En terapia. revista Noticias

TV (28/6/13)

Gente complicada

“En terapia”. Serie. Lunes a viernes a las 22.30, por Canal 7. Con: Diego Peretti, Carla Peterson, Norma Aleandro y Roberto Carnaghi, entre otros. Producción: Dori Media Contenidos y Tv Pública. Dirección: Alejandro Maci.

Por

tv

Calificación: *****

Cualquiera que haya pasado por el consultorio de un psicólogo sabe que por más corto que sea el tratamiento, nada es de un día para el otro. Tal vez algo así sucedió en la decantación de la serie que por segundo año realiza Dori Media y la TV Pública. Porque sus pequeñas dosis de menos de treinta minutos, de lunes a viernes en horario central, causan efecto pero no inmediato sino que resuena en el interior.
Adaptación de la israelí “Be Tipul” , “En terapia” es la ficción de la televisión abierta que ven los que no siguen series ni tiras porque no quieren engancharse o porque desconfían de la programación de aire. Esta vez se la dieron porque ya conocían “In treatment” o porque forman parte del jugoso grupo de seguidores del psicoanálisis. O porque los convenció el elenco, encabezado por Diego Peretti y Norma Aleandro, más la profundidad de Esther Feldman y Alejandro Maci para adaptar los libros a las costumbres locales y la calidad de imagen que posibilita la alta definición; y, en especial, porque cada paciente/personaje trae un drama diferente, que se puede seguir por media hora sin cortes durante unos dos meses, es decir, su exigencia de fidelidad es acotada a estos tiempos compulsivos.

Este año, el psicólogo Guillermo Montes (Peretti) se instaló, después del divorcio, solo en un departamento donde vive y trabaja. Deberá enfrentar el juicio por mala praxis que le entabla Jorge Ramírez (Federico Luppi), el padre de Gastón (Germán Palacios) a causa de su suicidio. Tendrá amores, o intentos de amores, con Andrea (Mercedes Morán), una novia de la juventud. Entre los pacientes pasados sólo continúan Ana y Martín (Dolores Fonzi y Leonardo Sbaraglia), la pareja –ahora separada– que lleva al consultorio a su hijo de once años, Maxi, con problemas de obesidad (Gonzalo Slipak). Los otros personajes nuevos son: Juliana (Carla Peterson), una abogada de cuarenta años a quien le preocupa el reloj biológico y sus deseos de formar una familia; Valentina (Luisana Lopilato), una estudiante de Arquitectura que fue diagnosticada de cáncer y no quiere que sus padres se enteren; y, por último, José Rotztein (Roberto Carnaghi), un gerente de empresa workaholic que sufre palpitaciones. Como siempre, los viernes, Montes continuará con los conflictivos encuentros de supervisión con la psicoanalista Lucía Aranda (Aleandro).

“En terapia” es el habano relax que acertó con el punto justo en medio de tantos tocs formateados para la ficción. Por eso puede ir por otra temporada y no cansa, al contrario, reafirma y con grandes actuaciones: Carnaghi, que pasa de la comedia al drama sin dar una conferencia de prensa; y Peterson, que no hace nada por recordarnos  que apenas meses atrás protagonizaba un unitario sobre terapia grupal.

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Manuela Castiñeira, de Las Rojas

Una mujer por todas las mujeres

MANUELA CASTIÑEIRA, MILITANTE POR EL ABORTO LEGAL

Una mujer por todas las mujeres

Cuenta que llegó al feminismo por el caso de Romina Tejerina y, al socialismo, por el asesinato del maestro neuquino Carlos Fuentealba. Sus argumentos en la lucha para que la mujer pueda decidir sobre su cuerpo. Cuestionamientos.

VIERNES 26.10.2012 – EDICIÓN N ° 89

Escribe Leni González / Fotos Leandro Sánchez

 

Soy de la generación marcada por la muerte de Mariano Ferreyra: gente que lucha por sus ideales, no por un puesto”, proclama esta mujer de 27 años, estudiante de Sociología en la UBA, ojos grandes, voz clarísima, militante socialista e integrante de Las Rojas, y una lucha que no cesará hasta conseguir el aborto libre, legal, seguro y gratuito para todas las argentinas.

