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“Ahora hago zapping por   todos los noticieros”
Peretti hace varios años que no aparece en la televisión. Pero tiene dos proyectos en marcha.Ampliar

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DIEGO PERETTI A LOS 49

“Ahora hago zapping por todos los noticieros”

“Cómo me cuesta hablar a la mañana”, dice el reconocido actor, quien fuera médico psiquiatra. Hombre educado, correcto, que está siempre a la búsqueda de la palabra justa, aunque la presión arterial lo abandone.

DOMINGO 20.11.2011 – EDICIÓN N ° 38

Escribe Leni González

Fotos Juan Pablo Barrientos

En lo que queda del año, estrenará dos películas, una en la Argentina, el jueves 10; la otra, en España, a mediados de diciembre. La primera es Un amor, escrita y dirigida por Paula Hernández (HerenciaLluvia), basada en un cuento de Sergio Bizzio, con producción de Utópica cine y protagonizada por, además de Peretti, Elena Roger y Luis Ziembrowski.

 

“Es la historia de una relación muy fuerte en la adolescencia, de dos chicos y una chica que se quieren mucho, y que se corta intempestivamente hasta que se reencuentran 35 años después. Me interesó mucho el tema de que, por más que crezca el cuerpo, que tengas más cultura e información, hay huellas afectivas que quedan impresas como un tatuaje. Ahí no existe la cronología, sino una asignatura pendiente, un capricho incumplido, cosas que no se olvidan y que en algún momento se reavivan y se resignifican en la vida adulta. Me pasó, al leer el guión, de identificarme con vivencias de mi adolescencia y cómo eso perdura, cobrando otro sentido, en la adultez. Algo en apariencia frívolo o superficial como el encuentro con alguien de la secundaria, puede desencadenar todo ese pasado que quedó tan marcado. Ya no son los mismos pero hay un punto que se repite con otra carrocería, se calca el mapa vincular de los tres”, cuenta el actor que interpreta a Bruno (o “Concha”, como lo llamaban), un guionista de cine y televisión, casado con hijos, más o menos estable y aburrido, a quien el regreso de Lisa (Roger) le devolverá ese pasado al igual que a su amigo Lalo (Ziembrowski), mecánico, separado, más visceral y menos progre.

–Tu personaje es el tercero que observa, es el espectador de los otros dos, en la adolescencia y después también.

–Porque mantienen esa forma de ser adolescente, el cómo se relacionaban de chicos perdura, no hay crecimiento pareciera, se colocan en el mismo rol de hace 35 años; salvo al final, que hay un cambio (que no contaremos).

Para Elena Roger, la estrella de Piaf y Evita, que en marzo hará en Broadway con Ricky Martin, se trató de su primera película. “No se notó, estuvo brillante. Bueno, es una artista, no está tan compartimentado el trabajo de un actor”, dice Peretti con toda razón: el trabajo de la cantante como esta mujer seductora y atrevida que tiene hechizados a través del tiempo a dos amigos es más que destacable.

La otra película, la española que estrena en diciembre, es Maktub, del director Paco Arango, que Peretti filmó hace un año con Aitana Sánchez-Gijón. “Es un cuento de Navidad para toda la familia y, aunque eso te puede resultar peyorativo, está muy bien hecha. Es sobre un adolescente que sufre una enfermedad terminal y el encuentro con mi personaje, un argentino, casado, en crisis”, dice el actor, sobre su segunda película española, después de participar En fuera de juego, de David Marqués: “Trabajan bien. Tienen el mismo nivel técnico y creativo que acá pero con más tiempo, más relajados. O quizás era yo el que estaba más relajado”.

Muy alejado del voyeurismo del Bruno de Un amor y del desencanto del Manolo de Maktub, cada noche Peretti muta en el sanguíneo Stanley Kowalski de Un tranvía llamado Deseo, el clásico de Tennessee Williams, con Erica Rivas, Paola Barrientos y Guillermo Arengo, dirigidos por Daniel Veronese, de miércoles a domingo, en el teatro Apolo (Corrientes 1372).

