Todo lo que necesitás saber sobre Cine. Conexión Brando.

Crítica para ser feliz

Con su libro Todo lo que necesitás saber sobre cine, Leonardo D’Espósito, colaborador de la casa, consigue lo mejor que puede generar un crítico: ganas de ver más y más películas

Con su libro Todo lo que necesitás saber sobre cine, Leonardo D'Espósito, colaborador de la casa, consigue lo mejor que puede generar un crítico: ganas de ver más y más películas

Quiero aclarar de entrada que este libro es muy “poco modesto”. No porque cumpla con creces la consigna megalómana de la colección de Paidós (Todo lo que necesitás saber sobre…), sino porque es el mismo autor, crítico, periodista y docente Leonardo D’Espósito quien previene en el prólogo acerca de su enorme deseo de “generar curiosidad”. Soberbio propósito que logra al responder con laboriosa humildad un montón de preguntas que conducen a más preguntas y, en especial, invitan a ver películas, las ya vistas y las que no, para meternos en el reino que nos pertenece desde que tenemos memoria. Sin mentir, en Todo lo que necesitás saber sobre cine no está todo sobre el cine, pero sí lo principal: las ganas de vivirlo.

“El cine es el universo que pudimos crear sin ser entes divinos”, arriesga el autor, al que el lector seguramente conocerá por las críticas cinematográficas en esta revista y, por lo tanto, estará acostumbrado a su pasión hiperbólica y desmesura erudita. En este primer libro (al que pronto seguirán otros, según la editorial), empezó por apropiarse de la excusa de un manual de divulgación para escribir acerca de su propia teoría del cine, es decir, aquellos puntos básicos sobre los que se apoya cada vez que se sienta a ver un film y entender por qué es de esa manera y no de otra. Si bien la multitud de datos podría perderse en un volumen enciclopédico de curiosidades, en este caso la información está sostenida por una estructura y un orden que para D’Espósito es axial. Su objetivo es romper con los lugares comunes y, para hacerlo, es fulminantemente asertivo, a sabiendas de que con afirmaciones claras y distintas es que se abre el espacio a la discusión. Algunas muestras para arrojar el guante:

– A olvidarse de la locomotora saliendo de la pantalla como mito fundador del cine. No fueron los Lumière los auténticos pioneros, ni tampoco Thomas Edison ni Georges Méliès. Hubo otro padre desconocido, Émile Reynaud, el primero en montar un espectáculo masivo con imágenes en movimiento aún antes de la invención de la cámara: simplemente, las dibujaba, las narraba con imágenes aunque no fueran “reales”.

El cine es un arte y una industria, en tanto requiere de los avances de la Revolución industrial para existir. Y fue en los Estados Unidos donde las condiciones de la producción en serie se establecieron por primera vez.

Hollywood representa la cristalización del lenguaje cinematográfico. Fue en ese pueblito de California donde se consolidó en las primeras décadas del siglo XX el estilo llamado “clásico”, considerado el abecedario básico del cine.

– Es un error hablar del genérico “cine yanqui” porque los que forjaron Hollywood fueron en su mayoría inmigrantes europeos, críticos del modelo liberal, protestante e industrialista de la costa este.

John Ford es el más influyente (y el mejor) director de la historia del cine clásico. Y Walt Disney el más famoso por haber innovado la técnica de manipulación de imágenes y haber creado un estilo reconocible en todo el mundo.

– El guión es un “malentendido absoluto”. Lo propiamente cinematográfico es el montaje, la herramienta fundamental para componer un film.

– El crítico no es un cineasta frustrado, diatriba con la que a veces se atragantan los creadores susceptibles. La crítica es un ensayo que invita al espectador a comparar su mirada, pero no legisla sobre el gusto y mucho menos funciona como control de calidad.

Hay más. Como alienta la contratapa, pasen y lean: el itinerario continúa por las escuelas y teorías cinematográficas, los aspectos técnicos, los géneros, premios y festivales. Entre tanto,subrayo dos capítulos, uno dedicado al cine de animación y el otro, al porno, ambas especialidades del integrante de la revista El Amante/Cine desde 1995. En el primero, una enunciación radical: animación no es igual a cine infantil y, volviendo a Reynaud, constituye la base técnica de todo el cine. En el segundo, un recorrido condensado del porno desde el momento en que pudo explotar como arte hasta su actual reducción a gueto.

