La serie de mi vida

Los guionistas consagrados eligen cuál de sus ficciones favoritas les gustaría adaptar, mientras que los que ya tuvieron la oportunidad de hacerlo explican las virtudes y contrariedades de esta tarea bastante difícil

PARA LA NACION

DOMINGO 11 DE OCTUBRE DE 2015
Si Campanella tuviera que elegir una serie para hacer, haría CSI: Buenos Aires
Si Campanella tuviera que elegir una serie para hacer, haría CSI: Buenos Aires.Foto:Archivo
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¿Quién es el dueño de una idea? El que la patentó primero. Después vendrán las quejas de los lentos y soñadores; las envidias de los narcisistas que no entienden por qué no se les ocurrió a ellos, y los que aceptan que la creatividad a veces es un don de los otros. A este último grupo pertenecen los guionistas que se entusiasman con tomar la obra ajena y convertirla en algo propio, sin violar el derecho del autor. Mejor no lo podía definir Esther Feldman, responsable de la versión local de En terapia: “Adaptar es adoptar. Si no sos capaz de enamorarte del hijo de otro y cuidarlo como si fuera tuyo, mejor no lo hagas”. Porque no es una operación fácil. No basta con traducir y poner “coche” donde dice “carro”. Hay que meterse en el barro de la idiosincrasia, la oportunidad de la coyuntura y rezar, porque el éxito de un formato en el centro no garantiza idéntico resultado en la periferia.

Juan José Campanella

CSI: Buenos Aires

“Con sinceridad, no adaptaría ninguna serie extranjera a la Argentina. Prefiero recorrer el camino inverso y hacer cosas originales que se puedan meter como formatos en el exterior. Eso cimenta nuestra industria, y le da un plus de material original. De hacer una serie argentina basada en material extranjero, sería más como un spin-off, algo que surja de una idea original extranjera, pero cuya versión argentina sea original. Supongamos un CSI: Buenos Aires, con la medicina forense pero con casos y personajes nuevos, originales, y argentinos; en ese caso, podría ser posible. Creo que funciona para la audiencia porque ve un material extranjero, pero en su propio idioma, de más fácil acceso.”

Marcos Carnevale

Carnevale. 52 años, cineasta y autor de muchos éxitos televisivos como 099 Central, Soy gitano, Padre Coraje(Martín Fierro de Oro), Valientes y Malparida. En 2006, hizo para Pol-ka la adaptación de la primera temporada deAmas de casa desesperadas, la serie de Marc Cherry.

“Me quedo con un megaéxito como fue Lost porque la trama y los personajes no nos resultarían ajenos. Por supuesto, debería ser un grupo que represente muy bien a cada estereotipo nacional, mostrar nuestra sociedad perdida en el medio del océano buscando organizarse mientras se defiende de esos otros. Es una idea muy universal que puede funcionar en casi cualquier lado. Fui muy feliz haciendo Amas de casa…, y mi balance es positivo. Lo más difícil fue tratar de traer ese barrio y la problemática de esas mujeres a una versión argentina porque traducir costumbres no es tarea fácil. Por momentos lo logramos y, en otros, creo que no tanto. Tampoco podíamos apartarnos de la trama, ni cambiar rumbos, ni desvirtuar la naturaleza de los personajes sin sacar de eje la serie.”

Jorge Maestro

Two and a Half Men

Maestro. 63 años, autor y docente que conformó con Sergio Vainman una de las duplas más exitosas de la televisión con productos como Nosotros y los miedos, Zona de riesgo, Montaña rusa, Clave de sol, La banda del Golden Rocket, Los machos y, este año, Milagros en campaña, entre otros programas. Además fue guionista de Son amores y El sodero de mi vida.

“Elijo Herederos, serie española creada por David Paniagua y Pablo Tébar, por la intriga: una familia donde una mujer hace lo que sea para mantenerlos unidos a pesar de traiciones y crímenes. Es una historia que bien podría ocurrir en nuestra cultura donde ciertos valores con tufillo feudal mandan. También me gusta Two and a Half Men porque hombres solos y perdidos, intentando sobrevivir ante la mirada juiciosa de un niño, hay en todo el mundo. Sería acercarnos a un género que la TV argentina ha olvidado, la comedia, donde se puede reflexionar de manera amable de las barbaridades más grandes que cometen los seres humanos.”

Diego Alarcón

Everybody Loves Raymond

Alarcón. 48 años, guionista y docente, fue el adaptador junto a Axel Kuschevatzky, de las comedias La niñera y Casados con hijos.

“Me encantaría trabajar sobre tres series: Everybody Loves Raymond, Arrested Development y 30 Rock. La primera sería por lejos la que aquí mejor funcionaría. El macromundo erigido alrededor del cuestionado Raymond, en esa familia tan endogámica y disfuncional, es un conflicto que nunca dejará de ser universal y ofrece un sinnúmero de desavenencias francamente encantadoras. Las ventajas de realizar una adaptación es que aún sobre un perímetro predeterminado se puede recrear y reescribir gran cantidad de material sin afectar la estructura original, enriqueciéndolo con nuestra propia matriz humorística. El riesgo es que el resultado concluya en algo muy ajeno a nuestra idiosincrasia. Por suerte no nos sucedió con La niñera ni Casados con hijos: la primera fue el «vuelo de bautismo» para la sitcom en nuestra tevé y la otra, se volvió un gran clásico de nuestra pantalla.”

Javier van de Couter

Bloodline

Van de Couter. 40 años, actor, autor de las miniseries La celebración, Historias clínicas y, junto a Martín Méndez, Historia de un clan, la versión de Underground sobre los Puccio. En cine fue el director y guionista de las películas Mía y Perro amarillo.

“Elijo Bloodline, la serie de Netflix, una historia sobre una familia que tiene un hotel, donde el hermano «descarriado» vuelve para saldar cuentas pendientes y desentierra secretos familiares. Me parece que resultaría atractiva porque es un thriller vincular, con personajes empáticos y donde el suspenso convive con lo doméstico. Sería fiel a la esencia, no cometería el error de dosificar la oscuridad que tiene, ni subestimaría al espectador. Es un verdadero desafío porque es complejo trasladar una historia que quizá tiene muchos guiños, humor e ironía. Deben encontrarse las metáforas exactas para que surtan efecto.”

Marcelo Camaño

The Wire

Camaño. 49 años, autor de las telenovelas Montecristo y Vidas robadas(ambas ganadoras del Martín Fierro de Oro), del unitario Televisión por la identidad (ganadora del Emmy a Mejor Miniserie) y La dueña e Historias de diván, entre otros trabajos.

