Roberto Pettinato. Sumo Pontífice.

Ser papa es lo único que le falta

ROBERTO PETTINATO

Ser papa es lo único que le falta

Vuelve a la televisión abierta para conducir CQC. Hace casi diez temporadas que conduce un programa matinal de radio y el año pasado debutó con un show de stand up. Reflexiona sobre la música, las mujeres, la política, la religión, la Iglesia y el dinero.

JUEVES 18.04.2013 – EDICIÓN N ° 114

Escribe Leni González / Fotos Nacho Sánchez

Después de ver tantas veces Lenny, de tanto sótano en Nueva York, de tanto late night show cayéndose detrás de los anteojos hasta perforarle las córneas, se subió al escenario a decir lo que nunca pensaba recordar y a comprobar que hay risas que no son de laboratorio. Roberto Pettinato quiso volver a sentirse “una persona interesante” y para eso, ay, sí, para eso el antihéroe retomó la senda del intransferible gusto propio. Me quiero portar bien se llama el show de stand-up que estrenó en octubre último, con el que volvió este año en el Teatro de la Comedia y sigue en gira nacional. Todo el Pettinato mediático está ahí: el conductor de radio y tevé, el humorista, el que toca el saxo, el padre de cinco hijos y marido de tres mujeres, el gran dueño de la última palabra, el buen gourmet que sabe un poco de todo pero, en especial, de sí mismo exponiendo su acto ante ese público de ignotos en la oscuridad a los que nunca sabremos cuánto teme y cuánto necesita.

La última noticia es que a partir de mayo otra vez estará en un canal de aire, de lunes a viernes después de las ficciones nocturnas de El Trece, en el lugar que antes ocupaba el Showmatch de Marcelo Tinelli. Un clásico reemplazado por otro clásico, el de Eyeworks Cuatro Cabezas: Caiga Quien Caiga (CQC) con Pettinato en la histórica silla de Mario Pergolini (que después ocupara Ernestina Pais) acompañado por Clemente Cancela y Diego Iglesias.

Pero Pettinato es (queremos decir “casi”) inabarcable para un relato único. De mameluco anaranjado, hay un Pettinato histórico, casi mítico, que fue parte de Sumo y es una fuente confiable a la hora de citar a Luca Prodan; fue también el último director de El Expreso Imaginario en los primeros ochenta y de La Mano, a mediados de 2000. Menos conocido es el músico de free jazz que sacará otro disco en unos meses, el que escribió su primera novela, La isla flotante, en 2012, y que prepara un libro de cuentos infantiles ilustrado por su mujer, la artista plástica Karina El Azem. En todos los casos, siempre será impredecible. Su ánimo, las ganas, su predisposición y tolerancia, nadie, nunca, estará en condiciones de asegurar cuáles serán. Para esta nota, gracias al beatífico efecto Francisco, Pettinato jugó sin drama a la papalidad y hasta salió a la calle, en Las Heras y Rodríguez Peña, a saludar a los colectiveros y bendecir a madres y niños. Y la verdad, o lo que creemos que sea, descendió a la faz de la Tierra con su mensaje esperanzador: Sí, Pettinato, a la gente le caés simpático.

–En tu espectáculo, ejercitás un humor incorrecto. Pero ¿de qué cosas no te reirías o cuál es tu límite para el humor?

–No existe límite para el humor. Todo lo que sucede sobre un escenario no es verdad. Es como ver una obra de Beckett y creer que en El innombrable la persona no tiene cuerpo de verdad, ¡y es ciertamente sólo una cabeza adentro de un balde! Estaríamos en serios problemas si los comediantes empezaran a reprimirse. Sería el fin, sería como cuando Lenny Bruce en los sesenta fue el primero en empezar a decir malas palabras y a hacer un humor corrosivo, no de chistes hechos, y el gobierno lo quería asar vivo y colgarlo de la Plaza de Washington DC.

Sos el único que hace humor e ironiza sobre el consumo de drogas. ¿Por qué?

–Porque ayudo al drogota a sentirse un pobre tipo y un idiota. ¡Siempre me pareció sorprendente el tipo que consumía drogas y se creía Dios! Es una forma corrosiva la que practico de demostrar que las drogas sólo conducen a convertirte en un idiota más, que encima va camino al subte en el microcentro con el cerebro que le estalla como quien puso una bomba en una farmacia. Las van a consumir igual de todos modos, pero por lo menos saben lo gracioso y patético que se ven desde afuera. Eso les digo a los que lo hacen, de alguna forma. Como “Cocaine Decisions”, de Zappa, en donde ironizaba sobre los empresarios que se toman una raya y deciden temas importantes en la city de Nueva York.

