel es cómoda, tiene patio y algo de terreno para colgar la ropa y tomar mate entre las plantas. Hay calles asfaltadas y otras de tierra, no hay cloacas pero sí gas natural. Es un barrio de casas de material, con jardín, malvones y portón de rejas que corresponderían, haciendo estúpido honor al estereotipo, a la franja “clase media baja”. Por la esquina, pasan líneas de colectivos que llevan hasta la estación de San Miguel o la de Morón y desde allí el tren u otro colectivo hasta “el centro”, como los del conurbano llamamos a la Ciudad de Buenos Aires. En total, de dos a dos horas y media de viaje; por autopista, si tenés auto o con remise, una hora menos.

Noticias: Nora, ¿qué pensó cuando le contaron que el trasplante cruzado iba a ser con una pareja de famosos?

Nora: Al principio, Raffaele lo mantenía en secreto. Después nos lo dijo para que no nos sorprendiéramos al vernos en la audiencia. “¿Qué hace el Trece acá?”, iba a pensar (risas). Y me lo dijo. Yo me reí porque creí que era un chiste. Raffaele tiene esas cosas. “Es verdad, es Jorge Lanata y la señora. Pero si no querés, no se hace y le donás vos a tu hijo”, me dijo. Pero acepté porque es ampliar vida, no pensar con egoísmo. Para mí, la parte humana es lo más importante de la vida. No me importaba que fuera famoso o Juan Pérez, igual lo necesita. Qué más le podés pedir a la vida.

Sara: Es multiplicador. Sentís que pudiste ayudar a otro. Toda la vida doné sangre, mis padres iban al Hospital Británico a donar, me crié con ese concepto. Aunque entiendo a quién tenga reparos. La idea nuestra es contar que se puede hacer, que estamos bien, no te limita, podés seguir con tu vida normalmente. Y te nutre mucho. Lo que recibís es enorme.

Nora: Y le estás dando vida a otra persona. Ya con eso, está. No importa que te duela. Estás ampliando vida. Hay mucha gente esperando.

Noticias: Sara, ¿qué le dijo Jorge cuando le propuso donarle el riñón?

Sara: Al principio tenía reparos. A él no le gusta ni que lo pinchen. Entonces le dije “averigüemos, no perdemos nada”. Me informé un montón. Y él se fue quedando tranquilo en la medida en que me veía segura a mí.

Noticias: ¿La donación los unió más, surge una ligazón todavía más fuerte?

Nora: Para mí, sí. Yo siento que no quisiera más perder ningún vínculo con ellos. Sentí eso de entrada. Me emociona porque cuando lo vi a Jorge sentí, no sé, como que le di la vida. Y lo mismo cuando vi a Sara que le dio vida a mi hijo. ¿Qué tengo que hacer? No me va a alcanzar la vida para pagárselo. Yo sé que a un marido se lo puede querer mucho pero un hijo es tu vida. Yo venía sufriendo mucho porque me banqué sola todo lo de Ignacio, fue terrible. Tuve gente alrededor, tuve contención, mi mamá, mis hijas, mi prima, mi tía y muy buenos amigos, pero la mamá lo pasa sola igual.

Noticias: ¿Qué le dijo a Lanata cuando se encontraron después de la operación y se sacaron esa foto, muy emocionados?

Nora: Que se cuide mucho, lo reté, otro riñón no hay, le dije. Es una parte mía, una parte de mí es Jorge. Y nunca lo vi ni lo seguí en los programas ni nada, yo lo tengo como un ser humano no como Lanata.

Sara: Él sintió lo mismo, una familiaridad como si me abrazara a mí.

Noticias: Se lo ve tan feliz. ¿Cambió en lo íntimo?

Sara: Si y no. Está más místico, más espiritual. Pasa esto (la mira a Nora que se seca los ojos grandes, verdes, enrojecidos, siempre húmedos): se conmueve mucho, está sensibilizado. Por otro lado, empezó a trabajar, es muy de ir adelante.

Noticias: ¿Es creyente?

Sara: Sí. Es algo muy íntimo de él pero sí.

Nora: Yo sí, súper. Creo que esto lo organizo Dios. Si nos hubiéramos puesto de acuerdo, esto no sale. Es una bendición. De golpe salió todo esto y nunca tuve miedo, tenía confianza de que iba a salir bien.

Noticias: Sara, ¿cómo se siente con este papel de abnegada a ultranza con que la muestran en los medios? ¿Santa Sara?

Sara: Es lo que había que hacer, lo que está bien. Cuando das algo, es muy satisfactorio para uno. Lo altruista es egoísta, te hace sentir bien. Lo hice por mi marido porque lo amo y tengo una historia de vida con él pero también lo hubiera hecho por otra persona cercana, por amigos o sus hijos. Soy una buena persona y punto.

Nora: Emana humanidad. Me di cuenta de entrada. Con el mito de que es la mujer de un famoso, crees que debe ser pedante, juzgás sin conocer, y nada que ver.

Noticias: Sara ¿estaba dispuesta a lo mismo aun si estaban separados?

