Todo lo que necesitás saber sobre Cine. Conexión Brando.

Crítica para ser feliz

Con su libro Todo lo que necesitás saber sobre cine, Leonardo D’Espósito, colaborador de la casa, consigue lo mejor que puede generar un crítico: ganas de ver más y más películas

Con su libro Todo lo que necesitás saber sobre cine, Leonardo D'Espósito, colaborador de la casa, consigue lo mejor que puede generar un crítico: ganas de ver más y más películas

Quiero aclarar de entrada que este libro es muy “poco modesto”. No porque cumpla con creces la consigna megalómana de la colección de Paidós (Todo lo que necesitás saber sobre…), sino porque es el mismo autor, crítico, periodista y docente Leonardo D’Espósito quien previene en el prólogo acerca de su enorme deseo de “generar curiosidad”. Soberbio propósito que logra al responder con laboriosa humildad un montón de preguntas que conducen a más preguntas y, en especial, invitan a ver películas, las ya vistas y las que no, para meternos en el reino que nos pertenece desde que tenemos memoria. Sin mentir, en Todo lo que necesitás saber sobre cine no está todo sobre el cine, pero sí lo principal: las ganas de vivirlo.

“El cine es el universo que pudimos crear sin ser entes divinos”, arriesga el autor, al que el lector seguramente conocerá por las críticas cinematográficas en esta revista y, por lo tanto, estará acostumbrado a su pasión hiperbólica y desmesura erudita. En este primer libro (al que pronto seguirán otros, según la editorial), empezó por apropiarse de la excusa de un manual de divulgación para escribir acerca de su propia teoría del cine, es decir, aquellos puntos básicos sobre los que se apoya cada vez que se sienta a ver un film y entender por qué es de esa manera y no de otra. Si bien la multitud de datos podría perderse en un volumen enciclopédico de curiosidades, en este caso la información está sostenida por una estructura y un orden que para D’Espósito es axial. Su objetivo es romper con los lugares comunes y, para hacerlo, es fulminantemente asertivo, a sabiendas de que con afirmaciones claras y distintas es que se abre el espacio a la discusión. Algunas muestras para arrojar el guante:

– A olvidarse de la locomotora saliendo de la pantalla como mito fundador del cine. No fueron los Lumière los auténticos pioneros, ni tampoco Thomas Edison ni Georges Méliès. Hubo otro padre desconocido, Émile Reynaud, el primero en montar un espectáculo masivo con imágenes en movimiento aún antes de la invención de la cámara: simplemente, las dibujaba, las narraba con imágenes aunque no fueran “reales”.

El cine es un arte y una industria, en tanto requiere de los avances de la Revolución industrial para existir. Y fue en los Estados Unidos donde las condiciones de la producción en serie se establecieron por primera vez.

Hollywood representa la cristalización del lenguaje cinematográfico. Fue en ese pueblito de California donde se consolidó en las primeras décadas del siglo XX el estilo llamado “clásico”, considerado el abecedario básico del cine.

– Es un error hablar del genérico “cine yanqui” porque los que forjaron Hollywood fueron en su mayoría inmigrantes europeos, críticos del modelo liberal, protestante e industrialista de la costa este.

John Ford es el más influyente (y el mejor) director de la historia del cine clásico. Y Walt Disney el más famoso por haber innovado la técnica de manipulación de imágenes y haber creado un estilo reconocible en todo el mundo.

– El guión es un “malentendido absoluto”. Lo propiamente cinematográfico es el montaje, la herramienta fundamental para componer un film.

– El crítico no es un cineasta frustrado, diatriba con la que a veces se atragantan los creadores susceptibles. La crítica es un ensayo que invita al espectador a comparar su mirada, pero no legisla sobre el gusto y mucho menos funciona como control de calidad.

Hay más. Como alienta la contratapa, pasen y lean: el itinerario continúa por las escuelas y teorías cinematográficas, los aspectos técnicos, los géneros, premios y festivales. Entre tanto,subrayo dos capítulos, uno dedicado al cine de animación y el otro, al porno, ambas especialidades del integrante de la revista El Amante/Cine desde 1995. En el primero, una enunciación radical: animación no es igual a cine infantil y, volviendo a Reynaud, constituye la base técnica de todo el cine. En el segundo, un recorrido condensado del porno desde el momento en que pudo explotar como arte hasta su actual reducción a gueto.

En todos los capítulos, algo usual en esta colección, rebosan los recuadros con cronologías, destacados y minihistorias de color, como la crítica del escritor Horacio Quiroga (1928) al film El nacimiento de una nación, de D. W. Griffith, o la de Jorge Luis Borges (1941) a El ciudadano, de Orson Welles. También se brinda una interesante bibliografía, toda la filmografía citada y un apéndice con preguntas para formularse y entender por qué las películas son como son. Por último, una síntesis final en la que el autor pregunta si el futuro del cine seguirá el modelo Matrixo el Avatar, si será refugio o herramienta. A propósito del suspenso, la respuesta la tendrá el lector cuando lea este libro.

24xsegundo. revista Noticias.

24xSegundo, periodismo de espectáculos

Programa sobre actualidad del cine. Miércoles a la medianoche por A24. Conducción: Alexis Puig. Producción: Guillermo Andino y Alberto Bruffman. Dirección: Fernando Davico.

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Calificación: ****

En el cable suelen encontrarse ciertas rarezas, programas de “nicho”, para paladares fuera de lo común que no consumen lo mismo que la gente que paga sus impuestos. Y hay uno, en su cuarta temporada, que es una curiosidad en el crisol de la tevé privada argentina.

Nada más ni nada menos que un programa de espectáculos que habla de ¡espectáculos! Que no cunda el espanto porque hay más: lo conduce ¡un periodista de espectáculos!, tipos extrañísimos que ven –sí, no muerden– espectáculos para después hablar de directores, guionistas, actores y otros alienígenas.

Alexis Puig es un cinépata serial que colecciona muñequitos de los superhéroes y padece obsesiones repetidas; fue el creador del recordado “El acomodador”, es el cronista de cine de todo el grupo América incluida radio La Red, escribió libros sobre vampiros y hasta filma películas de terror. Por supuesto que está loco: sólo habla de lo que sabe y nunca se le ocurre ponerse solemne.

Como lo odiamos por haber entrevistado a Russel Crowe y Tom Cruise, vamos a darle consejos. Después de las notas a los protagonistas de Hollywood, controladas por las majors, Puig desde su escritorio podría brindar su mirada, traer ese mundo más cerca y condimentarlo con sus opiniones, para no quedarse en el rol del presentador que a veces interpreta. Es decir, un poco más de periodismo d’auteur. La información continúa enwww.24xsegundo.tv.

La historia en el cine.

TV

Películas en contexto

“La historia en el cine”. Ciclo de cine. Lunes a viernes a las 0, por Canal Encuentro. Conductor: Gabriel Di Meglio. Producción: Encuentro. Dirección y realización: Nicolás y Sebastián Carreras.

POR 

Películas en contexto

Calificación: *****

Por fin un programa de historia como la gente. Ay, perdón, se me escapó. Es que me ganó la alegría que sigue a la sorpresa de ir por el zapping y encontrarse con “La historia en el cine”, en su tercera temporada por canal Encuentro. Alegría por varias y fundamentadas razones.

En primer lugar, porque se trata de cine, de buen cine, en excelentes copias y de un tirón, sin cortes. Que nadie suponga que porque se trata de un canal público, el espectador es bombardeado con producciones nacionales billikinescas como “El santo de la espada” o como las recientes “San Martín, el cruce de los Andes” o “Belgrano, la película” (de interesante valor histórico pero discutible desde lo cinematográfico). “La historia en el cine” proyecta películas de todos los países y las épocas, clásicos y de culto, ganadoras de premios y prohibidas, con actores consagrados y con desconocidos. Ejemplos: “El gatopardo”, de Luchino Visconti (1963); “El arca rusa”, de Alexandr Sokurov (2002); “Queimada”, de Gillo Pontecorvo (1969); “Los traidores”, de Raymundo Gleyzer (1973); “Mississippi en llamas”, de Alan Parker (1988); “Soy Cuba”, de Mijaíl Kalatozov (1964); y, en próximas emisiones, “La mejor juventud 1 y 2”, de Marco Tullio Giordana (2003); “La gran ilusión”, de Jean Renoir (1937); “El caimán”, de Nanni Moretti (2006); y, entre otras,“Bienvenido Mr. Marshall”, de Luis García Berlanga (1953).

