Tres galanes a escena

Luciano Cáceres, Luciano Castro y Marco Antonio Caponi estrenaron Pequeño circo casero de los hermanos Suárez, de Gonzalo Demaría

PARA LA NACION

DOMINGO 08 DE NOVIEMBRE DE 2015
Quizá gran parte del público no lo sepa, pero este es un triángulo de múltiples conexiones. Encontrarlos juntos haciendo teatro en el Cultural San Martín no es sorpresa y menos casualidad, sino, todo lo contrario, la realización de un proyecto armado por ellos mismos: Luciano Cáceres, en la dirección, y Luciano Castro y Marco Antonio Caponi, los protagonistas. Son los tres amigos que acaban de estrenar Pequeño circo casero de los hermanos Suárez, de Gonzalo Demaría, a quien en este grupo le toca un rol estilo “quinto Beatle”.
Porque los tres trabajaron con el autor. El primero fue Castro en Lo que habló el pescado (2004); Caponi actuó en La Anticrista y las langostas contra los vírgenes encratitas (2010/11) y, este año y el anterior, en El acto gratuito, obra que dirigió Cáceres, también el director de El cordero de ojos azules (2011-12). Para los que no los vieron en teatro, ellos dos, Cáceres y Caponi, eran hermanos en la tiraGraduados (Telefé, 2012), donde practicaban el otrora famoso “Baile de la Pichila”. Por su parte, Castro y Cáceres ejemplificaron la paternidad moderna en Señores papis (Telefé, 2014) y en enero volverán a juntarse para Los ricos no piden permiso, el telenovelón que prepara El Trece. Por último, Castro y Caponi compartieron largas horas de grabación en Herederos de una venganza (El Trece, 2011). Y justamente fue ahí donde empezó esta historia.

“Dos hermanos, el retardado (Castro) y el resentido (Caponi); a uno le faltan dos dedos y al otro, una oreja; el retardado vuelve después de haberse ido con un circo; pero el circo cerró y lo único que logra rescatar es al castrato, el hombre pájaro (Gonzalo Suárez), al que se lleva a la casa donde está el resentido que es policía; hay una maestra de primer grado (Marita Ballesteros) que mantiene una relación con el resentido pero a quien el retardado siempre amó, una mujer que sufre maltrato. Bueno, toda esa mezcolanza es el Pequeño circo”, explica el director Cáceres.

-Una mezcolanza trágica…

Cáceres: -Es una tragicomedia con reminiscencias del circo criollo; hay referencias a los personajes fundacionales de la historia del circo pero ubicado en esta época en algún pueblo de la provincia de Buenos Aires. El verosímil es posible, tiene un sustento real por más poético y metafórico que parezca.

-¿Qué recuerdos tenés del circo?

Caponi: -Los mejores recuerdos, allá, en Mendoza. Mi papá me llevaba todos los años cuando llegaba. Tengo impregnado el olor a aserrín, a praliné, era una fantasía pero también era pobreza itinerante, los animales medio moribundos, esa mezcla me fascinaba.

Cáceres: – Son seres muy pequeños, chiquitos, que lo que tienen lo van a llevar a la última instancia, la convicción mínima, muy cabeza de maní, cerrados en su obsesión hasta el extremo. Y muy solitarios. Lo emocional, lo expresivo, lo físico va al límite y cada escena se presenta como un número circense sin la destreza circense. La tensión se mantiene como si estuvieras caminando por la cuerda floja. Pero hay un mensaje esperanzador al final.

-¿Cómo te sentís dirigiendo a amigos con quienes además compartiste trabajos como actor?

Cáceres: -Con mucha confianza porque los admiro y los quiero. Nos une el placer, las ganas de hacer, vamos a un atajo porque nos conocemos. Con Marco ya no tenemos ni que hablar, me entiende en jeringoso. Son dos actores que pueden estar cómodos en su lugar de trabajo y vienen acá, a arriesgar al teatro independiente. Como también pasa con Marita, con una trayectoria terrible y con Gonzalo, Fernando, con todos los que se sumaron a este proyecto a pulmón. Esto es una cooperativa, vamos a porcentaje de las entradas.

Castro: -Venimos a pasarla bien, acá nadie gana plata ni para la cochera. Y no es un reclamo, no nos importa tampoco. Queríamos un proyecto nuestro, con amigos.

