Revista El Guardián > Gabriel Puma Goity

(7/6/12)

“El éxito no es firmar autógrafos”

Es uno de los comediantes más populares; después del revés en Sr. y Sra. Camas en la TV Pública, vuelve a El Trece como un entrenador de boxeo en Sos mi hombre y sigue en cartel con la premiada Extraños en un tren.

Escribe Leni González / Fotos Juan Pablo Barrientos

“El éxito no es firmar autógrafos”
 El diablo le sienta bien. Y esto no es un juego entre dos películas muy conocidas de Meryl Streep sino que es literal: a Gabriel “Puma” Goity la perversión sofisticada le viene al pelo. O al no pelo, para ser exactos.

 –¿Cuándo quedaste pelado? Siempre hablás de tu melena pero nunca la vimos.

–Es una maldad lo que decís. ¿Pensás que miento?

No, tal vez es parte de tu leyenda.

–No, nunca me repuse, ¿no te das cuenta?

El ex jugador de rugby tiene humor y tiene ironía. Es un gran contador de anécdotas, de esos que una invitaría para animar la fiesta. Sólo basta el pie.

–¡Qué buen capítulo el que hiciste para Los simuladores! (“El pacto Copérnico”, Telefe, 2002)

–Es que (Damián) Szifrón es un genio, un capo total.

–Sí, lo es, director y guionista genial. 

–Sabe exactamente lo que quiere. Y te lo dice así (imita su voz) y no le podés decir que no. Yo no lo conocía. “Afeitate todo”, me dice y se va. Yo tenía barba candado y no entendía nada. Le fui a preguntar. “Tenés razón, no te expliqué. Mirá, ¿ves?”. Y ahí me mostró en cámara cómo saldría, me explicó exactamente por qué. Fui y me afeité. ¡Y tenía razón! Nadie, pero nadie nunca, me dirigió así. Lograba que los del Sindicato de Camarógrafos, que son inflexibles, grabaran hasta cualquier hora.

Difícil reproducir por escrito una anécdota bien contada. Cualquier relato  es deslucido frente al de un actor. Por ese trabajo, ganó un Martín Fierro a Mejor participación especial. No fue el único premio. Tiene varios: otras dos estatuillas gauchescas por Femenino-masculino y Los Roldán (aquel Uriarte y su amor por Laisa, una emergente Florencia de la V); dos Cóndor de Plata como Mejor actor de reparto por Secretos compartidos y Un novio para mi mujer; en teatro, ACE y Trinidad Guevara por Humores que matan, con dirección de Oscar Martínez, y Estrella de Mar por Adentro, de Mauricio Dayub; y como si fuera poco, fue elegido por Fundación Konex como uno de los cinco mejores actores de la década de los noventa.

Este año es Bruno en Extraños en el tren, la novela de Patricia Highsmith que Alfred Hitchcock llevó al cine en 1951 (Pacto siniestro) y fue adaptada para teatro por Craig Warner. Producida por Javier Faroni y dirigida por Manuel González Gil,  actúan, además de Goity, Ludovico Di Santo, Adriana Aizemberg, Pompeyo Audivert, Martina Guzmán y Alejo García Pintos. Ganó seis Estrella de Mar en Mar del Plata y ahora está en el Piccadilly (Corrientes 1524).

–¿Hay diferencias con la película?

–Sí, la obra sigue a la novela de Highsmith, donde aparece claramente la relación entre ellos (Goity y Di Santo) y con la madre (Aizemberg). Algo que Hitchcock por razones obvias no podía hacer: pleno macartismo, años cincuenta, no se lo iban a permitir y eso llevó a un conflicto grande entre ellos. La versión de cine la hizo Raymond Chandler, no Highsmith, que terminó haciendo juicio por los cambios. Son eternas esas luchas entre la novela y la película. En este caso nos pareció importante rescatar la propuesta de una autora maldita: había que ser muy guapa para escribir lo que escribía ella en los Estados Unidos de ese momento.

Dos desconocidos se encuentran en un tren y uno de ellos, Bruno –alcohólico, soltero, con un fuerte lazo edípico, homosexual reprimido, sin ocupación aparente, culto, vida acomodada– le propone al otro, Paul –arquitecto, ambicioso, traicionado por su mujer, enamorado de otra– intercambiar asesinatos para no dejar señales de ningún móvil para el crimen: Paul mataría al padre de Bruno (para poder recibir su herencia) y Bruno mataría a la mujer de Paul (para poder casarse sin más escollos).

-Me gustó mucho la puesta. Tenía cierto prejuicio, debo confesar, por la fórmula de llevar películas al teatro como supuesta garantía de éxito.