–¿El stand-up está más cerca del rock o del jazz?

–La mente funciona como el jazz mientras que el look funciona como el rock. Nombraste dos estilos que marcaron la liberación en el mundo de la música. Si a esto le pudiésemos agregar mi sueño de que toda la audiencia se desnude y baile ¡sería genial! Una sola vez lo logré y cuando estaban casi todos desnudos empezaron a robarse los celulares de los asientos de adelante.

¿O con el free jazz, la música que hacés? 

–El free jazz es improvisación total y es la misma esencia de tirarse a la pileta. Es como una relación que recién comienza: uno no sabe con qué se va a encontrar hasta que comienza a adaptarse, a gustar, a entender, a comprender y a gustar hasta de los defectos. Esto es igual o peor porque no es que tocás un instrumento con otra gente sino que estás solo, ¡absolutamente solo! Digamos que es tal cual. No sabemos qué pasará, no sé de qué hablaré. O si lo sé a veces, pero los dos primeros renglones y después el delirio que tanto disfruta la gente porque le gusta verte… ¿morir?

–¿Cómo te cayó la noticia de que “el Papa es argentino y peronista”?

–El Papa no es peronista ni mucho menos. Sería un craso error ideológico. Los papas o los curas pertenecen a la Iglesia y la Iglesia no tiene otra ideología que la masónica y ¡la de la Iglesia misma! Son como un circuito cerrado de televisión que cada tanto proyecta los programas que quieren y los demás países emitidos al aire se consideran agraciados. Esa gracia se la venden al pueblo para que la gente crea que existe una suerte de bendición. Es como los empresarios tomando la comunión, ¿quién verdaderamente creería que ese empresario lo haría si no fuera porque hay un fotógrafo cerca?  Muchos dicen que trabajó o trabaja con los pobres. Eso es una ley de Dios, es un mandato divino y no tendría porque ser una sorpresa ni para la Iglesia, para la cual debería ser una obligación moral de parte de todos los sacerdotes. Y menos tendría que ser una sorpresa para el público en general. ¡Ohhh, soy humilde, tengo coronita! ¿Dónde se ha visto! ¡Por Dios, que vergüenza! Pero un papa que va a una villa es cien veces mejor que uno que ni la pisa. Es como los gobiernos populares vs. los de derecha: uno te da sidra y pan dulce, y el otro ni siquiera sabe que existís.

–¿Tuviste alguna etapa religiosa?

–Vengo de familia 50 por ciento católica y 50 por ciento espiritista. Es raro. No hablo con Dios directamente, se me presenta y me dice lo que quiere. La religión no es el opio de los pueblos pero, por el contrario, es una gran fuente de sangre y muerte y corrupción. Cuando escuchaba al Papa hablar de la Iglesia pobre, gran movida de marketing después de un Ratzinger tan antipopular y frío, pensaba: “Le habrán dicho: ‘Che, guarda, porque esto es para el discurso. ¡Mirá que tenemos propiedades y bancos muy fuertes que mantener!’”. Sí, fui uno de los primeros músicos de rock en meditar y adoptar la meditación zen y de hecho uno de mis hijos (Homero) se llama Taisen por Taisen Deshimaru, al que recomiendo ampliamente el día que se les acaben los libros de autoayuda que se titulan “No te amargues, la vida es una bosta.”

–Tu personaje o “yo escénico” es el de un quejoso con tendencia al aburrimiento y cero empático con su entorno. Esa postura está cerca de: ¿un rocker antisistema o de una señora insatisfecha?

–Todos somos insatisfechos con delirios de ascenso de clase. Todos somos señoras puteadoras lo cual es mejor que ser una señora que solo vive preguntándose a qué hora tiene colorista. El humor tiene que ser un martillo en la cabeza del espectador y no un guiño de ojitos. La gente tiene que sentir vergüenza. Siempre les digo esto y agrego: “¡No se preocupen que total lo digo yo, ustedes pueden seguir ahí en la oscuridad!”. Y lo increíble es que se cagan de risa porque puedo decir lo que quiera porque tengo un don único: nadie se termina de ofender por nada de lo que diga.