Entonces, en principio, el cine que entretiene con las mejores armas. En segundo lugar, la otra razón es la Historia. En un sentido amplio porque es obvio que toda película es histórica como lo es un objeto cualesquiera. Pero en este caso se trata de filmes de contenido político y social, a veces “de época” y otras contemporáneos, que permiten una lectura sociológica enriquecedora en tanto pintan el momento al que se refieren con verosimilitud (que no es verdad ya que se trata de ficción). Y acá engancha el tercer elemento, el conductor de este ciclo: el historiador, investigador del Conicet y docente universitario Gabriel Di Meglio, autor de “Historia de las clases populares en la Argentina; desde 1516 hasta 1880” y uno de los fundadores del grupo Eternautas (turismo guiado por historiadores).

Honesto, no se mete con la crítica de cine y habla de lo que sabe. Prólogo y cierre, antes y después de la proyección, le da al espectador el contexto para que profundice lo que va a ver. Y sí, lo vuelvo a remarcar. Por fin la divulgación histórica, materia maltratada si las hay, tiene su lugar dignísimo en el cruce del mundo académico y el interés popular. Sin refritar la vieja historia política hasta el estereotipo; sin ignorar la historiografía de los últimos 30 años; sin buscar ningún gen nacional; sin mamarrachos revisionistas; y sin decir ni una sola vez que la historia se repite y por eso los argentinos somos así.

Leonor Benedetto

 

“Sé que a los demás les causa placer mirarme”

LEONOR BENEDETTO A LOS 71

“Sé que a los demás les causa placer mirarme”

A poco de estrenar Otros de nosotros, su primera obra de teatro como directora, la actriz de la belleza eterna despliega toda su madurez sobre el amor y el bienestar corporal. Por qué se siente una diva.

JUEVES 07.03.2013 – EDICIÓN N ° 108

Escribe Leni González / Fotos Leandro Sánchez

 Cuando ya parecía que lo había dado todo aparece algo más, y Leonor Benedetto vuelve a reinventarse. Igual que su voz, que baja y se hace plana y se difumina como un líquido derramado para otra vez, de golpe, alzarse, encenderse, llamear. Pero su vuelta de tuerca no es a la manera en que proponen las revistas femeninas, cambiándose el peinado o el color de las uñas. A los 71 años, la Benedetto vuelve a provocar, abre una nueva puerta y pasa por el umbral sin mirar a quien encontrará del otro lado. Para ella, siempre valdrá la pena.

En abril estrena una obra, Otros de nosotros, del periodista Carlos Ares, en el Centro Cultural Recoleta, con Adrián Navarro, Ana Celentano y Carlos Da Silva. Es la primera vez que Benedetto tendrá a su cargo la dirección teatral. Ya había pasado por la dirección cinematográfica con El buen destino, en 2005, la película que filmó en San Luis. Pero este año le llegó la propuesta de Ares y se entusiasmó: “Es una cosa nueva y, realmente, llena de matices interesantes porque al ser yo una colega de los actores, creo que estoy hablando desde un lugar diferente al que lo haría un director de etiqueta. Ehhh, digamos, entiendo el conflicto de los actores y están saliendo cosas, realmente, interesantes. Estoy muy contenta. Además, los tres actores que están arriba del escenario son muy talentosos, muy atractivos”, dice sobre los intérpretes de Otros de nosotros, una pieza que habla de la discriminación: un matrimonio verá cómo se modifican sus aspiraciones y su cotidianidad cuando un campamento de refugiados negros se instala en su propia vereda.

–¿No teme a la lupa puesta en su trabajo?

 –Ya lo sé, no es nuevo para mí, siempre me han puesto la lupa y, entonces, prefiero correr riesgos por una buena causa, porque muchas veces he corrido riesgos por tonterías. Yo vivo corriendo riesgos.

–¿La dirección de cine es un ciclo cerrado?

–No, para nada. Sólo que no está, en este momento –subraya–, en mi lista de prioridades, sobre todo teniendo otras cosas que salen muy fácilmente, comparadas con el cine, donde los costos son muy difíciles. Hacer El buen destino fue un encuentro extraordinario en mi vida, el escribir el guión, el lograr plasmarlo, lo que fue la relación con los actores. El estar detrás, no actuar, te da otra perspectiva. No sé cómo harán los actores hombres que dirigen pero, en mi caso, la actriz me perturba la dirección y viceversa, entonces me parece que no rindo a full.

Tanto esfuerzo para hacer una película y después, en la mayoría de los casos del cine nacional, su paso por las salas es efímero.

 –Es desconsolador, en tanto y en cuanto lo pensás en términos económicos, que tenés que pensarlo porque eso le costó mucho dinero a la gente que intervino. Pero si la película la vieron cinco mil personas en vez de cincuenta mil, creo que llegó a la gente que tenía que llegar. Soy bastante filosófica y jamás, entiéndase bien lo que voy a decir, trabajo para el éxito. Si viene, encantada. No soy hipócrita. Pero si no viene, creo que cuando uno tiene una obra terminada o la expone al público, terminó su responsabilidad y terminó su participación. Hay toda una cosa que termina y completa después el público que interpreta a su manera, cada uno de manera diferente.

–Estudió cine con Pilar Miró en España, filmó con Javier Torre, Aníbal Di Salvo, Zuhair Jury, Adolfo Aristarain. ¿Qué aprendió, qué le dejaron estos directores?

–Lo que más me han enseñado es su comportamiento personal más que técnicas sobre cómo poner una luz, un encuadre, etcétera. Me enseñaron cosas personales y de todos ellos, probablemente, sea Aristarain el que más me dejó, Aristarain y su mujer, porque no puedo olvidarme de que fue Kathy Saavedra la que se encargó de la ropa, en apariencia un planteo sencillo y es muy difícil hacer sencillez de verdad. Una sencillez no afectada, no nos disfrazó de pobres o carenciados, algo muy sutil y que logró muy bien. Lo que me queda de la gente es lo que uno vive fuera del plató, en los camarines, en las cenas, ahí es donde creo que se ve a la gente de verdad.

–¿Va a estar en televisión este año?

–No, hasta ahora nada y no tengo ganas de estar en una ficción convencional.

–Hablando de las devoluciones de los otros, ¿por qué nunca ganó un Martín Fierro?

–Tampoco he tenido muchas nominaciones, tengo dos nada más (Padre Coraje y Herederos de una venganza). No sé. ¿Es raro? –Pausa–. No debo ser la única. Volvemos a lo del éxito. ¿Si me gustaría tener siete Martín Fierro en la vitrina de mi casa? No estoy muy segura porque me importa mucho de donde viene el reconocimiento. Tengo otros, como el de la Comisión Permanente de Derechos Humanos, sobre todo porque no hay intereses económicos de por medio. Pero debe haber razones, quiero decir, a mí no me ha afectado en mi calidad de actriz. Sé que para el periodismo no soy una de sus favoritas y me parece bien.

–¿Cómo vive las presiones de la belleza, del estar perfecta?

–El estar bien tiene que ver conmigo. Yo sé que les puede causar cierto placer a los demás mirarme y el hecho de ser como un modelo para las chicas jóvenes me gusta, porque yo no tenía modelos. Miraba para atrás y no quería parecerme ni a mi abuela, ni a ni madre ni a ninguna mujer de esa generación. Hace tiempo, cuando me di cuenta de que mis expectativas más profundas no se cumplían, que era ser una gran trágica, y que me llamaban para que me pusiera pantaloncitos cortos y mostrara las lolas, fue difícil adaptarme a todo eso. Y en un momento pensé “¿y si engordo, me llamarán por mi talento?”. Pero me di cuenta de que no me iban a llamar por mi talento siendo gorda, si no estando bien. Mucho más adelante “el estar bien” pasa a ser una de mis aspiraciones más profundas porque tiene que ver con la salud física y mental. Todo lo demás es trabajo extra porque si no tenés salud cae en saco roto, absolutamente. Tiene que ver con cuidar la única máquina que se nos ha dado para transportarnos por este mundo

–A esta altura, ¿cuál es su definición de amar?