“Las policiales The Wire, The Bridge o Wallander (sueca y ya con adaptación inglesa), y quizá también la italiana Gomorra se pueden adaptar con temáticas de nuestra realidad. Para que funcione hay que adaptar los contenidos de la serie a las reglas del país que la tome. No sirve respetarlo tal cual porque el público se siente expulsado al no reflejarse, como pasó con el horror que hicieron con Amas de casa desesperadas. La ventaja de una adaptación reside en tomar la obra como obra de arte y hacerla estallar de nuevo. La desventaja es aceptar las condiciones del estricto negocio, sabiendo que eso lleva a un fracaso.”

Lily Ann Martin

Friends

Martin. 49 años, guionista de la sitcom Amor mío, producida por Cris Morena con Romina Yan y Damián De Santo, y las tiras Valientes, Malparida, Lobo, Solamente vos. Además, junto a Marta Betoldi, escribe la exitosa comedia Esperanza mía. También tiene su carrera como guionista cinematográfica: escribió Erreway: 4 caminos y Tocar el cielo, entre otras.

“Haría Friends, Mad about You y Will & Grace porque son sitcoms que me gustaron mucho. Fui fanática, me vi todas las temporadas y las disfruté cuando todavía no sabía que me iba a dedicar a escribir para televisión. Estoy segura de que funcionarían perfectamente porque las historias que cuentan y el humor que tienen son universales. Están probadas y les fue bien. El error que no hay que cometer es el de subestimar al público, el famoso «esto no lo van a entender»”.

Esther Feldman

The Big Bang Theory

Feldman. 50 años, escritora y guionista en televisión, cine y teatro. En dupla con Alejandro Maci, son los autores de Lalola, ganadora de Martin Fierro de Oro, y Los exitosos Pells y de la adaptación de las tres temporadas de la serie israelí En terapia.

“Elijo The Big Bang Theory porque soy fan desde el primer capítulo, por su humor inteligente y porque revaloriza la mirada del nerd y le encuentra otra vuelta, además de tener la precisión de un reloj. Como me gustan mucho los policiales, me quedaría con True Detective y Homeland, series que plantean un debate ético a los personajes.

Hay que comprender la idiosincrasia para que el público no sienta el trasvasamiento. En terapia fue un hijo más, igual que Okupas o Los exitosos Pells y el mejor elogio fue decirme que no podían creer que no fuera argentina.”

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Tres galanes a escena

Luciano Cáceres, Luciano Castro y Marco Antonio Caponi estrenaron Pequeño circo casero de los hermanos Suárez, de Gonzalo Demaría

PARA LA NACION

DOMINGO 08 DE NOVIEMBRE DE 2015
Quizá gran parte del público no lo sepa, pero este es un triángulo de múltiples conexiones. Encontrarlos juntos haciendo teatro en el Cultural San Martín no es sorpresa y menos casualidad, sino, todo lo contrario, la realización de un proyecto armado por ellos mismos: Luciano Cáceres, en la dirección, y Luciano Castro y Marco Antonio Caponi, los protagonistas. Son los tres amigos que acaban de estrenar Pequeño circo casero de los hermanos Suárez, de Gonzalo Demaría, a quien en este grupo le toca un rol estilo “quinto Beatle”.
Porque los tres trabajaron con el autor. El primero fue Castro en Lo que habló el pescado (2004); Caponi actuó en La Anticrista y las langostas contra los vírgenes encratitas (2010/11) y, este año y el anterior, en El acto gratuito, obra que dirigió Cáceres, también el director de El cordero de ojos azules (2011-12). Para los que no los vieron en teatro, ellos dos, Cáceres y Caponi, eran hermanos en la tiraGraduados (Telefé, 2012), donde practicaban el otrora famoso “Baile de la Pichila”. Por su parte, Castro y Cáceres ejemplificaron la paternidad moderna en Señores papis (Telefé, 2014) y en enero volverán a juntarse para Los ricos no piden permiso, el telenovelón que prepara El Trece. Por último, Castro y Caponi compartieron largas horas de grabación en Herederos de una venganza (El Trece, 2011). Y justamente fue ahí donde empezó esta historia.

“Dos hermanos, el retardado (Castro) y el resentido (Caponi); a uno le faltan dos dedos y al otro, una oreja; el retardado vuelve después de haberse ido con un circo; pero el circo cerró y lo único que logra rescatar es al castrato, el hombre pájaro (Gonzalo Suárez), al que se lleva a la casa donde está el resentido que es policía; hay una maestra de primer grado (Marita Ballesteros) que mantiene una relación con el resentido pero a quien el retardado siempre amó, una mujer que sufre maltrato. Bueno, toda esa mezcolanza es el Pequeño circo”, explica el director Cáceres.

-Una mezcolanza trágica…

Cáceres: -Es una tragicomedia con reminiscencias del circo criollo; hay referencias a los personajes fundacionales de la historia del circo pero ubicado en esta época en algún pueblo de la provincia de Buenos Aires. El verosímil es posible, tiene un sustento real por más poético y metafórico que parezca.

-¿Qué recuerdos tenés del circo?

Caponi: -Los mejores recuerdos, allá, en Mendoza. Mi papá me llevaba todos los años cuando llegaba. Tengo impregnado el olor a aserrín, a praliné, era una fantasía pero también era pobreza itinerante, los animales medio moribundos, esa mezcla me fascinaba.

Cáceres: – Son seres muy pequeños, chiquitos, que lo que tienen lo van a llevar a la última instancia, la convicción mínima, muy cabeza de maní, cerrados en su obsesión hasta el extremo. Y muy solitarios. Lo emocional, lo expresivo, lo físico va al límite y cada escena se presenta como un número circense sin la destreza circense. La tensión se mantiene como si estuvieras caminando por la cuerda floja. Pero hay un mensaje esperanzador al final.

-¿Cómo te sentís dirigiendo a amigos con quienes además compartiste trabajos como actor?

Cáceres: -Con mucha confianza porque los admiro y los quiero. Nos une el placer, las ganas de hacer, vamos a un atajo porque nos conocemos. Con Marco ya no tenemos ni que hablar, me entiende en jeringoso. Son dos actores que pueden estar cómodos en su lugar de trabajo y vienen acá, a arriesgar al teatro independiente. Como también pasa con Marita, con una trayectoria terrible y con Gonzalo, Fernando, con todos los que se sumaron a este proyecto a pulmón. Esto es una cooperativa, vamos a porcentaje de las entradas.

Castro: -Venimos a pasarla bien, acá nadie gana plata ni para la cochera. Y no es un reclamo, no nos importa tampoco. Queríamos un proyecto nuestro, con amigos.

Caponi: -El fin es experimentar, la libertad de poder crear, probar y jugar, lo que no podríamos hacer en un proyecto comercial.