Una vez sorprendiste a todos cuando aceptaste trabajar con Gerardo Sofovich. Hoy, ¿trabajarías para…

Tinelli?: –Sólo haciéndole chistes a Guillermina de los que a él no se le ocurren.* Suar?: –Adoraría eso. Hacemos una pareja perfecta, un trío increíble si estuviera también Francella. En los Martín Fierro siempre nos divertimos hablándonos en joda y nos cagamos de risa.

*Gvirtz?: –No me interesa y nunca me interesó la persona del medio porque sé que es un negocio. Ergo, si la propuesta y el negocio son buenos no tengo problemas. ¡Es sólo un operador y me encantan! Y tampoco mataron a nadie, che!

*Rial?: –Lo quise hacer y no quiso. Florez y Floresta, estos dos hijoputas que criticaban todo. Era el gran programa para una vez a la semana o por mes al menos.

*Susana?: –En un tiempo pensé: “¿Por qué está Fulano cuando seríamos una pareja genial?”. Pero no soportaría que se enamorara de mí.

*Pergolini?: –No, porque nunca quiere volver a nada sino disfrutar de sus millones. Sin dudas, lo quiero y lo ayudaría a poner los billetes en orden de mayor a menor.

*Lanata?: –Lanata no necesita de mí. ¿Para qué me tendría? Si yo estuviera a su lado haría de Castelo y no mucho más. ¿Por qué tendríamos que estar juntos?

–¿Qué opinás de los músicos militantes?

–La música militante es “limitante”. ¿Por qué? Porque las letras son una pedorrada de baja estofa que no dicen nada. Ahora bien, era más militante una letra de Spinetta diciendo: “No tengo más Dios” o una de Dylan que las que hablan de obreros. Salvando la Cantata de Santamaría de Iquique, de Quilapayún. Pero es una música muy pedorra y yetosa. No tiene nivel y, de pronto, lo peor: quieren tocar una suerte de rockito y les sale espantoso, como cuando Sabina pretende hacerse el rockero y es espantoso.

–¿Qué añorás hoy de la época Sumo?

–Fueron siete años de mi vida maravillosos y volvería ya a Sumo, a los ochenta y a los bares. Ayer preguntaba: no puedo creer que no existan los Prix d’Ami o todos los lugares de gente loca. ¿Adónde se fue la gente loca de hoy?

–Músico, escritor, conductor, hombre renacentista: ¿recordás en qué momento dejaste de sentirte una gran promesa y empezaste a darte cuenta de que es “lo que hay”?

 –Yo no fui una promesa jamás. Siempre fui lo que fui. No tuve ascenso. Ya nací arriba del escenario, por así decirlo. Fijate que empecé como conductor en la tele, ¡ni siquiera notero! De entrada, ¡¡¡conductor!!! Muy gracioso. Nunca vi las cosas así como las decís, la verdad. Y siempre pienso “es lo que hay” desde que se me cayeron los músculos del culo.

–Querés hacer cine, lo sabemos. ¿Qué historia imaginás, qué personaje?

–“Me dejaría asesinar por vos” es una novela policial que tengo en la cabeza. Nunca lo dije, pero es lo que hace rato que tengo. Es la historia de una asesina psíquica digamos. Los hombres se vuelven locos por ella y ella los mata porque los deja enfermos para siempre de la cabeza. Ahora, ¿cómo se agarra una mujer así? Es todo un desafío escribir eso. Pero el cine no me interesa. Es muy larga la grabación.

–¿Qué cosas que deseás no se compran con dinero?

–Te digo algo: siempre me llamó la atención la cara de orto, la mala cara que tienen los empresarios a nivel piel, ojeras, panza, poco cuidado de sí mismos, y la ropa de moda. Son seres horribles y sin embargo lo tienen todo y no lo saben usar ni siquiera para comprarse una buena camioneta. Eso siempre me hace decir: “¿Ves? Así es como querés terminar? ¿Esta es la posta?”. Todo se puede comprar con dinero. El único problema es que haya un idiota que no quiera vendértelo.

–A riesgo de hacer una pregunta tal vez demasiado “femenina”, ¿qué lugar ocupa el amor en medio de tanto fastidio?