–Es acompañar, no tolerar, donde vos te estás poniendo en una posición de superioridad, sino acompañar lo que venga y que te siga apasionando. Tengo que apasionarme por como come, por como duerme, por sus éxitos, sus fracasos y mirar casi desde afuera al otro porque no me pertenece. Hay que sostener lo que no te gusta del otro. ¿Qué es eso de que no me gustó como me mira y me voy? Pero si hay cosas que no me gustan de mí misma y me las tengo que bancar. Eso es amor, no es pasión el sexo. El sexo es otra cosa.

–¿Y aprendió esa forma de amar?

–Sí. Un poco lo aprendí y otro poco me da la sensación de que soy una persona muy privilegiada. No me han dominado, salvo en un solo momento de mi vida y del que pude salirme con facilidad, nunca he entrado en el fanatismo, no me he puesto etiquetas. Entro y salgo de las personas. Soy bastante inmoral en ese sentido. Si hay un terapeuta, un disertante, ahí voy, saco lo que necesito y no me siento con la obligación de quedarme. Los terapeutas son un buen ejemplo, he viajado por todas las escuelas y no he permanecido con ninguno, camino sola. Que tampoco es sola porque recurro a amigos, a los libros, muy elegidos que son como un frontón.

–¿Qué espera, qué la haría feliz con el estreno de su próxima obra?

–Ayudar a despertar. Intentar ser una linterna. Porque yo sé lo que es vivir muchos años y sentirse pleno y me ha costado mucho trabajo. He caminado todos los precipicios, me ha ido bien y me ha ido mal en todos los aspectos de mi vida. Se trata de saber cómo sobrevivir a la vida y creo que hoy puedo pasar ese conocimiento a las generaciones que vienen detrás. Mi preocupación es ser un buen hilo conductor para que otra gente sea feliz. Es un camino que hay que encontrar, cada uno lo tiene pero es sencillo: si vos mirás a la gente te das cuenta y ahí sí que no importa la edad. Es transversal, de la misma manera que el operarse la cara no te quita la amargura.

–¿Se siente una diva?

–Diva es divina. Sí, me siento divina. Me siento inteligente, me siento una persona muy querida y muy respetada por unas cuaaantas personas.

Pablo Echarri

“Crecí cuando salí del costado cómodo”
Apoyo al modelo. Habitual concurrente a los actos en Casa Rosada, Echarri valora el espíritu enérgico de la Presidenta.Ampliar

REVISTA EL GUARDIAN > PERSONAJES

PABLO ECHARRI A LOS 43

“Crecí cuando salí del costado cómodo”

La productora que montó para El elegido estrenó su segunda ficción en tevé y avanza a paso firme sobre cine y teatro. También lucha por los derechos de los actores y ensaya junto a su mujer para la temporada marplatense; además, en esta entrevista hace referencia a los riesgos, a los Kirchner, al ego, los fans y del club del que es hincha, Independiente.

VIERNES 07.12.2012 – EDICIÓN N ° 95

Escribe Leni González / Fotos Nacho Sánchez

 

Echarri, el actor, el productor, el exitoso y el amado por las mujeres. Pablo, el marido de Nancy Dupláa, el papá de Morena y Julián, el hincha de Independiente, el pibe de Villa Domínico. Y como si esto fuera poco, Pablo Echarri además, el protesorero y miembro fundador de la Sociedad Argentina de Gestión de Actores Intérpretes (Sagai), presidida por Pepe Soriano, que gestiona y administra los derechos de propiedad intelectual de actores, bailarines y dobladores.

“Mi aporte a la lucha por los derechos de propiedad intelectual tiene que ver con utilizar, en el buen sentido, la cercanía que puede llegar a provocar mi trabajo como artista a la hora de posibilitar las gestiones políticas. Nos dimos cuenta de nuestras posibilidades como conjunto cuando pudimos interpretar la ascendencia que teníamos en los diferentes tipos de público, incluida la clase dirigente”, proclama Echarri que, aunque reconoce que a la militancia llegó tarde, logró darse el gusto de cruzar su actividad profesional con lo político. “Eso me pasó antes del nacimiento de Sagai. En Montecristo (2006), se puso sobre la mesa un conflicto, el de la apropiación de bebés durante la dictadura, que había sido ocultado porque se suponía que era un tema que espantaba televidentes. En ese momento, la gente que decidió hacer esta ficción –Telefe Contenidos– tuvo una idea diametralmente opuesta y acertó porque se dio la posibilidad del negocio, que lo es, pero también la posibilidad de meter en un género tan popular como la telenovela algo que nunca se había visto con claridad. Ahí me di cuenta de la diferencia entre actuar para satisfacer el deseo creativo, el ego mismo, y ser una herramienta de concientización. Vi que un actor, según el lugar del que decide ser parte y el nivel de popularidad, puede acercar a la gente a distintas temáticas. También me pasó con The Pillowman, luego de 10 años de no hacer teatro, al encarar la problemática de la violencia familiar para un público que tenía cierto prejuicio de ver al personaje de la tevé con un texto totalmente diferente. Logré reconocer la importancia de ser parte de un esquema social que ayude para algo más que entretener, sin dejar de entretener”, explica.

–Le fuiste tomando el gusto a ese compromiso.

–Fue lo irreversible del tiempo: mi edad, mi rol de padre, la partida de mi viejo. El dejar de ser hijo para ser padre hizo que mis decisiones tengan un plus de responsabilidad social y civil. Bueno, también porque me nace. No creo que la responsabilidad social sea algo que obtengamos todos en igual medida. Los años de plomo y la llegada del neoliberalismo de los noventa fue lo que alejó, sistemáticamente, a la gente de la política. Yo fui uno más que ni siquiera se había acercado y eso cambió en el momento en que conocí a Néstor Kirchner, una personalidad a la que, si bien me acerqué de manera muy acotada, ha sido definitiva para mi vida. De alguna forma, él es el padre de Sagai. Es el primer gobernante que miró a los actores a los ojos, como a otros tantos sectores postergados.

Acaba de empezar, al término de Graduados y antes de Dulce amor, por Telefe, la comedia Mi amor mi amor, con Juan Gil Navarro, Jazmín Stuart y Brenda Gandini, la segunda producción de Árbol (después de El elegido), la empresa de contenidos encabezada por Echarri, Martín Seefeld y Ronnie Amendolara. “El crecimiento vino siempre en mi vida cuando salí del costado cómodo y busqué transitar otros caminos. La comedia es algo bastante inédito para mí y es lo que quiero probar ahora, sin ser yo la cara”, dice.

–¿Tenés ganas de estar del otro lado de las cámaras?

–Sí. En realidad, tengo ganas de tener las riendas de mi trabajo, cosa que los actores pocas veces tenemos. Me gusta decidir sobre los guiones, que sea mi decisión cuándo un libro ya está listo y cuándo no. Porque he padecido las consecuencias de trabajar sobre un texto no terminado. Esto no implica que trabaje en soledad, me gusta formar parte de un equipo, estar en los detalles de escenografía, de iluminación, sobre todo en lo que tiene que ver con lo actoral. Creo que mi aporte tiene que ver con ese ojo afinado. También porque quiero ser más dueño de lo que hago.

–También implica correr más riesgos.

–Sí, pero riesgos corrí siempre. No es que no me preocupen, pero tengo una personalidad arriesgada en ese sentido. Pateo lo construido o, al menos, lo pongo a prueba siempre, trato de ver cuán firme es eso y de abrir espacios, abrir caminos.

–¿Te quedarías sin la esencia del actor, el ser mirado por el público?

–No, no dejo al actor: hice todo el año El hijo de p… del sombrero (de Stephen Adly Guirgis y dirección de Javier Daulte, en La Plaza) y la sigo en Mar del Plata. Pero hay un crecimiento exponencial y multidireccional del que no me quisiera bajar nunca; con Martín (Seefeld), siempre tenemos esa idea de poder jugar en todos los ámbitos. En teatro, tenemos una primera experiencia de producción en La Plaza con Pablo Kompel para fin de marzo; y a principios de abril estaríamos produciendo nuestra primera película, Túnel (no tiene nada que ver con el libro de Ernesto Sabato, aclara), donde, ahí sí, estoy a la cabeza con el director Rodrigo Grande, que me dirigió en Cuestión de principios, con Federico Luppi.

