Enrique “Quique” Estevanez

“Siempre fui un busca”

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QUIQUE ESTEVANEZ A LOS 65

“Siempre fui un busca”

Es uno de los productores más exitosos de la tevé argentina. Disfruta del éxito de Dulce amor, donde se luce su hijo Sebastián, y planea estrenar otra tira en Telefe. La historia de un hombre de perfil bajo.

VIERNES 01.03.2013 – EDICIÓN N ° 107

Escribe Leni González / Fotos Juan Pablo Barrientos

 El apellido pesa. Todavía pesa más si lleva colgados del cartel a los “hijos de”. Pero como la rueda gira, las relaciones se invierten y, en algún momento impensado, el que se cuelga es el “padre de”. En todo caso, siempre suma porque la firma es la misma. Aunque en el nombre del hijo las notas, entrevistas y fotos cuenten a sus anchas quién es Sebastián, el mayor, el galán. Y, un poco menos, quiénes son Sol, la hija menor, actriz, y Diego, el del medio, productor. En cambio, sobre el padre, el archivo digital (es decir, todo dato capaz de ser googleado con éxito) hace mutis. Poco y nada es lo que trasciende del productor de televisión y patriarca fundador del clan: Enrique “Quique” Estevanez.

“Es que yo siempre cultivé el bajo perfil, nunca fui cholulo”, dice el hombre, muy parecido a Sebastián (perdón, era al revés), el musculoso protagonista de Dulce amor –junto a Carina Zampini y Juan Darthés–, la tira de Telefe que sorprendió a más de un crítico por la respuesta del público y un rating que se mantiene en un promedio de 16 a 17 puntos. Después de los 250 capítulos, los primeros días de abril llega a su fin con fiesta en teatro o estadio a confirmar.

“Uno, siempre que hace las cosas, las hace pensando en que le va a ir bien; si no, no tiene sentido. Cuando voy a hacer algo, no tengo en cuenta lo que puedan llegar a pensar los críticos, porque hay críticos que tienen criterio, otros que no lo tienen y algunos tienen más o menos sentido común. La forma de pensar de cada crítico no es la realidad. Porque la realidad está más cerca de un estudio de marketing previo. Hay gente que estudia para saber qué es lo que le gusta a la gente y ese no es el caso del crítico”, responde a los que le disparan a sus producciones.

–¿Y por qué piensa que gustó Dulce amor?

 –Porque le gusta a la gente. Hay muchas cosas: primero, caer en el momento ideal; segundo, que en ese momento la gente estuviera cansada de corrupción, de malas palabras, de pornografía, todo odio y rencor, nos habíamos olvidado del amor, de la esencia de pasarla bien. Entonces, pensé que tenía que hacer algo totalmente diferente. La hice pensando para que le gustara a todo el mundo, chicos y grandes; hay para todos los gustos. Me interesa la gente común, humilde, el trabajador, la clase media; no trabajo para una elite, no trato de que sea una cosa intelectual, más allá de que me encanta el intelecto.

–¿Fue una apuesta fuerte darle a Sebastián el papel de galán protagónico?

 –No había muchos galanes; estaban, prácticamente, todos ocupados. Más allá de que yo siempre creí en Sebastián. Ahora las cosas se dieron vuelta. A todos los galanes siempre les tiraban con munición gruesa. Me encanta trabajar con él porque nos conocemos, sé qué clase de persona es y actoralmente cumple con todas las necesidades que requiere una novela.

Los buscas

En el negocio del espectáculo, Estevanez empezó a principios de los 80 en el teatro Provincial, en sociedad con Enrique García Fuertes, ex gerente de programación del Trece, con quien armaron QQ Producciones (por los dos “Quiques”). Después, la sociedad se disolvió pero Estevanez continuó con varias temporadas en el teatro marplatense con Porcel, Carlos Calvo, Claudio García Satur, Jorge Guinzburg y Rodolfo Bebán, entre otros. Hasta el inicio de los 90, cuando se lanza a la tevé  con La pensión de la Porota, por Telefe, y después con Grande, Pa!, su primer éxito televisivo al que siguieron Los buscas de siempreLos médicos de hoy y otras tiras con la palabra “amor” en el título. “No es una cábala. Me gustaba que llevara ‘amor’ pero ahora la voy a sacar. Hay demasiados títulos con ‘Mi amor mi amor’”, dice, riéndose, por la comedia de Telefe que sucede en horario a su Dulce amor, la tira donde trabajan sus tres hijos: “Siempre estuvieron conmigo. En el teatro Provincial los llevaba a la boletería, con mi ex (la mamá y artista plástica de profesión) los incluíamos en todo así que se criaron en el medio, se contaminaron para bien”.

–¿Usted es actor?

 –Era, antes de productor. A García Fuertes lo conocí “haciendo pasillo” por los canales en búsqueda de algún bolo y entregando currículums. Pero como tenía una familia, no podía dedicarme de lleno a la actuación.

