Otra trama. revista Noticias.

Resistiendo

Otra trama. Periodístico cultural. Viernes a la medianoche por Canal 7. Director: Gabriel Fullone. Conducción: Osvaldo Quiroga. Producción: TV Pública.

Por

00_Televisión

★★★1/2 Cuánto pero cuánto riesgo lleva expresar a los cuatro vientos “¿y qué onda un programa que hable del cine, el teatro, las artes plásticas, la literatura, la música?”. Ufff, cuidado porque te caerá el sayo de aburrido, pacato, antiguo. Peor: elitista que no comprende el gusto de las masas. Todavía más abajo: iluso soñador anclado en un mundo irreal. En fin, pusilánime que no entiende el negocio. Mandarte al cable puede que sea la respuesta más amable. Pero entonces, sí, el desafío será ser divertido, tal vez didáctico, tener muy claro a quién va dirigido. Por supuesto que todas esas exigencias tienen sentido. El problema es que siempre, rigurosamente, esas respuestas deben darlas los infelices que quieren informar acerca de una película, una obra de teatro, un museo al que perderle el miedo.
Guglensenlón, grita la hinchada. Para esos nichos están los blogs, youtube, páginas especializadas: suele escucharse eso y es verdad. Hay de todo para todos los gustos porque la cosecha de opinión nunca se acaba. ¿Y? ¿Por esa razón los programas de chimentos arrasan la tevé abierta sin dejarles lugar a los espectáculos? ¿Acaso las irrefrenables publicidades de antipiojos y de jarabes antitós se negarían a aparecer en un programa donde el tema fuera un libro o un actor no famoso? ¿O la inercia de la repetición es ley? ¿De quién es el prejuicio?
Toda esta perorata inutilísima viene a cuento de una resistencia. La de Osvaldo Quiroga (trinchera que comparte con Cristina Mucci), un periodista y crítico (uy, cuco) que insiste desde hace casi veinte años con hacer un programa (primero en Cablevisión y a partir de 2000 por Canal 7) que primero se llamó “El refugio de la cultura” y hoy “Otra trama”, un título con menos historia pero más interesante que el original, que peca de explícito y un poquitín pedante.
Y aquí me hago cargo de lo que se hace siempre: ponerse los anteojos y exigirle al ciclo “cultural” excelencia en los detalles. Que no sea ampuloso pero tampoco banalice el contenido; que no dé veladas paquetas pero a quién se le ocurre la cumbia en el Colón; que traiga a figuras emergentes pero cómo se olvida de los miembros fundadores; y etcétera. Muchos de esos detalles son criticables en “Otra trama” y bienvenidas esas polémicas. En mi caso, podría preguntarle a Quiroga por qué la televisión queda afuera de su mundo, por qué mantiene a raya algunos géneros y esto y lo otro, pero no importa. En un momento en que la opinión pública está focalizada en “6,7,8” sí o no, es mucho más urgente cuidar otros trapos: el chiquito espacio de medianoche que tiene gente que no es convocada por el resto de la televisión privada. Después discutamos si le sacamos el blazer al conductor, pero mientras tanto, a dejar prendida esa lamparita. No porque se trate de iluminar el rumbo sino porque es casi la única puerta abierta para muchos artistas.

Rubén Szuchmacher. revista Noticias

PERSONAJES

Rubén Szuchmacher (64)

Lo incapturable” es el título del último libro del actor y director teatral Rubén Szuchmacher, maestro del arte de puro presente que no se lleva a casa, no se luce en la biblioteca ni acepta repetirse por múltiples pantallas. Intensa fugacidad del aquí y ahora, lo inasible es también Szuchmacher, eterno perseguidor de sí mismo en el psicoanálisis. Encontrado y perdido, acaso la definición que mejor le calce sea la del nombre del libro publicado por Random House Mondadori. Porque no es fácil capturar a los yumájeres en un solo manotazo periodístico. Tampoco recordar la manera exacta en que se escribe su apellido, casi una metáfora de algo que siempre, invariablemente, se escapa.

Tengo una colección de formas en que me han escrito el apellido y cada una más ridícula, hasta hoy. Y tuve otra desgracia: mi nombre es Rubén Rolando y me ponian Ruben Orlando como el peluquero. Hasta documentos y cheques. Todo el tiempo tuve que estar peleando por mi identidad. Es notable”, dice el coordinador artístico de las salas ElKafka y el Payró.

Noticias: ¿El nombre elegido fue por su padre?

Rubén Szuchmacher: Mi padre se llamaba Jaime Rubén. Y hace algo muy interesante conmigo. Se casa con una no judía y le pone a su hijo varón su segundo nombre, algo que está prohibido en la ley judía: no se pone el nombre de una persona viva. Mi papá venía de una familia ortodoxa y comete esta especie de doble transgresión. Cuando a los 13 años le pido hacer mi Bar Mitsvá -porque todos mis compañeros lo hacían- me dijo que no: “Nosotros somos comunistas”, dijo. Lo gracioso es que cuando vino de Polonia, entre las pocas cosas que trajo, estaba su tefilin que es esa bolsita con las cosas para el Bar Mitsvá. Ese es el único objeto que tengo de mi padre. Y mi conexión con el judaísmo es política y cultural, mi manera de leer un texto tiene que ver mi tradición. Soy ateo pero ¿quién se salva de tener algun pensamiento religioso?

Noticias: ¿En su casa se respetaban las fiestas religiosas?

Szuchmacher: El único día que mi papá no trabajaba era el Día del Perdón, que dedicaba al recuerdo de su familia muerta por el nazismo. Para mis hermanas y yo era bárbaro faltar al colegio los días de festividades judías. Pero también festejábamos Navidad y Año nuevo.

