Palito Ortega en el Luna Park

El Rey volvió a cantarle al amor
El show. Prolijo y nostálgico. Y con invitados especiales como su hija Rosarito.

REVISTA EL GUARDIAN > CULTURAS

EL SHOW DE PALITO ORTEGA EN EL LUNA PARK

El Rey volvió a cantarle al amor

Presentó su nuevo disco, grabado en Memphis junto a los músicos de Elvis Presley, y que incluye blues, rock y country, ante la fidelidad de su público. Las señoras bailaron los viejos temas y parecieron aburrirse con los nuevos.

VIERNES 07.12.2012 – EDICIÓN N ° 95

Escribe Leni González / Fotos Juan Pablo Barrientos

 

No hay aglomeraciones ni alborotos en la esquina de Corrientes y Bouchard. Los accesos al Luna Park están despejadas y sin trabajo pesado para los señores de traje negro. Los avatares de Capusotto dirían que el rocanrrol nenne no está pero sí los compañeros de juventud de Violencia Rivas, allá lejos y hace tiempo. Es casi una fiesta familiar, una reunión de egresadas 1968 recién salidas de la peluquería que van pasando, ordenadas y en fila, a su ubicación en el estadio. La noche del sábado les pertenece: Palito Ortega presenta su nuevo disco, el primero en 25 años con canciones desconocidas para la hinchada.

Las entradas iban desde 550 pesos en las primeras filas junto al escenario hasta 120, en la cabecera sin numerar. El estadio está casi lleno, en un 80% de su capacidad, de gente bien sentada, en su mayoría grupos de mujeres y algún que otro acompañante varón que peina canas. Esa misma noche, tal vez los hijos o los nietos de cualquiera del público vayan a Costa Salguero, al show ochentoso deGraduados, la tira superexitosa realizada por Sebastián Ortega y donde trabaja, también, Julieta (Ortega). Ella, sin embargo, eligió estar presente con su mamá, Evangelina Salazar, en la ceremonia paterna junto a otros amigos de la familia como Ana María Picchio, Juan Alberto Mateyko, Oscar Martínez y Sergio Lapegüe.

Los Memphis Boys, la banda que acompañó a Elvis Presley y Johnny Cash (según mencionó más de una vez Palito durante el show), se ubican en el escenario. Hombres grandes y una mujer de vestido negro brillante. Después sabremos que es armoniquista, de Temperley y con mucha experiencia: Natacha Seara. Sobre ellos, en la enorme pantalla, aparece Lalo Mir (¿quién diría en los 80 que el locutor ex Rock & Pop iba a presentar a Palito algún día?) para abrir la fiesta. Una fiesta un poco lavada al principio. Porque es difícil conmover al público con temas nuevos y más aún cuando se trata de un show de la nostalgia. Con la guitarra al hombro, traje negro, camisa y pañuelo rojo al cuello, 70 años de delgadez inalterable, el Rey entró a escena y comenzó con las canciones de su flamante disco Por los caminos del Rey (Bueno Records), grabado junto a estos músicos y un coro gospel (que en este show reemplazó el coro argentino Joy) en Los Ángeles, Memphis y Nashville. Cantó temas como “La voz de la verdad”, “Importa ser feliz” (parecía una letra de Ricardo Arjona), junto a su hija menor Rosario, “Del lado del corazón” y hasta uno de contenido ecológico: “Señales de la tierra”, acompañado de imágenes de desastres naturales.

“Pantalla”, grita la gente desde los costados. Y otra y otra vez “pantaaashaaa”. No es un tema de Palito. Es el reclamo para que cumplan su función las dos pantallas ubicadas a los costados del escenario. Finalmente, el ex gobernador de Tucumán (1991-95), ex senador nacional (1998-2000) y ex candidato a vicepresidente con Eduardo Duhalde (1999) acusa recibo y dice que los técnicos están trabajando. El gag se repite de manera incómoda durante toda la primera parte del show. Para la segunda, cuando ya mucha gente había peregrinado hacia otro sector para poder ver de frente, estuvo arreglado.

