Camino al amor. revista Noticias.

TELEVISIÓN

“Camino al amor”, la telenovela de Zampivanez

Lunes, martes, jueves y viernes a las 22, por Telefe. Con: Sebastián Estevanez, Mariano Martínez, Carina Zampini, Juan Darthes, Rodolfo Bebán, entre otros.
Dirección: Hugo A. Moser y Mauro Scandolari.

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Con el #Marcoria (Marcos y Victoria) de “Dulce amor” ese público de fans eligió una pareja protagónica y una historia de amor. Ni lerdo ni perezoso, el dueño del boliche, Quique Estevanez, apostó, más relajado, por la segunda vuelta y otra vez, estamos ante Sebastián Estevanez, este año como Rocco, y Carina Zampini, como Malena. Juntos, #Rolena en la nueva “Camino al amor”. O Zampivanez, si la saga continúa.

Coherente, el Señor Amor volvió a abrir el juego en un negocio de fletes y mudanzas, con parejas para cada edad y, esta vez, sin tanto rollo ni distancias sociales sino con secretos y culpas exageradas. Malena (qué sufrida la Zampini) y Rocco (ahora el difícil soy yo) se amaban pero un mal entendido (¡incomprensible!) hizo que él se fuera a México y se casara con otra, una muy mosquita muerta llamada Lupe (Sofía Reca), mamá de una nena. Tendremos, entonces, un año para desenredar ese nudo histérico del “yo te dije” y “vos me dijiste”.
La otra pareja protagónica es la de Gina, hermana de Rocco (Sol Estevanez) y el taxista Ángel (Juan Darthés aún sin encontrar el peine). La tercera edad está representada por Armando, el papá de Rocco (Rodolfo Bebán) y Amanda, la mama de Ángel (Betiana Blum, en una de sus tantas arrabaleras); y los más jóvenes, por Vitto, medio hermano de Rocco y Gina (Mariano Martínez) y Pía (María Eugenia Suárez), una chica muy rebeldeway que, por el momento, no es pariente de nadie.

Son personajes con perfiles definidos, rápidamente reconocidos para el público, y que en cada escena entregan algo y jamás relajan. La narración de las tiras de Estevanez siempre es ágil y aceitada, sin morosidades, por lo que logra mantener la atención arriba todo el tiempo. Ese constante ping pong de diálogos y primeros planos emotivos impide la escapatoria y uno se queda ahí viendo qué pasa, cómo se resolverá ese tramo al que le seguirá otro y otro, en una sucesión de efectos breves, pasmosamente inocuos pero muy bien contados.

Lo axial de “Camino al amor” es, como la anterior, el ritmo: variaciones regulares de elementos diferentes, flujos y reflujos previsibles, el paso esperado en el momento y la duración justas, sin sorpresas ni improvisaciones que nadie pide y con bailarines que nunca, ni hasta el más pata dura, pierde el compás. Esa calidad compacta es la que vuelve resonante (o casi) a los productos marca Amor, les guste o no a los críticos, esos frustrados.

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Revista Noticias > Dulce Amor

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El groncho y la dama

“Dulce amor”. Telenovela. Lunes a viernes a las 22.30, por Telefe. Elenco: Juan Darthés, Sebastián Estevanez, Laura Novoa y Carina Zampini. Producción general: Diego Estevanez. Dirección: Hugo Alejandro Moser y Mauro Scandolari.

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Qué error imperdonable estuve a punto de cometer. Ante el primer capítulo de la nueva tira de Quique Estevánez, supuse estar ante una parodia, es decir, una imitación burlesca que caricaturiza a una persona, una obra de arte o una cierta temática, como dice el diccionario. Todo el melodrama, el costumbrismo y los estereotipos de clase estaban expuestos de manera tan brutal y subrayada que solo una mente lúdica, casi capusottiana, podía permitirse semejante chiste. Continué en mi afán de divertirme, pero pronto salté a tiempo del malentendido sobre la ficción, la realidad y en qué estamos pensando cuando miramos tevé. Y en qué piensan los que la hacen, como el creador de “La ley de amor”, “Herencia de amor”, “Se dice amor”, “Amor en custodia” y ésta, la última, “Dulce amor”.
En un principio, era un proyecto para la tarde al que Telefe mandó a la frontera del prime time a ponerle el pecho a las balas. Parece que el volantazo fue acertado, ya que las mediciones de audiencia han favorecido a este flamante y viejo producto, un culebrón tradicional con disfraz aporteñado de comedia. Hay una familia rica, dueña de una empresa de golosinas, formada por tres hermanas (Carina Zampini, Calu Rivero y Rocío Igarzábal), una madre (María Valenzuela, con pelo blanco, pañuelos en el cuello y bastón), una cocinera (Graciela Pal) con un nieto ladronzuelo y seductor (Nicolás Riera) y un mayordomo gay (Jorge Sassi, el que mejor entiende de qué se trata lo que está haciendo).
En el mundo de opuestos y complementarios, no podían faltar las familias de clase media baja, duchas en el arte de lo popular, a saber: usar camisas engrasadas full time, cocinar pastafrola, vociferar en algún patio florido y oscilar entre la honra de ser pobre y el deseo de ya no ser. Hay una madre sin marido que da clases de salsa (Georgina Barbarrosa), un hijo corredor de autos que será el chofer simpático de las ricachonas (Sebastián Estevanez) y una hija adolescente harta de no tener sandalias nuevas (Micaela Vázquez). La otra familia la integran un mecánico desocupado devenido “shofer” -como dicen los bienudos- (Juan “no me afeito ni me peino” Darthés), casado con una ama de casa que se niega a trabajar fuera del hogar (Laura Novoa le da crédito a este ser en extinción). También hay un kioskero malhumorado porque la vida lo engañó (Arturo Bonín). Y los malos son el novio de Victoria (Zampini) y la secretaria de la empresa (Segundo Cernadas y Sol Estevánez).
En nombre del amor, las diferencias sociales estallarán entre Zampini y ese inexplicable actor que es Estevánez, entre Darthés y Rivero, Igarzábal y Riera y, quizás, Bonín y Valenzuela. Hay un mérito indudable: el ritmo de la narración transmite empatía hacia estos personajes obsoletos, que parodiados serían perfectos.