Desde Polonia, a los 17 años, llegó Jaime, en 1937. A la joven Olga, argentina, de origen catalán-francés y español, la conoció en algún acto político del Partido Comunista. El amor, las ideas y las ganas de salir adelante los unieron a pesar de la diferentes tradiciones. Tuvieron tres hijos: Victoria, Perla y Rubén: “Mi viejo era obrero y llegó a tener una pequeña fábrica de tejido de punto, camisetas y anatómicos, como se les decía. Hubo un momento breve de esplendor y luego en la época de Frondizi, quebró. No éramos de dinero pero si muy ligados a la cultura, se compraban libros y discos, había que hacer cosas. Una familia progresista, no religiosa pero con una fuerte impronta idishista”.

A los 6 años ya estaba estudiando música y teatro en la Escuela de Iniciación Artística del Teatro IFT . “Había un espíritu de época. A los 13 años, con un par de compañeros de quienes no recuerdo el nombre (ojalá leyeran esta nota) fundamos un cineclub en el IFT. Le pusimos ‘Shunko’ como la película de Lautaro Murúa, y la primera película que pasamos fue ‘Crónica de un niño solo’, de Leonardo Favio que todavía no se había estrenado. Me recuerdo hablando con él. Ahora todo se maneja diferente, es más cholulo, más ‘Vanity Fair’, antes estábamos más cerca. Habremos hecho algunas funciones y pronto, se dispersó”, dice el ganador del Ace de Oro en 2004.

Noticias: ¿Quería ser actor?

Szuchmacher: No lo sabía bien. Quería ser músico y ser arquitecto y maestro también. Eran años de la gran confusión que dieron por resultado lo que soy ahora. Por eso entré en el Normal Mariano Acosta porque siempre quise ser maestro, eso lo quise toda mi vida. Estuve dos años, me echaron por política, para que “la Argentina no tenga un maestro como usted”, y nunca dejé de enseñar. Terminé en un colegio rasca. Bah, no terminé. La escuela era una tortura para mí. A los 16, yo ya trabajaba de titiritero en el teatro Colonial, era un culo inquieto.

Noticias: ¿Qué pasó en su casa cuando dejó el colegio?

Szuchmacher: No fue visto con demasiada alegría. Mi hermana mayor ya se había tomado su tiempo para terminarlo. Tenía como 20. Es médica y la profesional de la familia. A Perla, que hacía teatro, también le quedó una materia que nunca dio. Y yo terminé de dar las materias y me recibí de bachiller a los 49 años. Lo llamé a mi papá y le dije: “Papá, ¡me recibi!”. Y me dijo: “Bueno, ¿estás contento?”. A los dos días de recibirme, empecé a ensayar “Galileo Galilei” en el San Martín, era director atístico del Centro Cultural Ricardo Rojas de la UBA, ya había vivido en Alemania, tenía una vida hecha y sin embargo, eso había quedado pendiente.

Noticias: ¿Cómo fue la experiencia en Alemania?

Szuchmacher: Cuando fui a vivir a Alemania a mi padre le sorprendió mucho, cómo me iba al pais de los asesinos de la familia. También podia responderle que era la tierra de Marx o de Brecht. Para mí fue muy bueno, estuve en la época de la caída del Muro, presente en ese momento histórico. Antes de llegar a Alemania, había estado en Moscú, al tiempo que caía Ceaucescu en Rumania. Recuerdo estar en la Plaza Roja, solo con mis amigos. Era un desastre la situación política. Me sentía John Reed, el de “Diez días que estremecieron al mundo”. Me gusta cuando me pasa eso, estar en el momento justo de la historia.

Noticias: Volvamos atrás: ¿Cómo la pasaba en el colegio?

Szuchmacher: Lo padecí mucho el colegio. Porque me pasó una “desgracia”: mis hermanas mayores me enseñaron a leer y escribir a los cuatro años. No era un superdotado sino hiperestimulado por mis hermanas para quienes era su juguete, me enseñaban de todo y entré a primero inferior sabiendo muchas cosas. Recuerdo haber escrito mal un dictado para que me dieran bola. Estaba siempre con gente más grande. No me gustaba el fútbol ni los deportes, ir al gimnasio es la peor tortura que me puede pasar, no me voy a hacer ahora el canchero ni el nac&pop.

Noticias: ¿Cómo recuerda a sus padres?

Szuchmacher: Papá era muy exigente. Fue un muy buen padre pero nos dimos cuenta después. En la adolescencia lo sufrimos, me legó esa superexigencia de estar siempre haciendo algo. Pero no quiero ser injusto con la vieja. Asi como de mi viejo recibi el bagaje de construcción intelectual, de mi vieja recibí lo artístico. En su familia se cantaba, se tocaban instrumentos, por ella yo sé canciones españolas, coplas, zarzuelas, tangos, era la conexión con lo popular. Hizo solo escuela primaria, trabajaba con mi papá pero tenía una sabiduría de la vida enorme. Además de ser una gran cocinera y hacer mejor cocina judía que mi tía Dora, que era judía pero no le salía tan bien como a mamá.

Noticias: ¿Cuál de los dos murió primero?

Szuchmacher: Ella decía que iba a morir después que papá que era un roble y se creía Astroboy. Pero él murió antes. Eso la vieja no lo esperaba pero lo pudo procesar. Lo que la mató fue la muerte de mi hermana Perla. No pudo. El médico me contó que ella le dijo: “No puedo superar la muerte de mi hija”. Y ese día murió. Yo la había visto el día anterior. Me pidió que le leyera unos versos de Machado, “Cuando me vaya”. Me abrazó, se estaba despidiendo.