-Entiendo lo que me decís. Y si, es un prejuicio. El prejuicio del público argentino, que no se deja sorprender. Es verdad que nosotros necesitamos para la venta poner el tema de Hitchcock. Es un gancho. Pero, yo como actor no me fijo en la película, me fijo en el texto de la obra, que es maravillosa, con un ejercicio teatral emocional muy grande, un cansancio maravilloso.

-Te dirige González Gil. Antes Daniel Veronese (El método Grönholm, Gorda), Javier Daulte (Un dios salvaje), Rubén Szuchmacher (Sueño de una noche de verano, Babilonia, Juan Moreira), Alberto Ure (Noche de reyes) y otros. ¿Qué rescatás de cada uno de ellos?

Toda mi vida hice teatro. Hace treinta años que hago teatro. Es de donde vengo, de donde soy. Egresé del Conservatorio Nacional y todos esos directores son un privilegio.

A todos les saco provecho y lo tomo como un premio. Por ahí, uno puede simpatizar más con uno que con otro, también son diferentes momentos y épocas. Con Szuchmacher hay un cariño especial porque además fue profesor mío en el Conservatorio. Ure, me encanto trabajar con él. Veronese, lo primero que hizo en la calle Corrientes fue conmigo y ahora verlo, así consagrado. Así que todos. Yo los disfruto mucho.

-¿Cómo recordás esos primeros Shakespeare hasta este momento, en que sos un actor popular? ¿Cuál es tu balance, colmaste tus expectativas?

-Si. Vivir de esto, en esta parte del hemisferio, ya es un milagro. Trabajo en cine, en teatro y en televisión. Estoy muy conforme y es lo que yo soñé: poder vivir de mi profesión y lo logré con creces. Así que me siento muy orgulloso.

-Allá lejos y hace tiempo, trabajaste con Claudio Martínez Bel, actor, clown, docente y director de teatro

-Sí, fuimos junto al Conservatorio y teníamos un dúo que se llamaba “Los galangrotes”, los galanes del grotesco, y hacíamos una versión de La fiaca que habíamos trabajado nosotros, conducidos por Julian Howard y recorrimos el país. De ahí salió un espectáculo que se llamó El potrero no está más que nos dio de comer muchos años y nos llevó a conocer todo el país, durante seis o siete años.

-¿Un humorístico?

-Grotesco. El grotesco es un género que amo, profundamente. Armando Discépolo, por sacar una bandera. La comicidad en sí misma por comicidad no me gusta, no me causa gracia. Sinceramente, el humor blanco no me causa gracia. Trabajábamos esa cuerda, los personajes del grotesco te hacen reír y de pronto te la mandan guardar. Humildemente, nuestra identidad como actores es eso.

-¿Por qué te parece -suerte, destino, elecciones- que algunos actores logran la popularidad y otros no?

-Lo popular es maravilloso. Tenés que ser muy bueno para que le gustes a mucha gente. No cualquiera es popular, sobre todo cuando hacés los trámites para eso. El éxito es lograr hacer lo que te gusta, no firmar autógrafos. El camino es personal, yo nunca me comparo con otro. El caso de Claudio, yo creo que es un tipo súper exitoso, está feliz con lo que hace, tiene su escuela de teatro, tiene reconocimiento. Y yo he hecho mi carrera, me he encontrado con personajes que han gustado muchísimo y bueno, habré hecho las cosas bien y eso generó que a la gente le gustara. Siempre tuve recontra claro que el éxito era hacer lo que quería. Yo me sentí exitoso el día que entré al Conservatorio y dije “llegué”.

-¿Las cosas se fueron dando o sos de los que se ponen un objetivo y van detrás de eso?

-No, no tengo esos objetivos, ni esas obsesiones. Hago lo que me gusta. Se hace camino al andar. Y hay prejuicios, como si lo popular fuera mala palabra y no cualquiera es popular. O, el teatro comercial, que es el mejor teatro que hay. Es donde va toda la crítica, es donde si anda mal te vas, dependés de la platea. Es el teatro más difícil, hay que traer gente y que pague más de cincuenta mangos para ver esto. Entonces, ¡ojo! Porque esa división a mi me cae mal y no es cierta. Hay buen teatro o mal teatro y este teatro es el más difícil, porque si acá no anda, sos boleta. Es el teatro que yo añoraba cuando hacia teatro independiente, mal llamado teatro independiente porque esto también es independiente: acá no tenés subsidio de nada. Acá hay un productor que pone plata, independientemente, y si le va mal, sonó y si nos va mal, fuimos. Yo quería hacer teatro en la calle Corrientes porque hacían teatro de martes o miércoles a domingo, quedaba tan insatisfecho con hacer teatro en los sótanos un viernes a las tres de la mañana y esperar tooodaaaa la semana para la otra función. Muy bien, me encanta, pero yo quería y quiero hacer teatro la mayor cantidad de tiempo posible y con la mayor cantidad de gente porque en definitiva para quien haces teatro, ¿no? Si va más gente mejor y si la gente va, malo no debe ser. Al contrario debe ser bueno.