–A fin de año estrenás en Mar del Plata El hijo de p… , con Nancy en lugar de Peña.

–Sí, y con Andrea Garrote en lugar de Jorgelina Aruzzi. Y Fernán Mirás y Marcelo Mazzarello. En cuanto a Nancy, nos conocimos trabajando y antes de enamorarme de ella (en Los buscas de siempre, por Canal 9, en 2000), reconocí una gran actriz, con un registro amplísimo, con una gran credibilidad y, de alguna forma, trabajamos desde un punto de vista parecido.

–Si hubiera otra actriz, ¿tu actuación se modificaría? 

-Siempre pasa eso y en este caso, donde se trata de mi esposa, se modifica más todavía y también modifica el orden de la casa. Pero viene bien porque nos equipara en energías: cuando uno trabaja en teatro y el otro en tele las energías son muy dispares, los horarios, distintos, uno de día y otro de noche. Y solo se equipara cuando uno se baja o el otro se sube y lo lindo de esto es tener la posibilidad de que Nancy se suba a una obra comprobada en todo sentido, tanto en la respuesta del público como de la crítica.

-En televisión, tu carrera de actor está más que justificada por Resistiré, Montecristo y El elegido. ¿En teatro y cine donde ubicarías tus imprescindibles?

-En teatro, he hecho apenas tres obras en veinte años y las tres me han traído grandes satisfacciones: hacer un Shakespeare de la mano del gallego Gallardou con la Banda de la Risa (Puck, sueño de verano, basado en Sueño de una noche de verano) fue una experiencia única; con The Pillowman (dirección de Enrique Federman), sentí que podía subirme al escenario y sostener, dignamente, el oficio de actor. Y, El hijo de p… del sombrero, realmente, es una experiencia agotadora pero increíble. En cine, mis  favoritos son Plata quemada y El método, de Marcelo Piñeyro; Crónica de una fuga de Adrián Caetano; Cuestión de principios, creo que es una gran película también. Otra que me ha dado muchas satisfacciones allá en el tiempo, en el 98, es Solo gente (Roberto Maiocco), una historia muy pequeña que me dio la posibilidad de viajar por muchos festivales y ganar algunos premios.

-Independiente: ¿cómo lo ves?

-¿Es una pregunta irónica? (risas). Futbolísticamente, lo veo muy mal, en el peor momento de su historia. Por supuesto, preocupado por el peligro de descenso de un club con el tamaño y la gloria de Independiente. Haber tenido un viejo tan fanático hace que piense que, a pesar de todo, mejor que no viera a su Independiente en este momento porque estaría sufriendo como loco. Respecto del manejo político creo que estamos teniendo un Presidente de lujo (se refiere a Javier Cantero), alguien que ha encarado una cruzada dificilísima, muy compleja, en la que está bastante solo: ir en contra de un flagelo que es tan viejo como la historia del futbol en este país. Lo veo un tipo resistente, veo que no va a ser en vano, no sé qué es lo que logrará. Pero que alguien lleve adelante las luchas más allá de saber o no en los puertos que se desembarque, vale la pena.

-La presidenta Cristina Fernández de Kirchner no tiene un discurso enérgico contra las barras bravas. Mantiene una mirada casi romántica sobre el hincha

-Puede ser. El discurso enérgico lo tiene para muchas otras cosas. Tampoco había existido un Presidente como Cantero. No queramos cambiar las cosas de un día para el otro. Esta supuesta tibieza del discurso de la Presidenta debería llamarse “tibieza” en la medida que hayamos vivido mejor. Esto siempre fue peligroso y en algún momento dejará de serlo pero creo que esto tendrá que ver con un crecimiento nuestro como sociedad, más que con el discurso de una presidenta. Creo que lo que tiene que haber es una clase política que deje de servirse de eso. Pienso que muchas de las cosas que no podemos resolver aun, tienen que ver con lo adolescente que somos como sociedad.

-¿Cómo se vive en tu casa este tremendo éxito de Graduados, que protagoniza Nancy?

-Con alegría porque además se vive como la consecuencia de un trabajo muy organizado, no hay nada casual, ni en la elección de ese proyecto, ni respecto a Nancy, ni -esto lo digo yo- en la luminosidad que tiene y en la gran credibilidad para hacerse cargo de personajes centrales. No es la primera vez que le pasa. Nancy es una actriz que siempre ha sido parte de proyectos exitosos y creo que ella ha aportado mucho por la captación que tiene, la credibilidad a la hora de contar ciertas cosas. Y lo vivimos con una alegría enorme. Primero, porque es un producto para toda la familia, entonces lo pueden ver los chicos. También, porque la gente se siente muy cerca de Nancy, la quiere mucho y cuando esa cercanía viene con respeto aprendés a disfrutarlo. Ya pasaron los momentos de juventud extrema donde renegábamos de la popularidad. Este es un momento donde nos damos cuenta de que mucho del cariño de la gente es genuino. Para ella, lo que veo es  mucha ilusión para adelante, ya tiene mucho más claro en que quiere participar y en que no. También tiene su espacio en la productora porque es creativa y a la hora de leer que es lo que está bien y lo que está mal, sabe mucho más que yo.

-¿Disfrutan puertas adentro de un gustito revancha, un poco futbolero digamos, el “le ganamos al Trece”?

-Ah, vos me pedís que te cuente una intimidad (risas). Nosotros no disfrutamos de esas cosas. No. Cuando uno mira más la desgracia del otro que lo bueno de uno, cuando vos querés ganar y querés ir a competir y solamente ganar, estás cambiando el verdadero foco de la situación.  Porque ganas de ganar siempre hay. Pero, cuidado: si festejás más de la cuenta, te puedo asegurar que en la primera de cambio va a venir un manto de humildad o va a suceder algo que te va a poner en el llano, otra vez. Uno aprende esto: ni festejar enormemente los éxitos, ni preocuparse terriblemente por los fracasos o por las cosas que no salen bien. Soy más de la idea de quitarle espíritu futbolero a esto porque no es fútbol. Esto es trabajo para mucha gente.

Filmoteca

Trasnoche sin resaca

“Filmoteca”. Cine. Lunes a jueves a la medianoche, por Canal 7. Conducción: Fernando Martín Peña y Fabio Manes. Producción: Pablo Reyero y Alejandro Fernández Mouján.

POR 

Calificación: *****

Nunca se está seguro de cuál es el instante exacto en que algo, de pronto, ya no se usa más. Como ver películas en la tevé abierta, un gesto de otra época, avasallado por la punta de lanza de las videocaseteras y derrotado por el cable, los dvds y todos las explosiones que siguieron y seguirán. Pero sucedió, por lo que cualquier acto que lo recuerde se monta como homenaje digno de traje y corbata, brindis y hasta poemas.

Los críticos, coleccionistas de celuloide y programadores Fernando Martín Peña y Fabio Manes están lejos de la conmemoración. En la séptima temporada de “Filmoteca”, ellos continúan con su encanto demodé, haciendo lo que les gusta en mangas de camisa. Los organizadores del Bazofi (festival paralelo al Bafici) llevan a su programa ese material que atesoran, retrospectivas de creadores, inéditos e inhallables, clásicos y raros objetos de culto, presentados con humor y clasificados, en cada semana, por autor, tema, país o lo que se les ocurra: este año, y sólo como ejemplo, empezaron con cuatro filmes protagonizados por Narciso Ibáñez Menta (una de ellas, dirigida por Enrique Carreras, “Obras maestras del terror”).

Otro ciclo estuvo dedicado a Isabel Sarli quien, invitada al estudio, respondió preguntas, contó anécdotas de Armando Bó y presentó cuatro de sus películas con trailers, imágenes inéditas y escenas cortadas por la censura. Para los cinéfilos, lo de Peña y Manes es un acto de resistencia; para el resto agradecido, diversión de la buena.

Fabián Gianola

“El medio es muy envidioso”
A poco de cumplir 50. Aclara que pesa lo mismo que a los 16 años y demuestra que no tiene implantes capilares.

REVISTA EL GUARDIAN > PERSONAJES

FABIÁN GIANOLA A LOS 49

“El medio es muy envidioso”

Tras sufrir malas experiencias, sólo quiere trabajar donde lo traten bien. Su rol en la radio, sus próximos estrenos y sus palos a Tinelli, Viale y Gvirtz.