Entre 2008 y 2010, Szuchmacher perdió sin tregua y en muy poco tiempo a su pareja Daniel Brarda, a su hermana, su madre, una tía. Se quedó solo. La hermana mayor vive en Uruguay y los sobrinos, por el mundo. Esa devastación, la sensación de no existir, lo empujó a poner el cuerpo, a sentirlo arriba de un escenario. Y volvió en 2012, después de diez años de no actuar, a hacerlo con “Escandinavia”, la obra de Lautaro Vilo donde un hombre despide en un velorio a su marido y con la que continúa cada tanto, funciones sueltas cuando tiene tiempo y ganas.

Noticias: Está rejuvenecido

Szuchmacher: Estoy empezando a tener una dimensión histórica de mi vida. Ya me falta poco para los 65 y puedo hablar de lo que pasó hace medio siglo. Me relajé y estoy aceptando de que no soy un pendejo, que no tengo descendencia… y fue placentero aceptar esa historia. No es que viva de recuerdos sino que me liberó y me dejó proyectar al futuro, sin miedo hacia delante. Esto me pasó cuando terminé de hacer el duelo hace dos años.

Noticias: Con esa dimensión histórica, ¿cómo fue trabajar con Raffaella Carrà en la película “Bárbara” (1980)?

Szuchmacher: Gracias a esa pelicula todavia cobro por SAGAI (Sociedad argentina de gestión de actores intérpretes). Tenia 29 años y en ese momento estaba ensayando “Boda blanca”, con Laura Yusem. Algún amigo me recomendó, necesitaban alguien como yo y necesitaba la plata. Estaba en una especie de crisis, no quería actuar, habia entrado a la carrera de Psicología social, no me gustaba lo que me pasaba, estaba así de esa manera que cada tanto me pasa hasta que logro encontrar un motivo para elegir, para volver a enamorarme del teatro. Fue una experiencia buena. Ah, en los créditos ¡está mal escrito mi apellido!

Noticias: ¿Pero cómo se llevó con la italiana?

Szuchmacher: Ella era muy diva, casi no teniamos trato. Pero justo una vez que tuvimos que esperar y no estaba el trailer, nos sentamos a tomar un café en la misma mesa. La verdad es que me tenía un poquito harto. Y le digo: “Tengo un muy buen recuerdo de vos como actriz”. Y ella, que venia muy famosa por el trabajo con Sinatra en “El expreso de Von Ryan”, me dice si era por esa pelicula. “No -le digo-. Por “I compagni”, de Mario Monicelli.” Se levantó, se fue y no me habló nunca más. Me miraba solo en las tomas. Era una pelicula de 1963 financiada por el partido comunista italiano, con Marcello Mastroianni, ella estaba morocha, muy jovencita. Eran épocas sin Internet en que cada uno contaba la historia como quería.

Noticias: Szuchmacher, es verdad que dijo que “había que dejar de hacer teatro por dos años”?

Szuchmacher: Sí, fue algo que puse en Twitter. Por la compulsión a hacer cosas sin ninguna reflexión. Hay una cantidad excesiva de espectáculos en Buenos Aires que agota al público. Esta legalizado el amateurismo en el sistema teatral y se le da subsidios y voz. Una parte de eso estuvo bien porque movió cosas pero creo que se pasó, es elefantiásico que haya 3.500 obras en el off en un año, porque no es por eso que tengamos un mejor teatro.

 

Martín Slipak: “Nunca se termina de conocer a nadie”

De permanente actividad en el cine, el teatro y la televisión, esta semana estrenó el film Cómo ganar enemigos, como protagonista

PARA LA NACION

SÁBADO 17 DE OCTUBRE DE 2015
Foto:Soledad Aznarez
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No importa cuántas veces se la fatigue. Para definir a Martín Slipak vale la pena usar esa palabra de nuevo. Sí, es “intenso”. Quizá lo simule, ya que en esta nota dirá que “nunca terminamos de conocer a nadie” pero eso es lo que parece, por su manera concentrada de mirar, como si subrayara lo que dice acerca de lo que hace, que es mucho y desde los ocho años, cuando encontró que su carrera era la actuación. Dos décadas después, sigue eligiéndola en cine, teatro y televisión. Es el protagonista de Cómo ganar enemigos, la segunda película de Gabriel Lichtmann (Judíos en el espacio, 2005), acompañado por Javier Drolas, Inés Palombo, Fabián Arenillas, Ezequiel Rodríguez, Sebastián Kirzner, Gabriela Izcovich y Carla Quevedo. Su personaje es un abogado más bueno que el pan a quien una chica, en apariencia muy recomendable, le roba todos los ahorros en la primera cita y de-saparece. Entonces, decide ponerse a investigar por su cuenta.

-Es muy diferente a su hermano mayor (Drolas), que también es abogado…

-¿Podría hablarse de un cine argentino judío representado por directores como Lichtmann, Daniel Burman, Ariel Winograd, Martín Rejtman, quizá Damián Szifron?

-En la miniserie Historia de un clan (Telefé), interpretás al segundo de los secuestrados, Eduardo Aulet. ¿Cómo te acercaste al tema?

-No vi la película ni quise leer el libro ni nada de la historia de este pobre pibe. La historia está basada en hechos que todos conocen pero lo interesante es la propia versión, sin faltar el respeto a nadie. Luis (Ortega, el director) les habla mucho a los actores y en esas situaciones podés dejar que eso te entre en la cabeza o no. Te entregás, confías o no. Y en Luis confías. No se queda en la anécdota sino que se mete en un lugar riesgoso, en detalles, y ahí busca la belleza.