Recibirse de actor

Martes y miércoles son los días en que se presenta Pequeño circo? y hasta el 2 de diciembre. Otros compromisos, otros tiempos impiden, por ahora, más funciones. Cáceres terminó con Signos -la serie donde participó en cinco capítulos y dice haberlo pasado muy bien- y se tiñó de platinado para comenzar con Los ricos no piden permiso. Le toca lo mejor: divertirse y tomarse todos los permisos para componer a un villano interesado en la alquimia y los misterios.

Para fin de año, Caponi termina de grabar La leona, una producción de El árbol para Telefé, con Pablo Echarri, Nancy Dupláa y Miguel Ángel Solá, donde interpreta a un obrero que estudia abogacía para defender a los trabajadores. Y Castro, también en Los ricos?, volverá a salpicar con testosterona la pantalla.

-¿O no?

Castro: -Seee. Pero estoy tranquilo porque es muy grande el elenco, con muchas figuras, muchas historias paralelas, no pasa todo por los protagonistas. Y no soy el galán. Estoy en el grupo de los pobres.

-En Señores papis le tomabas el pelo al galán forzudo, con mucho humor.

Castro: -Me mataron ahí. Porque era una comedia. Pero en la tele si no funciona algo, lo cambian radicalmente y entonces, dejó de ser una comedia para ser una historia de amor de papis. Y mi personaje no tenía retorno, mi historia de amor con Marcela Kloosterboer iba a ser ridícula por más que la escribiera Tennessee Williams porque lo mío era ridículo. Acepté hacerlo justamente porque era una comedia. Siempre intento algo distinto en la tele porque estoy muy limitado. Por eso me gusta hacer esto en teatro, acá no hay forma de hacer de galán, me divierto y tengo la oportunidad de probar.

Cáceres: -Somos actores y te toca de malo, de bueno, de galán, lo que te toca, son roles. Nosotros no dejamos de hacer teatro, no es que volvemos, nunca lo abandonamos. El público de teatro lo sabe. Para mucha gente parece que te recibís de actor porque estás en la televisión, cuando esto no es una carrera, no se llega a ningún lado, es un recorrido.

Caponi: -Hago teatro porque me siento pleno, es un entrenamiento, me da herramientas. En la tele, es dar todos los días, se genera un agotamiento y llega un momento donde estás automatizado y entrás en una zona más de producción, sin buscar el hecho artístico todo el tiempo. Hay que hacerlo por uno, no por lo que piensa el otro, no me interesa que me pongan en el lugar del galán ni en el que hace teatro. Quiero vivir este proceso y crecer con eso, más allá de que nos vaya bien o mal.

Castro: -Tengo más premios en teatro que en tele. Un Florencio Sánchez (2002) y un María Guerrero (2005). Pero nadie lo sabe. Cuando pasó nadie se enteró. Si los ganara hoy, sería un actor prestigioso. Antes me preocupaba eso, ahora no. ¿Qué tendría que explicar? ¿Por qué no se sabe? Me gusta que vengan a ver lo que hago. Si no gusta y me lo dicen sin falta de respeto, no me enojo, te lo juro. Ojo que este discurso me costó aprenderlo.

Joaquín Furriel, asesor en temas legales y civiles

Junto al conjunto del gremio, los tres coinciden en la importancia de la ley del actor, recientemente aprobada. Para Cáceres, “está buenísimo que exista porque somos trabajadores, no proveedores. Era necesario porque no tenemos ni aportes, ni vacaciones, ni aguinaldo y todo depende de cuándo laburamos. Veremos cómo se implementa”. También para Caponi es una forma de lograr identidad y dejar de ser un híbrido: “Está bueno trabajar en la tele, pero hay un inconveniente muy grande porque tenemos retenciones enormes por ser empleados bajo dependencia, pero no tenemos los beneficios de esos empleados porque no lo somos”. En general, Castro apoya el nuevo logro que los ampara: “Acá valés cuando trabajás y te va bien porque si no, lo que hacés es un bluf y una mierda”. Pero tiene una salvedad que no le da pudor reconocer: “Hay muchos puntos que no entiendo bien. Ya le preguntaré al pobre (Joaquín) Furriel que es uno de los que llamaron para consultarle qué hago. Y él me explica todo”.

Las mujeres toman la palabra

Reconocidas periodistas y conductoras de programas políticos se reunieron para hablar del terreno ganado y de los prejuicios que persisten en un medio donde los hombres siguen liderando

PARA LA NACION

SÁBADO 24 DE OCTUBRE DE 2015
Más de la mitad del padrón electoral argentino es femenino. Del total de 32 millones de ciudadanos, casi 16.400.000 son mujeres. Claro que a la hora de opinar y analizar la política en TV esa proporción no se mantiene; pero poco a poco las periodistas van haciéndose un lugar. En el poco nutrido panorama que la TV abierta ofrece para la política, ninguna conduce un programa, aunque sí coconducen noticieros o son parte de paneles. En el cable, en cambio, logran una mejor representación: 50 minutos (María O’Donnell), A fuego lento (Clara Mariño), ambos por Canal 26, yDame el poder (ElizabethDe Luca) en Metro, son algunos ejemplos. También por Metro, sumamos a esta lista Será justicia (Lorena Maciel) y Magdalena y el país (Ruiz Guiñazú).

Trece de esas mujeres periodistas y conductoras fueron convocadas para hablar de su trabajo, de los prejuicios que aún persisten y de las conquistas logradas. A las ya mencionadas Ruiz Guiñazú, Mariño, O’Donnell y Maciel, se sumaron Nancy Pazos, Luciana Geuna, Marisa Andino, María Julia Oliván, Luisa Valmaggia, Cynthia García, Débora Plager, Rosario Lufrano y Mónica Gutiérrez.

Para Magdalena Ruiz Guiñazú se trata de una falta de confianza de los programadores, “que parecen no leer la prensa escrita donde se destacan tantas mujeres”. En cambio, ella sí estuvo atenta. “A mí, las puertas del horario duro de la radio, la primera mañana en AM, me las abrió una mujer, Magdalena -dice María O’Donnell-. Lanata también ha sido generoso, pero el lugar de columnista me lo abrió ella. La verdad es que hay muchísimas mujeres periodistas, pero los jefes y conductores son en su mayoría varones; hay disparidad en el manejo de la autoridad, como si no se terminara de creer lo que una mujer puede aportar”, dice una de las pocas periodistas que lidera un programa de radio (La vuelta, por Continental) y uno de televisión, por Canal 26.

