Otra trama. revista Noticias.

Resistiendo

Otra trama. Periodístico cultural. Viernes a la medianoche por Canal 7. Director: Gabriel Fullone. Conducción: Osvaldo Quiroga. Producción: TV Pública.

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00_Televisión

★★★1/2 Cuánto pero cuánto riesgo lleva expresar a los cuatro vientos “¿y qué onda un programa que hable del cine, el teatro, las artes plásticas, la literatura, la música?”. Ufff, cuidado porque te caerá el sayo de aburrido, pacato, antiguo. Peor: elitista que no comprende el gusto de las masas. Todavía más abajo: iluso soñador anclado en un mundo irreal. En fin, pusilánime que no entiende el negocio. Mandarte al cable puede que sea la respuesta más amable. Pero entonces, sí, el desafío será ser divertido, tal vez didáctico, tener muy claro a quién va dirigido. Por supuesto que todas esas exigencias tienen sentido. El problema es que siempre, rigurosamente, esas respuestas deben darlas los infelices que quieren informar acerca de una película, una obra de teatro, un museo al que perderle el miedo.
Guglensenlón, grita la hinchada. Para esos nichos están los blogs, youtube, páginas especializadas: suele escucharse eso y es verdad. Hay de todo para todos los gustos porque la cosecha de opinión nunca se acaba. ¿Y? ¿Por esa razón los programas de chimentos arrasan la tevé abierta sin dejarles lugar a los espectáculos? ¿Acaso las irrefrenables publicidades de antipiojos y de jarabes antitós se negarían a aparecer en un programa donde el tema fuera un libro o un actor no famoso? ¿O la inercia de la repetición es ley? ¿De quién es el prejuicio?
Toda esta perorata inutilísima viene a cuento de una resistencia. La de Osvaldo Quiroga (trinchera que comparte con Cristina Mucci), un periodista y crítico (uy, cuco) que insiste desde hace casi veinte años con hacer un programa (primero en Cablevisión y a partir de 2000 por Canal 7) que primero se llamó “El refugio de la cultura” y hoy “Otra trama”, un título con menos historia pero más interesante que el original, que peca de explícito y un poquitín pedante.
Y aquí me hago cargo de lo que se hace siempre: ponerse los anteojos y exigirle al ciclo “cultural” excelencia en los detalles. Que no sea ampuloso pero tampoco banalice el contenido; que no dé veladas paquetas pero a quién se le ocurre la cumbia en el Colón; que traiga a figuras emergentes pero cómo se olvida de los miembros fundadores; y etcétera. Muchos de esos detalles son criticables en “Otra trama” y bienvenidas esas polémicas. En mi caso, podría preguntarle a Quiroga por qué la televisión queda afuera de su mundo, por qué mantiene a raya algunos géneros y esto y lo otro, pero no importa. En un momento en que la opinión pública está focalizada en “6,7,8” sí o no, es mucho más urgente cuidar otros trapos: el chiquito espacio de medianoche que tiene gente que no es convocada por el resto de la televisión privada. Después discutamos si le sacamos el blazer al conductor, pero mientras tanto, a dejar prendida esa lamparita. No porque se trate de iluminar el rumbo sino porque es casi la única puerta abierta para muchos artistas.

Y finalmente salvarnos

El cuerpo del otro

SÁBADO 12 DE DICIEMBRE DE 2015

Rigurosa, una mujer se para frente al público para contarle una historia real sucedida hace 65 años. Como una conferencista ante el auditorio, nos presenta el caso pero en lugar de señalar en un powerpoint o pasar un video, pone en juego su cuerpo de actriz y deja explícita la convención teatral: cada vez que cruce la línea de tiza marcada a su lado -nos advierte-, ingresará a otro tiempo y lugar para ser otra, Raquel, un ama de casa de pueblo que vive con el marido, la cuñada soltera y una pequeña hija, y a quien han diagnosticado una “enfermedad innombrable”. Cuando vuelva a cruzar la raya, retornará al presente, un aquí y ahora reforzado por la puesta en hora del reloj despertador.

Por un lado, la historia de la discriminación contra una mujer afectada por la más estigmatizada de todas las enfermedades (nunca es nombrada, pero no es difícil entender que se trata de lepra). Y en 1950, en el infierno de un pueblo de provincia, cuando el avance científico todavía no había desactivado el temor al contagio, a Raquel le prohíben tocar a su hija. En estos casos, la culpa es del enfermo, que además es mujer, es joven y trae problemas cuya solución cuesta mucho dinero. La crueldad puede ser un detalle cuando no nos incumbe.

Variaciones Walsh. revista Noticias.