-Fue muy comentada la escena con Tristán, en el lugar del secuestro, con el globo y los sanguchitos de cumpleaños.

-No tenía recuerdo de esa escena, no me acordaba de que tenía que hacerla. Creo que Luis lo pensó para que saliera así, tan estremecedor. Es muy onírica. Las cadenas, por ejemplo, no quise que me las ataran flojitas, quería sentir ese sofocamiento, creo que esa situación te potencia. Luis no especula con nada, se corre un poco de todo porque busca, prueba. A veces pasa en la televisión, como fue con Los simuladores o Tratame bien, en 2009, donde hice de hijo de Julio Chávez. Underground me hace acordar a la Pol-ka de los comienzos.

-Hablando de Pol-ka, ¿cómo fue la experiencia en Noche&Día, como el hijo del personaje de Oscar Martínez?

-No lo pasé nada bien. Se desvirtuó. Sabía que Oscar se iba antes pero no tan pronto. Entendí lo que estaba pasando y traté de acomodarme pero no son procesos cómodos. Creo que se tiene que mantener la circularidad entre actor y director, el ida y vuelta, que te escuchen. Lo impredecible es la reacción del público y, por eso, prefiero los unitarios o las series que no dependen del rating.

Tres son las series en las que participó y esperan su estreno: La última hora, de Gastón Portal; Encerrados, de Benjamín Ávila (Infancia clandestina), y Viajes, también de Lichtmann. Y tres son las películas que también lo tienen en el elenco: Resurrección, con Patricio Contreras, de Gonzalo Calzada, sobre la epidemia de fiebre amarilla a fines de siglo XIX; Upa 2!, donde hace de sí mismo; y Toda la noche, de Tamae Garateguy y Jimena Monteoliva.

En cuanto al teatro, después del éxito de El principio de Arquímedes -dirigida por Corina Fiorillo-, donde interpretó a un profesor de natación que elige tomar distancia de un colega sospechoso de abuso infantil, trabajó en Gigoló, pero poco tiempo debido a que la obra se suspendió por el accidente de Andrea Bonelli. Si bien la obra va a reponerse cuando mejore la salud de la protagonista, no va a volver porque está comprometido en otro proyecto para el verano: ¡Jettatore!, de Gregorio de Laferrère, con dirección de Mariana Chaud, en el teatro Caminito. Y está escribiendo Pis, pequeña historia amor animalesco, su segunda obra después de Relato íntimo de un hombre nuevo, que presentó en la Bienal de Arte Joven 2014 y donde dirigió a Lisandro Rodríguez. “Sí, quiero dirigir”, dice.

Diego Toni. revista Noticias.

6 de octubre de 2015

Diego Toni: “No hay una línea política en el canal”

Gerente de Contenidos de Canal 9 desde 2013, habla de latas televisivas, el mito del “fantasma” González y su relación con Sofovich.

