Ivana Acosta: la chica Capusotto

“Es como ser una chica Olmedo”
Acompaña desde hace cinco años cada edición del programa de Capusotto y Saborido.

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IVANA ACOSTA, ACTRIZ

“Es como ser una chica Olmedo”

Llegó de Córdoba sin saber nada de Cha cha cha ni de Todo x dos pesos, pero en un casting, Pedro Saborido le preguntó si se animaba a bailar en shorcito.Y desde hace cinco años es la única mujer de Peter Capusotto y sus videos.

JUEVES 22.11.2012 – EDICIÓN N ° 93

Escribe Leni  González / Fotos Leandro Sánchez

 

No viene del teatro off ni es amiga de los dueños. Tampoco era una groupie con los trucos memorizados que seguía a ojos cerrados a sus ídolos. Ivana Acosta no tenía idea adónde se metía salvo una sola: ir para adelante, perseverar y conseguir trabajo de lo que mejor conoce. “Soy bailarina, estudié danza y actuación en Córdoba capital, de donde vine hace 12 años”, define sin ningún vestigio de tonada pero con mucho de esa gracia que se han ganado sus paisanos.

–¿No conocías a Diego Capusotto?

–De nombre, nada más pero no conocía su humor, no era seguidora de Cha cha cha ni de Todo x dos pesos.

–¿Y cómo llegaste al programa?

–Todo por casting sábana.

Se queda seria. Después de bailar con el Puma Rodríguez; de integrar el grupo de bailarinas de Showmatch y de pasar por el programa de Julián Weich, Trato hecho; de conducir un ciclo por Utilísima, cumplir con varios bolos y participaciones chiquitas en tiras. Después de cinco años de formar parte de Peter Capusotto y sus videos, el programa que está en el ocaso de su séptima temporada por la TV Pública. Después de todo eso, sí, Ivana Acosta aprendió el timing de Diego Capusotto y Pedro Saborido. Por suerte, se tienta y larga la risa.

“Sí, sí, sí, por casting. Mirá, yo soy de las que golpea puertas, llama, voy por todos lados, por mi cuenta, sin manager, me manejo por mi cuenta. El casting me lo tomó Pedro y el loro barranquero –se define– no paró de hablar y hablar. ‘¿Y vos no te animarías a bailar con un shorcito?’, me preguntó. ‘Sí, claro, si soy bailarina, me pongo cualquier cosa. Si en el Showmatchsalía casi en pelotas’. Así que al otro día ya empecé a grabar, en el sketch de Luis Almirante Brown que cantaba ‘ese hermoso tirapedos’ y yo moviendo el traste. Y así seguí con Bombita y Latino Solanas, haciéndome la loca y divirtiéndome mucho.”

–Enseguida encontraste el código y pronto se te identificó como la novia de Bombita Rodríguez (el Palito Ortega montonero)

–Sí, sí. Aunque todo está guionado, no hay ensayos. Pedro te apura, va el texto, pim pam pum y sale. Sólo corta cuando nos tentamos mucho.

–¿Con Diego cómo te llevás?

–Ay, lo adoro. No soy escandalosa ni trepa, soy tranquila, nos llevamos bien y nos divertimos. Nos tentamos muchísimo, él más que yo. Me tapo con el pelo o con la mano para que no se vea porque Pedro no corta.

Nominada al Martín Fierro en 2010 en el rubro Labor Humorística femenina (que ganó Anita Martínez), Acosta este año también trabajó en otro programa de humor, Sin codificar, los domingos a las 13.30 por América, conducido por Diego Korol, con Yayo Guridi, Pichu Straneo, Pachu Peña y otros. “Los conocí cuando me llamaron para que les armara unas coreografías para el teatro en Mar del Plata. A Yayo lo conocía un poco de Showmatch. Al otro año, en 2011, me llamaron para bailar en el programa. ‘Pero no voy a ir a bailar cumbia nada más’, les dije. Me llevé una peluca y empecé a hacer un personaje de una bailarina que venía ferneteada, chupada y bailaba como loca, resacada. Gustó y continué todo este año”.

–Otro humor: ¿también te adaptás?

–En realidad, son los dos únicos programas de humor que hay en la tele. Sí, son distintos pero también está bueno. Hicimos una parodia de la tira Lobo como Loro, muy divertida, hay buen clima.