JUEVES 01.11.2012

Escribe Leni González / Fotos Nacho Sánchez

 

Me divierto mucho. Me encanta hacer radio”, admite Fabián Gianola un ratito antes de empezar su programa Contame tu día, de lunes a viernes a las 19 en FM Palermo (93.9). “Empecé este año en esta emisora pero vengo haciendo hace tiempo. El año pasado estuve en Rivadavia, donde había firmado por dos años, pero me fui al primero, no me gustaba cómo se trabajaba: yo quiero estar tranquilo y ahí la pasé mal, se maltrata a los empleados; en fin, una radio que era escuela y se transformó en eso”, cuenta sobre la segunda mañana que cumplía en la emisora cuyo gerente de noticias es Mauro Viale. “Me gusta tocar todos los temas, toda la actualidad, hablar con la gente, elegir música, pasarla bien porque de otra manera, no se trabaja”, compara Gianola, al que siempre le gustó abrir puertas lejanamente emparentadas con la actuación, como la conducción y la publicidad, pero que en este último tiempo parece mucho más centrado en el intérprete.

El próximo jueves 8 estrena Otro corazón, de Tomás Sánchez, con Mariano Torres, Elena Roger, Carlos Moreno, Lito Cruz, Betiana Blum, Beatriz Spelzini, Adriana Aizemberg, Pepe Novoa y Patricia Sosa, una película que cuenta con el apoyo de la Fundación Favaloro y del Incucai, y que cruza las historias de un padre que necesita un trasplante de corazón, dos hijos con formas distintas de encarar los problemas, un bebé por venir y una cooperativa de trabajo que trata de salir adelante. “Me gustó poder salir del personaje del gracioso, de comediante, de ese rótulo en el que siempre me ubican y poder hacer algo diferente. Así fue el comienzo de mi carrera, trabajando en el San Martín, en el Cervantes. Yo no arranqué siendo gracioso pero no reniego de nada y de todo aprendí, desde La familia Benvenuto hasta Nosotros y los miedos o Tiempo final, por nombrarte papeles en la tevé”, cuenta el actor que en Otro corazón interpreta a un obstetra en pareja con un hombre (Guillermo Pfening). No hay dudas de que quien lo recuerde todavía en el papel del gay estereotipado y cómico de los Benvenuto se llevará una buena sorpresa en la película: “Y está muy bien que se sorprendan –avisa– porque de eso se trata, de hacer papeles distintos, alejarse lo más que se pueda de uno mismo”. En el film trabaja junto a la cantante Elena Roger en su segunda película como actriz (la otra fue Un amor, con Luis Ziembrowski y Diego Peretti). “¿Y qué te puedo decir de Elenita? Que es un sol: talentosa, buena compañera, tranquila, la conozco hace mucho, con una sencillez y humildad enormes, sabe que el éxito no te cambia la vida”, enumera sobre la estrella de los musicales Evita y Piaf.

–También actúa y canta Marta Mediavilla, la hija de Patricia Sosa y Oscar Mediavilla. ¿Vos trabajaste con tu hija, Camila Gianola (16 años)?

–Sí, ella participó en De lo nuestro lo peor… y lo mejor en El Trece y en teatro, en Taxi 2 donde reemplazó a Dalma Maradona durante dos semanas. Con 13 años lo hizo perfecto, ni me dejó ponerme nervioso. Ella estudia canto, guitarra, piano, composición, va por el lado de la música, no de la actuación, tiene un talento impresionante y en todo lo que pueda la voy a ayudar para que se desarrolle y sea feliz. En la vida, no sólo en la carrera.

Además del estreno en cine, el viernes 23 comienza la temporada en Mar del Plata, en el teatro Güemes, con La dama de negro, donde vuelve a trabajar con Nicolás Scarpino en otra producción de Javier Faroni (como lo hicieron en la exitosa Los 39 escalones). “La dama de negro es una obra sorprendente, con efectos, coreografías, un gran espectáculo que espero funcione para después traerla a Buenos Aires”, desea el actor, que en febrero cumplirá medio siglo.

–Cincuenta años, no parece. ¿Ese pelo es tuyo?

–Sí, mirá, miren (se agacha y muestra su cabeza sin implantes). Sigo pesando 70 kilos, lo mismo que desde los 16 años. Como de chico tuve síntomas de raquitismo, siempre me cuidé y practiqué deportes. Ahora no; descarté los deportes con pelota porque me operé de un ojo, pero salgo a correr y entreno.

–También veo que usás el anillo.

–Sí, siempre con la misma, Verónica, casado hace 22 años, la madre de mis dos hijos: Camila, de 16, y Nicolás, de 12. Soy una excepción mundial.

Soy feliz

La viuda de Rafael es el título de la miniserie que empieza el martes 13 por la Televisión pública, con Rita Cortese, Luis Machín y Alejo García Pintos: cuenta la historia de Nina, una transexual que enviuda y debe enfrentar obstáculos de parte de la familia de su pareja en la lucha por sus derechos. “Es una historia real. Mi personaje tiene una doble vida: mujer e hijos y, por otro lado, sale con una travesti”, anticipa Gianola.

–La actuación en cine, tevé, teatro, en primer lugar. Hiciste conducción pero no reincidiste. ¿Te cansó?

–No, lo que pasa es que lo que me ofrecieron no me convenció. Hasta 2004 hice Televisión registrada (TVR), después vino De lo nuestro lo peor (El Trece, 2008-2010), que con el tiempo se convirtió en otra cosa, se tinellizó. Y a mi edad, quiero trabajar en lo que me dé ganas.

–Hubo un momento en que parecía que estabas en todos lados, poniéndole el cuerpo a demasiadas cosas. ¿O no? 

– (Con un poco de fastidio indisimulable) Mirá, Florencia Peña hizo lo mismo, tenía teatro y conducía con Marley; Miguel Ángel Rodríguez actuaba, conducía y hacía publicidad; Enrique Pinti se vestía de rojo y vendía loterías; Mario Pergolini se ponía un frac blanco y vendía chicles; Martín Seefeld hacía Los Simuladores y conducía; y así: cuando viene la buena, todos los actores agarran pero no sé por qué me pusieron a mí como ejemplo, tal vez porque fui uno de los primeros, y eso quedó, se la agarraron conmigo. Pero a esta altura lo que diga el medio me importa muy poco porque yo sé lo que tengo que hacer para mantener a mi familia y para mi bienestar económico. No me puedo guiar por lo que dice el medio que es muy envidioso y no se puede convencer a todos: primero que todo, tengo que convencerme a mí. Soy un agradecido a Dios porque nunca me faltó laburo y porque soy feliz subiéndome todas las noches a un escenario; soy feliz con un micrófono en la radio; soy feliz ante las cámaras haciendo Los únicos (personificó al malvado Dreyfus) donde me divertí muchísimo o La viuda de Rafael; soy feliz haciendo cine como en Otro corazón o en la película de Juan José Campanella, Metegol.

-¿Sos la voz de uno de los personajes?

-No sólo la voz, porque nos filmaron actuando, fue un proceso a la inversa, muy divertido. Soy un goleador de metegol, creído y que habla en tercera persona. Tiene todo para que la vaya bien, en principio, tres millones de dólares de presupuesto.

-Volvamos a la conducción. ¿Qué te parece TVR desde que lo dejaste en 2004?

-Nunca más lo vi. Te miento si te digo que lo vi. Tenía teatro. Puedo decirte que yo hablaba desde el llano y con la más absoluta independencia, cosa que ahora no es. Hablaba con mi verdad, la del tipo que va por la calle sin ningún dinero en el bolsillo desde ningún sector político. Mi postura sigue igual. A la mayoría de los políticos, salvo algunos contados con los dedos de una mano, no los respeto. Llegar a un cargo político en la Argentina es llegar al “ahora tengo el poder”, “ahora somos nosotros”.

-Gran parte de la comunidad artística apoya al Gobierno

-No me parece mal eso. Siempre pasó, está bien que los artistas y cualquiera se manifiesten, que digan si están a favor y que también digan si no están de acuerdo, que critiquen. Y desde arriba hay que contener a las partes, no dividirlas, el Gobierno debe comprender, no separar.