Esto es lo más winner que puedo ser”, dice Diego Toni al fotógrafo, que le sugiere mayor entusiasmo ante el flash. Pero no. Con un aire dolinesco, el gerente de Contenidos de Canal 9 se parece más a un pensador melancólico que a un empresario. “Cuando era joven, con los rulos, me encontraban parecido a Ricardo Darín”, arrima sin obtener respuesta. En cualquier caso, queda claro que lo suyo está detrás de cámara. Por herencia o por ósmosis, algo de esa inclinación tenía que llegarle.
Hijo de Luis Pedro Toni, conocido periodista de Espectáculos, a su casa la visitaban el megaconductor Pipo Mancera y el inventor de Crónica, director de canales y empresario Héctor Ricardo García quien, además, es su padrino. “Me pasaba a buscar y nos íbamos a pasear”, dice el responsable de la programación de Canal 9 desde abril de 2013.
Noticias: ¿En esa casa se hablaba todo el día de chimentos?
Diego Toni: No. Mi mamá era ama de casa, papá estaba afuera todo el día y cuando llegaba no se hablaba de trabajo. Salíamos los fines de semana, mucho al cine, toda la familia.
Aquella familia del barrio de Villa Devoto y Belgrano estaba formada por los padres y tres hijos varones: además de Diego, Luis –en la actualidad trabaja en el canal– y “Tochi”, que tiene síndrome de Down y vive en el hogar paterno. La bioquímica Marcela Cambas (53), Agustina (20), estudiante de Arquitectura, y los mellizos Franco y Tomás (18), estudiantes de Ciencias Exactas, uno, y de Ciencias de la Comunicación, el otro, son la familia que fundó en los ´90. Tal vez por conocer a los periodistas, Toni habla poco de su historia doméstica. Sin dejar de ser amable, es muy parco y hay que andar robándole las palabras.
Noticias: ¿Qué hacía de chico?
Toni: Miraba mucha pero mucha televisión, tanto que hasta hoy te puedo repetir los horarios y la programación de los canales.
Noticias: ¿Y no jugaba al fútbol? ¿De qué club es hincha?
Toni: Sí, jugaba. De Estudiantes de la Plata.
Noticias: ¿Qué? ¿Pero usted es de La Plata o tiene algún tío por ahí?
Toni: No. De chico, a fines de los ´60, seguí la campaña de Estudiantes. Mi papá era comentarista deportivo y acompañaba a Enzo Ardigó. Iba con ellos y me hice hincha. Pasó el tiempo y ahora llevo a mis hijos a la cancha.
Noticias: ¿Dónde estudió?
Toni: La secundaria la empecé en el Colegio Episcopal, en Devoto, pero me cambié al Saint Jean, en Urquiza, donde tuve de compañero a Jorge Rial.
Noticias: ¿Cómo era?
Toni: Igual que ahora, un gallego calentón.
Noticias: ¿Siguió estudiando?
Toni: Fui a Derecho pero no seguí, quería trabajar. A mi papá no le gustó pero me dejó hacer, no se metió.
Noticias: ¿Consiguió trabajo?
Toni: Le pedí trabajo a mi padrino, en Crónica. “¿Querés trabajar? –me dijo– Bueno, te espero mañana a las 9 en el diario”. Ahí estuve. Él no había ido. Lo esperé. Llegó a las cuatro de la tarde. Nunca llegaba antes. Lo hizo para probarme, para ver cuántas ganas tenía de trabajar.
Noticias: ¿Y trabajó?
Toni: Sí. Creía que iba a ser su mano derecha o algo así. Me mandó de cadete a la sección Publicidad. Me quedé un tiempo hasta que me salió una oportunidad en la revista “Semana”, de Editorial Perfil, y un trabajito en el programa “La casa de Patricia”, con Patricia Lage por ATC, donde empecé a producir y me di cuenta de que quería eso. Después estuve en Teledos con Lucho Avilés y con Gerardo Sofovich; comencé como asistente de producción en “La noche del domingo”.
Noticias: ¿Cómo se llevaban?
Toni: Mi pasión por este negocio la aprendí de él, durante veinte años trabajé con él. Aprendí mucho y también discutíamos mucho. Era muy celoso, no quería que lo dejaras ni trabajaras para otro. Era un tipo que veía más allá, igual que García o Tinelli que ven notas donde la mayoría sigue de largo. Una vez, en los clasificados encontró a un tipo que vendía un oso hormiguero y lo llevó a “La noche del domingo” y fue un éxito. Esa clase de cosas que los comunes no haríamos.
Noticias: ¿Lo extraña?
Toni: Por suerte nos amigamos. Durante cinco años estuvimos sin hablarnos. Se enojó porque no me fui a América con él, me quedé en el 9 adonde había ido por Hadad, a quien conocí como productor y como gerente del canal. Estaba bien ahí, no quise cambiar, pero Gerardo no lo entendió. Cuando volvió al 9 nos amigamos.
Noticias: ¿Canal 9 es el “canal de las latas”?
Toni: Siempre la televisión argentina usó latas, mucho antes de que las legitimara El Trece con la novela turca “Las mil y una noches”. Claro que son más baratas que una producción nacional propia, eso no se niega pero, por otro lado, ¿por qué te vas a privar de ver esas ficciones extranjeras? De la misma manera que está perfecto que nuestras producciones se vean afuera, como las latas de Natalia Oreiro o antes de Andrea Del Boca que fueron furor en Europa del Este e Israel. Además, acá hay cosas que ya no se pueden hacer. Es un camino que se abandonó. Lo inició Alejandro Romay pero se apostó a producir para el mercado interno y no al internacional.
Noticias: ¿Lo siente como una revancha que Telefe y El Trece programen “latas” brasileñas y turcas?
Toni: No es una revancha. Alguien creó esa campaña maliciosamente cuando el canal buscaba afinar sus cuentas y tenía más latas. La realidad es que todos los canales las tienen. Crecí con “Brigada A”, “El santo”, “Los tres chiflados”, “Ladrón sin destino”, “Los dukes de Hazzard” y eran latas, pero no las llamaban así, eran series. Le dicen latas las mismas personas que las fabrican: Pol-ka o Underground hacen buenas latas que venden al exterior. Decirle “latas” despectivamente no me gusta, es parte de la industria y de la globalización.
Noticias: Su padre es periodista de Espectáculos y habla de cine y teatro en lugar de chimentos. Sin embargo, hoy periodista de espectáculos se convirtió en sinónimo de chimentero. ¿Por qué pasó?
Toni: Porque la gente va mucho menos al cine y al teatro. Antes se llenaban y había varias funciones. Ahora no. El que quiere leer una crítica, la busca en Internet. En el cable puede haber algo así pero no en el aire que es popular, donde la mayoría de la gente, repito, no va a ver espectáculos.
Noticias: ¿Cómo ve el futuro de la televisión?
Toni: La televisión no va a desaparecer. Cambia el formato. Hay pocos recursos para sostenerla porque la torta publicitaria se reparte entre muchas más cosas. Nosotros trabajamos para expandir las multipantallas.
Noticias: ¿Cuánto le preocupa la carrera por el rating?
Toni: Banco mis programas, los espero a que crezcan y no doy manotazos desesperados de último momento. Además cambiar la programación es carísimo. Hay que darles tiempo a los productos. Por ejemplo, “Combate”, se fue consolidando de a poco. Había que construir ese televidente joven conectado a las redes sociales que no teníamos. También nos va bien con los unitarios. No quiero ficciones diarias. Me gusta un canal familiar, blanco, como lo que hizo Gustavo Yankelevich en Telefe, pero sin grandes figuras y con mucho entretenimiento. Me encantaría traer a Diego Capusotto, Guido Kaczka, Mariano Peluffo, Iván De Pineda. Pero no estoy en carrera contra lo que hacen otros; quiero acercarme a la gente, ese es mi desafío.
Noticias: Otro misterio: ¿cómo está formado Canal 9?
Toni: Había un mito que decía que Kiss pisaba pollitos en el escenario. Con el 9 también se construyó un mito, una campaña de prensa que el canal no contestó. En el canal trabajan 600 personas, nadie perdió el trabajo y hay ocho estudios de los que se usan seis con HD. El 9 tiene una alianza estratégica con el grupo Albavisión, donde Remigio Ángel González es un socio más, con socios de capitales argentinos: no hay ningún misterio, es imposible vivir fuera de la ley.
Noticias: ¿Diego Gvirtz, productor de “TVR” y “Duro de domar”, va a continuar en el 9?
Toni: Es mi amigo. Lo conozco desde hace 25 años. Su contrato se termina a fin de año y seguramente continuará. Me gusta “TVR” aunque quisiera que saliera los lunes. Si te referís a cuestiones políticas, no hay una línea política en el canal, ni yo la tengo; es cuestión de cada producción.
Noticias: ¿“678” podría mudarse al 9 si hay un cambio político?
Toni: No, no creo.
Noticias: ¿Le llega algún rebote todavía del affaire Viviana Canosa?
Toni: No, ya fue. No tuve nada que ver. Tantos años haciéndose la mala, después se lo tiraron todo encima. Pero nosotros quedamos en paz. Ojalá la vaya bien.
Noticias: En 2014, con “El patrón del mal”, el gran año de “Bendita” y la consolidación de “Qué mañana!” muchas meses se ubicaron en el tercer lugar ganándole a su competidor, América. Pero este año otra vez pasaron al cuarto.
Toni: Ellos hacen muy bien los programas de chimentos, los de discusión con panelistas, tienen esa especialidad, y con “Gran Hermano” les ha ido bien. Acá, las narconovelas funcionaron muy bien, abrieron un espacio a la audiencia masculina. Pero ahora tenemos que reacomodarnos. Las mañanas las ganamos con Ariel Rodríguez Palacios pero no entra en el promedio del Ibope. Y el noticiero, con el refuerzo de Marisa Andino, también creció. Con las telenovelas de la tarde vamos a seguir porque son una alternativa a los chimentos. Para los fines de semana tenemos los formatos de Ideas del Sur, “Tu mejor sábado” y “Tu mejor domingo”, y sumamos el talent show familiar “Está cantado”. En este país se discute todo y de la tevé hablan todos y opinan igual que con el fútbol.