TELEVISION

Por Leni Gonzalez

Pareja de detectives

Variaciones Walsh. Unitario. Jueves a las 22.30 por Canal 7. Elenco: Nicolás Cabré, Luis Luque, Darío Grandinetti y otros. Guión: Esther Feldman y Alejandro Maci, basado en los cuentos de Rodolfo Walsh. Producción: TV Pública y Tranquilo Producciones. Dirección: Alejandro Maci.

*** (tres)

“Creo que nunca se ha intentado el elogio del corrector de imprenta y quizá no sea necesario. Pero seguramente todas las facultades que han servido a Daniel Hernández en la investigación de los casos criminales, eran facultades desarrolladas al máximo en el ejercicio diario de su trabajo”, escribió Rodolfo Walsh en el prólogo de “Variaciones en rojo”, premio municipal de Literatura de 1953 que publicó Hachette, editorial donde años antes el periodista y escritor había trabajado como corrector de pruebas y traductor de cuentos policiales.

Es justamente detrás de Daniel Hernández donde encontramos la voz de Walsh y su minuciosa capacidad para descifrar enigmas. Y es este personaje, interpretado por Nicolás Cabré, quien enlaza las historias de “Variaciones Walsh”, los trece capítulos de media hora del unitario de la TV Pública dedicados a homenajear la memoria del intelectual y militante asesinado hace casi cuatro décadas por la dictadura militar. Los relatos -”La aventura de las pruebas de imprenta”, “La sombra de un pájaro”, “La trampa” y “Cosa juzgada”, entre otros- fueron adaptados por la dupla de “Lalola” y “Los exitosos Pells”, Esther Feldman y Alejandro Maci, quien además está al frente de la dirección.

“Variaciones Walsh” tiene muchos elementos de calidad destacable. En principio, el desafío de la ambientación entre los 40 y 50, años de tangos y varones de traje y sombrero, cuando reinaba la radio, la máquina de escribir y el humo del cigarrillo entre las palabras, época dorada para las tramas habitadas por inalcanzables mujeres con secretos. Ese clima de policial está logrado y es lo mejor que tiene esta ficción junto con el elenco: Luis Luque, como Jiménez, y Dario Grandinetti, como Laurenzi, los dos comisarios a los que sigue el inquieto Hernández en búsqueda de historias sangrientas capaces de entretener a los lectores; y los distintos actores y actrices que participan en cada relato como Soledad Villamil, Valeria Lois, Gonzalo Heredia o Sofía Castiglione.

Pero lo que no termina de funcionar es la narración. Porque la acción sólo está para ilustrar el texto. Los protagonistas cuentan lo que hicieron a los detectives (tal como sucede en una confesión policial) y este relato es acompañado por las imágenes que refuerzan lo dicho. Por eso, los excelentes bocetos que aparecen cumplen la misma función ilustrativa que la actuación, porque lo que el espectador sigue es el razonamiento hablado del detective que desata el nudo del misterio y no lo que hacen los personajes. “Variaciones Walsh” no emociona ni intriga porque todo el peso está en la revelación del investigador, un escalón por encima del resto de los esquemáticos personajes. El interés no reside en desentrañar la táctica del culpable sino en observar la puesta en escena, como en los dibujos de los libros de cuentos que le ponen caras y ropajes a lo que ya leímos.

The Knick. revista Noticias.

16 de noviembre de 2015

Sin anestesia

The Knick. Serie. Viernes a las 23.59 por Max. A las 23 el capítulo anterior. Y repeticiones sábados a las 01 y 22. Guión: J. Amiel, M. Begler y S. Katz. Dir.: S. Soderbergh.