–¿Estás cómoda? ¿Cómo te tratan?

–Soy la única mujer y es complicado pero no me bardearon, son respetuosos, nos acomodamos.

No es raro que a los/as productores/as de revistas masculinas, su figura de morocha argentina les haya llamado la atención; la tentaron y ella aceptó. A fines de 2008, la revista Maxim publicó una producción hot en un Torino donde se la ve en mínima ropa interior.

“Mmmm, ay, eso fue debut y despedida. No me gustó. Me considero una mujer sexy que puede hacer esas fotos pero qué sé yo; la producción estaba buena pero a mí no me gustan las fotos de traste y cuando me di vuelta para acomodarme, me la sacaron”, cuenta la chica que hace poco se mudó al barrio de Palermo con su novio (“nada que ver con el medio, es súper tímido”).

–Cuando vas a Córdoba, a ver a tu familia, ¿te reconocen por la calle?

–Córdoba es una ciudad como más reacia, me cargan y me acusan de haber cambiado el idioma, son cerrados. Pero los dos últimos años me han dicho más cosas, me preguntan. Mi familia al principio no entendía la onda de Diego, y ahora es fanática.

–¿Saborido te pidió alguna vez hacer algo que no te gustaba o te parecía demasiado?

–Mirá, me pide hacer de todo. Yo le digo: “¿Y ahora qué querés?” (risas). Pero siempre es tan cuidado y dentro de ese contexto donde todo es posible. Tuve que decir, por ejemplo: “Mmmm, ¡qué olor a culo!”. Y que me responda: “Saborealo”. Y después: “Mmmm ¡qué olor a cachucha!”. “¿Entonces, te quedás a tomar un café?”. “Y sí, ahora sí”. Lo hicimos un montón de veces, no podía parar. En otro lugar, no podría decir eso.

El año que viene, Peter Capussoto y sus videos seguirá. Por lo tanto, Ivana Acosta seguirá en el programa: “Año a año me superan, no sé de dónde sacan las ideas. Este año, el brasileño Pepeu Palala me mata, no puedo parar de reírme. Ellos se cuidan mucho, no quieren repetirse, hacen pocos capítulos, ¡yo quiero más!”, pide. También le gustaría hacer teatro con Diego: “Yo le insisto, pero… (se ríe). Tengo ganas de hacer teatro pero no me desespero. Tuve algunas propuestas para tiras en tele pero nada confirmado”.

–¿Te preocupa quedar ligada al nombre Capusotto?

–Creo que siempre voy a estar asociada, que voy a ser “la chica Capusotto”. En algún momento el programa no va a estar más y habrá que abrir el panorama, pero ese proceso se dará solo y sucederá, por decantación. No me pesa este papel, aunque me encasillen, porque para mí es un honor estar asociada a un grande como pasó con “las mujeres Olmedo”. Es un personaje muy querido y admirado.

–¡Vos también tenés tus fans!

–Pero por supuesto, mis seguidores, cómo no –pone voz de diva y mueve los brazos–. La verdad es que estoy feliz y agradecida de que la vida me haya cruzado con estos personajes que hoy por hoy son amigos en los que confío.

Revista El Gourmet > Diego Capusotto

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Cuerpo y alma de tantos personajes: Violencia Rivas, Bombita Rodríguez, Pomelo y más. Un extraordinario actor, ganador de varios Martín Fierro. Tal vez el humorista argentino más importante de los últimos años.

Por Leni González. Fotos Nora Lezano.
Producción Rodrigo González Garillo.