NIK. revista Noticias.

19 de octubre de 2015

Cristian “Nik” Dzwonik: “Las críticas me hicieron grande”

Lanzó el libro de humor político “Para todos y todas”. El marketing imparable de Gaturro, trabajar con Lanata y afinidad con Tinelli.

Cristian Dzwonik es Nik como bien saben, por lo menos, quienes así lo llaman desde chico. Pero lo que, sin dudas, todo el gatumundo sabe es que es el gatuinventor de un gatupersonaje llamado Gaturro, que le ganó la batalla a las siete vidas, goza de excelente salud y continúa reproduciéndose desde su aparición en el diario La Nación hace 20 años: libros y libros (es largo, está en Wikipedia), traducciones a diez idiomas, revista, sitio web, teatro, comedia musical, cine, muñequitos, útiles escolares, calzoncillos y, por qué no algún día, su propio Lego y hasta un parque temático. No hay límites en el universo Nik.
“Estoy seguro de tener raíces judías y lo estoy investigando. Con el apellido, la cara y los anteojitos que tengo, por mi forma de ser y de pensar, me llaman desde siempre a dar charlas en la universidad de Tel Aviv, tengo muchos amigos de esa colectividad y me llevo muy bien con esa cultura”, dice Nik, hijo de padres ingenieros, dos hermanos menores (Laura, médica; Hernán, diseñador de imagen y sonido) y criado en Parque Avellaneda, al sur de Capital Federal. Los abuelos paternos vinieron de Ucrania con lo puesto y, para socializar, concurrían a una iglesia metodista de barrio: ahí el papá conoció a la mamá y ahí el pequeño Nik iba a jugar al fútbol pero no a la misa porque se aburría. “Nunca fui religioso”, dice.
Los tres hermanos son egresados del Colegio Nacional Buenos Aires, del cual el mayor guarda un buen recuerdo con algo de reserva: “Me ayudó mucho en mi carrera, a pensar, a conceptualizar, a participar. Pero no me gusta ese halo de elite, de Illuminati”, dice.
Noticias: ¿Era popular en el colegio?
Nik: No. Era, como ahora, tímido, siempre estaba dibujando. En Dibujo siempre tuve diez. Me iba bien en Arte, Matemática, Historia y Geografía. Me costaba Educación Física, Lengua, Química y Física. Pero no me llevé materias.
Noticias: ¿Tuvo como compañeros a Martín Lousteau y Axel Kicillof?
Nik: Lousteau es un año más chico y Kicillof, dos, pero los conocí, eran populares e inteligentes. También Aníbal Ibarra es del Colegio, pero más grande, fue preceptor y nos cruzamos en algún partido de futbol.
Noticias: ¿Fue uno de los primeros en tener una Mac?
Nik: Sí. Desde chico me gusta la tecnología y la computación, y tuve la suerte de tener amigos con computadoras. Mis abuelos eran muy pobres y mis viejos fueron de a poco hacia una clase media de profesionales. Tuve una infancia linda pero jugaba con cajones de manzana y arena que usaba mi abuelo, nada que ver con mis hijas que tienen iPhone y tablet. En la Facultad de Diseño Gráfico, tenía un amigo con la Mac con la que trabajábamos juntos. Tener una era revolucionario en esa época. Cuando empecé a hacer mis primeros trabajos, me pude comprar la mía.
A los once años empezó en la escuela de Carlos Garaycochea y a los 14 publicó su primer dibujo en la revista Patoruzú. Dos años después trabajaba en Muy interesante, de García Ferré, medio al que le siguió el diario El Cronista, donde tenía de jefe a Orlando Barone: “Sí, el que hoy me critica por “6,7,8”, mirá lo que son las vueltas de la vida. Es el mismo que me decía que era un genio y que me iba a ir bárbaro”.
Noticias: ¿Quiénes son sus amigos?
Nik: Tengo de todas las épocas: de la primaria, secundaria y la facultad. Del diario La Nación, donde estoy desde hace 25 años. Y de la vida, todos distintos. Soy amigo de Milo Lockett y del “Pelado” Almeyda. Claro, soy muy hincha de River. Colaboro con la fundación River, la de Boca…
Noticias: ¿Con la de Boca también?
Nik: Sí, me gusta ayudar.
Noticias: ¿Cómo llega a La Nación?
Nik: Se interesaron por las carpetas que llevaba. Siempre pienso en lo que necesita cada empresa. El error es ir con una carpeta con las necesidades de uno y no con lo que otro necesita. A La Nación le faltaba humor con más fuerza. Empecé haciendo algo una vez por semana y en seguida fueron dos veces, tres y así.
Noticias: ¿Qué hacía?
Nik: Chistes de actualidad donde ya aparecía un gatito dando vueltas. Era como mi sello, así como Landrú dibujaba uno, flaquito, yo también tenía uno, sin nombre. Creo en los íconos que tenés que crear, son tu firma y lo que te hace reconocible.
Noticias: ¿Tuvo y tiene gatos?
Nik: Me crié con gatas y gatos, perros y perras. Tuvimos una gata muchísimos años, bastante parecida a Gaturro. Ahora no tengo porque vivo en un departamento. Si volviera a vivir en casa tendría muchos.
Noticias: ¿En qué piensa primero cuando hace una tira?
Nik: A veces podés empezar garabateando algo y eso te dispara. Pero, en general, lo primero es la idea y el remate, de atrás para adelante.
Noticias: ¿Por qué explotó Gaturro?