Sara: Somos una pareja que tiene malos y buenos ratos. Estuvimos separados un tiempo y cada uno vive sus crisis de la manera que puede y hay cosas que decidimos atravesar separados. Lo que me une a él, el afecto y que sea el padre de mi hija, eso no cambia esté o no con él, mi vínculo está más allá de eso. Claro que esto que pasó nos une más. Pero Nora no es más mamá que antes, el vínculo con Ignacio estaba. Nuestra relación no cambia. Y nunca jamás en la vida, me voy a concentrar para que eso nunca pase, voy a echar en cara lo que hice, eso no puede pasar.

Noticias: ¿Cómo lo tomaron Lola y Barby (Bárbara, la hija mayor de Lanata que tuvo con la periodista y productora Andrea Rodríguez)

Sara: Lola estaba un poco asustada porque los dos padres iban a estar en una situación de fragilidad. Al papá lo había visto así pero a mí, nunca. “Te podés lastimar”, me dijo. Siempre lo hablamos con mucha naturalidad. Y Barby se puso la familia al hombro, era el adulto a cargo y que espera que le digan que está todo bien. Antes ocupaba yo ese lugar pero esta vez no podía.

Noticias: Nora, ¿cómo ves el futuro?

Nora: Muy bien. Sigo rezando por el bien de ellos dos. Una vez por semana se hacen los controles. A Ignacio lo encontraron muy bien, el riñón está perfecto, los análisis están bien, no se le infectó la herida. A Jorge le pasó porque está gordo pero también está bien, está dentro de lo esperable y controlable.

Para los donantes, la vida sigue comiendo sano y con mucha hidratación. Tal vez a mediados de mayo, Nora vuelva al empleo en el municipio sintiéndose menos sola que nunca. Sara tratará de regresar al taller de plástica, quizá retome el trabajo en producción de espectáculos, correrá la maratón de Nueva York y resistirá hasta encontrar lo que busca.

Para los trasplantados, el alta es un proceso en etapas: los primeros cuatro días, los primeros cien días, el primer año. Sentirse sano promete ser una nueva costumbre. Tener una familia más grande, también.

Recuadro

Ignacio

Hincha fanático de Racing, Ignacio Ezequiel Castriota trabaja en una fábrica de zapatillas. La obra social Ospit, de los trabajadores del plástico, le cubrió toda la operación. De chico le gustaba jugar al tenis, ahora a la pelota y nadie, ni su mamá, sabe si tiene novia. Es muy alto, cuerpo atlético, la cara de Nora. “Buena onda pero chúcaro” lo define el fotógrafo; “introvertido”, la madre. Cuando intento el manotazo de alguna pregunta, responde “otro día” y se va, sin abandonar ni por un segundo el celular que lleva pegado a la mano como un salvavidas.

A los 9 o 10 años, Ignacio empezó a orinar con espuma y mucha presión. Nora, nuevita empleada en un centro de salud, le preguntó a un médico qué pasaba con su hijo. “Es la edad”, le dijo, “el desarrollo”. Y Nora le creyó y se fue a la casa a buscar algo de paz. Acababa de separarse y había conseguido trabajo. Hasta que dos años atrás, en mayo de 2013, lo que apenas se había insinuado, explotó. Aquella espuma resultó proteína que los riñones estaban eliminando. Ignacio estaba enfermo desde hacía tiempo aunque nunca los médicos tuvieron la certeza de qué lo había provocado. Dolores urgentes, fue a diálisis de inmediato. Tarde o temprano, la única solución sería el trasplante de riñón.

De lejos, observa y escucha atento. “¿Te animás a sacarte una foto entre estas mujeres?”, le digo y viene, largo como es, acomodándose sin decir palabra, en el medio. Duerme en una habitación amplia, para él solo, con la tele. Dice que está cómodo y que se siente bien. Nadie diría, ni él mismo, que está recién operado y que acaba de renacer.

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Periodismo para todos. Revista Noticias.

TV

19/4/13

La noche del domingo

“Periodismo para todos” (PPT). Periodístico. Domingos a las 22, por El Trece. Conducción: Jorge Lanata. Con: Nicolás Wiñazki, Luciana Geuna, Mariel Fitz Patrick y otros. Dirección: Luis Barros.

POR 

La noche del domingo

Calificación: ****

Qué lío armó Lanata. Y un domingo a la noche, con el asado todavía en digestión. Un lío para ser envidiado desde Sofovich a Chiche Gelblung, desde el detective más obsesivo hasta los guionistas de Coppola, Scorsese y De Palma juntos. Por rating, farándula, escándalo, ironía, repercusión, política y mafia, todos los condimentos del show pero con un soporte devastador: la realidad. Que ya probamos puede ser más increíble que la ficción, el humo y las luces de colores.

Porque sabíamos desde el año pasado que “Periodismo para todos (PPT)” era un music hall periodístico. Con un gran conductor y periodista, atacado y discutido desde varios frentes, con hambre de gloria televisiva, con deseos de reinventarse una vez más, cumplidos sus muy caminados 50 años (“Soy periodista desde los catorce”, acota siempre) y con ganas de provocar en el fuego cruzado sabiendo que, tarde o temprano, ser opositor en las coyunturas críticas de la Argentina siempre tendrá espectadores (y esto sin meternos en la transitada discusión cuasi filosófica acerca de si el periodismo será antioficialista o no será nada, con múltiples matices intermedios).