“La feminista que no es socialista carece de estrategia y la socialista que no es feminista carece de profundidad”: una gran frase que aparece en la página de Las Rojas, incluida en la del Nuevo MAS (www.mas.org.ar) –reformulación del anterior y cuya figura central es Héctor “Chino” Heberling– y que Manuela Castiñeira repite con una sonrisa. “Al feminismo, llegué por el caso de Romina Tejerina (violada y condenada a prisión por matar a la recién nacida en 2005) y, al socialismo, por el asesinato de Carlos Fuentealba (docente neuquino asesinado en 2007 por la Policía). Ahí me di cuenta de que había mucho que transformar, mucha injusticia que cambiar”, dice y admite que no entiende la política sino como acción, como movimiento que presiona, como fuerza que puja. Para terminar con los problemas de las mujeres, hay que terminar con los problemas sociales: no hay otra posibilidad de hacer realidad ese sueño.

Candidata a legisladora por la Ciudad de Buenos Aires en las últimas elecciones, con el compromiso de luchar por el derecho al aborto, el nombre de Manuela Castiñeira empezó a repetirse cuando estalló su voz en varios medios periodísticos a causa de un caso conocido: una mujer víctima de trata, violada y embarazada, solicita un aborto en el Hospital Ramos Mejía. Aclaremos que se trata de un aborto no punible, es decir, situaciones contempladas por el Código Penal y que no requieren autorización judicial: cuando está en riesgo la vida de la mujer y cuando fue víctima de una violación. Cuando iba a realizarse el procedimiento, con la complicidad del jefe de Gobierno Mauricio Macri, una medida cautelar interpuesta por un grupo antiabortista de la Iglesia y aprobada por la jueza Miriam Rustán de Estrada lo interrumpe en el momento en que la paciente ya estaba en la camilla. Fue entonces que Las Rojas se plantaron en la puerta del Hospital con una exigencia de defensa de los derechos de esta mujer. Y la respuesta fue de mucho apoyo de organizaciones sociales, estudiantiles, del periodismo, de la gente común. Finalmente, la Corte Suprema de Justicia autorizó la realización del aborto, al revocar la medida cautelar. “No  existen obstáculos que surjan de decisión judicial alguna”, aclaró el máximo tribunal.

–¿Por qué siempre se han considerado como “piantavotos” a los proyectos de  despenalización del aborto?

–En primer lugar, hay que dejar en claro que este Gobierno no quiere despenalizar el aborto. Uno a uno van cayendo los proyectos presentados. Por otro, la Iglesia católica defiende un modelo de familia y de sociedad en el que la mujer es una cosa al servicio de los demás, del padre, del marido, de los enfermos, de los hijos, de cualquiera que no sea ella misma. ¿Cómo le van a permitir que tenga control sobre su cuerpo? Hablan del instinto materno, algo que no existe, las mujeres no nacemos para ser madres. Además, es funcional que no haya derecho al aborto porque hay un control muy grande sobre las mujeres para que hagamos la segunda jornada o doble opresión, para que continuemos con el trabajo gratuito doméstico. Querer tener un proyecto de vida atenta contra esto. Es decir, hay fibras muy íntimas que se verían afectadas en el modelo patriarcal que sostiene la Iglesia.

–¿Qué te aparece la ley aprobada en Uruguay (despenaliza el aborto hasta las 12 semanas de embarazo)?

–Aunque sea limitada (la mujer debe ser previamente disuadida por un equipo interdisciplinario y reflexionar sobre el tema antes de decidirse), es un gran paso indudablemente. Hay un viento favorable frente al impactante número de mujeres que mueren por abortos clandestinos. En Latinoamérica ya tienen esta ley Cuba, Guyana, Puerto Rico, Ciudad de México y ahora Uruguay, que es un Estado laico desde 1920. Acá, se sostiene el culto católico. Al cura del Hospital Ramos Mejía, por ejemplo, se le paga un sueldo mensual de cinco mil pesos y eso lo pagamos todos.

–Hay católicos que apoyan la despenalización del aborto y los derechos reproductivos de la mujer.

–Sí, es que hay que separar católicos-gente, de la Iglesia-institución. Muchos católicos me paraban por la calle para decirme que estaban de acuerdo, que hay mujeres que se mueren por abortos clandestinos, que esa era la verdadera desigualdad. En cambio, la Iglesia mantiene sus argumentos oscurantistas y no acepta a la mujer como sujeto de derecho. ¡Y la sociedad les ha dado una paliza entre el matrimonio igualitario y esto!

Sus argumentos no son científicos ni modernos ni verdaderos. Y además, lo más importante, no es una obligación, cada una que elija lo que quiera. Pero todas las mujeres deben tener esa opción, esa libertad de decidir.