-En gira con Los 39 escalones, en Asunción te invitaron una noche al jurado del Bailando por un sueño de Paraguay. ¿Cómo la pasaste?

-Sí, es Baila conmigo Paraguay. Muy bien. Pero no es lo mismo, está más volcado al humor, no tiene la maldad ni la oscuridad que el de acá, es un programa blanco, donde el jurado hace personajes pero sin hacer peleas para que la gente crea que es verdad.

Estuviste en El musical de tus sueños, en 2009

-Sí, me llamaron durante cinco años hasta que acepté para el certamen de comedias musicales. Como estaba trabajando en el canal, acepté; era un contrato de tres meses pero lo pasé mal, grabaciones larguísimas, se me complicaba con lo demás y me costó mucho cobrar, empecé en agosto y cobré en abril. Averiguá, pasa mucho.

-No pudiste trabajar junto a tu papá, el actor Beto Gianola (falleció en 1981 cuando Fabián tenía 18 años) pero si te diste el gusto de trabajar con tu hija. ¿Tenés otros sueños artísticos?

-Mis sueños son contingentes, son concretos: tener trabajo, no aburrirme, disfrutar, ver crecer a mi familia con salud, esos son mis sueños, muy cotidianos, no pasan por hacer el gran personaje.

Mauricio Farberman > revista Ñ

Lo llamaban “el culto”

Mauricio Farberman fue pionero del teatro independiente y gestor de la época de oro de nuestra televisión. A los 83 años, atesora un proyecto cinematográfico y muchos recuerdos.

POR LENI GONZALEZ

''SABADOS CIRCULARES''. Farberman fue productor del mítico envío en su etapa de Canal 9.

”SABADOS CIRCULARES”. Farberman fue productor del mítico envío en su etapa de Canal 9.

Con toda razón, Mauricio Farberman está enojado. Me lo dice por teléfono. Hasta cuándo va a continuar esta sucesión de entrevistas. Pero si no es un libro biográfico sino una simple paginita. Y devuélvame los libros que le presté. Tal vez su analista de toda la vida le sugirió que se deshiciera cuanto antes de esa infiltrada en su casa con el propósito, quién sabe, de saquear su biblioteca. Disculpe, sí, perfectamente, lamento la tardanza. Cómo decirle que fui víctima de la fascinación del personaje, que jugué a Sherezade pero al revés. Que no quería despedirme de su voz de locutor, la única que habita el enorme departamento frente a Retiro, contando todas las historias del mundo ni de la calidez de invitar con té y masas a “la periodista de Ñ”. Y que me abusé, tiene razón, de su tiempo acomodándolo a mis urgencias y pidiéndole, qué descarada, que me tuviera paciencia, total los viejos siempre pueden esperar un poco más.
“En este papel yo me anoté todo lo que hice año por año, porque a los 83 me preguntan y a veces no me acuerdo bien”, me dijo Farberman la primera vez. “Mi vida profesional podría dividirla en tres períodos de veinte años cada uno: teatro independiente, televisión y cine. Hice otras cosas como editar la colección Teoría y práctica del teatro, para la Compañía General Fabril Editora, donde publiqué a los autores que conocí en Francia, gracias a una beca para estudiar teatro con los maestros Jean Vilar y Jan Doat”, dice este hijo de inmigrantes rusos.

Desde su inicio a principios de los 50, Farberman integró el grupo Fray Mocho –referente fundacional del movimiento independiente junto al Teatro del Pueblo, La Máscara y Nuevo Teatro–, dirigido por Oscar Ferrigno, un renovador que fundió la vocación popular con la estricta formación teórica. Para el joven actor, seguiría la dirección de varias obras en el interior del país, la beca de la Embajada francesa, el regreso a Buenos Aires y un nuevo umbral.

“Con mi bagaje francés, fui a ver al vicepresidente del primer canal privado, el 9 –léase la cadena NBC, aclara–, Julio Korn (el propietario de Radiolandia, Antena, TV Guía y otras) que me dijo: ‘Queremos un programa para los sábados, como el de Yves Montand en Francia, y el que quiere hacerlo es un tipo que sabe mucho de cine, se llama Pipo Mancera. La televisión tiene que dejar de dormir la siesta’. Y entré a trabajar como uno de los productores, probablemente el más importante, de Sábados circulares”, dice sobre el primer programa ómnibus de la tevé argentina, que debutó el 6 de enero de 1962.  El programa ganaba el rating siete horas y perdía en la última con El club del Clan, el musical de la nueva ola de Canal 13. Ni trayendo a Vittorio Gassman lo habían logrado y Mancera estaba furioso. “¿Viste algo más divertido que un casamiento judío?”, le propuso el productor. Y el conductor aceptó: llevar la orquesta de Sam Liberman, un clásico animador de las fiestas judías, más treinta chicos del movimiento sionista para que bailaran como en una boda tradicional. “Esa noche –dice emocionado– ganamos la última hora.” Al año siguiente, Mancera se mudó al 13 pero Farberman se quedó en el 9 para producirSábados continuados: “Me llevaba mejor con Antonio Carrizo que con Mancera, que estaba muy agrandado. Le hice una que lo maté: contratamos a los chicos de El Club del Clan ofreciéndoles diez veces más que la miseria que les pagaba la RCA Victor”.

Dos cambios de timón le tocaron vivir a Farberman en su paso por la tele. En el 9, el arribo de Alejandro Romay, en 1963; y en el 11, el de Héctor Ricardo García, en 1970.  Cansado de que el primero le pagara su sueldo con cheques, fue a verlo a Pedro Simoncini, que le dio la bienvenida como el nuevo productor artístico de Teleonce, “el canal de los curas”, en manos de los jesuitas y la cadena ABC. “No podíamos ser más distintos. A mí me daba risa verlo arrodillarse y besar el anillo de monseñor Aramburu. Pero nos llevábamos bien porque éramos buena gente”, dice sobre el ultracatólico director del canal de Pavón 2444. Sin embargo, de vez en cuando podía surgir algún imprevisto. Como el profundo escote de la bella Virginia Luque, en Yo te canto Buenos Aires, que conducía Julio Jorge Nelson, y al que Farberman tuvo la misión de tapar alcanzándole en un corte una rosa para que la cantante se cubriera.

“A todos los actores talentosos pero no conocidos que me pedían laburo se lo di, aunque les pagara lo mínimo, como a Javier Portales o Alberto Olmedo. Uno de los que vino fue alguien a quien yo quería mucho, muy humilde y buena persona: Fidel Pintos. ‘Págueme lo que sea, quiero que mi hijo se reciba de médico’, me dijo y ahí me tocó el corazón. Lo llamé a Gerardo Sofovich y le pedí que lo incorporara a Operación jaja. ‘¿Qué? ¿Otro quemado más?’ contestó”, dice Farberman de quien no tiene los mejores recuerdos: “Cobraba su sueldo como productor y por Argentores como autor de los guiones. Pero él le preguntaba a cada uno lo que quería hacer, no había ningún libro, eran dos hojitas”. Como a Pintos lo ignoraba, volvió a hablar con “el ruso” para que permitiera al actor hacer su especialidad, la sanata. “Y así salió ‘La peluquería de Fidel’ que nunca supe si fue idea de Fidel o de Sofovich. Pero eso y ‘La mesa del café’ fueron un boom”.

Pero su acierto más valorado como director artístico fue producir Cosa juzgada, el ciclo de casos judiciales que dirigió David Stivel, con su grupo Gente de teatro (Bárbara Mujica, Norma Aleandro, Marilina Ross, Emilio Alfaro, Federico Luppi, Carlos Carella), con guiones de Juan Carlos Gené, un amigo desde la época teatrera, y las investigaciones de Marta Mercader en Tribunales. Si bien el programa fue un éxito, después de dos años de contrato, 1969 y 1970, el nuevo dueño de canal 11 no lo renovó: “En Crónica, a mí me citaban como ‘el culto’; yo sabía que con García no iba a poder trabajar. Cuando le pregunté por qué no seguía si tenía rating me respondió: ‘Porque no lo inventé yo’”. Con Romay por un lado y García por otro, un proyecto distinto al de Farberman estaba triunfando: “Hoy me hierve la sangre cuando veo tv, la convirtieron en un negocio infame; antes dirigían los directores artísticos y ahora los de marketing. Tinelli representa el orgullo de ser mediocre”.