Más que revelador es el caso de Valmaggia, conductora de Atando cabos, por radio Cooperativa, y en 2013, de Juego de damas, por Canal 23. A las reuniones por trabajo va con su marido para evitar que le ofrezcan menor cachét o precios más altos por un espacio: “Voy con él porque siento violencia; cuando te desplazan de un programa exitoso sin importar si lo hacés bien o mal, es violencia; si te sacan del aire sin explicaciones, es violencia. La palabra de los conductores varones tiene mayor peso, por tanto tienen más auspicios: eso también es discriminación y violencia”.

Ganadora del último Martín Fierro por labor periodística en radio, Lufrano dirigió Canal 7 (2006-8), cocondujo varios noticieros televisivos, un ciclo de investigación (Primera noche, Telefé) y hoy tiene dos programas de radio, en Rivadavia y en Radio Uno: “Poco a poco, el lugar de adorno de la mujer en un noticiero fue cambiando. Me pasó al principio pero si alguno quiso dejarme de adorno, no pudo. Por mi personalidad, siempre tuve conciencia de mi lugar. Y los lugares se ocupan”.

¿En el periodismo hay un estilo femenino de conducción? En este aspecto, no hubo coincidencias. Para algunas, sí, como Pazos: “A las mujeres, que nos cuesta o nos costó todo mucho más, nos cuesta ser condescendientes o chupamedias con los entrevistados. No veo ninguna (Alejandro) Fantino femenina, y aclaro que me encanta su programa; pero si fuera mujer, sospecharían que tiene la bombacha floja porque se enamora de cada uno de sus entrevistados”, dice la conductora de la primera mañana de Radio Uno y con muchos años en el cable con su programa Ruleta rusa.

También Maciel, coconductora en TN y generadora de su propio espacio en Metro, coincide: “Las mujeres conceden menos, tienen menos sobreentendidos, menos códigos. También repreguntamos porque no se nos exige saberlo todo”.

Para otras, como García, “no hay temáticas propias sino buenos o malos periodistas”. La panelista de 6,7,8 y conductora de la primera mañana de Radio Nacional es una de las pocas que reconoce haber ido a llorar al baño “cada vez que quise llevar algún tema de género y el conductor o el productor me decían que no era masivo. O cuando me pedían que dejara la silla para que sentaran otros. Pero nunca me acobardé”.

Belleza, juventud, parentesco o padrinazgo suelen ser términos citados a la hora de hablar del éxito de otros pero en especial si se trata de mujeres y, más aún, si está en juego la información. “Hay una zona sinuosa, cuando recién estás empezando a contactarte con fuentes, en que es posible que acepten la charla porque sos mujer. Pero esa sencillez del principio se termina pronto y sigue como con cualquier periodista sin diferencia de género”, dice Geuna, columnista en la mañana de La 100, en Periodismo para todos y en la revista Ohlalá! “Siempre los varones con los que competimos van a preferir pensar que conseguimos primicias por utilizar la parte baja de nuestro cuerpo, porque si reconocen que es porque somos más inteligentes, se matan”, dice entre carcajadas Pazos. Para Andino, coconductora del noticiero de Canal 9, hay cosas que sirven de puntapié inicial pero que hay que sostener: “Si al ser «hija de» no le hubiera agregado esfuerzo, trabajo y dedicación, de nada habría servido”. El otro lado de la historia le tocó a Valmaggia: “Con esa nariz, no podés hacer televisión”, cuenta que le dijo una vez una directiva de América. “Y me mandó a operarme. La presencia de mujeres no garantiza paridad ni estar a salvo de la discriminación”, dice la periodista con su nariz intacta.

Por último, el nudo central donde se cocina la paridad entre géneros. Porque para competir en el trabajo, hay que tener el frente interno cubierto. Porque todavía la maternidad divide aguas y genera preguntas que no tocan por igual a varones y mujeres. Pazos eligió: “Hay momentos en que postergamos nuestra carrera para enfocar la vida en otro lado y eso, en medios tan competitivos, pesa. Pero no hay plata ni poder en el mundo que me cambie los atardeceres con mis hijos en casa”. Para Gutiérrez, “las mujeres pagamos un costo muy alto porque hay mucha demanda sobre nosotras. Es un oficio muy exigente, con horarios a contramano de la vida familiar, y encima teniendo que demostrar el doble de dedicación y entrega”. Una posibilidad para conciliar la profesión con el hogar es poder trabajar desde la casa, como en parte hace Geuna, mamá de dos chiquitos: “Todo no se puede. Quiero disfrutar de lo que hago y no tener que vivirlo como una exigencia agotadora”. En medio de todas esas variables, las periodistas quieren ejercer su palabra.

¿Lo digo o no lo digo?

Por estos días suena fuerte el rumor de que Jorge Lanata no seguiría el año próximo al frente de Periodismo para todos . También se escucha que sería una mujer quien ocuparía su lugar: nada menos que Mirtha Legrand, la diva de los almuerzos que en los últimos años devino en entrevistadora atípica y formadora de opinión.

Diego Toni. revista Noticias.

6 de octubre de 2015

Diego Toni: “No hay una línea política en el canal”

Gerente de Contenidos de Canal 9 desde 2013, habla de latas televisivas, el mito del “fantasma” González y su relación con Sofovich.