El jueves 1º de noviembre, Las Rojas convocan a una marcha desde Congreso a Plaza de Mayo por el derecho al aborto libre, legal, seguro y gratuito. La marcha surgió del 27º encuentro nacional de mujeres que se hizo en Posadas, Misiones, a principios de octubre en el que hubo consenso de miles de mujeres para esta movilización. Y no es una fecha azarosa, aclara Manuela. Es porque el 1º de noviembre del año pasado las políticas kirchneristas no dieron quórum en Diputados para tratar la ley y por eso el proyecto se cayó. “Es que el Ejecutivo está en contra”, afirma.

-¿Por qué la Presidente no apoya?

-Para Cristina es más importante el acuerdo con la Iglesia y el Papa que con las mujeres. No quiere confrontar con ellos porque es mucho más costoso que con la mayoría de las mujeres. Hay unos 500 mil abortos anuales, tantos como nacimientos. Y se calculan unas 800 muertes al año. Es el doble discurso de este Gobierno. Ahora (Miguel Ángel) Pichetto (titular del bloque de senadores nacionales del Frente para la Victoria)  salió a hablar de un proyecto de ley para regular el cumplimiento del aborto no punible. ¿Para qué? Eso va mucho por detrás de la discusión real. ¡Si eso ya está! Es para retrasar la verdadera discusión. Este Gobierno es reaccionario respecto a este derecho.  No es cierto que por tener una mujer presidenta estemos mejor. Cristina antes que defender a las mujeres, defiende a los patrones Es una cuestión de clase y por eso no se avanza.

-¿Además del aborto legal, qué otros temas tienen Las Rojas en agenda?

-El aborto es el principal. Y el femicidio, violencia doméstica, la trata, trabajo digno. Tratamos de acercarnos adonde hay un problema, donde hay opresión, para apoyar a las mujeres. Somos una organización de lucha. Lo que fogueneó a este país es el Argentinazo, las asambleas populares, la movida de la gente que se convoca para actuar, los encuentros de mujeres, los centros de estudiantes. No es cierto que el kirchnerismo sea el impulsor de la política. Fuimos todos, todos los que se interesan y se movilizan, esa es nuestra estrategia, empujar al Congreso ganando la calle.

Revista El Guardián > Diego Peretti

“Ahora hago zapping por   todos los noticieros”
Peretti hace varios años que no aparece en la televisión. Pero tiene dos proyectos en marcha.Ampliar

REVISTA EL GUARDIAN > PERSONAJES

DIEGO PERETTI A LOS 49

“Ahora hago zapping por todos los noticieros”

“Cómo me cuesta hablar a la mañana”, dice el reconocido actor, quien fuera médico psiquiatra. Hombre educado, correcto, que está siempre a la búsqueda de la palabra justa, aunque la presión arterial lo abandone.

DOMINGO 20.11.2011 – EDICIÓN N ° 38

Escribe Leni González

Fotos Juan Pablo Barrientos

En lo que queda del año, estrenará dos películas, una en la Argentina, el jueves 10; la otra, en España, a mediados de diciembre. La primera es Un amor, escrita y dirigida por Paula Hernández (HerenciaLluvia), basada en un cuento de Sergio Bizzio, con producción de Utópica cine y protagonizada por, además de Peretti, Elena Roger y Luis Ziembrowski.

 

“Es la historia de una relación muy fuerte en la adolescencia, de dos chicos y una chica que se quieren mucho, y que se corta intempestivamente hasta que se reencuentran 35 años después. Me interesó mucho el tema de que, por más que crezca el cuerpo, que tengas más cultura e información, hay huellas afectivas que quedan impresas como un tatuaje. Ahí no existe la cronología, sino una asignatura pendiente, un capricho incumplido, cosas que no se olvidan y que en algún momento se reavivan y se resignifican en la vida adulta. Me pasó, al leer el guión, de identificarme con vivencias de mi adolescencia y cómo eso perdura, cobrando otro sentido, en la adultez. Algo en apariencia frívolo o superficial como el encuentro con alguien de la secundaria, puede desencadenar todo ese pasado que quedó tan marcado. Ya no son los mismos pero hay un punto que se repite con otra carrocería, se calca el mapa vincular de los tres”, cuenta el actor que interpreta a Bruno (o “Concha”, como lo llamaban), un guionista de cine y televisión, casado con hijos, más o menos estable y aburrido, a quien el regreso de Lisa (Roger) le devolverá ese pasado al igual que a su amigo Lalo (Ziembrowski), mecánico, separado, más visceral y menos progre.

–Tu personaje es el tercero que observa, es el espectador de los otros dos, en la adolescencia y después también.

–Porque mantienen esa forma de ser adolescente, el cómo se relacionaban de chicos perdura, no hay crecimiento pareciera, se colocan en el mismo rol de hace 35 años; salvo al final, que hay un cambio (que no contaremos).