“No me quiero hacer el humilde porque trabajé mucho, pero la verdad es que estos personajes funcionan porque la estructura teatral es muy sólida, es un gran texto”, dice Peretti sobre el rol que hiciera Marlon Brando en la película de Elia Kazan de 1951. “Volví a verla porque el film es muy fiel a la obra de teatro y nosotros, también. Pero lo nuestro es teatro y la película es teatro filmado. Lo que manda es la dinámica grupal, lo que va saliendo en los ensayos, no importa si viste o no la película porque cuando actuás, te olvidás. Pero cuando me sentí atascado en algún tipo reacción, me fijé cómo había resuelto Brando, no para copiar estilísticamente el gesto sino como ayuda: ‘Ah, mira cómo hizo’”, dice.

–¿Te sentiste presionado por la comparación?

–No, pero sabía que eso iba a suceder. En el momento de salir, de actuar, no pensás eso. Después otros se encargarán de la crítica y dirán.

–Es un personaje desagradable, muy cruel con Blanche Dubois (Erica Rivas).

–Sí, te compro lo de “desagradable”. Es un machista a la antigua. No voy a ponerme a defender a Stanley. Pero, por otro lado, reconozcamos algo: Blanche, la cuñada, se instala en su casa, que es chica, durante todo el embarazo de su mujer. ¿Qué reacción genera una mujer que se adueña del lugar, sin cuidado del resto, seduce a todo el mundo y produce una disrupción por su desubicación? En un temperamento tan facho e instintivo como el de Stanley provoca una reacción que deviene en tragedia. Pero Blanche es densa y provocativa.

En el segundo semestre del año próximo, Peretti compartirá con Rodrigo de la Serna los protagónicos de Tiempos compulsivos, la miniserie que proyecta Pol-ka con libro de Javier Daulte. “No conozco mucho, falta cerrar muchas cosas, no tengo nada para decir, pero sí, me gustaría hacer algo con Daulte con quien nunca trabajé”, dice.

–Hace mucho que no hacés tevé.

–Sí, lo último fue un programa en el que no se me veía mucho la cara, El hombre que volvió de la muerte (El Trece, 2007). No, perdón, en realidad, lo último fue el especial de la Fundación Huésped, por el Día Mundial de Lucha contra el Sida, que hice con Andrea Pietra (El Trece, 2009). Son momentos y se me está dando de hacer mucho teatro, desde 2003: hice Discepolín y yo; La ópera de los tres centavos, de Brecht; La muerte de un viajante, de Arthur Miller; Aráoz y la verdad, de, de, ay.

–Sacheri, Eduardo Sacheri.

–Sí, me salía Yefer, como la lapicera Sheaffer. Cómo me cuesta la mañana. Bueno, Sacheri y Un tranvía. Todas me gustaron, son personajes hermosos, digo que sí y si hago teatro, se me hace muy difícil asumir un compromiso en televisión.

–¿Te llamaron para alguno de los unitarios que se hicieron con los subsidios del Incaa?

–No, para ninguno. Y como llego tarde a mi casa, no vi ninguna así que no te puedo decir nada del nivel artístico. Pero me parece bien que se abran más posibilidades de trabajo.

Extraño Los simuladores. ¿Cuándo volvés a hacer algo con Damián Szifrón?

–Él tiene varios guiones escritos y cuando empiece, va a filmar tres o cuatro años seguidos. Estamos escribiendo algo entre los dos pero todo muy verde. Pero ya irá saliendo.