–Mi vida es el amor. El amor es mi motor. Pero aún más allá del amor. Porque ni siquiera necesito que te enamores de mí. Tengo alma de escritor y me enamoro solo y me hago la película solo y hasta con títulos y final. Sé que la gente cambia y le tengo terror a eso. No puedo esperar que alguien se quede conmigo cuando tenga 83 años y pida un nuevo catéter. Sospecho que no habrá nadie ahí más que una enfermera de 25 años comprada por mí en Tailandia. ¿Ves? El dinero puede comprarlo todo. Me considero el heredero sanguíneo de Lord Byron y demás poetas. Esto no lo sabe nadie más que vos ahora mismo. Pero es así. Una sonrisa te cambia el día. Una puteada también. Hay hombres que no son así y siguen adelante con su vida pero, sin lugar a dudas, todas las vidas que lleves juntas no podrán ser más potentes o profundas que una que conlleve amor. Por suerte el amor está en el mundo. Muchos dicen: el amor se va. Mentira. El amor se va, vuelve, se va, vuelve, se va y se vuelve a ir y siempre se quedó.

–¿Cuál es la mejor mujer: la que te da bola o la inalcanzable?

–En general, la mujer difícil es la compleja, la profunda, histérica y con un montón de planes propios. Es fabulosa y atractiva pero también es un dolor de cabeza que te obliga a tener suficientes aspirinas para poder soportar en algún momento en que hay que soportar. Después pueden existir las fans, las groupies y las devotas que simplemente tienen devoción y sos como un fetiche. Depende. A lo largo de una vida tan larga ha pasado de todo. Pero no creo que exista la inalcanzable. ¡Muchos creen que esa mujer es de alta costura o está en Mónaco! Y no es así. Tal vez está en un palacio de Inglaterra simplemente porque es amiga de otra y no es tan inalcanzable. De todos modos, las inalcanzables no las conocí porque siempre el inalcanzable ¡fui yo!

–Dijiste por ahí que 2012 iba a ser un año de cambios, que querías volver a sentirte un tipo interesante. ¿Cómo está ese plan?

–Lo hice. Con lo del stand up, con Pachuco Cadáver (después de 20 años, volvió a tocar con Guillermo Piccolini) y con el programa: son tres cosas nuevas que no venía haciendo. Es importante renovarse pero no pensando en renovaciones, sino simplemente dejar caer las pieles y a sabiendas que crecerán otras. Nada más. Sos eterno e inagotable. Te lo juro. ¡Sépanlo!

–Por último, ¿cuál es tu momento cotidiano de placer y satisfacción absoluta?

–Todo lo que pueda hacer con placer no apaga jamás la tortura de vivir y de haber caído en este mundo sin saber para qué e irme de él sin saber por qué me llevan. Soy tu tortura, tu amor, tu locura, el que te hace llorar y te hace reír, te da de comer, te ama, te llama cien veces y en cada ramo de flores, aprieto para que las espinas me partan los dedos y liberen mis pecados. Soy así. Perdón, ahí viene mi analista. Ojalá llegue rápido.

Agradecimiento: Buenos Aires Grand Hotel

En la tele hizo de todo

 En televisión, Pettinato comenzó en 1987 en Estación musical, por  ATC, hasta que Gerardo Sofovich, a comienzos de los noventa, lo convocó para unirse a La noche del domingo por Canal 9, su primera intervención como conductor televisivo con público en vivo. En 1993, se mudó a El Trece con Mirá quien canta, al que siguieron 360 todo para ver, un magazine de espectáculos donde también participaban Horacio Cabak y Gonzalo Bonadeo. A fin de los noventa, comenzó Duro de acostar, por Telefe y, por TyC Sports, Orsai a medianoche, con Bonadeo y Gillespi, programa que volvería a hacer a comienzos de la siguiente década. Otros proyectos de los que participó fueron Un aplauso para el asador, junto a Diego Pérez y Todos al diván, con Elizabeth Vernaci primero y Karina Mazzocco, después. Su primer Martín Fierro, le llegó por la conducción de Indomables, por América, programa que en 2005 finalizó abruptamente por decisión de la productora PPT. En ese momento su rating promedio alcanzaba, en 2004, los 6 puntos, y en 2005, 5,3. Debido a ese incidente, el programa pasó a El Trece como Duro de domar  (con los panelistas Guillermo Pardini, Gustavo Noriega, Fernanda Iglesias, Diego “Chavo” Fucks y Úrsula Vargues) hasta 2008 cuando se separó de Diego Gvirtz. En este ciclo fue donde logró los dos dígitos de rating, el mayor de su carrera: en 2006, 10,1 puntos; en 2007, 10, 5; y en 2008, 9,5.  Al año siguiente, estrenó Un mundo perfecto, por América que comenzó siendo un late show pero terminó como un programa de humor y espectáculos. Su rating fue: en 2009, 3,3 puntos; en 2010, 4,3; y en 2011, 3,1. (Datos rating: http://www.television.com.ar).