En todos los capítulos, algo usual en esta colección, rebosan los recuadros con cronologías, destacados y minihistorias de color, como la crítica del escritor Horacio Quiroga (1928) al film El nacimiento de una nación, de D. W. Griffith, o la de Jorge Luis Borges (1941) a El ciudadano, de Orson Welles. También se brinda una interesante bibliografía, toda la filmografía citada y un apéndice con preguntas para formularse y entender por qué las películas son como son. Por último, una síntesis final en la que el autor pregunta si el futuro del cine seguirá el modelo Matrixo el Avatar, si será refugio o herramienta. A propósito del suspenso, la respuesta la tendrá el lector cuando lea este libro.

24xsegundo. revista Noticias.

24xSegundo, periodismo de espectáculos

Programa sobre actualidad del cine. Miércoles a la medianoche por A24. Conducción: Alexis Puig. Producción: Guillermo Andino y Alberto Bruffman. Dirección: Fernando Davico.

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Calificación: ****

En el cable suelen encontrarse ciertas rarezas, programas de “nicho”, para paladares fuera de lo común que no consumen lo mismo que la gente que paga sus impuestos. Y hay uno, en su cuarta temporada, que es una curiosidad en el crisol de la tevé privada argentina.

Nada más ni nada menos que un programa de espectáculos que habla de ¡espectáculos! Que no cunda el espanto porque hay más: lo conduce ¡un periodista de espectáculos!, tipos extrañísimos que ven –sí, no muerden– espectáculos para después hablar de directores, guionistas, actores y otros alienígenas.

Alexis Puig es un cinépata serial que colecciona muñequitos de los superhéroes y padece obsesiones repetidas; fue el creador del recordado “El acomodador”, es el cronista de cine de todo el grupo América incluida radio La Red, escribió libros sobre vampiros y hasta filma películas de terror. Por supuesto que está loco: sólo habla de lo que sabe y nunca se le ocurre ponerse solemne.

Como lo odiamos por haber entrevistado a Russel Crowe y Tom Cruise, vamos a darle consejos. Después de las notas a los protagonistas de Hollywood, controladas por las majors, Puig desde su escritorio podría brindar su mirada, traer ese mundo más cerca y condimentarlo con sus opiniones, para no quedarse en el rol del presentador que a veces interpreta. Es decir, un poco más de periodismo d’auteur. La información continúa enwww.24xsegundo.tv.

Mauricio Farberman > revista Ñ

Lo llamaban “el culto”

Mauricio Farberman fue pionero del teatro independiente y gestor de la época de oro de nuestra televisión. A los 83 años, atesora un proyecto cinematográfico y muchos recuerdos.

POR LENI GONZALEZ

''SABADOS CIRCULARES''. Farberman fue productor del mítico envío en su etapa de Canal 9.

”SABADOS CIRCULARES”. Farberman fue productor del mítico envío en su etapa de Canal 9.

Con toda razón, Mauricio Farberman está enojado. Me lo dice por teléfono. Hasta cuándo va a continuar esta sucesión de entrevistas. Pero si no es un libro biográfico sino una simple paginita. Y devuélvame los libros que le presté. Tal vez su analista de toda la vida le sugirió que se deshiciera cuanto antes de esa infiltrada en su casa con el propósito, quién sabe, de saquear su biblioteca. Disculpe, sí, perfectamente, lamento la tardanza. Cómo decirle que fui víctima de la fascinación del personaje, que jugué a Sherezade pero al revés. Que no quería despedirme de su voz de locutor, la única que habita el enorme departamento frente a Retiro, contando todas las historias del mundo ni de la calidez de invitar con té y masas a “la periodista de Ñ”. Y que me abusé, tiene razón, de su tiempo acomodándolo a mis urgencias y pidiéndole, qué descarada, que me tuviera paciencia, total los viejos siempre pueden esperar un poco más.
“En este papel yo me anoté todo lo que hice año por año, porque a los 83 me preguntan y a veces no me acuerdo bien”, me dijo Farberman la primera vez. “Mi vida profesional podría dividirla en tres períodos de veinte años cada uno: teatro independiente, televisión y cine. Hice otras cosas como editar la colección Teoría y práctica del teatro, para la Compañía General Fabril Editora, donde publiqué a los autores que conocí en Francia, gracias a una beca para estudiar teatro con los maestros Jean Vilar y Jan Doat”, dice este hijo de inmigrantes rusos.