Esto es lo más winner que puedo ser”, dice Diego Toni al fotógrafo, que le sugiere mayor entusiasmo ante el flash. Pero no. Con un aire dolinesco, el gerente de Contenidos de Canal 9 se parece más a un pensador melancólico que a un empresario. “Cuando era joven, con los rulos, me encontraban parecido a Ricardo Darín”, arrima sin obtener respuesta. En cualquier caso, queda claro que lo suyo está detrás de cámara. Por herencia o por ósmosis, algo de esa inclinación tenía que llegarle.
Hijo de Luis Pedro Toni, conocido periodista de Espectáculos, a su casa la visitaban el megaconductor Pipo Mancera y el inventor de Crónica, director de canales y empresario Héctor Ricardo García quien, además, es su padrino. “Me pasaba a buscar y nos íbamos a pasear”, dice el responsable de la programación de Canal 9 desde abril de 2013.
Noticias: ¿En esa casa se hablaba todo el día de chimentos?
Diego Toni: No. Mi mamá era ama de casa, papá estaba afuera todo el día y cuando llegaba no se hablaba de trabajo. Salíamos los fines de semana, mucho al cine, toda la familia.
Aquella familia del barrio de Villa Devoto y Belgrano estaba formada por los padres y tres hijos varones: además de Diego, Luis –en la actualidad trabaja en el canal– y “Tochi”, que tiene síndrome de Down y vive en el hogar paterno. La bioquímica Marcela Cambas (53), Agustina (20), estudiante de Arquitectura, y los mellizos Franco y Tomás (18), estudiantes de Ciencias Exactas, uno, y de Ciencias de la Comunicación, el otro, son la familia que fundó en los ´90. Tal vez por conocer a los periodistas, Toni habla poco de su historia doméstica. Sin dejar de ser amable, es muy parco y hay que andar robándole las palabras.
Noticias: ¿Qué hacía de chico?
Toni: Miraba mucha pero mucha televisión, tanto que hasta hoy te puedo repetir los horarios y la programación de los canales.
Noticias: ¿Y no jugaba al fútbol? ¿De qué club es hincha?
Toni: Sí, jugaba. De Estudiantes de la Plata.
Noticias: ¿Qué? ¿Pero usted es de La Plata o tiene algún tío por ahí?
Toni: No. De chico, a fines de los ´60, seguí la campaña de Estudiantes. Mi papá era comentarista deportivo y acompañaba a Enzo Ardigó. Iba con ellos y me hice hincha. Pasó el tiempo y ahora llevo a mis hijos a la cancha.
Noticias: ¿Dónde estudió?
Toni: La secundaria la empecé en el Colegio Episcopal, en Devoto, pero me cambié al Saint Jean, en Urquiza, donde tuve de compañero a Jorge Rial.
Noticias: ¿Cómo era?
Toni: Igual que ahora, un gallego calentón.
Noticias: ¿Siguió estudiando?
Toni: Fui a Derecho pero no seguí, quería trabajar. A mi papá no le gustó pero me dejó hacer, no se metió.
Noticias: ¿Consiguió trabajo?
Toni: Le pedí trabajo a mi padrino, en Crónica. “¿Querés trabajar? –me dijo– Bueno, te espero mañana a las 9 en el diario”. Ahí estuve. Él no había ido. Lo esperé. Llegó a las cuatro de la tarde. Nunca llegaba antes. Lo hizo para probarme, para ver cuántas ganas tenía de trabajar.
Noticias: ¿Y trabajó?
Toni: Sí. Creía que iba a ser su mano derecha o algo así. Me mandó de cadete a la sección Publicidad. Me quedé un tiempo hasta que me salió una oportunidad en la revista “Semana”, de Editorial Perfil, y un trabajito en el programa “La casa de Patricia”, con Patricia Lage por ATC, donde empecé a producir y me di cuenta de que quería eso. Después estuve en Teledos con Lucho Avilés y con Gerardo Sofovich; comencé como asistente de producción en “La noche del domingo”.
Noticias: ¿Cómo se llevaban?
Toni: Mi pasión por este negocio la aprendí de él, durante veinte años trabajé con él. Aprendí mucho y también discutíamos mucho. Era muy celoso, no quería que lo dejaras ni trabajaras para otro. Era un tipo que veía más allá, igual que García o Tinelli que ven notas donde la mayoría sigue de largo. Una vez, en los clasificados encontró a un tipo que vendía un oso hormiguero y lo llevó a “La noche del domingo” y fue un éxito. Esa clase de cosas que los comunes no haríamos.
Noticias: ¿Lo extraña?
Toni: Por suerte nos amigamos. Durante cinco años estuvimos sin hablarnos. Se enojó porque no me fui a América con él, me quedé en el 9 adonde había ido por Hadad, a quien conocí como productor y como gerente del canal. Estaba bien ahí, no quise cambiar, pero Gerardo no lo entendió. Cuando volvió al 9 nos amigamos.
Noticias: ¿Canal 9 es el “canal de las latas”?
Toni: Siempre la televisión argentina usó latas, mucho antes de que las legitimara El Trece con la novela turca “Las mil y una noches”. Claro que son más baratas que una producción nacional propia, eso no se niega pero, por otro lado, ¿por qué te vas a privar de ver esas ficciones extranjeras? De la misma manera que está perfecto que nuestras producciones se vean afuera, como las latas de Natalia Oreiro o antes de Andrea Del Boca que fueron furor en Europa del Este e Israel. Además, acá hay cosas que ya no se pueden hacer. Es un camino que se abandonó. Lo inició Alejandro Romay pero se apostó a producir para el mercado interno y no al internacional.
Noticias: ¿Lo siente como una revancha que Telefe y El Trece programen “latas” brasileñas y turcas?
Toni: No es una revancha. Alguien creó esa campaña maliciosamente cuando el canal buscaba afinar sus cuentas y tenía más latas. La realidad es que todos los canales las tienen. Crecí con “Brigada A”, “El santo”, “Los tres chiflados”, “Ladrón sin destino”, “Los dukes de Hazzard” y eran latas, pero no las llamaban así, eran series. Le dicen latas las mismas personas que las fabrican: Pol-ka o Underground hacen buenas latas que venden al exterior. Decirle “latas” despectivamente no me gusta, es parte de la industria y de la globalización.
Noticias: Su padre es periodista de Espectáculos y habla de cine y teatro en lugar de chimentos. Sin embargo, hoy periodista de espectáculos se convirtió en sinónimo de chimentero. ¿Por qué pasó?
Toni: Porque la gente va mucho menos al cine y al teatro. Antes se llenaban y había varias funciones. Ahora no. El que quiere leer una crítica, la busca en Internet. En el cable puede haber algo así pero no en el aire que es popular, donde la mayoría de la gente, repito, no va a ver espectáculos.
Noticias: ¿Cómo ve el futuro de la televisión?
Toni: La televisión no va a desaparecer. Cambia el formato. Hay pocos recursos para sostenerla porque la torta publicitaria se reparte entre muchas más cosas. Nosotros trabajamos para expandir las multipantallas.
Noticias: ¿Cuánto le preocupa la carrera por el rating?
Toni: Banco mis programas, los espero a que crezcan y no doy manotazos desesperados de último momento. Además cambiar la programación es carísimo. Hay que darles tiempo a los productos. Por ejemplo, “Combate”, se fue consolidando de a poco. Había que construir ese televidente joven conectado a las redes sociales que no teníamos. También nos va bien con los unitarios. No quiero ficciones diarias. Me gusta un canal familiar, blanco, como lo que hizo Gustavo Yankelevich en Telefe, pero sin grandes figuras y con mucho entretenimiento. Me encantaría traer a Diego Capusotto, Guido Kaczka, Mariano Peluffo, Iván De Pineda. Pero no estoy en carrera contra lo que hacen otros; quiero acercarme a la gente, ese es mi desafío.
Noticias: Otro misterio: ¿cómo está formado Canal 9?
Toni: Había un mito que decía que Kiss pisaba pollitos en el escenario. Con el 9 también se construyó un mito, una campaña de prensa que el canal no contestó. En el canal trabajan 600 personas, nadie perdió el trabajo y hay ocho estudios de los que se usan seis con HD. El 9 tiene una alianza estratégica con el grupo Albavisión, donde Remigio Ángel González es un socio más, con socios de capitales argentinos: no hay ningún misterio, es imposible vivir fuera de la ley.
Noticias: ¿Diego Gvirtz, productor de “TVR” y “Duro de domar”, va a continuar en el 9?
Toni: Es mi amigo. Lo conozco desde hace 25 años. Su contrato se termina a fin de año y seguramente continuará. Me gusta “TVR” aunque quisiera que saliera los lunes. Si te referís a cuestiones políticas, no hay una línea política en el canal, ni yo la tengo; es cuestión de cada producción.
Noticias: ¿“678” podría mudarse al 9 si hay un cambio político?
Toni: No, no creo.
Noticias: ¿Le llega algún rebote todavía del affaire Viviana Canosa?
Toni: No, ya fue. No tuve nada que ver. Tantos años haciéndose la mala, después se lo tiraron todo encima. Pero nosotros quedamos en paz. Ojalá la vaya bien.
Noticias: En 2014, con “El patrón del mal”, el gran año de “Bendita” y la consolidación de “Qué mañana!” muchas meses se ubicaron en el tercer lugar ganándole a su competidor, América. Pero este año otra vez pasaron al cuarto.
Toni: Ellos hacen muy bien los programas de chimentos, los de discusión con panelistas, tienen esa especialidad, y con “Gran Hermano” les ha ido bien. Acá, las narconovelas funcionaron muy bien, abrieron un espacio a la audiencia masculina. Pero ahora tenemos que reacomodarnos. Las mañanas las ganamos con Ariel Rodríguez Palacios pero no entra en el promedio del Ibope. Y el noticiero, con el refuerzo de Marisa Andino, también creció. Con las telenovelas de la tarde vamos a seguir porque son una alternativa a los chimentos. Para los fines de semana tenemos los formatos de Ideas del Sur, “Tu mejor sábado” y “Tu mejor domingo”, y sumamos el talent show familiar “Está cantado”. En este país se discute todo y de la tevé hablan todos y opinan igual que con el fútbol.