Nik: Siempre me gustó mucho trabajar para chicos. Aunque empecé haciendo humor de actualidad, en paralelo trabajaba para editoriales infantiles como Kapelusz. Pero no me gusta el infantilismo. Les hablo a los chicos pero puede leerlo alguien grande también. Hay un fenómeno de transmisión de padres a chicos. Es una tira muy gráfica, muy visual, distinta de lo que había en Latinoamérica, donde cada palabra acompaña a cada dibujo, juego con las palabras como si fueran formas y trato de tirar hacia arriba. Empecé despacio, subiendo de a poco y sostenido. No es que explotó de un día para otro como “Violetta”. Es un personaje con futuro, puedo pensarlo de aquí a diez años, como fue Mafalda. Mis objetivos son cortitos y van sumándose.
Noticias: ¿No está aburrido de Gaturro?
Nik: No, no me aburre. Voy a seguir porque todavía tiene mucho para dar, me sigue divirtiendo, la tira está en constante evolución. En paralelo estoy diseñando otro pero no puedo contar porque lo estoy haciendo con una compañía muy grande. Los personajes no se piensan desde lo formal, desde el dibujo. Tenés que tener el concepto. No importa que sea una esponja, una banana o una botella con patitas. Importa lo que vas a decir y después aparece la forma.
Noticias: ¿Cómo llegó al programa “Periodismo para todos” (El Trece)?
Nik: Jorge Lanata me convocó porque quería renovar algunas cosas del programa, quería un “refresh”. La verdad es que yo quería ir retirándome del humor político. Gaturro va a quedar y es el futuro, todo el humor de actualidad se muere. Pero a la vez, la coyuntura tiene una fuerza en el día impresionante y ni que hablar en un programa como el de Lanata, que es un Tato Bores de la actualidad. Acabo de sacar el libro “Para todos y todas”, con prólogo de Lanata, con cosas que hice desde Menem, De la Rúa y los Kirchner, es un mix. Siento afinidad con Lanata y Tinelli porque en lo suyo, y yo modestamente en el humor gráfico, somos personas que nos gusta lo que hacemos. Si te gusta y le ponés mucha fuerza, en el largo plazo hay frutos.
Noticias: ¿Qué pasó con la imagen que subió a las redes sociales por la marcha #NiUnaMenos? Fue muy criticada.
Nik: Estaba de viaje y entré tarde a la campaña. Entonces alguien tomó una Ágatha original (la gatita amiga de Gaturro), con su vestidito, carterita, moño enorme y me lo mandó con el #NiUnaMenos y lo retuiteé. Después se armó una polémica con que Ágatha estaba maquillada y con tacos. Bueno, la verdad es que es así el personaje, aunque entiendo que los que no conocen a Ágatha pudieron pensar que era una burla.
Noticias: ¿Por qué hay tanta gente que no lo quiere?
Nik: ¿Por qué hay gente que no quiere a Lanata, por ejemplo? Cuando tenés éxito te critican. A Lanata lo critican porque tiene 20 puntos de rating, pero si hiciera uno, no sé si lo criticarían tanto. Si yo hiciera exactamente lo mismo, pero Gaturro no vendiera ni tuviera 15 millones de usuarios en Mundogaturro.com, supongo que nadie diría nada.
Noticias: ¿Pero no salió a contestar las acusaciones de plagio?
Nik: Sí, lo hice un par de veces con un blog hecho por estudiantes universitarios donde se ve que todos los humoristas gráficos, personas del cine, la televisión, la literatura, cuando producen mucho siempre terminan con algunas cosas parecidas entre sí. Esto pasa todo el tiempo. Me hace gracia ver a otros humoristas que, si hacen el mismo chiste, se abrazan y se dicen “genio”; pero si le pasa a uno que por lo que sea en estos últimos años quedó del otro lado de la grieta, te apuntan con todos los dardos. Ya entendí que es un sistema. Lanata, Tinelli, Lockett tienen exactamente el mismo problema. Milo se metió con el establishment del arte y entonces no lo quieren. ¿Pero es malo? No, es genial, me encanta lo que hace. Si hay un par de galeristas que creen que les rompe el negocio del arte porque abarata la obra, eso no amerita que se lo critique.
Noticias: ¿Está en pareja?
Nik: Sí, desde hace tres años, con Pilar. Tengo dos hijas, de mi matrimonio de doce años con Laura: Mia, de 8, y Ema, de 5. Desde los 18, siempre en pareja largas, no tuve períodos de soledad. Me gustan las personas inteligentes, con ganas de hacer cosas nuevas, inquietas y me gusta que participen conmigo. Creo que se terminan enganchando porque las contagio; es muy divertido, mi oficina es Gaturrolandia, llena de legos, juguetes, libros, colores, no me aburro. No me doy cuenta si trabajo mucho. Confucio decía algo así, no es exacto: tengo el mejor trabajo del mundo, hago lo que quiero. No tenés estrés, no te envejece.
Noticias: Hay gente que hace lo que le gusta pero no le va tan bien como a usted, que maneja muy bien los negocios.
Nik: Sí. Yo no era una persona con mirada comercial ni marketinera. Eso me lo dieron los años, estar en contacto con el que lee, entender qué necesita el otro, la empatía. Y si te gusta a vos, seguramente les va a gustar a los demás. No hace falta ser una mente comercial para que tu producto sea comercial. Tenés que tener un producto bueno y así vas a encontrar gente que te ayude. Las críticas me hicieron crecer, más que los elogios, pero las fundadas. A las infundadas las reconozco inmediatamente. Pero hasta esas críticas me ayudaron a crecer, a entender que el mundo es así. Y esas críticas te dan publicidad gratis, te ayudan a difundir, me hicieron grande.
Noticias: Cuando se encuentra con sus compañeros del colegio, ¿qué le dicen? ¿Auguraban su crecimiento profesional?
Nik: Como me veían todo el tiempo dibujando, decían: “No nos hagamos amigos de Nik que después, de grande, nos va a venir a pedir plata”.