Desde su inicio a principios de los 50, Farberman integró el grupo Fray Mocho –referente fundacional del movimiento independiente junto al Teatro del Pueblo, La Máscara y Nuevo Teatro–, dirigido por Oscar Ferrigno, un renovador que fundió la vocación popular con la estricta formación teórica. Para el joven actor, seguiría la dirección de varias obras en el interior del país, la beca de la Embajada francesa, el regreso a Buenos Aires y un nuevo umbral.

“Con mi bagaje francés, fui a ver al vicepresidente del primer canal privado, el 9 –léase la cadena NBC, aclara–, Julio Korn (el propietario de Radiolandia, Antena, TV Guía y otras) que me dijo: ‘Queremos un programa para los sábados, como el de Yves Montand en Francia, y el que quiere hacerlo es un tipo que sabe mucho de cine, se llama Pipo Mancera. La televisión tiene que dejar de dormir la siesta’. Y entré a trabajar como uno de los productores, probablemente el más importante, de Sábados circulares”, dice sobre el primer programa ómnibus de la tevé argentina, que debutó el 6 de enero de 1962.  El programa ganaba el rating siete horas y perdía en la última con El club del Clan, el musical de la nueva ola de Canal 13. Ni trayendo a Vittorio Gassman lo habían logrado y Mancera estaba furioso. “¿Viste algo más divertido que un casamiento judío?”, le propuso el productor. Y el conductor aceptó: llevar la orquesta de Sam Liberman, un clásico animador de las fiestas judías, más treinta chicos del movimiento sionista para que bailaran como en una boda tradicional. “Esa noche –dice emocionado– ganamos la última hora.” Al año siguiente, Mancera se mudó al 13 pero Farberman se quedó en el 9 para producirSábados continuados: “Me llevaba mejor con Antonio Carrizo que con Mancera, que estaba muy agrandado. Le hice una que lo maté: contratamos a los chicos de El Club del Clan ofreciéndoles diez veces más que la miseria que les pagaba la RCA Victor”.

Dos cambios de timón le tocaron vivir a Farberman en su paso por la tele. En el 9, el arribo de Alejandro Romay, en 1963; y en el 11, el de Héctor Ricardo García, en 1970.  Cansado de que el primero le pagara su sueldo con cheques, fue a verlo a Pedro Simoncini, que le dio la bienvenida como el nuevo productor artístico de Teleonce, “el canal de los curas”, en manos de los jesuitas y la cadena ABC. “No podíamos ser más distintos. A mí me daba risa verlo arrodillarse y besar el anillo de monseñor Aramburu. Pero nos llevábamos bien porque éramos buena gente”, dice sobre el ultracatólico director del canal de Pavón 2444. Sin embargo, de vez en cuando podía surgir algún imprevisto. Como el profundo escote de la bella Virginia Luque, en Yo te canto Buenos Aires, que conducía Julio Jorge Nelson, y al que Farberman tuvo la misión de tapar alcanzándole en un corte una rosa para que la cantante se cubriera.

“A todos los actores talentosos pero no conocidos que me pedían laburo se lo di, aunque les pagara lo mínimo, como a Javier Portales o Alberto Olmedo. Uno de los que vino fue alguien a quien yo quería mucho, muy humilde y buena persona: Fidel Pintos. ‘Págueme lo que sea, quiero que mi hijo se reciba de médico’, me dijo y ahí me tocó el corazón. Lo llamé a Gerardo Sofovich y le pedí que lo incorporara a Operación jaja. ‘¿Qué? ¿Otro quemado más?’ contestó”, dice Farberman de quien no tiene los mejores recuerdos: “Cobraba su sueldo como productor y por Argentores como autor de los guiones. Pero él le preguntaba a cada uno lo que quería hacer, no había ningún libro, eran dos hojitas”. Como a Pintos lo ignoraba, volvió a hablar con “el ruso” para que permitiera al actor hacer su especialidad, la sanata. “Y así salió ‘La peluquería de Fidel’ que nunca supe si fue idea de Fidel o de Sofovich. Pero eso y ‘La mesa del café’ fueron un boom”.