NIK. revista Noticias.

19 de octubre de 2015

Cristian “Nik” Dzwonik: “Las críticas me hicieron grande”

Lanzó el libro de humor político “Para todos y todas”. El marketing imparable de Gaturro, trabajar con Lanata y afinidad con Tinelli.

Cristian Dzwonik es Nik como bien saben, por lo menos, quienes así lo llaman desde chico. Pero lo que, sin dudas, todo el gatumundo sabe es que es el gatuinventor de un gatupersonaje llamado Gaturro, que le ganó la batalla a las siete vidas, goza de excelente salud y continúa reproduciéndose desde su aparición en el diario La Nación hace 20 años: libros y libros (es largo, está en Wikipedia), traducciones a diez idiomas, revista, sitio web, teatro, comedia musical, cine, muñequitos, útiles escolares, calzoncillos y, por qué no algún día, su propio Lego y hasta un parque temático. No hay límites en el universo Nik.
“Estoy seguro de tener raíces judías y lo estoy investigando. Con el apellido, la cara y los anteojitos que tengo, por mi forma de ser y de pensar, me llaman desde siempre a dar charlas en la universidad de Tel Aviv, tengo muchos amigos de esa colectividad y me llevo muy bien con esa cultura”, dice Nik, hijo de padres ingenieros, dos hermanos menores (Laura, médica; Hernán, diseñador de imagen y sonido) y criado en Parque Avellaneda, al sur de Capital Federal. Los abuelos paternos vinieron de Ucrania con lo puesto y, para socializar, concurrían a una iglesia metodista de barrio: ahí el papá conoció a la mamá y ahí el pequeño Nik iba a jugar al fútbol pero no a la misa porque se aburría. “Nunca fui religioso”, dice.
Los tres hermanos son egresados del Colegio Nacional Buenos Aires, del cual el mayor guarda un buen recuerdo con algo de reserva: “Me ayudó mucho en mi carrera, a pensar, a conceptualizar, a participar. Pero no me gusta ese halo de elite, de Illuminati”, dice.
Noticias: ¿Era popular en el colegio?
Nik: No. Era, como ahora, tímido, siempre estaba dibujando. En Dibujo siempre tuve diez. Me iba bien en Arte, Matemática, Historia y Geografía. Me costaba Educación Física, Lengua, Química y Física. Pero no me llevé materias.
Noticias: ¿Tuvo como compañeros a Martín Lousteau y Axel Kicillof?
Nik: Lousteau es un año más chico y Kicillof, dos, pero los conocí, eran populares e inteligentes. También Aníbal Ibarra es del Colegio, pero más grande, fue preceptor y nos cruzamos en algún partido de futbol.
Noticias: ¿Fue uno de los primeros en tener una Mac?
Nik: Sí. Desde chico me gusta la tecnología y la computación, y tuve la suerte de tener amigos con computadoras. Mis abuelos eran muy pobres y mis viejos fueron de a poco hacia una clase media de profesionales. Tuve una infancia linda pero jugaba con cajones de manzana y arena que usaba mi abuelo, nada que ver con mis hijas que tienen iPhone y tablet. En la Facultad de Diseño Gráfico, tenía un amigo con la Mac con la que trabajábamos juntos. Tener una era revolucionario en esa época. Cuando empecé a hacer mis primeros trabajos, me pude comprar la mía.
A los once años empezó en la escuela de Carlos Garaycochea y a los 14 publicó su primer dibujo en la revista Patoruzú. Dos años después trabajaba en Muy interesante, de García Ferré, medio al que le siguió el diario El Cronista, donde tenía de jefe a Orlando Barone: “Sí, el que hoy me critica por “6,7,8”, mirá lo que son las vueltas de la vida. Es el mismo que me decía que era un genio y que me iba a ir bárbaro”.
Noticias: ¿Quiénes son sus amigos?
Nik: Tengo de todas las épocas: de la primaria, secundaria y la facultad. Del diario La Nación, donde estoy desde hace 25 años. Y de la vida, todos distintos. Soy amigo de Milo Lockett y del “Pelado” Almeyda. Claro, soy muy hincha de River. Colaboro con la fundación River, la de Boca…
Noticias: ¿Con la de Boca también?
Nik: Sí, me gusta ayudar.
Noticias: ¿Cómo llega a La Nación?
Nik: Se interesaron por las carpetas que llevaba. Siempre pienso en lo que necesita cada empresa. El error es ir con una carpeta con las necesidades de uno y no con lo que otro necesita. A La Nación le faltaba humor con más fuerza. Empecé haciendo algo una vez por semana y en seguida fueron dos veces, tres y así.
Noticias: ¿Qué hacía?
Nik: Chistes de actualidad donde ya aparecía un gatito dando vueltas. Era como mi sello, así como Landrú dibujaba uno, flaquito, yo también tenía uno, sin nombre. Creo en los íconos que tenés que crear, son tu firma y lo que te hace reconocible.
Noticias: ¿Tuvo y tiene gatos?
Nik: Me crié con gatas y gatos, perros y perras. Tuvimos una gata muchísimos años, bastante parecida a Gaturro. Ahora no tengo porque vivo en un departamento. Si volviera a vivir en casa tendría muchos.
Noticias: ¿En qué piensa primero cuando hace una tira?
Nik: A veces podés empezar garabateando algo y eso te dispara. Pero, en general, lo primero es la idea y el remate, de atrás para adelante.
Noticias: ¿Por qué explotó Gaturro?