Para Elena Roger, la estrella de Piaf y Evita, que en marzo hará en Broadway con Ricky Martin, se trató de su primera película. “No se notó, estuvo brillante. Bueno, es una artista, no está tan compartimentado el trabajo de un actor”, dice Peretti con toda razón: el trabajo de la cantante como esta mujer seductora y atrevida que tiene hechizados a través del tiempo a dos amigos es más que destacable.

La otra película, la española que estrena en diciembre, es Maktub, del director Paco Arango, que Peretti filmó hace un año con Aitana Sánchez-Gijón. “Es un cuento de Navidad para toda la familia y, aunque eso te puede resultar peyorativo, está muy bien hecha. Es sobre un adolescente que sufre una enfermedad terminal y el encuentro con mi personaje, un argentino, casado, en crisis”, dice el actor, sobre su segunda película española, después de participar En fuera de juego, de David Marqués: “Trabajan bien. Tienen el mismo nivel técnico y creativo que acá pero con más tiempo, más relajados. O quizás era yo el que estaba más relajado”.

Muy alejado del voyeurismo del Bruno de Un amor y del desencanto del Manolo de Maktub, cada noche Peretti muta en el sanguíneo Stanley Kowalski de Un tranvía llamado Deseo, el clásico de Tennessee Williams, con Erica Rivas, Paola Barrientos y Guillermo Arengo, dirigidos por Daniel Veronese, de miércoles a domingo, en el teatro Apolo (Corrientes 1372).

“No me quiero hacer el humilde porque trabajé mucho, pero la verdad es que estos personajes funcionan porque la estructura teatral es muy sólida, es un gran texto”, dice Peretti sobre el rol que hiciera Marlon Brando en la película de Elia Kazan de 1951. “Volví a verla porque el film es muy fiel a la obra de teatro y nosotros, también. Pero lo nuestro es teatro y la película es teatro filmado. Lo que manda es la dinámica grupal, lo que va saliendo en los ensayos, no importa si viste o no la película porque cuando actuás, te olvidás. Pero cuando me sentí atascado en algún tipo reacción, me fijé cómo había resuelto Brando, no para copiar estilísticamente el gesto sino como ayuda: ‘Ah, mira cómo hizo’”, dice.

–¿Te sentiste presionado por la comparación?

–No, pero sabía que eso iba a suceder. En el momento de salir, de actuar, no pensás eso. Después otros se encargarán de la crítica y dirán.

–Es un personaje desagradable, muy cruel con Blanche Dubois (Erica Rivas).

–Sí, te compro lo de “desagradable”. Es un machista a la antigua. No voy a ponerme a defender a Stanley. Pero, por otro lado, reconozcamos algo: Blanche, la cuñada, se instala en su casa, que es chica, durante todo el embarazo de su mujer. ¿Qué reacción genera una mujer que se adueña del lugar, sin cuidado del resto, seduce a todo el mundo y produce una disrupción por su desubicación? En un temperamento tan facho e instintivo como el de Stanley provoca una reacción que deviene en tragedia. Pero Blanche es densa y provocativa.

En el segundo semestre del año próximo, Peretti compartirá con Rodrigo de la Serna los protagónicos de Tiempos compulsivos, la miniserie que proyecta Pol-ka con libro de Javier Daulte. “No conozco mucho, falta cerrar muchas cosas, no tengo nada para decir, pero sí, me gustaría hacer algo con Daulte con quien nunca trabajé”, dice.

–Hace mucho que no hacés tevé.

–Sí, lo último fue un programa en el que no se me veía mucho la cara, El hombre que volvió de la muerte (El Trece, 2007). No, perdón, en realidad, lo último fue el especial de la Fundación Huésped, por el Día Mundial de Lucha contra el Sida, que hice con Andrea Pietra (El Trece, 2009). Son momentos y se me está dando de hacer mucho teatro, desde 2003: hice Discepolín y yo; La ópera de los tres centavos, de Brecht; La muerte de un viajante, de Arthur Miller; Aráoz y la verdad, de, de, ay.

–Sacheri, Eduardo Sacheri.

–Sí, me salía Yefer, como la lapicera Sheaffer. Cómo me cuesta la mañana. Bueno, Sacheri y Un tranvía. Todas me gustaron, son personajes hermosos, digo que sí y si hago teatro, se me hace muy difícil asumir un compromiso en televisión.

–¿Te llamaron para alguno de los unitarios que se hicieron con los subsidios del Incaa?