El show venía demasiado tranquilo. Mucha gente cruzada de brazos observaba desde sus lentes gruesos. Ellas querían pararse a bailar y cantar pero no podían. Por fin, Palito se apiadó e invitó a John McInerny, el protagonista de la película El último Elvis, a ocupar el centro de la escena con “Suspicious Mind” y “Blue Suede Shoes”. Si el show terminaba en ese momento, la nota habría sido sobre el hombre que hizo mover a las señoras en la noche de Palito Ortega. Pero John, la banda de los Memphis y la elvismanía se despidieron. Y comenzó lo que tenía que comenzar.

Traje plateado esta vez para recomenzar con su propia banda, dirigida por Lalo Fransen. En la pantalla, retazos de sus más de 30 películas, tapas de sus discos y fotos con grandes como Celia Cruz y Frank Sinatra, el mito que hace 31 años, en 1981, durante el gobierno militar de Roberto Viola, el empresario Ortega trajera a ese mismo escenario. Y que le provocó, además de muchas críticas, un desastre financiero que llevó tiempo remontar.

“Yo no quiero media novia”, “Despeinada”, “Camelia”, “Que Dios te bendiga”: a esos grandes éxitos que levantaron de manera exponencial el calor de las tribunas, le siguió el homenaje a otro ídolo contemporáneo, Sandro, que apareció de traje blanco materializado en Fernando Sanmartín (su imitador en el musical Por amor a Sandro) cantando “Una muchacha y una guitarra”. Juntos parodiaron pasados encuentros y cantaron “Rosa, Rosa” y “Un muchacho como yo”. “A Sandro le tiraban ciertas cosas –evocó Palito sobre las bombachas de sus nenas mientras se acercaba a la platea para recibir paquetes– pero a mí me regalan ositos”.

La noche, además de perderse en tu pelo como cantó Sanmartín/Sandro, siguió con otro invitado pero, esta vez, vivo: Cacho Castaña, el autor de uno de los tangos preferidos (dijo) por el anfitrión, “Café La humedad”, que cantaron a dúo, seguido por un bolero de Palito, “Sabor a nada”, posiblemente el mejor tema de su producción. Al show no le faltaron recuerdos y menciones a Astor Piazzolla, a Aníbal Troilo y al Flaco Spinetta. El que no apareció fue Charly García, a quien ayudó a recuperar en 2008 y a quien vimos en gentil intercambio de favores, en Graduados, por donde también pasó el patriarca de los Ortega. No hay duda de que fueron sus hijos, en especial el productor de tevé, Sebastián, los que reanimaron la añejada carrera musical de Palito. En 2004 fue invitado para los 200 capítulos de Los Roldán (una creación de Sebastián) y dos años antes, con Chico Novarro, ganó un Martín Fierro por la cortina de El sodero de mi vida, realizada por otro gran reciclador de viejas figuras, Adrián Suar. En 2010 volvió al Luna Park después de 30 años, siguió con giras, el Gran Rex, GEBA y la grabación de un disco en los mismos estudios donde grabó Elvis. Advierte que este es su último disco, pero nada parece terminar del todo con Palito: ni su carrera, ni sus ganas ni su amor por Evangelina, que subió al escenario para besar a quien es su marido hace 45 años.

“En la música hay muchas propuestas y todas son válidas. Debe haber lugar para todos. Yo elegí cantarle al amor”, expresó en la parte final del show cuando cantó “La felicidad”, “Estoy perdiendo imagen”, “Yo tengo fe”, “La sonrisa de mamá” y “Muchacho que vas cantando”. Se fue y volvió: para los programados bises, con sus músicos y los de Elvis, para cantar otra vez “Vale la pena vivir”. Se fue y volvió, otra vez.

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