Nik: Siempre me gustó mucho trabajar para chicos. Aunque empecé haciendo humor de actualidad, en paralelo trabajaba para editoriales infantiles como Kapelusz. Pero no me gusta el infantilismo. Les hablo a los chicos pero puede leerlo alguien grande también. Hay un fenómeno de transmisión de padres a chicos. Es una tira muy gráfica, muy visual, distinta de lo que había en Latinoamérica, donde cada palabra acompaña a cada dibujo, juego con las palabras como si fueran formas y trato de tirar hacia arriba. Empecé despacio, subiendo de a poco y sostenido. No es que explotó de un día para otro como “Violetta”. Es un personaje con futuro, puedo pensarlo de aquí a diez años, como fue Mafalda. Mis objetivos son cortitos y van sumándose.
Noticias: ¿No está aburrido de Gaturro?
Nik: No, no me aburre. Voy a seguir porque todavía tiene mucho para dar, me sigue divirtiendo, la tira está en constante evolución. En paralelo estoy diseñando otro pero no puedo contar porque lo estoy haciendo con una compañía muy grande. Los personajes no se piensan desde lo formal, desde el dibujo. Tenés que tener el concepto. No importa que sea una esponja, una banana o una botella con patitas. Importa lo que vas a decir y después aparece la forma.
Noticias: ¿Cómo llegó al programa “Periodismo para todos” (El Trece)?
Nik: Jorge Lanata me convocó porque quería renovar algunas cosas del programa, quería un “refresh”. La verdad es que yo quería ir retirándome del humor político. Gaturro va a quedar y es el futuro, todo el humor de actualidad se muere. Pero a la vez, la coyuntura tiene una fuerza en el día impresionante y ni que hablar en un programa como el de Lanata, que es un Tato Bores de la actualidad. Acabo de sacar el libro “Para todos y todas”, con prólogo de Lanata, con cosas que hice desde Menem, De la Rúa y los Kirchner, es un mix. Siento afinidad con Lanata y Tinelli porque en lo suyo, y yo modestamente en el humor gráfico, somos personas que nos gusta lo que hacemos. Si te gusta y le ponés mucha fuerza, en el largo plazo hay frutos.
Noticias: ¿Qué pasó con la imagen que subió a las redes sociales por la marcha #NiUnaMenos? Fue muy criticada.
Nik: Estaba de viaje y entré tarde a la campaña. Entonces alguien tomó una Ágatha original (la gatita amiga de Gaturro), con su vestidito, carterita, moño enorme y me lo mandó con el #NiUnaMenos y lo retuiteé. Después se armó una polémica con que Ágatha estaba maquillada y con tacos. Bueno, la verdad es que es así el personaje, aunque entiendo que los que no conocen a Ágatha pudieron pensar que era una burla.
Noticias: ¿Por qué hay tanta gente que no lo quiere?
Nik: ¿Por qué hay gente que no quiere a Lanata, por ejemplo? Cuando tenés éxito te critican. A Lanata lo critican porque tiene 20 puntos de rating, pero si hiciera uno, no sé si lo criticarían tanto. Si yo hiciera exactamente lo mismo, pero Gaturro no vendiera ni tuviera 15 millones de usuarios en Mundogaturro.com, supongo que nadie diría nada.
Noticias: ¿Pero no salió a contestar las acusaciones de plagio?
Nik: Sí, lo hice un par de veces con un blog hecho por estudiantes universitarios donde se ve que todos los humoristas gráficos, personas del cine, la televisión, la literatura, cuando producen mucho siempre terminan con algunas cosas parecidas entre sí. Esto pasa todo el tiempo. Me hace gracia ver a otros humoristas que, si hacen el mismo chiste, se abrazan y se dicen “genio”; pero si le pasa a uno que por lo que sea en estos últimos años quedó del otro lado de la grieta, te apuntan con todos los dardos. Ya entendí que es un sistema. Lanata, Tinelli, Lockett tienen exactamente el mismo problema. Milo se metió con el establishment del arte y entonces no lo quieren. ¿Pero es malo? No, es genial, me encanta lo que hace. Si hay un par de galeristas que creen que les rompe el negocio del arte porque abarata la obra, eso no amerita que se lo critique.
Noticias: ¿Está en pareja?
Nik: Sí, desde hace tres años, con Pilar. Tengo dos hijas, de mi matrimonio de doce años con Laura: Mia, de 8, y Ema, de 5. Desde los 18, siempre en pareja largas, no tuve períodos de soledad. Me gustan las personas inteligentes, con ganas de hacer cosas nuevas, inquietas y me gusta que participen conmigo. Creo que se terminan enganchando porque las contagio; es muy divertido, mi oficina es Gaturrolandia, llena de legos, juguetes, libros, colores, no me aburro. No me doy cuenta si trabajo mucho. Confucio decía algo así, no es exacto: tengo el mejor trabajo del mundo, hago lo que quiero. No tenés estrés, no te envejece.
Noticias: Hay gente que hace lo que le gusta pero no le va tan bien como a usted, que maneja muy bien los negocios.
Nik: Sí. Yo no era una persona con mirada comercial ni marketinera. Eso me lo dieron los años, estar en contacto con el que lee, entender qué necesita el otro, la empatía. Y si te gusta a vos, seguramente les va a gustar a los demás. No hace falta ser una mente comercial para que tu producto sea comercial. Tenés que tener un producto bueno y así vas a encontrar gente que te ayude. Las críticas me hicieron crecer, más que los elogios, pero las fundadas. A las infundadas las reconozco inmediatamente. Pero hasta esas críticas me ayudaron a crecer, a entender que el mundo es así. Y esas críticas te dan publicidad gratis, te ayudan a difundir, me hicieron grande.
Noticias: Cuando se encuentra con sus compañeros del colegio, ¿qué le dicen? ¿Auguraban su crecimiento profesional?
Nik: Como me veían todo el tiempo dibujando, decían: “No nos hagamos amigos de Nik que después, de grande, nos va a venir a pedir plata”.