The Knick. revista Noticias.

16 de noviembre de 2015

Sin anestesia

The Knick. Serie. Viernes a las 23.59 por Max. A las 23 el capítulo anterior. Y repeticiones sábados a las 01 y 22. Guión: J. Amiel, M. Begler y S. Katz. Dir.: S. Soderbergh.

Por

Television

★★★★★ Las series sobre médicos, hospitales y emergencias son un clásico exitoso de la televisión. Quizá porque las tragedias y los milagros de la curación conforman una tierra de fe que el avance científico nunca terminará de desacralizar: el sanador siempre tendrá algo de dios y el sanado, de redimido. Sin embargo, no es en esa profunda piedad en la que se sustenta “The Knick”. Y por eso, es única y se despega de parientes del subgénero.
En su segunda temporada por canal Max, del paquete premium HBO (puede verse completa en On demand), “The Knick” logra desde el principio tener esa marca propia que permite reconocerla del montón, un estilo sostenido que es obra del director (y también productor) Steven Soderbergh. Decidido hace un tiempo a alejarse del cine para dedicarse a la era de oro de las series, el realizador de “Sexo, mentiras y video”, “Erin Brockovich” y “La gran estafa” puso en el centro de la escena a la época: el protagonista principal es el año 1900 en la ciudad de Nueva York, en un hospital, el Knick (que existió, el Knickerbocker, ubicado en zona norte de Manhattan y abierto hasta 1979) donde la esperanza de vida era una discusión diaria y la discriminación ordenaba el lugar de ricos y pobres, blancos y negros, mujeres y varones. Ese clima tiene un compás electrónico, el de la música de sintetizadores de Cliff Martínez (compositor que acompañó muchas veces a Soderbergh), que provoca una síntesis indisoluble: ese teclado es acción en “The Knick”.
Para cualquier espectador es un viaje de ciencia ficción observar cómo se trataba la salud hace un siglo, sin anestesia ni antibióticos pero con una enorme convicción en el progreso de la ciencia y el triunfo de los mejores. En ese contexto a tientas entre lo aprendido y todo lo que queda por investigar, se mueve el jefe de cirugía del hospital, John W. Thackery, un doctor genial y adicto a la cocaína que encontró en Clive Owen la medida perfecta de pasión y oscuridad. Con él trabajan Algernon Edwards (André Holland), un brillante médico negro limitado por los prejuicios; la enfermera Lucy Elkins (Eve Hewson, hija del cantante Bono), enamorada de Thackery; la hermana Harriet (Cara Seymour), una monja que hace abortos; Cornelia Robertson (Juliet Rylance) una aristócrata progresista que transgrede las normas de su clase y su género.
Todo el elenco encarna el dramatismo de una sociedad desigual e injusta donde la alegría es una pincelada momentánea. A los afortunados los persigue la hipocresía y al resto, la crueldad de reglas que no manejan. Pero para todos, la enfermedad es el peor fantasma. Contra él lucha Thackery, como un semidiós de hallazgos caprichosos, capaz de bendecir con el alivio o de errar fatalmente el camino. En “The Knick” sentimos cerca el aliento que nos recuerda que estar vivo puede ser una hazaña mucho más prioritaria que ser feliz.