Y el show comenzó, con un Lanata más asentado delante de la cortina roja y frente a la gente (ops, hablando de demagogias, da una cosita incómoda cada vez que la cámara toma las caritas festejantes del público), con su monólogo de apertura pasando revista a la actualidad, con acidez y toques de humor más o menos logrados. El “discurso” era interrumpido por la venta de lo que vendrá. En primer lugar, mucho imitador como para no extrañar el Gran Cuñado de Tinelli (su fantasma pasó corriendo): Mauricio Macri (Diego Scott) y Horacio Rodríguez Larreta (Martín Bilyk); “Timer-Punk”, un canciller muy sacado (a la manera de un personaje de “Titanes en el ring”); “Mahatma Scioli” (una versión zen del gobernador bonaerense); la sección “Desacartonando a Binner”; por supuesto, la Presidenta (Fátima Florez) con programa propio a su medida, “CrisTV”; y un segmento prometedor por novedoso y por el encanto de “la Sueca” Alexandra Larsson que intentará reinsertarse en Estocolmo después de su experiencia en Buenos Aires.

Pero eso apenas fueron avances. Porque lo que siguió, se llevó puesto todo. Ni hace falta contarlo porque apareció en todos lados: “la ruta del dinero K”. Las redes sociales estallaron (en Twitter, el ciclo se convirtió en “Trending Topic” mundial con el hashtag #DineroK), ningún medio dejó de levantar el tema, hubo tela para programas políticos y de chimentos, se presentaron denuncias judiciales y pedidos de informes, no se habló de otra cosa y los círculos oficialistas quedaron atónitos. Para próximas emisiones quedarán las discusiones sobre cámaras ocultas, farandulizaciones varias, precisiones en la investigación y demás deberes. Sin los humoristas y con periodismo, el show arrasó y Lanata lo hizo.

Revista Noticias > 26 personas para salvar al mundo

TELEVISION

El hombre que está solo y busca

“26 personas para salvar al mundo”. Miniserie documental. Domingos a las 22, y repeticiones los martes a las 23,
por Infinito. Conducción: Jorge Lanata. Producción: Infinito y Ozono Producciones. Dirección: Guido Tomio.

POR 

No se puede negar que el programa tiene un gran título: si con “Bric”, el anterior documental de Jorge Lanata, teníamos que descubrir de qué se trataba esa sigla, esta vez tenemos una excusa épica, de esas que atrapan. Después de todo, salvar al mundo no es para cualquiera. No: solo para 26 personas. A partir de una vieja profecía templaria, Lanata emprende una especie de juego de detectives planetario en busca no solo de esos 26 héroes, sino también de qué cosa el resto de los mortales debe salvarse.
La lista de personas entrevistadas es apabullante: de Jacques Attali a Mario Vargas Llosa; de Martín Amis a Juan Carr, de Eduardo Galeano a Zygmunt Barman. Quizás suene extraño ver a un matemático inglés, un budista francés y un ensayista uruguayo formando parte de una red ecuménica; pero, en esa idea planetaria de “todo conecta con todo, todos somos parte de lo mismo” reside el mayor atractivo de este rompecabezas.
Sin embargo, el contenido cumple a medias esta consigna seductora. Si lo interesante son estos personajes que, en general, la prensa no nos permite conocer, ¿por qué no aprovecharlos sin el corset condicionante de “salvar al mundo”? Uno se queda con ganas de más, de que el buen entrevistador Lanata les saque todo el jugo a semejantes profetas. El resultado queda, a veces, deslucido, quizás por error de cálculo. Por ejemplo, el primer episodio tiene como núcleo a Carter Emmart, un astrónomo y dibujante que ha generado el primer atlas 3D del Universo. La idea es buena: ir de lo general a lo particular, avanzar desde la insignificancia de este canto rodado llamado Tierra. Pero Emmart no es, en sí mismo, un tipo que tenga mucho para decir. Un problema de ritmo, básicamente, que se manifiesta también en la reiteración de los primeros planos de Lanata (Teté Coustarot habría estado mejor) o la aparición constante de nombres de lugares (algo que el espectador no requiere a cada rato).
Por supuesto, son varios los elementos estimulantes: los entrevistados, en principio, personas que vale la pena descubrir; la idea de combinar un mecanismo de ficción para hablar de lo real; el pretexto del viaje, lo que implica una producción impecable y hasta suntuosa. Sobre todo: trabajar sobre el concepto de romper la coyuntura, de dejar por un rato de prestarle atención al angustiante problema del precio del zócalo del barrio para pensarnos como ciudadanos del universo. Lanata nos invita a compartir una búsqueda esperanzada en tiempos de profecías atroces y donde cada pequeño problema cotidiano parece una señal del Apocalipsis. La cosa es bajarse del caballo y otear el horizonte aunque haga falta moverse por todo el planeta.