Caponi: -El fin es experimentar, la libertad de poder crear, probar y jugar, lo que no podríamos hacer en un proyecto comercial.

Recibirse de actor

Martes y miércoles son los días en que se presenta Pequeño circo? y hasta el 2 de diciembre. Otros compromisos, otros tiempos impiden, por ahora, más funciones. Cáceres terminó con Signos -la serie donde participó en cinco capítulos y dice haberlo pasado muy bien- y se tiñó de platinado para comenzar con Los ricos no piden permiso. Le toca lo mejor: divertirse y tomarse todos los permisos para componer a un villano interesado en la alquimia y los misterios.

Para fin de año, Caponi termina de grabar La leona, una producción de El árbol para Telefé, con Pablo Echarri, Nancy Dupláa y Miguel Ángel Solá, donde interpreta a un obrero que estudia abogacía para defender a los trabajadores. Y Castro, también en Los ricos?, volverá a salpicar con testosterona la pantalla.

-¿O no?

Castro: -Seee. Pero estoy tranquilo porque es muy grande el elenco, con muchas figuras, muchas historias paralelas, no pasa todo por los protagonistas. Y no soy el galán. Estoy en el grupo de los pobres.

-En Señores papis le tomabas el pelo al galán forzudo, con mucho humor.

Castro: -Me mataron ahí. Porque era una comedia. Pero en la tele si no funciona algo, lo cambian radicalmente y entonces, dejó de ser una comedia para ser una historia de amor de papis. Y mi personaje no tenía retorno, mi historia de amor con Marcela Kloosterboer iba a ser ridícula por más que la escribiera Tennessee Williams porque lo mío era ridículo. Acepté hacerlo justamente porque era una comedia. Siempre intento algo distinto en la tele porque estoy muy limitado. Por eso me gusta hacer esto en teatro, acá no hay forma de hacer de galán, me divierto y tengo la oportunidad de probar.

Cáceres: -Somos actores y te toca de malo, de bueno, de galán, lo que te toca, son roles. Nosotros no dejamos de hacer teatro, no es que volvemos, nunca lo abandonamos. El público de teatro lo sabe. Para mucha gente parece que te recibís de actor porque estás en la televisión, cuando esto no es una carrera, no se llega a ningún lado, es un recorrido.

Caponi: -Hago teatro porque me siento pleno, es un entrenamiento, me da herramientas. En la tele, es dar todos los días, se genera un agotamiento y llega un momento donde estás automatizado y entrás en una zona más de producción, sin buscar el hecho artístico todo el tiempo. Hay que hacerlo por uno, no por lo que piensa el otro, no me interesa que me pongan en el lugar del galán ni en el que hace teatro. Quiero vivir este proceso y crecer con eso, más allá de que nos vaya bien o mal.

Castro: -Tengo más premios en teatro que en tele. Un Florencio Sánchez (2002) y un María Guerrero (2005). Pero nadie lo sabe. Cuando pasó nadie se enteró. Si los ganara hoy, sería un actor prestigioso. Antes me preocupaba eso, ahora no. ¿Qué tendría que explicar? ¿Por qué no se sabe? Me gusta que vengan a ver lo que hago. Si no gusta y me lo dicen sin falta de respeto, no me enojo, te lo juro. Ojo que este discurso me costó aprenderlo.

Joaquín Furriel, asesor en temas legales y civiles

Junto al conjunto del gremio, los tres coinciden en la importancia de la ley del actor, recientemente aprobada. Para Cáceres, “está buenísimo que exista porque somos trabajadores, no proveedores. Era necesario porque no tenemos ni aportes, ni vacaciones, ni aguinaldo y todo depende de cuándo laburamos. Veremos cómo se implementa”. También para Caponi es una forma de lograr identidad y dejar de ser un híbrido: “Está bueno trabajar en la tele, pero hay un inconveniente muy grande porque tenemos retenciones enormes por ser empleados bajo dependencia, pero no tenemos los beneficios de esos empleados porque no lo somos”. En general, Castro apoya el nuevo logro que los ampara: “Acá valés cuando trabajás y te va bien porque si no, lo que hacés es un bluf y una mierda”. Pero tiene una salvedad que no le da pudor reconocer: “Hay muchos puntos que no entiendo bien. Ya le preguntaré al pobre (Joaquín) Furriel que es uno de los que llamaron para consultarle qué hago. Y él me explica todo”.

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