Pero su acierto más valorado como director artístico fue producir Cosa juzgada, el ciclo de casos judiciales que dirigió David Stivel, con su grupo Gente de teatro (Bárbara Mujica, Norma Aleandro, Marilina Ross, Emilio Alfaro, Federico Luppi, Carlos Carella), con guiones de Juan Carlos Gené, un amigo desde la época teatrera, y las investigaciones de Marta Mercader en Tribunales. Si bien el programa fue un éxito, después de dos años de contrato, 1969 y 1970, el nuevo dueño de canal 11 no lo renovó: “En Crónica, a mí me citaban como ‘el culto’; yo sabía que con García no iba a poder trabajar. Cuando le pregunté por qué no seguía si tenía rating me respondió: ‘Porque no lo inventé yo’”. Con Romay por un lado y García por otro, un proyecto distinto al de Farberman estaba triunfando: “Hoy me hierve la sangre cuando veo tv, la convirtieron en un negocio infame; antes dirigían los directores artísticos y ahora los de marketing. Tinelli representa el orgullo de ser mediocre”.

Con la vuelta de la democracia, inició su asociación con el cine y el riesgo de coproducir La historia oficial, de Puenzo: “Con Luis éramos muy amigos pero el tiempo nos fue alejando. Yo pensé que él podía dirigir mi película, pero no pudo ser, es una historia muy cara, estaba loco para soñar eso. Tengo una vida muy gastada así que, después de hablarlo mucho con mi analista, me saqué de la cabeza esa idea”. La película de la que habla es la historia sobre Raquel Liberman, la inmigrante que denunció en 1929 a la red de proxenetas judíos polacos Zwi Migdal. Ese guión, varias veces reescrito, finalmente se publicó como novela (Los judíos gauchos… y los otros, Cefomar, 2011) pero su esperanza era filmarla. Antes de resignarse, de prestarme dos libros y de terminar nuestras charlas, la primera vez que lo vi, el joven Farberman me dijo: “No me quiero morir sin haber hecho mi película”.

Revista El Guardián > Federico Luppi

14/06/12
FEDERICO LUPPI A LOS 76

“Ahora me llaman para hacer de abuelito”

Salió de gira por la Argentina con una obra de teatro en la que actúa y dirige, participará en la serie En terapia y hace de un jubilado víctima del corralito en la película Acorralados. Polémico y frontal, vuelve a criticar a Mirtha y Susana.

Escribe Leni González / Fotos Juan Pablo Barrientos

 Por culpa de una metáfora estúpida y repetida en los medios, si alguien escuchara que un actor a los 76 años salió de gira, podría suponer una mala noticia. Salvo que se trate de una excepción llamada Federico Luppi. No sólo porque efectivamente está de gira por todo el país durante este año con la obra La noche del ángel, además de estrenar una película, Acorralados, y participar en el programa En terapia. Sino porque nadie –me animo a subrayar–, ningún integrante del mundo artístico está tan lejos de tentarse con eufemismos ni es capaz de expresar lo que piensa con tanta convicción. No hay posibilidad de interpretar otra cosa ni de irse por las ramas: al pan, pan y a Luppi lo que es de Luppi.

–Se va nomás por los caminos con una obra donde actúa y dirige.

 –Sí, es una obra del italiano Furio Bordon, autor también de Las últimas lunas, que hicieron actores como Marcelo Mastroianni y Fernando Fernán Gómez. Hace muchos años la tenía vista para hacerla. La compré, vino el corralito, perdí los derechos porque se vencieron, no la podía hacer y a la vuelta me di cuenta de que hay mucho teatro en Buenos Aires, mucha tentación televisiva, mucho cine y tenía temor de que un director me dejara en la estacada por otra oferta. De hecho ocurrió así: el director que yo tenía se fue a trabajar con Julio Bocca, por razones lógicas, así que dije: “Bueno, ya que hago la de Juan Palomo, la traduzco, la adapto y me queda la tranquilidad de que soy un riguroso empleado de mí mismo”.

Y además trabaja su mujer, la actriz, directora y dramaturga Susana Hornos.

–Está Susana y está Nahuel Zapata, que lo conseguí a través de un casting porque probé cuatro chicos. Fundamentalmente porque quería alguien comprometido con el proyecto y no que se me fuera a mitad de camino para hacer una tira o teatro, como me pasó con Adrián Navarro (con quien hizo en 2010 Por tu padre) que lo tentaron para Carlos Paz. Yo entiendo ¿eh?, lo que pasa es que estaremos hasta noviembre, vamos hasta Río Gallegos, a Comodoro Rivadavia; es mucho y después la seguimos en Buenos Aires.