Con la vuelta de la democracia, inició su asociación con el cine y el riesgo de coproducir La historia oficial, de Puenzo: “Con Luis éramos muy amigos pero el tiempo nos fue alejando. Yo pensé que él podía dirigir mi película, pero no pudo ser, es una historia muy cara, estaba loco para soñar eso. Tengo una vida muy gastada así que, después de hablarlo mucho con mi analista, me saqué de la cabeza esa idea”. La película de la que habla es la historia sobre Raquel Liberman, la inmigrante que denunció en 1929 a la red de proxenetas judíos polacos Zwi Migdal. Ese guión, varias veces reescrito, finalmente se publicó como novela (Los judíos gauchos… y los otros, Cefomar, 2011) pero su esperanza era filmarla. Antes de resignarse, de prestarme dos libros y de terminar nuestras charlas, la primera vez que lo vi, el joven Farberman me dijo: “No me quiero morir sin haber hecho mi película”.

Revista El Guardián > Federico Luppi

14/06/12
FEDERICO LUPPI A LOS 76

“Ahora me llaman para hacer de abuelito”

Salió de gira por la Argentina con una obra de teatro en la que actúa y dirige, participará en la serie En terapia y hace de un jubilado víctima del corralito en la película Acorralados. Polémico y frontal, vuelve a criticar a Mirtha y Susana.

Escribe Leni González / Fotos Juan Pablo Barrientos

 Por culpa de una metáfora estúpida y repetida en los medios, si alguien escuchara que un actor a los 76 años salió de gira, podría suponer una mala noticia. Salvo que se trate de una excepción llamada Federico Luppi. No sólo porque efectivamente está de gira por todo el país durante este año con la obra La noche del ángel, además de estrenar una película, Acorralados, y participar en el programa En terapia. Sino porque nadie –me animo a subrayar–, ningún integrante del mundo artístico está tan lejos de tentarse con eufemismos ni es capaz de expresar lo que piensa con tanta convicción. No hay posibilidad de interpretar otra cosa ni de irse por las ramas: al pan, pan y a Luppi lo que es de Luppi.

–Se va nomás por los caminos con una obra donde actúa y dirige.

 –Sí, es una obra del italiano Furio Bordon, autor también de Las últimas lunas, que hicieron actores como Marcelo Mastroianni y Fernando Fernán Gómez. Hace muchos años la tenía vista para hacerla. La compré, vino el corralito, perdí los derechos porque se vencieron, no la podía hacer y a la vuelta me di cuenta de que hay mucho teatro en Buenos Aires, mucha tentación televisiva, mucho cine y tenía temor de que un director me dejara en la estacada por otra oferta. De hecho ocurrió así: el director que yo tenía se fue a trabajar con Julio Bocca, por razones lógicas, así que dije: “Bueno, ya que hago la de Juan Palomo, la traduzco, la adapto y me queda la tranquilidad de que soy un riguroso empleado de mí mismo”.

Y además trabaja su mujer, la actriz, directora y dramaturga Susana Hornos.

–Está Susana y está Nahuel Zapata, que lo conseguí a través de un casting porque probé cuatro chicos. Fundamentalmente porque quería alguien comprometido con el proyecto y no que se me fuera a mitad de camino para hacer una tira o teatro, como me pasó con Adrián Navarro (con quien hizo en 2010 Por tu padre) que lo tentaron para Carlos Paz. Yo entiendo ¿eh?, lo que pasa es que estaremos hasta noviembre, vamos hasta Río Gallegos, a Comodoro Rivadavia; es mucho y después la seguimos en Buenos Aires.

–¿Le sigue divirtiendo salir de gira?

 –Mirá, yo después de trece años, cuando volví a la Argentina, me encontré con un país absolutamente diferente, no sólo por la política o por la soja, sino por la propia evolución social del mundo: desde el BlackBerry hasta las chicas en cualquier lugar del país vestidas como en París con ropa más barata, copiada, lo que sea pero ahí está; hoteles nuevos, polideportivos, ya no es más la vuelta del perro por los pueblos polvorientos, hay industrias importantes. Hay un sentido de la vida mucho más gozoso, mucho menos provinciano y los conceptos con los cuales se emiten opiniones son más modernos y adultos. Cuando llegamos con Por tu padre, con Adrián, una obra bastante difícil y con una escatología bastante dura porque era la historia de una madre con dos amores, noté la gran cantidad de chicos jóvenes con un serio interés en tocar este tema de los padres y amantes y maridos y afectos laterales. Había desaparecido ese provinciano típico que yo conocía. El país estaba diferente salvo en dos lugares, que creo que no es casual: Catamarca y La Rioja, donde todavía hay una cierta provincianía más o menos personalista y mandona.

–¿Se acuerda de su primera gira?…

-Sííí, aquellas giras que hacíamos, me acuerdo, con Carlos Carella, Marilina Ross, Dora Steimberg. Hicimos Morir en familia (de Jorge García Alonso y dirección de David Stivel), íbamos en coche, llegamos hasta Salta, Tucumán y al sur hasta Bahía Blanca; eran giras que se parecían mucho a las viejas giras del carro, como decían aquí los viejos cómicos, “vamos a hacer el bosque”. No había televisión así que el rebusque dependía mucho del teatro que no ofrecía grandes fortunas pero si, mucho trabajo, mucho lomo. Entonces, salían por ejemplo en marzo, los que no habían hecho temporada en Buenos Aires, y a lo mejor volvían en septiembre; y les solía ir bien pero iban a lugares que hoy uno no recorrería o lo haría de otra manera, donde llevaban obras parecidas al teleteatro de la época. Y cuando llegabas, te recibían como al Papa. El país cambió, cambió el mundo.

Corralito

La semana pasada se estrenó Acorralados, una película de San Luis Cine que protagonizan Luppi, Esther Goris, Gabriel Corrado y Gustavo Garzón con dirección, dicen los créditos, de Julio Bove, el productor y guionista. “En realidad, el director es Juan Carlos Desanzo pero pasó que los costos de la película se dispararon y para mantenerla hubo partes que no se filmaron. Y entonces, claro, en algunos momentos está un poco endeble en cuanto a estructura narrativa. Yo trabajé con Desanzo todo el tiempo pero él decidió bajarse del cartel ante esta mutilación narrativa. Yo creo que lo de Bove es casi como una imposición administrativa”, dice el actor a quien esta historia -la de un jubilado al que, durante la crisis de 2001, el banco le niega retirar los ahorros de toda una vida- le tocó bien de cerca.

“El 2001, para mí, fue una experiencia aterradora: sentí que terminaba una Argentina, que después de eso ya no podía venir algo peor. Porque no sólo había sido el robo a toda la población del país con la timba perversa de los bancos. Crearon una ingeniería del despojo, del robo. Si ganaban, a vos te excluían; y si perdían, te hacían socio de la pérdida, como ocurre siempre. Una perversión típica de este sinvergüenza, criminal de (Domingo) Cavallo”, dice.

-¿Perdió mucha plata?

-La década previa había trabajado mucho en México, Perú, España. Había hecho un buen paquete, la verdad, para plantearme un futuro menos azaroso. Me dejaron, absolutamente, en pelotas, como lo escuchas, de la mañana a la noche, así nomás. Levantarme todos los días para ir al banco a que me dieran cien dólares por semana de mi plata. Era una cosa espantosa, humillante y le dije a Susana “rajémonos de este país de mierda” y no pensaba volver más.

-¿Recuperó algo?

-Me devolvieron, solamente, cincuenta mil pesos en el banco de Boston. Al lado de lo que tenía, era una escupida en la laguna. Cuando le pregunté a la gerenta dónde estaba el resto de mi dinero, me dijo “Olvídese”.

-¿Cómo ve lo que está pasando ahora en España?

-Está pasando la lógica consecuencia de haber entronizado a los mercados. Cuando una sociedad entrega su vida al mercado, este manda de acuerdo a sus ganancias.

-¿Qué lo hizo volver?