Ni mail ni celular ni agente de prensa. A Diego Capusotto se lo ubica a través de un objeto en extinción llamado teléfono fijo, desde el cual pasa las coordenadas de su lugar de citas, El Progreso, una esquina de tiempo detenido y atmósfera de bandoneón triste. Bar notable de Barracas, fundado en 1942, la boisserie separa el salón generoso en dos partes y en la más protegida de las miradas (tal vez en otra época zona de señoras recatadas o de trampas) es donde prefiere sentarse el actor de pelo rubio. No bien entra, su imagen de escoba resalta en el bar marrón. Pero, como dice la canción, es sólo un momento. En segundos, se integra al paisaje y es uno más en una foto blanco y negro que quizás el futuro cuelgue de esas paredes. A lo mejor porque algo del rock se ha
vuelto viejo; a lo mejor porque Capusotto logró cruzar las cepas de las músicas urbanas en el tubo de ensayo del humor.
Violencia Rivas, Micky Vainilla, Bombita Rodríguez, Jesús de Laferrere, Pomelo y más: ganador de varios Martín Fierro y del Clarín de Oro 2009, el programa Peter Capusotto y sus videos es probable que comience a despedirse en agosto, cuando por Canal 7 se proyecte la última edición que cierre un ciclo iniciado en 2007. De alguna manera,
el broche de ese final fue la película Peter Capusotto y sus 3Dimensiones, con dirección de su socio creativo Pedro Saborido, estrenada a fines de enero y que llegó casi a los 300 mil espectadores. De ese éxito, que lo cortó solo de otros anteriores y compartidos –Todo por dos pesos, con Fabio Alberti, y Cha cha cha, liderado por Alfredo Casero–, parece tan
agradecido como cansado. A lo mejor, junto a Saborido, estén preparando una nueva receta de sabor sorpresivo.
“Haría un programa gourmet que se llamara Antes de morir, una reunión de gente donde el invitado siempre muere cuando piden el helado y siempre hay un gordo dormido tirado en una reposera, que quedó así, como el horror simbólico de eso. Y eso tiene que ver con
la edad, sería un programa para gente de cincuenta, cuarenta y algo para arriba, nunca para abajo, porque yo a los cuarenta tenía mucha más vitalidad que ahora”, dice el hombre de medio siglo.

LG ¿Con los años cambió el lugar de la comida en tu rutina?

DC La comida siempre cambia con el tiempo, con los años. Cuando tenía veinte, treinta años no me importaba la comida; disfrutaba de algunas pero era algo mecánico, estaba más preocupado por otras cosas. Después, cuando empezás a ponerte más grande se va imponiendo la ritualidad de la comida. A medida que uno empieza a desmitificar ciertas verdades o empieza a resignarse con algunas cosas, empiezan a tomar importancia algunos rituales que le dan significación al encuentro.

LG ¿Qué costumbres familiares recordás?

DC Recuerdo cuando íbamos a Lanús, donde vivían mis abuelos paternos, mis tíos y primas. Eran comidas que disfrutaba mucho de chico y que hoy disfrutaría más, por lo que hablamos antes. No íbamos a Lanús a comer asado. Asado comíamos en mi casa. Íbamos una vez al año a comer lasagna rellena sólo con queso, que mi abuela probó en la casa de una amiga, una comida típica de Suiza o del norte de Italia. Eso y la Bagna Cauda y la picadita antes de la comida: son cosas que me han quedado y que tienen que ver con la ritualidad de la gran familia que se une en la mesa y donde las diferencias se disipan en el propio ritual de la comida.

LG Los platos que te gustan son los que te conectan con esa tradición familiar.

DC Tiene que ver con haberlas comida de chico, haberme encantado con esas comidas. De la misma manera, no me gusta la polenta, por ejemplo. De chico no sé qué pasó, la vomité, y hoy no la puedo ni probar. Siempre tuve mucho rollo con la comida, era de los que olía el plato y mis hijas son un poco así, también. Ahora, aunque no como cualquier cosa, pruebo; antes ni siquiera probaba.

LG A los veinte o treinta, las salidas con cena eran cosa de gordos o de viejos…

DC De gordo burgués, claro. La comida te detiene y cuando sos joven es más interesante salir a la aventura. La comida sirve sólo para detenerse, llenarse el estómago y seguir, satisface una necesidad biológica pero el disfrute estaba en el juntarse y si no había comida, “traé cerveza”. Nosotros lo que queríamos era salir a la calle y cuando nos sentábamos en un bar era para escabiar, nunca para comer.

LG En el programa hablás de la relación entre rock y mujer, rock y fútbol, rock y política. ¿Rock y comida, cuál sería?