–¿Le sigue divirtiendo salir de gira?

 –Mirá, yo después de trece años, cuando volví a la Argentina, me encontré con un país absolutamente diferente, no sólo por la política o por la soja, sino por la propia evolución social del mundo: desde el BlackBerry hasta las chicas en cualquier lugar del país vestidas como en París con ropa más barata, copiada, lo que sea pero ahí está; hoteles nuevos, polideportivos, ya no es más la vuelta del perro por los pueblos polvorientos, hay industrias importantes. Hay un sentido de la vida mucho más gozoso, mucho menos provinciano y los conceptos con los cuales se emiten opiniones son más modernos y adultos. Cuando llegamos con Por tu padre, con Adrián, una obra bastante difícil y con una escatología bastante dura porque era la historia de una madre con dos amores, noté la gran cantidad de chicos jóvenes con un serio interés en tocar este tema de los padres y amantes y maridos y afectos laterales. Había desaparecido ese provinciano típico que yo conocía. El país estaba diferente salvo en dos lugares, que creo que no es casual: Catamarca y La Rioja, donde todavía hay una cierta provincianía más o menos personalista y mandona.

–¿Se acuerda de su primera gira?…

-Sííí, aquellas giras que hacíamos, me acuerdo, con Carlos Carella, Marilina Ross, Dora Steimberg. Hicimos Morir en familia (de Jorge García Alonso y dirección de David Stivel), íbamos en coche, llegamos hasta Salta, Tucumán y al sur hasta Bahía Blanca; eran giras que se parecían mucho a las viejas giras del carro, como decían aquí los viejos cómicos, “vamos a hacer el bosque”. No había televisión así que el rebusque dependía mucho del teatro que no ofrecía grandes fortunas pero si, mucho trabajo, mucho lomo. Entonces, salían por ejemplo en marzo, los que no habían hecho temporada en Buenos Aires, y a lo mejor volvían en septiembre; y les solía ir bien pero iban a lugares que hoy uno no recorrería o lo haría de otra manera, donde llevaban obras parecidas al teleteatro de la época. Y cuando llegabas, te recibían como al Papa. El país cambió, cambió el mundo.

Corralito

La semana pasada se estrenó Acorralados, una película de San Luis Cine que protagonizan Luppi, Esther Goris, Gabriel Corrado y Gustavo Garzón con dirección, dicen los créditos, de Julio Bove, el productor y guionista. “En realidad, el director es Juan Carlos Desanzo pero pasó que los costos de la película se dispararon y para mantenerla hubo partes que no se filmaron. Y entonces, claro, en algunos momentos está un poco endeble en cuanto a estructura narrativa. Yo trabajé con Desanzo todo el tiempo pero él decidió bajarse del cartel ante esta mutilación narrativa. Yo creo que lo de Bove es casi como una imposición administrativa”, dice el actor a quien esta historia -la de un jubilado al que, durante la crisis de 2001, el banco le niega retirar los ahorros de toda una vida- le tocó bien de cerca.

“El 2001, para mí, fue una experiencia aterradora: sentí que terminaba una Argentina, que después de eso ya no podía venir algo peor. Porque no sólo había sido el robo a toda la población del país con la timba perversa de los bancos. Crearon una ingeniería del despojo, del robo. Si ganaban, a vos te excluían; y si perdían, te hacían socio de la pérdida, como ocurre siempre. Una perversión típica de este sinvergüenza, criminal de (Domingo) Cavallo”, dice.

-¿Perdió mucha plata?

-La década previa había trabajado mucho en México, Perú, España. Había hecho un buen paquete, la verdad, para plantearme un futuro menos azaroso. Me dejaron, absolutamente, en pelotas, como lo escuchas, de la mañana a la noche, así nomás. Levantarme todos los días para ir al banco a que me dieran cien dólares por semana de mi plata. Era una cosa espantosa, humillante y le dije a Susana “rajémonos de este país de mierda” y no pensaba volver más.

-¿Recuperó algo?

-Me devolvieron, solamente, cincuenta mil pesos en el banco de Boston. Al lado de lo que tenía, era una escupida en la laguna. Cuando le pregunté a la gerenta dónde estaba el resto de mi dinero, me dijo “Olvídese”.

-¿Cómo ve lo que está pasando ahora en España?