Variaciones Walsh. revista Noticias.

TELEVISION

Por Leni Gonzalez

Pareja de detectives

Variaciones Walsh. Unitario. Jueves a las 22.30 por Canal 7. Elenco: Nicolás Cabré, Luis Luque, Darío Grandinetti y otros. Guión: Esther Feldman y Alejandro Maci, basado en los cuentos de Rodolfo Walsh. Producción: TV Pública y Tranquilo Producciones. Dirección: Alejandro Maci.

*** (tres)

“Creo que nunca se ha intentado el elogio del corrector de imprenta y quizá no sea necesario. Pero seguramente todas las facultades que han servido a Daniel Hernández en la investigación de los casos criminales, eran facultades desarrolladas al máximo en el ejercicio diario de su trabajo”, escribió Rodolfo Walsh en el prólogo de “Variaciones en rojo”, premio municipal de Literatura de 1953 que publicó Hachette, editorial donde años antes el periodista y escritor había trabajado como corrector de pruebas y traductor de cuentos policiales.

Es justamente detrás de Daniel Hernández donde encontramos la voz de Walsh y su minuciosa capacidad para descifrar enigmas. Y es este personaje, interpretado por Nicolás Cabré, quien enlaza las historias de “Variaciones Walsh”, los trece capítulos de media hora del unitario de la TV Pública dedicados a homenajear la memoria del intelectual y militante asesinado hace casi cuatro décadas por la dictadura militar. Los relatos -”La aventura de las pruebas de imprenta”, “La sombra de un pájaro”, “La trampa” y “Cosa juzgada”, entre otros- fueron adaptados por la dupla de “Lalola” y “Los exitosos Pells”, Esther Feldman y Alejandro Maci, quien además está al frente de la dirección.

“Variaciones Walsh” tiene muchos elementos de calidad destacable. En principio, el desafío de la ambientación entre los 40 y 50, años de tangos y varones de traje y sombrero, cuando reinaba la radio, la máquina de escribir y el humo del cigarrillo entre las palabras, época dorada para las tramas habitadas por inalcanzables mujeres con secretos. Ese clima de policial está logrado y es lo mejor que tiene esta ficción junto con el elenco: Luis Luque, como Jiménez, y Dario Grandinetti, como Laurenzi, los dos comisarios a los que sigue el inquieto Hernández en búsqueda de historias sangrientas capaces de entretener a los lectores; y los distintos actores y actrices que participan en cada relato como Soledad Villamil, Valeria Lois, Gonzalo Heredia o Sofía Castiglione.

Pero lo que no termina de funcionar es la narración. Porque la acción sólo está para ilustrar el texto. Los protagonistas cuentan lo que hicieron a los detectives (tal como sucede en una confesión policial) y este relato es acompañado por las imágenes que refuerzan lo dicho. Por eso, los excelentes bocetos que aparecen cumplen la misma función ilustrativa que la actuación, porque lo que el espectador sigue es el razonamiento hablado del detective que desata el nudo del misterio y no lo que hacen los personajes. “Variaciones Walsh” no emociona ni intriga porque todo el peso está en la revelación del investigador, un escalón por encima del resto de los esquemáticos personajes. El interés no reside en desentrañar la táctica del culpable sino en observar la puesta en escena, como en los dibujos de los libros de cuentos que le ponen caras y ropajes a lo que ya leímos.

The Knick. revista Noticias.

16 de noviembre de 2015

Sin anestesia

The Knick. Serie. Viernes a las 23.59 por Max. A las 23 el capítulo anterior. Y repeticiones sábados a las 01 y 22. Guión: J. Amiel, M. Begler y S. Katz. Dir.: S. Soderbergh.

Por

Television

★★★★★ Las series sobre médicos, hospitales y emergencias son un clásico exitoso de la televisión. Quizá porque las tragedias y los milagros de la curación conforman una tierra de fe que el avance científico nunca terminará de desacralizar: el sanador siempre tendrá algo de dios y el sanado, de redimido. Sin embargo, no es en esa profunda piedad en la que se sustenta “The Knick”. Y por eso, es única y se despega de parientes del subgénero.
En su segunda temporada por canal Max, del paquete premium HBO (puede verse completa en On demand), “The Knick” logra desde el principio tener esa marca propia que permite reconocerla del montón, un estilo sostenido que es obra del director (y también productor) Steven Soderbergh. Decidido hace un tiempo a alejarse del cine para dedicarse a la era de oro de las series, el realizador de “Sexo, mentiras y video”, “Erin Brockovich” y “La gran estafa” puso en el centro de la escena a la época: el protagonista principal es el año 1900 en la ciudad de Nueva York, en un hospital, el Knick (que existió, el Knickerbocker, ubicado en zona norte de Manhattan y abierto hasta 1979) donde la esperanza de vida era una discusión diaria y la discriminación ordenaba el lugar de ricos y pobres, blancos y negros, mujeres y varones. Ese clima tiene un compás electrónico, el de la música de sintetizadores de Cliff Martínez (compositor que acompañó muchas veces a Soderbergh), que provoca una síntesis indisoluble: ese teclado es acción en “The Knick”.
Para cualquier espectador es un viaje de ciencia ficción observar cómo se trataba la salud hace un siglo, sin anestesia ni antibióticos pero con una enorme convicción en el progreso de la ciencia y el triunfo de los mejores. En ese contexto a tientas entre lo aprendido y todo lo que queda por investigar, se mueve el jefe de cirugía del hospital, John W. Thackery, un doctor genial y adicto a la cocaína que encontró en Clive Owen la medida perfecta de pasión y oscuridad. Con él trabajan Algernon Edwards (André Holland), un brillante médico negro limitado por los prejuicios; la enfermera Lucy Elkins (Eve Hewson, hija del cantante Bono), enamorada de Thackery; la hermana Harriet (Cara Seymour), una monja que hace abortos; Cornelia Robertson (Juliet Rylance) una aristócrata progresista que transgrede las normas de su clase y su género.
Todo el elenco encarna el dramatismo de una sociedad desigual e injusta donde la alegría es una pincelada momentánea. A los afortunados los persigue la hipocresía y al resto, la crueldad de reglas que no manejan. Pero para todos, la enfermedad es el peor fantasma. Contra él lucha Thackery, como un semidiós de hallazgos caprichosos, capaz de bendecir con el alivio o de errar fatalmente el camino. En “The Knick” sentimos cerca el aliento que nos recuerda que estar vivo puede ser una hazaña mucho más prioritaria que ser feliz.