Por

Television

★★★★★ Las series sobre médicos, hospitales y emergencias son un clásico exitoso de la televisión. Quizá porque las tragedias y los milagros de la curación conforman una tierra de fe que el avance científico nunca terminará de desacralizar: el sanador siempre tendrá algo de dios y el sanado, de redimido. Sin embargo, no es en esa profunda piedad en la que se sustenta “The Knick”. Y por eso, es única y se despega de parientes del subgénero.
En su segunda temporada por canal Max, del paquete premium HBO (puede verse completa en On demand), “The Knick” logra desde el principio tener esa marca propia que permite reconocerla del montón, un estilo sostenido que es obra del director (y también productor) Steven Soderbergh. Decidido hace un tiempo a alejarse del cine para dedicarse a la era de oro de las series, el realizador de “Sexo, mentiras y video”, “Erin Brockovich” y “La gran estafa” puso en el centro de la escena a la época: el protagonista principal es el año 1900 en la ciudad de Nueva York, en un hospital, el Knick (que existió, el Knickerbocker, ubicado en zona norte de Manhattan y abierto hasta 1979) donde la esperanza de vida era una discusión diaria y la discriminación ordenaba el lugar de ricos y pobres, blancos y negros, mujeres y varones. Ese clima tiene un compás electrónico, el de la música de sintetizadores de Cliff Martínez (compositor que acompañó muchas veces a Soderbergh), que provoca una síntesis indisoluble: ese teclado es acción en “The Knick”.
Para cualquier espectador es un viaje de ciencia ficción observar cómo se trataba la salud hace un siglo, sin anestesia ni antibióticos pero con una enorme convicción en el progreso de la ciencia y el triunfo de los mejores. En ese contexto a tientas entre lo aprendido y todo lo que queda por investigar, se mueve el jefe de cirugía del hospital, John W. Thackery, un doctor genial y adicto a la cocaína que encontró en Clive Owen la medida perfecta de pasión y oscuridad. Con él trabajan Algernon Edwards (André Holland), un brillante médico negro limitado por los prejuicios; la enfermera Lucy Elkins (Eve Hewson, hija del cantante Bono), enamorada de Thackery; la hermana Harriet (Cara Seymour), una monja que hace abortos; Cornelia Robertson (Juliet Rylance) una aristócrata progresista que transgrede las normas de su clase y su género.
Todo el elenco encarna el dramatismo de una sociedad desigual e injusta donde la alegría es una pincelada momentánea. A los afortunados los persigue la hipocresía y al resto, la crueldad de reglas que no manejan. Pero para todos, la enfermedad es el peor fantasma. Contra él lucha Thackery, como un semidiós de hallazgos caprichosos, capaz de bendecir con el alivio o de errar fatalmente el camino. En “The Knick” sentimos cerca el aliento que nos recuerda que estar vivo puede ser una hazaña mucho más prioritaria que ser feliz.

Morfi. revista Noticias.

TELEVISION

A cocinar que se acaba el mundoMostrando IMG_3047.JPG
Morfi
, todos a la mesa. Magazine culinario. Lunes a viernes a las 10.30 por Telefe. Conducción: Carina Zampini y Gerardo Rozín. Columnistas: María Belén Aramburu y Ariel Rodríguez. Cocineros: Santiago Giorgini, Chantal Abad y Rodrigo Cascón. Produccion: Telefe y Corner. Director: Grendel Resquin.

*** (tres)

La previa del almuerzo se puso linda en la tele. Y lo de linda vale por competitiva palo y palo porque por lo demás, el canon mañanero es uno solo, colorido, altisonante y hambriento. Hasta “La mesa está lista” que en su inicio había elegido recortarse de las ollas y sartenes (como lo marcamos en este espacio) cayó ante la máxima de tener lo que tienen todos: cocinar es el norte y a puro redoble de tambores y alegría brasileña.

Morfi”, el programa de Telefe producido y conducido por Gerardo “bremer en V” Rozín junto a la actriz Carina “jeans & stilettos” Zampini, lo declaró de entrada: hay mesa de desayuno, de almuerzo y picoteos alrededor de las hornallas mientras los chefs vociferan sus trucos esenciales. Insólita mezcla de ingredientes, la pareja de conductores resulta extraña pero efectiva, con dos sabores bien complementados: corrección y dulzura, por un lado; agudeza y vintage, por otro, todo salpimentado por los periodistas María Belén Aramburu y Ariel Rodríguez que aportan pastillas de actualidad y deportes. El mejor clima se logra durante la charla y morfi con los invitados, cuando se prueban los platos mientras Rozín aprovecha para ejercer su muy buen papel de entrevistador serial y regalar nada menos que libros, un broche ideal para la sobremesa y el sello propio del programa. Lo demás es coreografía y batucada inoculadas a la fuerza: para despertador, es tarde, y como divertimento, demasiado temprano para distenderse con saltitos.

La patria a cuadros. revista Noticias

TELEVISION

La patria a cuadros. Cultural. Sábado a las 21.30 por Canal 7. Conducción: María Moreno y Daniel Santoro. Producción: TV Pública y Museo Nacional de Bellas Artes. Dirección: Alejandro Fernández Mouján.

***** (cinco)

¡Danger! ¿Cómo no sonaron las alarmas? ¿Y a éstos quién los dejó pasar? Un programa sobre cuadros argentinos de fines del siglo XIX en la televisión de aire, conducido por un señor parecido al profesor Jirafales y una señora de perfecto flequillo, anda suelto. Con el salvoconducto de la tevé pública, las hordas de chipolitaquis no han logrado capturarlo y seguirá dando vueltas hasta este sábado, el cuarto y último de su pertinaz osadía: contarle al público que un museo es un viaje divertido.

