Pablo Echarri

“Crecí cuando salí del costado cómodo”
Apoyo al modelo. Habitual concurrente a los actos en Casa Rosada, Echarri valora el espíritu enérgico de la Presidenta.Ampliar

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PABLO ECHARRI A LOS 43

“Crecí cuando salí del costado cómodo”

La productora que montó para El elegido estrenó su segunda ficción en tevé y avanza a paso firme sobre cine y teatro. También lucha por los derechos de los actores y ensaya junto a su mujer para la temporada marplatense; además, en esta entrevista hace referencia a los riesgos, a los Kirchner, al ego, los fans y del club del que es hincha, Independiente.

VIERNES 07.12.2012 – EDICIÓN N ° 95

Escribe Leni González / Fotos Nacho Sánchez

 

Echarri, el actor, el productor, el exitoso y el amado por las mujeres. Pablo, el marido de Nancy Dupláa, el papá de Morena y Julián, el hincha de Independiente, el pibe de Villa Domínico. Y como si esto fuera poco, Pablo Echarri además, el protesorero y miembro fundador de la Sociedad Argentina de Gestión de Actores Intérpretes (Sagai), presidida por Pepe Soriano, que gestiona y administra los derechos de propiedad intelectual de actores, bailarines y dobladores.

“Mi aporte a la lucha por los derechos de propiedad intelectual tiene que ver con utilizar, en el buen sentido, la cercanía que puede llegar a provocar mi trabajo como artista a la hora de posibilitar las gestiones políticas. Nos dimos cuenta de nuestras posibilidades como conjunto cuando pudimos interpretar la ascendencia que teníamos en los diferentes tipos de público, incluida la clase dirigente”, proclama Echarri que, aunque reconoce que a la militancia llegó tarde, logró darse el gusto de cruzar su actividad profesional con lo político. “Eso me pasó antes del nacimiento de Sagai. En Montecristo (2006), se puso sobre la mesa un conflicto, el de la apropiación de bebés durante la dictadura, que había sido ocultado porque se suponía que era un tema que espantaba televidentes. En ese momento, la gente que decidió hacer esta ficción –Telefe Contenidos– tuvo una idea diametralmente opuesta y acertó porque se dio la posibilidad del negocio, que lo es, pero también la posibilidad de meter en un género tan popular como la telenovela algo que nunca se había visto con claridad. Ahí me di cuenta de la diferencia entre actuar para satisfacer el deseo creativo, el ego mismo, y ser una herramienta de concientización. Vi que un actor, según el lugar del que decide ser parte y el nivel de popularidad, puede acercar a la gente a distintas temáticas. También me pasó con The Pillowman, luego de 10 años de no hacer teatro, al encarar la problemática de la violencia familiar para un público que tenía cierto prejuicio de ver al personaje de la tevé con un texto totalmente diferente. Logré reconocer la importancia de ser parte de un esquema social que ayude para algo más que entretener, sin dejar de entretener”, explica.

–Le fuiste tomando el gusto a ese compromiso.

–Fue lo irreversible del tiempo: mi edad, mi rol de padre, la partida de mi viejo. El dejar de ser hijo para ser padre hizo que mis decisiones tengan un plus de responsabilidad social y civil. Bueno, también porque me nace. No creo que la responsabilidad social sea algo que obtengamos todos en igual medida. Los años de plomo y la llegada del neoliberalismo de los noventa fue lo que alejó, sistemáticamente, a la gente de la política. Yo fui uno más que ni siquiera se había acercado y eso cambió en el momento en que conocí a Néstor Kirchner, una personalidad a la que, si bien me acerqué de manera muy acotada, ha sido definitiva para mi vida. De alguna forma, él es el padre de Sagai. Es el primer gobernante que miró a los actores a los ojos, como a otros tantos sectores postergados.

Acaba de empezar, al término de Graduados y antes de Dulce amor, por Telefe, la comedia Mi amor mi amor, con Juan Gil Navarro, Jazmín Stuart y Brenda Gandini, la segunda producción de Árbol (después de El elegido), la empresa de contenidos encabezada por Echarri, Martín Seefeld y Ronnie Amendolara. “El crecimiento vino siempre en mi vida cuando salí del costado cómodo y busqué transitar otros caminos. La comedia es algo bastante inédito para mí y es lo que quiero probar ahora, sin ser yo la cara”, dice.