-Está pasando la lógica consecuencia de haber entronizado a los mercados. Cuando una sociedad entrega su vida al mercado, este manda de acuerdo a sus ganancias.

-¿Qué lo hizo volver?

-Cuando empecé a ver un escenario político diferente donde se podía usar la política no sólo desde un punto de vista partidista sino como factor de cambio. Mirá, vos tenés que partir de esto que es lo más sencillo y sensato: yo voté por primera vez con (Arturo) Frondizi y toda mi vida, esto no es un eufemismo, toda mi vida los presidentes argentinos fueron una manga de cagones, cobardes, miserables; nunca cumplieron lo que decían, se acobardaban, se iban, los echaban, se bajaban los pantalones. Todos. Cuando digo todos, digo todos. A eso agrégale los golpes militares y me dije: “Este país no tiene salvación”. ¿Por qué? ¿Por qué permitimos el saqueo constante, permanente del país? ¡Lo de Dela Rúa! No hay en el mundo un ejemplo de ineptitud, de estupidez y de impericia tan grande, no hay. No hay no siquiera en Centroamérica, digo no hay en la historia política semejante pelotudo, no hay. Y, dije no, no hay salida para esto.

-Y ahora está con una mujer que forma parte de una Asociación de actores españoles en Buenos Aires

-Ellos ven que acá el teatro es una pasión, en cualquier barrio hay un teatro, cada actor puede generar su propio proyecto. Se dieron cuenta de que acá hay una capacidad de gestión en lo estético muy notable.

En tevé, participa en En terapia. ¿Conocía la serie?

-Hago del papá del personaje de Germán Palacios. Los libros son estupendos. Había seguido muy de cerca la serie americana pero debo decirte, curiosamente, que los libros de acá son muy buenos. Miro todo lo que puedo, me gustan mucho las series y el cine: cuando puedo, los sábados hago doblete y veo dos seguidas.

-¿Va a filmar este año?

-Empiezo con Inevitable (está basada en la obra de teatro Cita a ciegas, de Mario Diament), que dirige Jorge Algora, con Darío Grandinetti y Carolina Peleritti y hay un personaje, una especie de émulo de Borges, que lo voy a hacer yo. Como hay días que vuelvo de la gira, lo voy a hacer.

-¿Sólo hace lo que le gusta?

-Sí pero tampoco me llaman para hacer barrabasadas porque saben cómo pienso; en general, no me ofrecen cosas torpes, no. Obviamente, el campo laboral de hace trece años ya no lo tengo, antes hacía protagonistas absolutos y ahora me llaman para el abuelito, el papá, el viejo torturador (risas).

¿Qué le calienta hoy de la actuación?

-A mí lo que me sigue llamando la atención es la pregunta sobre qué hace a un tipo ser actor. Te obliga a ser egocéntrico, todo el tiempo, receptor de un montón de miradas de gente que paga para verte; y además tenés que ser creíble, autentico, sincero y, si es posible, Adonis o perfecto. Es un fenómeno que todavía me sigue llamando la atención porque uno piensa: ¿qué tiene la actuación que crea tal nivel de ansiedad y de tensión? Siempre cuento el ejemplo de las clases de teatro cuando el profesor te dice: “A ver, pase Luppi” y esos cuatro metros son cuatro metros de angustia. ¿Por qué tanta tensión interior, por qué tanta premonición catastrófica?

-¿A qué le tiene miedo?

Decime a qué no le tengo miedo. Creo que el mundo está pasando un momento catastrófico, muy complejo, sabes. Pues ha entregado el manejo de la vida a los mercados y eso es una bestialidad. En cuanto a mi, uno durante mucho tiempo cree que lo puede todo, se siente prácticamente inmortal y, a esta altura, hay días que no tengo ganas de salir a la calle a romperme los cuernos, pero hay que salir. Me doy cuenta de que estamos en un mundo donde la práctica diaria es o el ataque o la defensa, no hay conjunciones armónicas  colectivas. Los asaltos y las muertes son violentos. Hay algo más allá de la inseguridad, hay algo de descentramiento, de despojo de lo humano.