Porque “La patria a cuadros” no es un ciclo usual en el actual panorama televisivo, ni siquiera en el mismo canal 7 donde el cuco del rating no camina por los pasillos. Si bien es probable que el ciclo continúe, por ahora se trata de cuatro capítulos de una hora (termina este sábado pero está completo online en www.tvpublica.com.ar/programa/la-patria-a-cuadros), producidos por la emisora y el Museo Nacional de Bellas Artes. Cada capítulo aborda el análisis de un cuadro antológico de nuestra historia: “La vuelta del malón”, de Ángel Della Valle; “Sin pan y sin trabajo”, de Ernesto de la Cárcova; “El despertar de la criada”, de Eduardo Sívori; y “Un episodio de la fiebre amarilla en Buenos Aires”, de Juan Manuel Blanes.

Los conductores son dos personalidades prestigiosas en el mundo del arte, la literatura y los medios gráficos pero sus caras son desconocidas para la mayoría de la gente: pluma originalísima, María Moreno es escritora y periodista, autora de “El petiso orejudo”, “Vida de vivos”, “Teoría de la noche”, entre otros; y Daniel Santoro es artista plástico -cuya obra recrea la iconografía de Perón y Evita, como el “Manual del niño peronista”- y también audiovisual: junto al director del programa, Alejandro Fernández Mouján, realizó el excelente documental “Pulqui, un instante en la patria de la felicidad” (2007) y con Francis Estrada, la ficción “Proyecto aluvión” (canal 9, 2011) quizá la mejor de las series apoyadas por el INCAA.

‘La vuelta al malón’ es la primera denuncia de inseguridad en el conurbano bonaerense”, dice él. “Santoro se piensa que por ser feminista alguna vez trabajé cargando bultos en el puerto”, dice ella cuando llevan de a pie el pesado “Sin pan y sin trabajo” (réplica, no original, obvio) a los talleres ferroviarios en Liniers. De esa manera, ambos se meten con la obra de los pintores rioplatenses, sin didactismos y lejos del Billiken, asomándose a estas ventanas para charlar sobre las tensiones entre civilización y barbarie, pobreza, canon de belleza y marginalidad. Con ellos, paseamos por el Museo, escuchamos la explicación básica de la guía, vamos al taller a destripar la tela y volverla a armar para imaginar a esos personajes en la actualidad. Que suenen las alarmas nomás: “La patria a cuadros”, a contramano de los craneotecas de la masividad, es un programa divertido.

Línea de tiempo. revista Noticias

TELEVISION

Contar la vida

Línea de tiempo. Entrevistas. Martes y jueves a las 23 por Canal 7. Conducción: Matías Martin. Producción: TV Pública y Endemol. Dirección: Guillermo Vittori.

***** Un programa de entrevistas: nada más, nada menos. Un género conocido, transitado, criado y crecido desde los inicios de la televisión pero cuyos secretos, como una misteriosa femme fatale nadie termina de conquistar por completo. Todos los periodistas preguntan, todos los conductores conducen pero no todos saben plantear ese pacto por el que el otro aceptará el recorrido indagatorio sobre su vida. Porque, está claro, “la” entrevista no es un alud de interrogaciones a un ministro ni la frase robada a una estrella a la salida del teatro por más rimbombantes que resuenen en altavoces. Su condición y su fin es la intimidad de a dos, aun la montada en un estudio de televisión, por la noche, con luces bajas, en aparente soledad de confesionario.

¿Se logra? Depende. Al igual que una obra teatral cada día en escena ante públicos y humores diferentes, nunca se sabe si lo que hizo efecto ayer, lo hará mañana, si falló el timing o si eso de la química entre las partes fluyó o quedó atascado en el primer no del entrevistado. De la misma manera que “el cliente siempre tiene la razón”, cualquiera es digno de una entrevista (Franco Torchia las hacía por la calle a quien le pagara 5 pesos, para el canal Digo) y un buen profesional debería saber sacarle agua a las piedras. Entre nos, las brujas existen y los entrevistados insípidos también. Pero ni siquiera eso arruina el acto: la entrevista, además de seducción, es competencia deportiva y dejar al otro en offside es otra parte divertida del juego.