–¿Tenés ganas de estar del otro lado de las cámaras?

–Sí. En realidad, tengo ganas de tener las riendas de mi trabajo, cosa que los actores pocas veces tenemos. Me gusta decidir sobre los guiones, que sea mi decisión cuándo un libro ya está listo y cuándo no. Porque he padecido las consecuencias de trabajar sobre un texto no terminado. Esto no implica que trabaje en soledad, me gusta formar parte de un equipo, estar en los detalles de escenografía, de iluminación, sobre todo en lo que tiene que ver con lo actoral. Creo que mi aporte tiene que ver con ese ojo afinado. También porque quiero ser más dueño de lo que hago.

–También implica correr más riesgos.

–Sí, pero riesgos corrí siempre. No es que no me preocupen, pero tengo una personalidad arriesgada en ese sentido. Pateo lo construido o, al menos, lo pongo a prueba siempre, trato de ver cuán firme es eso y de abrir espacios, abrir caminos.

–¿Te quedarías sin la esencia del actor, el ser mirado por el público?

–No, no dejo al actor: hice todo el año El hijo de p… del sombrero (de Stephen Adly Guirgis y dirección de Javier Daulte, en La Plaza) y la sigo en Mar del Plata. Pero hay un crecimiento exponencial y multidireccional del que no me quisiera bajar nunca; con Martín (Seefeld), siempre tenemos esa idea de poder jugar en todos los ámbitos. En teatro, tenemos una primera experiencia de producción en La Plaza con Pablo Kompel para fin de marzo; y a principios de abril estaríamos produciendo nuestra primera película, Túnel (no tiene nada que ver con el libro de Ernesto Sabato, aclara), donde, ahí sí, estoy a la cabeza con el director Rodrigo Grande, que me dirigió en Cuestión de principios, con Federico Luppi.

–A fin de año estrenás en Mar del Plata El hijo de p… , con Nancy en lugar de Peña.

–Sí, y con Andrea Garrote en lugar de Jorgelina Aruzzi. Y Fernán Mirás y Marcelo Mazzarello. En cuanto a Nancy, nos conocimos trabajando y antes de enamorarme de ella (en Los buscas de siempre, por Canal 9, en 2000), reconocí una gran actriz, con un registro amplísimo, con una gran credibilidad y, de alguna forma, trabajamos desde un punto de vista parecido.

–Si hubiera otra actriz, ¿tu actuación se modificaría? 

-Siempre pasa eso y en este caso, donde se trata de mi esposa, se modifica más todavía y también modifica el orden de la casa. Pero viene bien porque nos equipara en energías: cuando uno trabaja en teatro y el otro en tele las energías son muy dispares, los horarios, distintos, uno de día y otro de noche. Y solo se equipara cuando uno se baja o el otro se sube y lo lindo de esto es tener la posibilidad de que Nancy se suba a una obra comprobada en todo sentido, tanto en la respuesta del público como de la crítica.

-En televisión, tu carrera de actor está más que justificada por Resistiré, Montecristo y El elegido. ¿En teatro y cine donde ubicarías tus imprescindibles?

-En teatro, he hecho apenas tres obras en veinte años y las tres me han traído grandes satisfacciones: hacer un Shakespeare de la mano del gallego Gallardou con la Banda de la Risa (Puck, sueño de verano, basado en Sueño de una noche de verano) fue una experiencia única; con The Pillowman (dirección de Enrique Federman), sentí que podía subirme al escenario y sostener, dignamente, el oficio de actor. Y, El hijo de p… del sombrero, realmente, es una experiencia agotadora pero increíble. En cine, mis  favoritos son Plata quemada y El método, de Marcelo Piñeyro; Crónica de una fuga de Adrián Caetano; Cuestión de principios, creo que es una gran película también. Otra que me ha dado muchas satisfacciones allá en el tiempo, en el 98, es Solo gente (Roberto Maiocco), una historia muy pequeña que me dio la posibilidad de viajar por muchos festivales y ganar algunos premios.