 Hombre orquesta

 15 de diciembre de 1955: nace en la embajada de Ecuador, donde se refugiaron sus padres por la Revolución Libertadora. Su papá, Roberto, fundó la Escuela Penitenciaria de la Nación y fue funcionario de las dos primeras presidencias de Juan Domingo Perón.

1980: Escribe y llega a dirigir en la mítica revista Expreso Imaginario, con Pipo Lernoud y Jorge Pistocchi. Conoce a Luca Prodan.

1982-1988: Saxofonista de Sumo. Los discos: Corpiños en la madrugada, Divididos por la felicidad,  Llegando los monos, After Chabón y Fiebre.

Matrimonios e hijos: su primera esposa fue la astróloga Cecilia Dutelli, con quien tuvo tres hijos (Homero, Tamara y Felipe). De 1998 a 2006, estuvo casado con Gabriela Blondeau. En 2007, se casó con la artista plástica Karina El Azem, con quien tiene dos hijos, Lorenzo y Esmeralda.

1990: Forma Pachuco Cadáver con el tecladista Guillermo Piccolini. Graban dos discos: Tres  huevos bajo tierra y Life in La Pampa.

Discos solistas: Música anticomercial (2003), Estelas Monota (2010), Purity (2012).

Libros: La jungla del poder; Como abandonar la Tierra; El que insulta primero insulta dos veces; Entre la nada y la eternidad; Hombres que aman demasiado; Sumo por Pettinato; La isla flotante.

Premios Martín Fierro a la Conducción: 2002 (Indomables y Un aplauso para el asador); 2003 (Indomables); 2004 (Indomables).

2004 hasta hoy: conduce El show de la noticia, la primera mañana de FM La 100.

Modelo Letterman

Una de las influencias más fuertes –y reconocidas– de Pettinato la constituyen los anfitriones de los programas de entrevistas nocturnas de los Estados Unidos, una categoría que esconde más de lo que explica: en realidad, se trata de verdaderos shows humorísticos donde, en general, la gente en búsqueda de promoción va a reírse de sí misma. Ahí están, los seguidores del mítico Johnny Carson: Jay Leno, Conan O’Brian, Bill Maher o David Letterman, el más admirado por nuestro hombre. La rutina de todos estos personajes es similar y constituye una tradición absoluta. Son los oficiantes de las misas que sanan la política y la estupidez norteamericanas. El rito incluye siempre un monólogo inicial, en el que el presentador comenta la actualidad desde el sarcasmo más absoluto y, no pocas veces, políticamente incorrecto; la conversación luego con invitados y adláteres fijos (que suelen funcionar como un panel), algún cuadro musical y el lanzamiento constante de dardos filosos contra cualquiera. El modelo no ha cuajado demasiado fuera de los Estados Unidos, donde funciona con mayor solemnidad. Pettinato ha intentado más de una vez –y logrado en el viejo Duro de domar o en el reciente Que parezca un accidente– circular por esa vía. Letterman, se dijo, es su modelo, del que más cosas ha tomado. En principio, el tono incorrecto y las alusiones a temas que no suelen mencionarse en la TV. También las “listas” de 1 a 10, un mecanismo que Letterman hizo popular y que, la única vez que le tocó conducir los Oscar, dejó perplejos y un poco iracundos a los hollywoodenses. Jay Leno siempre fue más “familiar” y Letterman, mucho más rocker en sus palabras, y ha desarrollado un personaje más áspero, que ama el dinero y el buen vivir pero se aburre de la estupidez. Ahí está el molde Pettinato, aunque “nuestro” Letterman acomode todo eso a su propia lengua y actitud, a un porteñismo no muy alejado de la típica actitud neoyorquina.

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