Todo este preámbulo no tiene más sentido que el decir que la segunda temporada de “Línea de tiempo” es una buena noticia para la tele. Porque valoriza la palabra del otro en su contenido y no en los rebotes del rating, porque el invitado está ahí ocupando esa silla para ser escuchado sin la obligación de vender una frase corta en el mercado mediático. El conductor y periodista Matías Martin –que el año pasado reconoció que tuvo que derribar prejuicios propios y ajenos para aceptar participar en la TV pública- hace algo increíble: deja hablar. Su personaje es pasar casi inadvertido, tirar algo sin énfasis y esperar con una semisonrisa. Pprotegido por el paragüas de su buena onda, no se disfraza de incisivo y sabe recrear un clima imposible en la tele que es la “naturalidad”.

Salvo porque sale dos veces por semana -en lugar de lunes a jueves, como en 2014-, el programa se mantiene igual, con dos secciones que se suman a la pregunta-respuesta: la línea de tiempo, un resumen de archivo del recorrido del invitado; y tres preguntas grabadas realizadas, cada una, por tres famosos. Pasaron por “Línea de tiempo” desde Titi Fernández a Diego Torres y este año arrancó con el imbatible Ricardo Darín. No importa quién, Martin logra que parezca fácil lo que muchos llamarían documento inédito.

Entre caníbales. revista Noticias

TELEVISIÓN / 8 de junio de 2015

Paciencia hasta el final

Entre caníbales. Telenovela. Lunes a jueves a las 23 por Telefe. Con N. Oreiro, B. Acuña y J. Furriel, entre otros. Guión: J. J. Campanella, G. Belatti y E. Díez. Producción: 100 Bares y Telefe, más Monte Carlo Televisión y Fox Latinoamérica. Dir.: J. J. Campanella y Miguel Colom.

Por

entre canibales

PLATO FUERTE. Un elenco impecable de la mano de Juan José Campanella componen un thriller con gran calidad técnica.

★★★★ Dos adolescentes son violadas en un pueblo de la provincia de Buenos Aires por un grupo de jóvenes impunes. Una muere pero la otra sobrevive, queda embarazada y es ayudada por el sacerdote del lugar, quien se hace cargo de ese hijo mientras ella trata de reconstruir su vida lejos de ahí. Veinte años después, sin haber logrado nunca olvidar aquella noche, regresa para vengarse.
En síntesis, esa es la historia de “Entre caníbales”, la nueva telenovela para el prime time de Telefe que tiene puntos de contacto con “Venganza de mujer”, la ficción de 1986, con Luisa Kuliok y Raúl Taibo. No está mal recordar aquel gran éxito: la pretensión de originalidad o de pureza del guión no tiene sentido porque todas las ficciones remiten a otras y mucho más cuando el eje es la venganza, madre de tragedias y melodramas.
Aunque no existe receta segura, hay auspicios favorables. El principal es la mano del director, productor y guionista Juan José Campanella, cuyo último trabajo en televisión había sido la miniserie “El hombre de tu vida” (2011-12), con excelente repercusión y varios Martín Fierro. Si bien toda la experiencia del cineasta en tevé –que es mucha ya que ha realizado varias series en los Estados Unidos como “Dr. House”– estuvo enfocada al unitario o semanal pero no a la tira diaria, pudo trasladar a este formato la calidad técnica que lo convierte en un producto bello de ver, distinguido del resto por la definición de imágenes.
La otra carta fuerte es el elenco, liderado por Natalia Oreiro, actriz de comedia romántica en la tevé pero con notables papeles dramáticos en los filmes “Infancia clandestina” y “Wakolda”: es esta cara cinematográfica la que saca a relucir en “Entre caníbales” como Ariana, una mujer de mirada fría, casi inexpresiva, anclada en aquel dolor que no le permite dudar del objetivo de revancha. El costado amoroso de la historia vendrá por el lado de Agustín, el funcionario honesto que prefiere pasar por inofensivo para sobrevivir en medio de la corrupción y que encuentra en Benjamín Vicuña al intérprete justo. Pero la frutilla del postre es Joaquín Furriel con su Rafael Valmora, el intendente del pueblo que quiere lanzarse a presidente, un personaje para el festín de un actor que siempre sube la apuesta. Todo el grupo es destacable pero menciono a dos: Natalia Lobo como Teresa, la mujer de un poderoso complicado, y Guillermo Arengo, como el comisario turbio.
¿El rating no acompaña como se esperaba? Parece que no y, al menos por ahora, “ShowMatch” lleva ventaja. Si los espectadores quieren o no una historia policial fuerte por la noche es un dilema difícil de zanjar. Ahí está el dato de la fuga al cable o al sistema on demand para demostrar que hace rato que no todos quieren lo mismo. Ojalá “Entre caníbales” madure en paz y no la den por muerta antes de tiempo.