-Independiente: ¿cómo lo ves?

-¿Es una pregunta irónica? (risas). Futbolísticamente, lo veo muy mal, en el peor momento de su historia. Por supuesto, preocupado por el peligro de descenso de un club con el tamaño y la gloria de Independiente. Haber tenido un viejo tan fanático hace que piense que, a pesar de todo, mejor que no viera a su Independiente en este momento porque estaría sufriendo como loco. Respecto del manejo político creo que estamos teniendo un Presidente de lujo (se refiere a Javier Cantero), alguien que ha encarado una cruzada dificilísima, muy compleja, en la que está bastante solo: ir en contra de un flagelo que es tan viejo como la historia del futbol en este país. Lo veo un tipo resistente, veo que no va a ser en vano, no sé qué es lo que logrará. Pero que alguien lleve adelante las luchas más allá de saber o no en los puertos que se desembarque, vale la pena.

-La presidenta Cristina Fernández de Kirchner no tiene un discurso enérgico contra las barras bravas. Mantiene una mirada casi romántica sobre el hincha

-Puede ser. El discurso enérgico lo tiene para muchas otras cosas. Tampoco había existido un Presidente como Cantero. No queramos cambiar las cosas de un día para el otro. Esta supuesta tibieza del discurso de la Presidenta debería llamarse “tibieza” en la medida que hayamos vivido mejor. Esto siempre fue peligroso y en algún momento dejará de serlo pero creo que esto tendrá que ver con un crecimiento nuestro como sociedad, más que con el discurso de una presidenta. Creo que lo que tiene que haber es una clase política que deje de servirse de eso. Pienso que muchas de las cosas que no podemos resolver aun, tienen que ver con lo adolescente que somos como sociedad.

-¿Cómo se vive en tu casa este tremendo éxito de Graduados, que protagoniza Nancy?

-Con alegría porque además se vive como la consecuencia de un trabajo muy organizado, no hay nada casual, ni en la elección de ese proyecto, ni respecto a Nancy, ni -esto lo digo yo- en la luminosidad que tiene y en la gran credibilidad para hacerse cargo de personajes centrales. No es la primera vez que le pasa. Nancy es una actriz que siempre ha sido parte de proyectos exitosos y creo que ella ha aportado mucho por la captación que tiene, la credibilidad a la hora de contar ciertas cosas. Y lo vivimos con una alegría enorme. Primero, porque es un producto para toda la familia, entonces lo pueden ver los chicos. También, porque la gente se siente muy cerca de Nancy, la quiere mucho y cuando esa cercanía viene con respeto aprendés a disfrutarlo. Ya pasaron los momentos de juventud extrema donde renegábamos de la popularidad. Este es un momento donde nos damos cuenta de que mucho del cariño de la gente es genuino. Para ella, lo que veo es  mucha ilusión para adelante, ya tiene mucho más claro en que quiere participar y en que no. También tiene su espacio en la productora porque es creativa y a la hora de leer que es lo que está bien y lo que está mal, sabe mucho más que yo.

-¿Disfrutan puertas adentro de un gustito revancha, un poco futbolero digamos, el “le ganamos al Trece”?

-Ah, vos me pedís que te cuente una intimidad (risas). Nosotros no disfrutamos de esas cosas. No. Cuando uno mira más la desgracia del otro que lo bueno de uno, cuando vos querés ganar y querés ir a competir y solamente ganar, estás cambiando el verdadero foco de la situación.  Porque ganas de ganar siempre hay. Pero, cuidado: si festejás más de la cuenta, te puedo asegurar que en la primera de cambio va a venir un manto de humildad o va a suceder algo que te va a poner en el llano, otra vez. Uno aprende esto: ni festejar enormemente los éxitos, ni preocuparse terriblemente por los fracasos o por las cosas que no salen bien. Soy más de la idea de quitarle espíritu futbolero a esto porque no es fútbol. Esto es trabajo para mucha gente.

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