–No, para ninguno. Y como llego tarde a mi casa, no vi ninguna así que no te puedo decir nada del nivel artístico. Pero me parece bien que se abran más posibilidades de trabajo.

Extraño Los simuladores. ¿Cuándo volvés a hacer algo con Damián Szifrón?

–Él tiene varios guiones escritos y cuando empiece, va a filmar tres o cuatro años seguidos. Estamos escribiendo algo entre los dos pero todo muy verde. Pero ya irá saliendo.

Con o sin tele, lo seguro es que a partir de marzo saldrá de gira por el interior del país con Un tranvía llamado Deseo. Pero, sobre todo, 2012 dice que será un año dedicado al cine. Hasta ahora, ya tiene confirmada la participación en tres películas: una de Lucía Puenzo, basada en su novela Wakolda; otra con Juan Taratuto (con quien ya había hecho No sos vos, soy yo y Quién dice que es fácil), La reconstrucción; y la ópera prima de Fernando Molnar, Showroom. “Por ahora es eso, pero me estoy olvidando de algo más que voy a hacer, eeehhh, ¿qué era?”, pregunta al aire, mientras se termina el café con leche y da la última mordida a las tostadas de pan negro con queso blanco y mermelada.

–Bueno, ya va a salir, tranquilo.

–Ah, ya sé. ¿Conocés la serie In Treatment, la del psicólogo que hace Gabriel Byrne? Bueno, la voy a hacer para ATC.

–Sí, la de HBO. Para Canal 7.

–¿No se llama más ATC? ¿En serio me decís? ¿Volvió a ser el 7? ¿Cuánto hace? ¿Y el Trece se llama El Trece? No te rías.

–Bueno, In Treatment: es un papel ideal para vos.

–Sí, está muy bueno el proyecto. Lo dirige Alejandro Maci y empezaría en marzo.

–Perdón, Peretti, pero tengo una impresión, quizás fallida, sobre la que quiero desasnarme. ¿Qué cosas te entusiasman? Porque parecés muy flemático.

–Ah, pero eso está buenísimo. Pero no entiendo flemático.

–Que no ponés énfasis en nada, como que permanecés distante de lo que hacés.

–No sé. Nunca fui emotivo para contar las cosas. Bah, creo que es porque son tantas las variables para que se cumpla un proyecto, es tan milagroso que se concrete que, entonces, cuento descriptivamente y no pongo mucha ilusión porque depende de cosas que escapan a mi control. Y, además, no me agarrás en un momento creativo. No estoy creando nada en este momento. A Stanley Kowalski lo estoy haciendo hace un año, las películas las filmé hace un año, no estoy concentrado en algo que esté armando en este momento. Quizá por eso. Y encima este horario, me levanté temprano, me agarraste un poco anémico, ahora con el desayuno ya estoy mejor para contestar: ¿cuál era la primera pregunta?

–Vamos a otra. ¿Qué opinás de esta actitud bastante reciente de los actores de dar a conocer públicamente su postura ante la actualidad?

–Los actores siempre hablaron. Lo que pasa es que ahora hay programas adonde decirlo. Además, los actores no son extraterrestres, opinan todos: deportistas, médicos, científicos, todos. Pero es cierto que hay una mayor efervescencia, es un fenómeno cultural que siempre estuvo, pero ahora está en la palestra. Me parece buenísimo que se hable de temas que antes no se hablaban y que los periodistas pregunten sobre lo que antes no preguntaban. De todas maneras, no me parece igual politización que conciencia política. Ahora hay mucho de lo primero, mucha discusión blanco o negro, que es un camino que hay que recorrer para adquirir conciencia política social. Y por eso ahora todo resulta muy pegajoso, maleducado, con muchos dardos, no es lo ideal. Hay que tender a un marco de acuerdo general, pero a eso se llegará después de muchos años de democracia y de mucho fango como el que estamos viviendo y que es imprescindible desarrollar, sin miedo a la discusión ni asustarse por algún término subido de tono. Me parece muy bien y estoy muy atento: hago zapping por todos los noticieros y antes sólo veía uno, el de Santo Biasatti y María Laura Santillán (Telenoche, por El Trece).

–¿Pero te dan ganas o no de opinar?

–Si todo esto me hubiera agarrado de adolescente, a lo mejor sí tendría muchas más ganas de decir lo que me pasa con este Gobierno y querría que se sepa mi opinión. Pero ahora prefiero ser cauto en la afinidad con los políticos porque no hay que fanatizarse. El actor tiene que tocar el instrumento que sabe y si cada uno hace lo propio, todo funcionaría mejor.