-Pero también hay casos donde no es bueno y va la gente

-Ser popular son muchos años. Lo otro, lo que vos decís, son fenómenos. El problema es cuando se mezclan las cosas y meten a todos en la misma bolsa. Un tipo que hace veinte años que está, es popular. Es un muchacho que hay que respetar. Hay fenómenos, es verdad, como puede ser el caso de Tito Speranza, ponele. Bueno, está bien. Pero creo que es un tema para analizar, hay que tomarse el trabajo de discernir porque, es cierto, cuando te invitan a un evento y te dicen “vienen muchos famosos” y vos ves la trayectoria de esos famosos y te deprimís un poco de estar en esa lista. Pero ¡ojo! también con el prejuicio de creer que trabajar en un sótano es garantía de calidad. No hay que subestimar a la gente, no hay que ser tan necios. Existe la posibilidad que la gente no concurra porque la propuesta no sea atractiva. Así como hay y hubo salas alternativas que la rompieron y se llenaban, siempre. Como puede ser ahora Timbre 4, donde lo que hace Claudio Tolcachir es excelente. .

Hablemos de la tele. Empezás una nueva tira por el Trece, Soy tu hombre, con Celeste Cid y Luciano Castro. ¿Cuál es tu papel?

-Soy “el Oso”, el entrenador de box.

-¿Ya empezaste?

-¿A boxear? Jajajajjj. Hace treinta años (dice por su fama de “calentón”). No, supongo que se empezará a grabar, según dicen, a mediados de junio. Mi personaje es un referente para los púgiles, es un hombre criado en la calle, tiene su costado tierno, es un cantante de boleros frustado que odia a (Juan Alberto) Badía porque no lo admitió en un casting. Jajajjj. Es una idea de (Adrián) Suar.

-¿Cómo hacés con la tira y el teatro? ¿Tenés algo de workaholic?

-No, para nada, me encanta mi trabajo.

-Muchos actores dicen que hacer las dos cosas es tremendo

-Que no lo hagan, a mí me encanta, me parece apasionante, ir a hacer una comedia y después hacer teatro. En el mismo día compartir eso, me parece apasionante; salir de acá y que me estén esperando para filmar un policial, me llena de alegría, me siento amado que me elijan para diferentes cosas.

-¿Y tu familia no te reclama?

-Tengo dos hijos, de once y cinco años. Pero le busco la vuelta. Estoy mucho con ellos, todo el fin de semana conmigo, hasta que voy al teatro a trabajar y gracias que eso sucede. Sé que tiene sus características especiales esta profesión pero soy una persona netamente terrenal y trato de que lo vivan con naturalidad. Es mi trabajo. Ahora si uno se pone a ver el vaso medio vacío: “Ay, no puedo acostar a mis hijos” (imita a algún estereotipo), pero a Dios, gracias, porque con eso morfamos.

-Cuando algo no sale bien, como el caso de Sr y la Sra Camas (la tira de canal 7 del año pasado), duele, te saca el sueño, un mes, un día, una semana, nada.

-Si, obviamente que duele. Pero yo estoy criado en el deporte y hay partidos que salen mal y después viene otro. Claro que me duele y me duele estar con gente que le duela.

-¿Qué te parece que Florencia Peña participe del Bailando? ¿Y en tu caso, te genera alguna reflexión pasar de trabajar del 7al Trece?

-Me parece muy bien, es actriz, es bailarina. En mi caso, es trabajo, actúo, analizo eso, no me importa lo demás.

-En cine, ¿Cuándo estrenás La memoria del muerto (Javier Diment) y Topos (Emiliano Romero)?

-Qué buena pregunta. Y, estamos esperando, ahí, en el limbo del INCAA, cuándo se podrán ver. Y aquí sí, creo que todo el espíritu independiente hay que ponerlo en estas películas porque es muy difícil hacer cine con presupuestos tan bajos.

-¿Qué tenés ganas de hacer? ¿Algo especial?

– No, seguir haciendo. Mantener el deseo.

 

 

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