–Buscando, encontré a un Enrique Estevanez que hizo Electra, de Sófocles, en el teatro San Martín, en 1974. ¿Era usted?

 (Risas) Sí, soy yo. En esa época hacía esas cosas. Hice de Orestes. Lo que pasa es que nunca pude disfrutar al actor, tenía a los chicos chiquitos. Tuve verdulerías, taller mecánico, hice publicidades…

–¿Verdulerías?

–Sí, una cadena de verdulerías, en Capital. Empecé con un amigo. Yo estaba en el servicio militar y él me dice: “Por qué no vendés la camioneta y yo el taxi y compramos un local en la avenida San Martín y ponemos una verdulería”. Y lo hicimos. Por suerte, me la rebusqué en el regimiento que estaba e iba muy poco, entonces me mezclaba y seguía atendiendo cuando podía. Después me abrí por diferentes formas de pensar con mis socios y casi por competencia, por pensar que no había que ir a ninguna facultad para hacer eso: terminé poniendo cinco verdulerías. Me iba al Mercado del Abasto o al de Dorrego, compraba las frutas y las verduras y la llevaba a la mañana y a la tarde pasaba a buscar la recaudación para volver a ir a comprar; y durante el día, había aprendido a preparar bien la venta, incluso hacía pilas con las frutas. Aprendí mucho, es la “facultad de la vida”: atendía ciento y pico de personas a la mañana, dábamos número, andaba muy bien. Imaginate que atendés a una señora que se peleó con el marido y está de mal humor, otra que está de joda y que le encanta joder, atendés a la histérica que te toca toda la mercadería y no lleva nada y tenés que aprender a diferenciar una cosa de la otra, si no te peleás con todos y el cliente siempre tiene que tener razón.

–¿Y el actor cuándo aparece?

–Un día vino uno y me dijo si quería actuar en una película, y le respondí “no tengo tiempo”.

–Era muy atractivo, parece.

 –Era atractivo, sí. Entre los clientes siempre había alguno que te ofrecía algo, como hacer publicidades, y yo no tenía tiempo y además no me gustaba, no quería. Yo era un tipo de barrio, no me gustaba eso de ponerme delante de una cámara, más allá de que de chico sí me gustaba actuar. Me puse a estudiar teatro y surgió esto de Electra.

–¡Empezó nada menos que por ahí!

 –Sí (risas), surgió esa posibilidad. Después de eso, seguí haciendo un montón de publicidades. Hice una para Imparciales, que me pagaron lo que valía en ese momento un Torino, era una campaña nacional, había afiches por todos lados, en las revistas, en las contratapas. Hice fotonovelas en la revista Anahí. Y un día, Juan José Camero (soy muy amigo) me presentó a García Fuertes y empecé a hacer tele: trabajé con Bebán en un unitario que se llamaba Ser un hombre, en una novela que se llamabaEl calor de tu piel, con Alberto Martín, Leonor Benedetto y, muy joven, Julio Chávez; en Canal 11 hice Todo tuyo, hice Cumbres borrascosas, trabajé con Adrián Ghío, hasta que después falleció, pobre. En El calor de tu piel, los protagonistas eran él y Marta González… Y así fui creciendo hasta que salió lo del teatro y la producción, la profesión de mi vida.

–Se dio cuenta de que eso era lo suyo.

–Sí. Porque siempre fui un busca: verdulería, taller y así encontré algo que me gustaba y que tenía que ver conmigo.

–Hizo Grande, Pa!. Después, se dijo que iba a volver con una especie de remakeLo dijo papá. Y ahora se dice que no. ¿Qué pasó?

–Lo vamos a cambiar porque con Lo dijo papá reconocí que estaba equivocado, me di cuenta de que estaba encerrado en una historia que, sin querer, era como Grande, Pa!. En la fiesta de fin de año de Telefe causó una cosa muy emotiva y sentía que tenía que volver a eso. Pero después me di cuenta de que no tenía una gran historia, que ha cambiado mucho la televisión, el público; había mucha comedia de situación pero la comedia de situación la tenés que hacer con determinados ingredientes que no tenía y la macrohistoria era débil. Así que llegué al capítulo cuatro y no sabía cómo seguir. Pedí una reunión con Tomás (Yankelevich, el director de programación de Telefe), le conté y me dijo: “La verdad es que te tendría que matar, pero me lo decís así y te entiendo”. Asumimos los costos y ahora estoy trabajando con esta historia que va a tener algo de la otra, pero muy poco. También con Gustavo Bermudez, que será un papá pero ni viudo ni separado (N.de R.: lo acompañaría Isabel Macedo).

–¿Hay alguien con quien no volvería a trabajar? ¿Las que se fueron de sus tiras, como Soledad Silveyra o Calu Rivero?

–No soy rencoroso, pero evitaría trabajar con gente conflictiva. No te voy a dar nombres. Por supuesto, con las dos trabajaría. A Solita la quiero mucho, es una loca linda. Igual que yo.

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