En la vereda de enfrente

“Parecía un chivo blanco”, responde cuando se le dice lo bien que le queda haberse afeitado. Sin problemas para posar, se pone el sombrero que el fotógrafo descubrió sobre una silla. “Cómo no, si tengo una colección”, dice el actor nacional que más veces ganó el  Cóndor de Plata: seis, además de uno a la trayectoria en 2009. Anivel internacional, entre otros, se llevó a su casa la Conchade Plata al mejor actor en el Festival de San Sebastián, por Martín (Hache), en 1997, dirigida por su amigo Adolfo Aristarain. Sonríe con ganas cuando le digo, porque sí, que tendría que filmar con Ricardo Darín y Pablo Trapero. En 2009 se quedó con el Martín Fierro por su participación especial en el unitario Tratame bien. También este año en ese canal, el Trece, hará lo propio en Condicionados (no lo sabíamos en el momento de la entrevista). Hay algo apabullante en Luppi y quizás sea la mezcla entre su sencillez campechana y la claridad con que debate.

-Siempre se manejó con bajo perfil en lo que respecta a opinar sobre otros. ¿Por qué razón el último tiempo salió a criticar tan fuerte a Mirtha Legrand y Susana Giménez? ¿Hay otra cosa pendiente?

-Te doy la respuesta concreta: cuando yo volví de España, otra vez a empezar de nuevo,  empecé a apoyar a este Gobierno. Mejor dicho, no a este Gobierno, sino la gobernabilidad de este Gobierno, en un país que como te decía antes, desde que tengo uso de razón siempre me engañó. Me pareció interesante ver con ojos nuevos. Entonces, y sólo te cuento unos pocos hechos aunque podría contar mil, esta señora,la Legrand, sistemáticamente, desde que Néstor Kirchner asumió la presidencia, empezó a hacer de sus almuerzos una rampa de lanzamiento de operación política, permanentemente, con groserías y barrabasadas que las dice sólo una persona ignorante. Desde decir, por ejemplo: “¿Pero estaba en el cajón?” o decirle a Roberto Piazza: “Vos no podés adoptar un chico porque lo podés seducir y corromper”; hasta juntar un día seis periodistas a su mesa, únicamente, únicamente (repite), para denostar a Kirchner que había sido nombrado presidente de UNASUR; dijeron de todo. Otra vez, cuando entrevistaba a esta mujer de Colombia que había estado secuestrada, Ingrid Betancourt; ella le explicaba las dificultades de pacificar Colombia porque había cuatro líneas, políticamente, muy enfrentadas. Respuesta de esta señora, la sabia: “¿Y por qué los Estados Unidos no invade Colombia y termina con eso?”. Yo pasé mi vida en Sudamérica y recuerdo las tiranías que costó sangre, sudor y lágrimas erradicar, y ella, con una liviandad típica de una perra ignorante, sale a decir “invadan un país”. ¿Cómo puede ser alguien tan irresponsable en un país que está empezando a cambiar,  insisto, razonablemente bien? ¿Quién la manda a decir semejantes barrabasadas? Yo nunca dije nada, hasta que un día me hinché las pelotas. Lo mismo cuando escuché a Susana Giménez decir: “Hay que matar a la gente, mano dura”. ¿Cómo matar? ¿Sabés lo que es matar? Entonces dije quela Giménezera un caso de biología bastante extraño porque era cagar por la boca; y de Mirta dije lo que dije.

Pero llamó la atención escucharlo a usted tan enojado

-No estoy enojado. Ustedes, los periodistas deberían poner, alguna vez, en una revista: “Es vergonzoso que Mirtha Legrand ocupe un lugar en el espacio televisivo”. Pónganlo un día, a ver qué pasa. Hay que decir la verdad de vez en cuando, si no siempre uno se juega solo. Dicho en otros términos, como diría mi abuela, “son mala gente”. Tenés que ser un agradecido de la vida, porque sin tener talento ni intelecto les ha ido bien. Y no, se ponen a decir pelotudeces. Pero pará un poquito; con qué tupé se pregunta si estaba Kirchner en el cajón. Una pregunta ofensiva, agraviante, sin tener en cuenta el duelo de una persona. Y lo que le preguntó a Piazza, ella que tuvo un hijo homosexual y confeso, lo cual está muy bien… Es una mala persona. Es gente así. Lo pienso y lo sostengo.

-Si se lo ofrecieran, ¿aceptaría ser el villano en La dueña?

-Únicamente si me dejan matarla (risas). Mirá, todos podemos equivocarnos. Y opinar de política implica, inevitablemente, tener diferencias con otros. Hay niveles de confrontación que vale la pena tenerlos. Pero cuando el ignorante se pone a hablar de lo que no sabe, es un pecado mortal.