-Cuando empecé a ver un escenario político diferente donde se podía usar la política no sólo desde un punto de vista partidista sino como factor de cambio. Mirá, vos tenés que partir de esto que es lo más sencillo y sensato: yo voté por primera vez con (Arturo) Frondizi y toda mi vida, esto no es un eufemismo, toda mi vida los presidentes argentinos fueron una manga de cagones, cobardes, miserables; nunca cumplieron lo que decían, se acobardaban, se iban, los echaban, se bajaban los pantalones. Todos. Cuando digo todos, digo todos. A eso agrégale los golpes militares y me dije: “Este país no tiene salvación”. ¿Por qué? ¿Por qué permitimos el saqueo constante, permanente del país? ¡Lo de Dela Rúa! No hay en el mundo un ejemplo de ineptitud, de estupidez y de impericia tan grande, no hay. No hay no siquiera en Centroamérica, digo no hay en la historia política semejante pelotudo, no hay. Y, dije no, no hay salida para esto.

-Y ahora está con una mujer que forma parte de una Asociación de actores españoles en Buenos Aires

-Ellos ven que acá el teatro es una pasión, en cualquier barrio hay un teatro, cada actor puede generar su propio proyecto. Se dieron cuenta de que acá hay una capacidad de gestión en lo estético muy notable.

En tevé, participa en En terapia. ¿Conocía la serie?

-Hago del papá del personaje de Germán Palacios. Los libros son estupendos. Había seguido muy de cerca la serie americana pero debo decirte, curiosamente, que los libros de acá son muy buenos. Miro todo lo que puedo, me gustan mucho las series y el cine: cuando puedo, los sábados hago doblete y veo dos seguidas.

-¿Va a filmar este año?

-Empiezo con Inevitable (está basada en la obra de teatro Cita a ciegas, de Mario Diament), que dirige Jorge Algora, con Darío Grandinetti y Carolina Peleritti y hay un personaje, una especie de émulo de Borges, que lo voy a hacer yo. Como hay días que vuelvo de la gira, lo voy a hacer.

-¿Sólo hace lo que le gusta?

-Sí pero tampoco me llaman para hacer barrabasadas porque saben cómo pienso; en general, no me ofrecen cosas torpes, no. Obviamente, el campo laboral de hace trece años ya no lo tengo, antes hacía protagonistas absolutos y ahora me llaman para el abuelito, el papá, el viejo torturador (risas).

¿Qué le calienta hoy de la actuación?

-A mí lo que me sigue llamando la atención es la pregunta sobre qué hace a un tipo ser actor. Te obliga a ser egocéntrico, todo el tiempo, receptor de un montón de miradas de gente que paga para verte; y además tenés que ser creíble, autentico, sincero y, si es posible, Adonis o perfecto. Es un fenómeno que todavía me sigue llamando la atención porque uno piensa: ¿qué tiene la actuación que crea tal nivel de ansiedad y de tensión? Siempre cuento el ejemplo de las clases de teatro cuando el profesor te dice: “A ver, pase Luppi” y esos cuatro metros son cuatro metros de angustia. ¿Por qué tanta tensión interior, por qué tanta premonición catastrófica?

-¿A qué le tiene miedo?

Decime a qué no le tengo miedo. Creo que el mundo está pasando un momento catastrófico, muy complejo, sabes. Pues ha entregado el manejo de la vida a los mercados y eso es una bestialidad. En cuanto a mi, uno durante mucho tiempo cree que lo puede todo, se siente prácticamente inmortal y, a esta altura, hay días que no tengo ganas de salir a la calle a romperme los cuernos, pero hay que salir. Me doy cuenta de que estamos en un mundo donde la práctica diaria es o el ataque o la defensa, no hay conjunciones armónicas  colectivas. Los asaltos y las muertes son violentos. Hay algo más allá de la inseguridad, hay algo de descentramiento, de despojo de lo humano.

En la vereda de enfrente

“Parecía un chivo blanco”, responde cuando se le dice lo bien que le queda haberse afeitado. Sin problemas para posar, se pone el sombrero que el fotógrafo descubrió sobre una silla. “Cómo no, si tengo una colección”, dice el actor nacional que más veces ganó el  Cóndor de Plata: seis, además de uno a la trayectoria en 2009. Anivel internacional, entre otros, se llevó a su casa la Conchade Plata al mejor actor en el Festival de San Sebastián, por Martín (Hache), en 1997, dirigida por su amigo Adolfo Aristarain. Sonríe con ganas cuando le digo, porque sí, que tendría que filmar con Ricardo Darín y Pablo Trapero. En 2009 se quedó con el Martín Fierro por su participación especial en el unitario Tratame bien. También este año en ese canal, el Trece, hará lo propio en Condicionados (no lo sabíamos en el momento de la entrevista). Hay algo apabullante en Luppi y quizás sea la mezcla entre su sencillez campechana y la claridad con que debate.

-Siempre se manejó con bajo perfil en lo que respecta a opinar sobre otros. ¿Por qué razón el último tiempo salió a criticar tan fuerte a Mirtha Legrand y Susana Giménez? ¿Hay otra cosa pendiente?

-Te doy la respuesta concreta: cuando yo volví de España, otra vez a empezar de nuevo,  empecé a apoyar a este Gobierno. Mejor dicho, no a este Gobierno, sino la gobernabilidad de este Gobierno, en un país que como te decía antes, desde que tengo uso de razón siempre me engañó. Me pareció interesante ver con ojos nuevos. Entonces, y sólo te cuento unos pocos hechos aunque podría contar mil, esta señora,la Legrand, sistemáticamente, desde que Néstor Kirchner asumió la presidencia, empezó a hacer de sus almuerzos una rampa de lanzamiento de operación política, permanentemente, con groserías y barrabasadas que las dice sólo una persona ignorante. Desde decir, por ejemplo: “¿Pero estaba en el cajón?” o decirle a Roberto Piazza: “Vos no podés adoptar un chico porque lo podés seducir y corromper”; hasta juntar un día seis periodistas a su mesa, únicamente, únicamente (repite), para denostar a Kirchner que había sido nombrado presidente de UNASUR; dijeron de todo. Otra vez, cuando entrevistaba a esta mujer de Colombia que había estado secuestrada, Ingrid Betancourt; ella le explicaba las dificultades de pacificar Colombia porque había cuatro líneas, políticamente, muy enfrentadas. Respuesta de esta señora, la sabia: “¿Y por qué los Estados Unidos no invade Colombia y termina con eso?”. Yo pasé mi vida en Sudamérica y recuerdo las tiranías que costó sangre, sudor y lágrimas erradicar, y ella, con una liviandad típica de una perra ignorante, sale a decir “invadan un país”. ¿Cómo puede ser alguien tan irresponsable en un país que está empezando a cambiar,  insisto, razonablemente bien? ¿Quién la manda a decir semejantes barrabasadas? Yo nunca dije nada, hasta que un día me hinché las pelotas. Lo mismo cuando escuché a Susana Giménez decir: “Hay que matar a la gente, mano dura”. ¿Cómo matar? ¿Sabés lo que es matar? Entonces dije quela Giménezera un caso de biología bastante extraño porque era cagar por la boca; y de Mirta dije lo que dije.

Pero llamó la atención escucharlo a usted tan enojado

-No estoy enojado. Ustedes, los periodistas deberían poner, alguna vez, en una revista: “Es vergonzoso que Mirtha Legrand ocupe un lugar en el espacio televisivo”. Pónganlo un día, a ver qué pasa. Hay que decir la verdad de vez en cuando, si no siempre uno se juega solo. Dicho en otros términos, como diría mi abuela, “son mala gente”. Tenés que ser un agradecido de la vida, porque sin tener talento ni intelecto les ha ido bien. Y no, se ponen a decir pelotudeces. Pero pará un poquito; con qué tupé se pregunta si estaba Kirchner en el cajón. Una pregunta ofensiva, agraviante, sin tener en cuenta el duelo de una persona. Y lo que le preguntó a Piazza, ella que tuvo un hijo homosexual y confeso, lo cual está muy bien… Es una mala persona. Es gente así. Lo pienso y lo sostengo.

-Si se lo ofrecieran, ¿aceptaría ser el villano en La dueña?

-Únicamente si me dejan matarla (risas). Mirá, todos podemos equivocarnos. Y opinar de política implica, inevitablemente, tener diferencias con otros. Hay niveles de confrontación que vale la pena tenerlos. Pero cuando el ignorante se pone a hablar de lo que no sabe, es un pecado mortal.