DC Hoy es el sushi. Si hay algo que se parece al rock de ahora es el sushi, que es una porquería y que van de la mano. Bah, yo diría que el rock es más de bodegón o, como dicen los Memphis, “Fin de la noche: moscato, pizza y fainá”. Está ligado a eso, incluso creo que está más ligado al ritual de la bebida. Por mi parte, puedo ligar al rock con el asado y con la pizza. Pero hoy lo veo más con Las Cañitas y el sushi. Si Iggy Pop hace una publicidad de Calvin Klein, imaginate. Creo que se disipó el rock como cultura y se diluyó en la nada, en el mundo del espectáculo.

LG Otra asociación posible es la de comida y humor.

DC Cuando uno hace humor siempre es para fugarse de una realidad angustiante. No es mi caso con la comida, pero imagino que si a un gordito lo angustia la comida, una manera de canalizar eso, de combatir la angustia, es a través del humor. Yo puedo hacer humor con la comida pero desde otro lugar, por ejemplo, en vez de hacer el doble de Sandro, hice el personaje El triple de Sandro, que comía triples de jamón y queso.

LG Como en tu sketch, ¿conociste muchas pizzerías Los hijos de puta?

DC Sí, claro, y no solamente pizzerías. Son lugares adonde quedás como rehén, entraste a un territorio que no te pertenece y sabés que estás comiendo mal o te están atendiendo mal pero no querés entrar en conflicto, te querés ir lo más rápido posible, porque entraste como en una especie de dimensión desconocida, entraste a un lugar que termina siendo tu peor pesadilla cuando se supone que debería ser lo contrario. Entrás a La pizzería los hijos de puta y terminás siendo como socio de ellos.

LG Y el Uy, nos rompieron el orto, ¿cuántas veces te pasó?

DC Un montón de veces, ya pasó a ser un lugar común el hacer chistes sobre Palermo Hollywood o Las Cañitas. Eso lo hicimos porque venimos de la cultura del bodegón, de la familia que cocina, y entrás a una de esas parrillas con piso de piedrillas, con velitas y con esos cocineros con pañuelitos, un cocinero que tiene la cara de… Entonces, ya te empieza a parecer sospechoso y es una porquería.

LG ¿Y contarías por Twitter qué te pareció ese lugar adonde fuiste a comer?

DC Me gusta contarlo personalmente. Por eso yo no tengo Twitter: Hoy fui a comer al Miramar. Qué rico mejillón. Me sentiría un pelotudo, así. Para mí, son todos como agentes de la SIDE. No estoy en contra de las redes sociales, pero nosotros venimos de otra forma de comunicarnos. No quiero convertirme en el Diego Capusotto opinador. Tengo en claro cuáles son mis lugares de fuga y mis lugares de resignación cotidiana, dónde puedo pasar un día malo o un día inmejorable…

Claves gourmet


• Un lugar favorito para ir a
comer: “El Miramar (San Juan y
Sarandí) me gusta mucho, desde
comida de olla hasta picada, y
en especial los mejillones que
preparan”.
• Un vino favorito: “No tengo predilección
por un vino en especial,
me gusta el tinto, el Malbec, pero
no tengo tanto ritual, no soy un
obseso de los vinos”.
• Un sabor al que no puedas resistirte:
“La Bagna Cauda. Es una
comida que aun en verano –y es
incomible en verano–, si alguien
estuviera haciéndola, no me resisto.
La preparaba mi abuelo, mi
viejo, y ahora yo con mi mujer,
porque a veces la hacemos para
mucha gente. Es algo que huelo
y quiero comer. Eso y la parrilla”.
• Un ingrediente infaltable en tu
cocina: “El vino más que cualquier
otra cosa”.
• Cómo es para vos la cocina
ideal: “Me gustan las cocinas
industriales, la cocina amplia y
la plancha arriba del fuego, para
los bifes, y el pollo o la carne al
horno).
• Tu utensilio infaltable: “Y mirá,
a mí me gusta el pelapapas; sí, el
pelapapas”.
• Tu plato más elogiado: “La Bagna
Cauda”.
• Qué pedirías en una última
cena: “Que lo saquen a Judas.
Y de comer, lasagna rellena con
queso, porque yo no como la
lasagna rellena con verdura y
carne, sino con queso Gruyère y
Provolone. Eso si estoy solo, porque
si estoy acompañado como
debería ser, elijo un gran asado,
un gran cordero, por ejemplo”.