Con o sin tele, lo seguro es que a partir de marzo saldrá de gira por el interior del país con Un tranvía llamado Deseo. Pero, sobre todo, 2012 dice que será un año dedicado al cine. Hasta ahora, ya tiene confirmada la participación en tres películas: una de Lucía Puenzo, basada en su novela Wakolda; otra con Juan Taratuto (con quien ya había hecho No sos vos, soy yo y Quién dice que es fácil), La reconstrucción; y la ópera prima de Fernando Molnar, Showroom. “Por ahora es eso, pero me estoy olvidando de algo más que voy a hacer, eeehhh, ¿qué era?”, pregunta al aire, mientras se termina el café con leche y da la última mordida a las tostadas de pan negro con queso blanco y mermelada.

–Bueno, ya va a salir, tranquilo.

–Ah, ya sé. ¿Conocés la serie In Treatment, la del psicólogo que hace Gabriel Byrne? Bueno, la voy a hacer para ATC.

–Sí, la de HBO. Para Canal 7.

–¿No se llama más ATC? ¿En serio me decís? ¿Volvió a ser el 7? ¿Cuánto hace? ¿Y el Trece se llama El Trece? No te rías.

–Bueno, In Treatment: es un papel ideal para vos.

–Sí, está muy bueno el proyecto. Lo dirige Alejandro Maci y empezaría en marzo.

–Perdón, Peretti, pero tengo una impresión, quizás fallida, sobre la que quiero desasnarme. ¿Qué cosas te entusiasman? Porque parecés muy flemático.

–Ah, pero eso está buenísimo. Pero no entiendo flemático.

–Que no ponés énfasis en nada, como que permanecés distante de lo que hacés.

–No sé. Nunca fui emotivo para contar las cosas. Bah, creo que es porque son tantas las variables para que se cumpla un proyecto, es tan milagroso que se concrete que, entonces, cuento descriptivamente y no pongo mucha ilusión porque depende de cosas que escapan a mi control. Y, además, no me agarrás en un momento creativo. No estoy creando nada en este momento. A Stanley Kowalski lo estoy haciendo hace un año, las películas las filmé hace un año, no estoy concentrado en algo que esté armando en este momento. Quizá por eso. Y encima este horario, me levanté temprano, me agarraste un poco anémico, ahora con el desayuno ya estoy mejor para contestar: ¿cuál era la primera pregunta?

–Vamos a otra. ¿Qué opinás de esta actitud bastante reciente de los actores de dar a conocer públicamente su postura ante la actualidad?

–Los actores siempre hablaron. Lo que pasa es que ahora hay programas adonde decirlo. Además, los actores no son extraterrestres, opinan todos: deportistas, médicos, científicos, todos. Pero es cierto que hay una mayor efervescencia, es un fenómeno cultural que siempre estuvo, pero ahora está en la palestra. Me parece buenísimo que se hable de temas que antes no se hablaban y que los periodistas pregunten sobre lo que antes no preguntaban. De todas maneras, no me parece igual politización que conciencia política. Ahora hay mucho de lo primero, mucha discusión blanco o negro, que es un camino que hay que recorrer para adquirir conciencia política social. Y por eso ahora todo resulta muy pegajoso, maleducado, con muchos dardos, no es lo ideal. Hay que tender a un marco de acuerdo general, pero a eso se llegará después de muchos años de democracia y de mucho fango como el que estamos viviendo y que es imprescindible desarrollar, sin miedo a la discusión ni asustarse por algún término subido de tono. Me parece muy bien y estoy muy atento: hago zapping por todos los noticieros y antes sólo veía uno, el de Santo Biasatti y María Laura Santillán (Telenoche, por El Trece).

–¿Pero te dan ganas o no de opinar?

–Si todo esto me hubiera agarrado de adolescente, a lo mejor sí tendría muchas más ganas de decir lo que me pasa con este Gobierno y querría que se sepa mi opinión. Pero ahora prefiero ser cauto en la afinidad con los políticos porque no hay que fanatizarse. El actor tiene que tocar el instrumento que sabe y si cada uno hace lo propio, todo funcionaría mejor.

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